CAPITULO 13

En el capítulo anterior vimos algunas características del milenio, que corresponden al tiempo cuando aquí en la tierra sean eliminados los gobiernos humanos y Dios establezca el gobierno directo del Señor Jesucristo, donde él regirá a las naciones con vara de hierro.

No habrá tolerancia para el pecado, el Señor lo sancionará inmediatamente. Será un gobierno donde su característica será la justicia y la santidad. Habrá prosperidad terrenal para todos sus moradores. No existirá el desempleo, la inflación, ni la pobreza, por primera vez habrá paz verdadera en todo el mundo. La creación misma será liberada de la maldición del pecado.

El reino animal será pacificado y no existirán animales carnívoros. Aún la vida humana será transformada alcanzando dimensiones nunca antes vista. Tal es así, que dice la Biblia, que cuando un individuo de 100 años sea sentenciado y se le quite la vida, será considerado un niño en comparación a la edad de otros que siguiendo la proporción, podrían tener 800 o 900 años.

El gobierno estará centralizado en Israel y Jerusalén será la capital del mundo. Aquí tendrá cumplimiento aquello que dice en Dt.28:13 "Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola". Porque todo este capítulo 28 y los anteriores, está dicho para Israel, como bendición de haber cumplido con las ordenanzas de la ley; no es para la iglesia, como predican los exponentes del evangelio de la prosperidad, aislando este versículo de su contexto, que en forma inequívoca se refiere a los que están bajo la ley, que no es el caso de la iglesia.

Allí Dios levantará un templo que tendrá características muy especiales, el templo que se describe en Ez. desde el cap. 40 al 48. En él se realizarán los sacrificios de animales que consideramos en nuestro capitulo anterior, y que se mencionan en : Is. 60:7, Is. 66:20/23, Jer. 33:15/22, Zc. 14:16/21, Ez. cap. 43, etc.

Estos sacrificios tendrán un propósito puramente recordatorios, mirando hacia atrás, para hacer memoria del verdadero Cordero de Dios, como son los símbolos del pan y la copa para la iglesia en el día de hoy.

En aquel tiempo Dios levantará en Israel, para servicio en ese templo, sacerdotes levitas para realizar los sacrificios ceremoniales, como dice en Jer. 33:18 "Ni a los sacerdotes levitas faltará varón que delante de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda, y que haga sacrificio todos los días".

En Ez. 44 habla de un "príncipe" que será sumo sacerdote en ese templo. No puede ser el Señor Jesucristo, porque él es el Rey de Reyes, además en Ez. 45:22 dice que presentará sacrificios por él, el Señor no presentará nunca sacrificios por él mismo, porque él es sin pecado. Además en Ez. 46:16 se ve claramente que este príncipe tendrá sus propios hijos a quienes se les asignará su heredad.

Cuando leemos con atención las características de este príncipe que estará administrando sobre el templo terrenal de Jerusalén, tenemos que admitir que se trata de un judío fiel, seguramente de la descendencia directa del Rey David que habrá llegado hasta ese tiempo tan especial del milenio. Pero no debemos olvidar que todos los seres humanos que estén presentes en el milenio, no lo harán con cuerpos de gloria, por esta razón se indica que tendrán sus propios hijos.

Es verdad que el cuerpo humano y la creación toda serán transformada y los hombres vivirán un estado de privilegio, que seguramente será semejante a las de Adán y Eva, pero seguirán siendo cuerpos mortales y no de gloria, porque cualquiera que en aquel tiempo peque, morirá.

La Biblia dice que todas las naciones durante ese período, serán bendecidas y concurrirán al templo de Jerusalén para adorar y presentar sus sacrificios. Pero es aquí donde se presenta la gran interrogante

¿Dónde estará la iglesia en ese tiempo? La Biblia nos dice que iremos a la Jerusalén celestial. Si es celestial, es porque estará en el cielo. Además se ve muy claramente que en las moradas celestiales que el Señor Jesucristo fue a prepararnos, no habrá templo, como lo vemos en la Jerusalén terrenal.

En Ap. 21 Dios describe como habrá de ser nuestra morada celestial, de la iglesia, es decir, la Jerusalén celestial, y aclara en Ap. 21 verso 22 "Y no vi en ella templo, porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero".

En la Jerusalén celestial no habrá templo, pero en la Jerusalén terrenal sí habrá; algunos se confunden y se preguntan ¿Dónde estará la Jerusalén durante el milenio?

La respuesta llega sola, cuando leemos con atención y comprensión, escudriñando las escrituras. Ellas se refieren a la Jerusalén celestial, donde no habrá templo. Y también hacen referencia a una Jerusalén terrenal, que estará en Israel, y habrá un hermoso templo, con sacerdotes levitas presentando sacrificios, donde se habrá restaurado la ley ceremonial y la observancia del día Sábado.

Lógicamente que se trata de dos ciudades diferentes, una en el cielo, que es la morada de la iglesia, y otra en la tierra, la del pueblo terrenal, Israel. Estos israelitas, al igual que todos los moradores de la tierra durante el milenio, tendrán cuerpos terrenales y mortales a diferencia de los que habitaremos en la Jerusalén celestial, que tendremos cuerpos de gloria, porque perteneceremos al cielo.

En la tierra durante el milenio, seguirá existiendo el pecado y por ende las enfermedades, por esta razón el Señor proveerá para sus moradores un río que fluirá desde el templo y que será para la sanidad de las naciones.

En Ez. 40 se nos dan las medidas del templo de la Jerusalén terrenal, las cuales serán muy similares a las del templo que construyó Salomón, el cual era apróx. 9 por 27 mts. En cambio, la Biblia nos dice las medidas de la Jerusalén celestial, que será un cubo de 12 mil estadios de acuerdo a Ap. 21:16 , y 12 mil estadios corresponden aproximadamente a 2.160 kms. Tendrá 2.160 kms de largo. 2.160 kms de ancho y 2.160 kms de alto. Si colocamos a escala una medida así sobre un mapa, nos daremos cuenta que no solamente es más grande que todo Israel, sino que abarca parte de Egipto, de Arabia Saudita, Jordania, de Irak, Siria y el Líbano.

Aunque ambas ciudades, la Jerusalén celestial y la Jerusalén terrenal serán muy diferentes, parece ser que nosotros, desde el cielo, tendremos cierto acceso a la terrenal. No olvidemos que tendremos un cuerpo de gloria, semejante al cuerpo de gloria del Señor, es decir, al mismo cuerpo con el que subió al cielo, que aunque se le podía ver y tocar, no estaba sujeto a las leyes de la materia como las que nosotros conocemos aquí en la tierra.

Además pienso que la revelación del sueño de Jacob, en Gn. 28, donde vio una escalera que estaba apoyada en la tierra y su extremo tocaba en el cielo, y vio ángeles de Dios que subían y descendían por ella, puede haber sido además una visión profética de la conexión que existirá entre la Jerusalén celestial y la Jerusalén terrenal, donde los hijos de Dios podremos descender del cielo a la Jerusalén terrenal para cumplir algunas funciones específicas.

Quizás a esto también se refirió el Señor Jesucristo en Jn. 1:51 cuando dijo: "De cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre".

Cuando decimos que en Israel estará la Jerusalén terrenal, hemos de entender que estamos hablando de los judíos que estén viviendo en aquel tiempo, porque los judíos del Antiguo Testamento estarán en el cielo con la iglesia, aunque no formaran parte de ella, serán los amigos de la esposa que fueron invitados a las bodas del Cordero.

Esto se corrobora fácilmente leyendo las características de la Jerusalén celestial en Ap. 21 versos 12 al 14 donde dice que tendrá 12 puertas donde estarán inscritos los nombres de las 12 tribus de Israel, y en los 12 cimientos tendrá el nombre de los 12 apóstoles.

Los nombres de los 12 apóstoles representan la iglesia que estará ocupando ese lugar. Y si los nombres de las 12 tribus estarán inscritos en las 12 puertas, es obvio que se deberá a que también los santos del Antiguo Testamento estarán viviendo allí.

Los judíos fieles que se conviertan durante la gran tribulación y que ofrendarán sus vidas perseverando hasta el fin, también serán incluidos dentro del número de aquellos que participaron en la 1ª resurrección, aunque éstos murieron gradualmente durante el período de 7 años de juicios.

Cada uno de estos mártires ocupará el mismo lugar de privilegio de los santos del Antiguo Testamento en la Nueva Jerusalén. Esto es lo que leemos en Ap. 20:4/6 "vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años".

Estos judíos mártires de la gran tribulación dice Dios que "vivieron y reinaron con Cristo mil años". Es decir, Dios los resucita, lógicamente con cuerpos de gloria e irán al cielo, como los santos del Antiguo Testamento y la iglesia, por esta razón son considerados con los de la 1ª resurrección, y ellos también reinarán con Cristo durante este milenio que estamos considerando.

Por este motivo decía que es necesario que los santos desde la Jerusalén Celestial se comuniquen con el gobierno terrenal que estará operando desde la Jerusalén terrenal, en Israel, y que es aquí que tenga cumplimiento el sueño de Jacob, en Gn. 28 y la revelación del Señor en Jn. 1:51 donde se habla por medio de símbolos, la figura de la escalera que conecta el cielo con la tierra, por donde se puede bajar y subir desde la Jerusalén celestial a la Jerusalén terrenal.

Uno se podría imaginar que una sociedad tan perfecta, y con los privilegios tan grandes de ver y vivir en toda esa prosperidad y paz perfecta. Y principalmente de ver con sus propios ojos al Señor Jesucristo glorificado, debería necesariamente ser cristiana de corazón. Pero Dios dice algo muy diferente.

La inmensa mayoría ha aceptado el gobierno del Señor, no por amor ni gratitud, sino por miedo a ser sancionado, porque el corazón humano, pese a todas esas bendiciones que recibirá, y a no tener ninguna influencia de Satanás, no olvidemos que éste será atado por Dios durante todo el milenio, ni aún así el hombre aceptará al Señor Jesucristo en su corazón, porque el hombre es pecador porque el pecado está en él, y no que llega a ser pecador por la influencia del medio ambiente como dicen los sociólogos, o por influencia de Satanás como dicen los religiosos.

Dios dice que ese milenio de paz y prosperidad concluirá con una gran rebelión mundial. Todos los ejércitos de la tierra se reunirán para destruir Jerusalén, éstos serán capitaneados por el mismo Satanás que Dios habrá soltado por un poco de tiempo, al final del milenio. Pero entonces Dios hará descender fuego del cielo y los consumirá a todos.

Esto lo podemos leer en Ap. 20:7/9 "Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los ángulos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió".

Triste fin para una sociedad que había recibido todas las bendiciones que el hombre siempre ha deseado. Pero todo este período servirá para demostrar que el hombre natural ama más a Satanás que a Dios. Y esto prueba lo que el Señor dice en Rm. 3:11 "No hay quien busque a Dios" y en Jn. 3:19 "esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas".

En nuestro próximo capítulo veremos los acontecimientos que sucederán después del milenio.



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