CAPÍTULO 14

En el capítulo anterior consideramos el milenio y el dramático fin que tendrá debido al pecado que mora en el corazón del hombre. Satanás había sido suelto por un poco de tiempo y capitaneó esa rebelión final que concluyó con fuego que Dios hizo descender desde el cielo.

En Ap.20:10 se afirma que Satanás será arrojado al lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta para toda la eternidad, es decir, nunca más saldrán de ese lugar de tormentos. Después de esto, tiene lugar la 2ª resurrección.

En Ap.20:5 dice: "Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años" y en el verso 6 añade: "Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección". El Señor Jesucristo también nos enseñó que habrían dos resurrecciones.

En Jn. 5:29 "los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación". La 1ª resurrección tuvo lugar antes de los 7 años de la gran tribulación, cuando el Señor se llevó su iglesia a los cielos, la 2ª resurrección, como leímos en Ap. 20:5, será después del milenio, ésta es la que el Señor llamó la resurrección de condenación. Y como su nombre lo indica, aquí nadie será salvo.

Todos ellos comparecerán ante el gran trono blanco, pero no para saber si serán condenados, sino para demostrarles por qué fueron condenados. Todos aquellos que rechazaron la obra del Señor Jesucristo y prefirieron confiar en sus propias obras, a todos ellos Dios les va a mostrar cuales fueron sus obras, y el resultado inevitable de ello será la condenación eterna, en el lago de fuego y azufre, que corresponderá a una 2ª muerte, porque habían resucitado para comparecer ante el gran trono blanco, y ahora serán arrojados por toda una eternidad, en el mismo lugar en que se encontrará su líder, Satanás.

Dice Ap. 20:11/15 "Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios, y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego". Notamos que dice que los libros fueron abiertos, estos corresponden a los registros divinos donde están archivadas todas las obras de aquellos que decidieron enfrentar a Dios en base a sus propios méritos.

Los pecados de cada uno de ellos, serán exhibidos como prueba de que la condenación eterna que recibirán, será justa. El otro libro que se menciona en singular, corresponde al libro de la vida del Cordero, es decir, como sus obras fueron malas, y no aceptaron la obra redentora de Cristo, tampoco sus nombres podían estar incluidos en ese libro de la vida, razón por lo cual, ameritarán sólo una sentencia, la muerte eterna en el lago de fuego y azufre, que será el basurero donde Dios arrojará todo lo corrompido de su creación a consecuencia del pecado.

Todos los que rechazaron al Señor Jesucristo, deberán comparecer ante el gran trono blanco, no importa donde sus cuerpos hayan sido depositados o quemados. Aunque se encuentren en lo profundo del mar, aún desde allí el Señor los tomará, para que participen en esta 2ª resurrección, para condenación eterna.

El Hades después de la resurrección del Señor, solo tiene el lugar de tormento donde fue el rico de Lc. 16, y donde se encuentran las almas de todos los muertos en sus propios delitos y pecados. El primero que llegó allí fue Caín, y los últimos fueron todos aquellos que murieron al finalizar el milenio y que participaron en la gran rebelión final contra el Señor, cuando descendió fuego del cielo y los consumió a todos.

Los cuerpos de todos éstos serán resucitados, no importa donde estén depositados. Las almas de todos ellos, las que estaban en el Hades, cuerpos y almas serán lanzados al lago de fuego, por este motivo dice que esa será la muerte segunda. A esto se refiere cuando dice que la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego.

Después de estos acontecimientos tan solemnes y terribles, Dios crea cielos nuevos y tierra nueva. Ap. 21:1 "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más".

La Biblia no es un libro donde Dios ha revelado los acontecimientos que sucederán en forma cronológica, sino que éstas verdades se las entrega a los que las escudriñen. Por ejemplo la revelación que Dios entregó a Dn. sobre las 70 semanas, dice en Dn. 9:2 "yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en 70 años".

Aclaro esto, porque algunos pasajes intercalan sucesos que ocurrirán durante el milenio, y también entregan antecedentes de la eternidad futura, es decir, del estado eterno de todas las cosas. Por ejemplo Is. 65:17 se refiere a la eternidad futura, y desde el versículo 18 al 25 nos describe el milenio. Dice el versículo 17 "Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento".

Esto está dicho aquí, porque también la tierra recibirá una transformación importante durante el milenio, como lo aseguran los versículos siguientes que dicen que "el lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey", pero este no será el estado eterno de todas cosas, porque el verso 20 además menciona el caso de un pecador de cien años será maldito, y en la eternidad futura no habrán pecadores, ni el tiempo será más, para poder estar contando los años.

Algunos creen que en la eternidad futura, la tierra no existirá más, pero esa no es la enseñanza de la Biblia. Sl. 104:5 "El fundó la tierra sobre sus cimientos; no será jamás removida". Pedro nos dice en su 2ª epístola cap. 3 verso 13 "nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales more la justicia".

El creyente espera una eternidad donde habrá cielos nuevos y tierra nueva. Una tierra que será totalmente renovada, donde el pecado será erradicado definitivamente, y esa tierra no será eliminada, sino que purificada de tal manera, que será parte integrante del cielo mismo.

Hoy en día la Biblia nos habla de la existencia de tres cielos. El primero, corresponde al cielo atmosférico, el segundo al cielo estelar, y el tercer cielo a la morada misma de Dios. Pablo nos dice que fue arrebatado al tercer cielo, donde mora Dios. Las barreras que dividen estos cielos se deben a la existencia del pecado, porque el Dios santo no puede morar en un lugar contaminado por el pecado.

Pero en la eternidad futura, el pecado será definitivamente eliminado de su creación, por lo tanto la tierra que Dios purificará, será parte integrante del cielo mismo donde morará también el Señor. Por esta razón dice en el Sl. 104:5 que leímos: "no será jamás removida".

Además tenemos una serie de otros pasajes que así lo confirman, por ejemplo Mt. 5:5 en el sermón del Monte el Señor dijo: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad". Recibir por heredad una tierra donde todavía exista el pecado, no es ninguna bendición, pero la bienaventuranza consiste en recibir por herencia, una tierra perfecta donde no exista el pecado, es decir, esa herencia eterna, en esos cielos nuevos y la tierra nueva que será parte integrante del cielo.

Sl. 37:22 "Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán destruidos". Sl. 60:21 "todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevas de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme".

No se puede interpretar de otro modo cuando dice que para siempre heredarán la tierra, que ésta será eterna, es decir, que jamás será removida. Y en Is. 66:22 donde hace una clara alusión al estado eterno de todas las cosas, dice: "Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre".

La verdad es que podremos en el día de hoy escudriñar todos los pasajes de la Biblia concernientes a cómo será ese cielo eterno; echar a correr toda nuestra imaginación, pero cuando estemos allí, tendremos que decir al igual que la reina de Sabá, cuando maravillada por la gloria del reino de Salomón, y la sabiduría y esplendor de su rey, dijo:

"Verdad es lo que oí en mi tierra de toda tu gloria y de tu sabiduría, y ahora que mis ojos lo han visto, he comprobado que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído". Todo lo que hoy se nos pueda decir de ese cielo que aguarda a sus redimidos, no es ni la mitad de la verdadera gloria y felicidad que allí tendremos.

El sólo hecho de estar en la presencia misma del Dios de la gloria, y contemplar con nuestros propios ojos las heridas del Señor, allí donde nuestros nombres fueron esculpidos y que permanecerán por toda una eternidad, será una dicha incalculable de imaginar. No olvidemos que esas fueron las heridas que hicieron caer a sus pies a Tomás, y decir: Señor mío, y Dios mío.

Estimado amigo, si Ud. aún no ha aceptado al Señor Jesucristo en su corazón como a su único y suficiente Salvador personal, si todavía no se ha arrepentido de sus pecados y no los ha confesado al Señor, si nunca ha nacido de nuevo, si no ha tenido ese encuentro personal con el Señor, le decimos con mucho amor e interés por su destino eterno.

Acuda hoy mismo a Jesús y arrepiéntase, sólo él le podrá dar el perdón eterno de todos sus pecados y esa paz para con Dios que Ud. siempre ha anhelado.

No importa que su esposa, o sus padres sean del Señor, la salvación es algo personal, ellos si son del Señor, irán con él, pero Ud. necesita arrepentirse a la brevedad de sus pecados, porque en cualquier instante la puerta de la salvación se cerrará, y quedará afuera para toda una eternidad.

Es nuestra ferviente oración al Señor que Ud. no sea como las vírgenes insensatas que se "creían" salvas, porque estaban juntas con los creyentes. Ud. podrá asistir a una iglesia, hasta ser miembro activo de ella, dar ofrendas y pagar un diezmo, pero nada de eso le salvará si no se ha arrepentido de sus pecados ni los ha confesado personalmente al Señor.

Hágalo hoy mismo, en este mismo instante, y recibirá el regalo más glorioso que mortal pueda obtener, el perdón eterno de todos sus pecados y la vida eterna, vida para siempre junto al Señor.

Que así sea, porque Cristo viene pronto

MARANATHA



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