N° 31
Por Jack Fleming
www.EstudiosMaranatha.com
Jn.14: 16 "Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que
esté
con vosotros para siempre".
El tema que voy a exponer es sobre el Espíritu Santo que mora en
todos
los hijos de Dios. Para esto le invito a despojarse de prejuicios y
conceptos aprendidos de hombres y no según Dios. Todo lo que no tiene
un
respaldo y una base coherente con TODA la revelación que el Señor nos
ha
entregado en la Biblia, no son más que "experiencias" humanas,
doctrinas y
tradiciones de hombres.
La voluntad de Dios está en Su Palabra, que es la única fuente de
toda
verdad, fuera de ella solamente hallará confusión y doctrinas de
hombres. En
Jn.14: 6 el Señor prometió que cuando subiera al cielo, entonces
enviaría el
Espíritu Santo para que estuviera con los suyos para siempre.
Aquí establece la tremenda diferencia que existe con el período del
Antiguo Testamento. Antes el Espíritu descendía sobre una persona para
capacitarlo en una tarea específica y luego le abandonaba, esto
sucedió en
casos muy aislados en el transcurso de la historia de Israel.
En cambio en el Nuevo Testamento el Señor le promete a la iglesia el
Espíritu Santo a todos los hijos de Dios, y no solamente para un tiempo
específico, sino que para siempre. Porque en el día de hoy, cada
cristiano es templo del Espíritu Santo (1Cor.3: 16) "¿No sabéis
que
sois templo de Dios, y que el Espíritu Santo MORA en vosotros?".
(1Cor.6: 19) "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo,
el cual ESTÁ en vosotros?". Es concluyente decir a la luz de
estos
pasajes que el Espíritu Santo mora, está para siempre en cada uno de
los que
han nacidos de nuevo.
¿Cuándo el creyente recibe el Espíritu Santo? Jesús le enseñó a
Nicodemo
sobre esta materia y lo registró en las Sagradas Escrituras para
nuestra
ilustración. La vida cristiana comienza con el nuevo nacimiento "del
Espíritu" y el que no ha nacido de nuevo, no tiene acceso al cielo.
Jn.3: 8
"así es todo aquel que es nacido del Espíritu".
La conversión o nuevo nacimiento, es obra del Espíritu Santo. Sin la
intervención de Él, nadie puede nacer de nuevo. (Stgo.1: 18) "Él, de su
voluntad nos hizo nacer". Dios utiliza el poder de su Santa Palabra y
la
intervención del Espíritu Santo, para lograr ese milagro majestuoso y
sobrenatural de la metamorfosis que transforma a un gusano en hijo de
Dios.
En consecuencia, nadie podría nacer de nuevo y recibir la seguridad
de su
salvación, si es que no tiene el Espíritu Santo en él. Porque el que ha
pasado por ese proceso maravilloso de la conversión, ahora es templo
del
Espíritu y Él mora, está y permanece en nosotros. Con toda justicia
dice
Dios en Su Palabra que (Rm.8: 9) "si alguno no tiene el Espíritu, no es
de
él".
Ésta obra y bendición que Dios nos entrega a través del Espíritu
Santo el
día de nuestra conversión es tan compleja, que el Señor emplea
diferentes
términos para destacar o enfatizar, diversas bendiciones que hemos
recibido
desde cuando nacimos de nuevo.
Por ejemplo, también llama a esta experiencia el ser "sellado con
el
Espíritu Santo". Se emplea en alusión a los sellos reales que daban
autoridad irrevocable a todos los documentos y leyes que lo tuvieran.
Esta
figura la utiliza para hacernos comprender el carácter real (del Rey de
reyes) e irrevocable que tiene nuestra salvación. Tiene origen divino,
está
legalizada en un documento oficial (la Biblia) y Dios mismo ha puesto
su
sello (el Espíritu Santo).
Cuando hace mención al "sello del Espíritu Santo", es para destacar
la
seguridad plena y absoluta que (1Jn.3: 2) "ahora somos hijos de Dios"
y que
esa condición no se puede perder. En el infierno no podrá encontrar
ningún
hijo de Dios.
Quizás un ejemplo, aunque parezca prosaico, nos puede dar una idea
del
alcance del significado "sellado". Los granjeros marcan sus animales
con un
sello que nadie puede borrar, y esto lo hacen para que no se pierdan o
los
roben. Así también el Señor ha marcado sus ovejas con su "sello" y nos
asegura que: (Jn.10: 28) Yo conozco mis ovejas y "no perecerán jamás,
ni
nadie las arrebatará de mi mano".
Por lo tanto, cuando se refiere al hecho de haber recibido el
Espíritu
Santo a consecuencia de haber nacido de nuevo, y lo define como el
"sello
del Espíritu Santo", no es una experiencia diferente, sino que
solamente
ahora lo emplea para destacar la seguridad de nuestra salvación que
recibimos el mismo día de nuestra conversión.
Ef. 1: 13 "También vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el
evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis
sellados con el Espíritu Santo". Dice que habiendo creído, fuimos
sellados con el Espíritu Santo. Esta misma verdad confirma en el Cap.4:
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"no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis
sellados
para el día de la redención".
El día de la redención es el día del arrebatamiento de la iglesia.
Estos
dos versículos de Efesios nos dicen que fuimos sellados desde el día en
que
creímos en el evangelio, y seguirá con nosotros hasta el día que el
Señor
venga a buscarnos. Es lo mismo que ratifica en Gál.3: 2 "recibimos el
Espíritu Santo cuando oímos con fe".
Algunos se asustan con esta tremenda y preciosa verdad, y preguntan
si
cuando pecamos el Espíritu Santo permanece con nosotros. Antes de
responder
hemos de establecer algunos principios bíblicos: ¿Existe algún creyente
que
no peque?
El apóstol Pablo dice en Rm.7: 18-20 "Yo sé que en mí, esto es, en
mi
carne, no mora el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el
hacerlo, así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley, que el
mal
está en mí ...el pecado que mora en mí".
Ni aún el apóstol pudo escapar a esta terrible realidad, que aunque
somos
salvos judicialmente de la condenación del pecado, y que ahora somos
templos
del Espíritu Santo y Él mora en nosotros; el pecado también sigue
morando en
cada uno de nosotros. Pecamos cada día con los hechos, miradas,
pensamientos, etc.
Ningún creyente puede pasar ni un solo día en completa santidad sin
pecar, y si alguno dice que no peca, ya ha pecado, mintiendo. En
1Jn.1:8
dice de los cristianos: "Si decimos (el apóstol se incluye) que no
tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en
nosotros".
El alcance de esto es que si creemos que el Espíritu Santo está en
nosotros solamente cuando no pecamos, y sabiendo que pecamos
diariamente,
NUNCA tendríamos el Espíritu Santo con nosotros. Y si no tenemos el
Espíritu, no somos de él.
Como el Espíritu Santo no nos abandona, es que nos puede redargüir
cuando
pecamos. Se constriñe, se duele, pero no nos abandona. Se queda y nos
exhorta hasta hacernos volver al Señor.
Alguno preguntará ¿Y qué hay de aquellos que pecaron y permanecen en
el
pecado y nunca regresan a la comunión con el Señor? La respuesta es muy
simple: Nunca fueron del Señor.
Un creyente puede caer, pero no permanecer en esa condición
indefinidamente. El hijo pródigo se fue muy lejos, pero aún apacentando
cerdos fue redargüido hasta hacerle volver en sí. Únicamente de esta
forma
pudo regresar a la casa de su padre. Nunca se puede dejar de ser hijo
de
Dios, porque el Espíritu Santo jamás nos abandona.
Habiendo establecido este principio bíblico básico, que todos los
que
creímos el evangelio, por ser una obra Suya al intervenir directamente
en
nuestro nuevo nacimiento; ese mismo instante de nuestra conversión
recibimos
el Espíritu Santo, el cual permanece para siempre en nosotros, porque
pasamos a ser templos del Espíritu. Ahora estamos en condiciones de
esclarecer los otros términos o definiciones que utiliza la Biblia,
para
referirse al Espíritu que mora en nosotros.
En otras ocasiones he puesto el mismo ejemplo, lo vuelvo a mencionar
porque me parece muy claro. El Espíritu Santo es como un precioso
diamante
que Dios ha puesto en nosotros, donde cada una de sus caras refleja un
color
diferente de esa luz divina, pero continúa siendo una sola joya:
-Nacer del Espíritu.
-Recibir el Espíritu Santo.
-El derramamiento del Espíritu.
-Ser sellado con el Espíritu.
-La unción del Espíritu.
-El bautismo del Espíritu.
Cada una de estas facetas proyectan, reflejan diferentes colores de
esa
Persona de la trinidad de Dios que vino a morar en nosotros el día que
nos
hizo nacer de nuevo, pero continúa siendo una sola experiencia, como
también es una sola la Persona del Espíritu Santo. Es un solo diamante
con
diferentes cortes que el Artista divino ha esculpido para que lo
apreciemos
mejor.
Por ejemplo, en 2Cor.1: 21 emplea indistintamente el "sello"
y la
"unción". Dice: "el que nos ungió, es Dios, el cual también
nos ha
sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones".
Arras
es lo que se entrega en prenda y señal de un contrato, especialmente en
los
tiempos bíblicos cuando no existían los documentos legales que lo
acreditaran.
Pablo, escribiendo a los cristianos más carnales del Nuevo
Testamento, a
la iglesia de Corinto les dice: "el que nos ungió, es Dios, el cual
también
nos ha sellado". En este pasaje se establecen varias verdades que en
nuestros días han sido puestas de lado por los hombres.
En primer lugar se determina en forma categórica e incuestionable
que el
que unge con el Espíritu Santo, es Dios. Ningún hombre puede, sin
faltar a
la verdad, atribuirse ese derecho que le corresponde solamente a Dios.
Y en segundo lugar, que aquí dice que ser ungido es ser sellado con
el
Espíritu Santo. Es lo mismo que leímos en Ef.1: 13 "habiendo creído en
el
evangelio, fuisteis sellados con el Espíritu Santo".
Esto comprueba que ser "ungidos" se refiere a la experiencia de
todos los
que hemos creído el evangelio. Y sucedió obviamente el mismo día de
nuestra
conversión.
No podría ser de otro modo, porque la unción fue representada en el
Antiguo Testamento, por el acto de ungir con aceite a los reyes y
sacerdotes
en el día que eran asignados por Dios para esas funciones. Es decir,
primero
eran ungidos, luego cumplían sus deberes como reyes y sacerdotes. La
unción
se realizaba para reconocerles como tales.
En el Antiguo Testamento Dios nos habló por medio de figuras,
sombras de
la realidad que habría de venir. Todos entendemos y reconocemos que el
aceite representa al Espíritu Santo. Y como la Biblia establece que
ahora
TODOS los hijos de Dios somos reyes y sacerdotes, es fácil de
comprender por
qué dice que todos somos "ungidos".
Ap.1: 6 dirigiéndose a todos los creyentes, nos dice que: "somos
reyes y
sacerdotes. 1Pd. 2: 9 también nos recuerda que somos "real
sacerdocio".
Por lo tanto resulta muy natural que diga que todos fuimos ungidos.
Esto es lo que confirma igualmente en 1Jn.2: 20 hablando de una
experiencia que es común a todos los creyentes. Dice dirigiéndose a
todos
los hijos de Dios: "vosotros tenéis la uncióndel Santo". Y en el
vr.27 añade: "la unción que vosotros recibisteis, PERMANECE en
vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe, así como la
unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera".
Resulta muy evidente por medio de estos pasajes que TODOS los
creyentes
somos ungidos del Señor. En la iglesia no existen algunos
"privilegiados"
que sean ungidos y otros no.
Existe en algunos la creencia (porque así se les enseñó) que
únicamente
los que somos pastores somos los "ungidos". Pero eso no es correcto a
la luz
de la Biblia. Al igual que los romanistas que sostienen que solamente
los
del clero son sacerdotes, y menos aún los que consideran "santos".
Entre los evangélicos está propagado el mismo error, pero con la
gravedad
que se acostumbra llamar solamente al pastor como "el ungido". Y
denominar a
esa única persona en la iglesia, en forma singular: "el ungido", eso es
suplantar a la persona bendita del Señor Jesucristo.
Siempre que la Biblia utiliza "el Ungido" en singular y en forma
específica, es para referirse al Señor Jesucristo. A él solamente le
corresponde ese nombre: "el Ungido". Todo otro que lo emplee en
singular,
desconociendo que el resto de la iglesia también son los ungidos, esa
persona ha traspasado gravemente los derechos que le corresponden
exclusivamente al Señor, y estaría suplantando o colocándose en el
lugar de
Cristo. Y la Palabra de Dios llama a los tales: "Anticristo".
La unción del Espíritu es un término que se emplea muy poco en el
Nuevo
Testamento. En Hch.10: 38 refiriéndose al Espíritu Santo cuando
descendió
sobre el Señor Jesucristo en forma de paloma, en el momento en que se
bautizó en el río por Juan dice: "después del bautismo que predicó
Juan,
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret".
Aquí se ve muy claramente que cuando el Señor fue ungido, no habló
en
lenguas. Él, quién se sometió a todas las experiencias espirituales del
cristiano, incluyendo el bautismo en agua, jamás habló en lenguas.
También es absolutamente antibíblico hablar de una "segunda unción",
o
una doble unción o triple unción; o que alguien pueda recibir una
tonelada
de unción. Aunque para algunos parezca una necedad el solo hecho de
mencionarlo, debo aclararlo, porque son términos muy usados por los
comerciantes de la fe.
El Señor dice en Jn3: 34 "Dios no da el Espíritu por medida". Él no
nos
entrega la mitad el día de nuestra conversión y después el doble del
Espíritu, o un kilogramo cuando aceptamos al Señor, para posteriormente
entregarnos una tonelada. El solo hecho de mencionar estas
definiciones, me
resulta incómodo e irreverente. Me cuesta aceptar que puedan existir
personas con un grado de inteligencia tal, que crean estas necedades,
pero
el Señor dijo que "amarán más la mentira que la verdad".
El día de nuestra conversión somos transformados en una nueva
criatura,
con una doble naturaleza, la carnal y la espiritual. La que alimentemos
más,
será la que se exteriorice en nuestras vidas. Si nos alimentamos
diariamente
de la Palabra de Dios y vamos continuamente hasta el trono de su Gracia
en
oración, creceremos espiritualmente, pero eso no significa que el
Espíritu
vaya creciendo en nosotros, simplemente que irá tomando más control de
nuestras vidas.
Este precioso don del Espíritu Santo, solamente en dos ocasiones fue
entregado por medio de la imposición de manos de los apóstoles y
fue
hecho de esa forma excepcional, por motivos muy específicos que no se
vuelven a repetir.
En Hch.8 cuando Felipe predicó por primera vez a los samaritanos,
éstos
creyeron y Dios retuvo el descenso del Espíritu Santo sobre ellos,
hasta que
vinieran los apóstoles Pedro y Juan, para que fueran testigos oculares
que
Dios no hacía acepción de personas, porque judíos y samaritanos no se
trataban entre sí. De esta forma la iglesia de Jerusalén aceptó sin
discusión el testimonio de los apóstoles, y Dios impidió una división
en la
iglesia que estaba naciendo.
En Hch. 19 un grupo de discípulos de Juan el Bautista habían creído
en
el Señor Jesucristo, pero ignoraban la existencia del Espíritu Santo.
Pablo
les enseñó, fueron bautizados; entonces el apóstol puso sus manos sobre
ellos para que recibiesen el Espíritu Santo.
Existieron señales que fueron hechas exclusivamente por los
apóstoles, y
obviamente que solo para el tiempo de ellos. A ellas apeló Pablo para
defender su apostolado. 2Cor.12: 12 "las señales de apóstol han
sido
hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y
milagros"
Bien sabemos que esa no fue la norma como descendió el Espíritu
Santo en
la iglesia primitiva, solamente fueron excepciones por motivos
particulares.
Aún en el día de Pentecostés vemos que los tres mil que se
convirtieron,
recibieron el Espíritu Santo directamente de Dios, y no por imposición
de
manos.
Antes de concluir quiero referirme al bautismo con el Espíritu
Santo.
Hch.1: 5 dice: "Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros
seréis
bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días".
Durante la fiesta de Pentecostés el Espíritu Santo descendió por
primera
vez sobre los cristianos, en esa ocasión (Hch.2: 17-18) se le definió
como
"el derramamiento del Espíritu Santo".
Aquí vale destacar dos grupos que fueron bautizados con el Espíritu
Santo. Primero descendió sobre 120 que comenzaron a hablar en más de 16
idiomas, dejando atónitos a la multitud que les oía hablar en sus
propios
idiomas maternos, porque se habían congregado en ese lugar, judíos que
venían de diferentes lugares del mundo. Luego Pedro predica el
evangelio, se
convierten como tres mil y también fueron bautizados con el Espíritu
(vr.38), pero éstos no hablaron en lenguas.
El descenso del Espíritu durante la fiesta judía de Pentecostés, fue
en
forma espectacular para que el mundo creyera. Y tomando el relato en su
conjunto, vemos que para el mismo acontecimiento la Biblia emplea
diferentes
términos. Hch.1: 5 "el bautismo del Espíritu Santo". Hch.2: 17 "el
derramamiento del Espíritu Santo". Hch.2: 38 "el don del Espíritu
Santo".
Sé que algunos quieren separar la expresión "bautismo con el
Espíritu
Santo" para atribuirla al hecho particular cuando los 120 hablaron
diferentes idiomas, pero eso es forzar las Escrituras, porque es
incuestionable que los tres mil que se convirtieron ese mismo día,
también
recibieron el Espíritu Santo y no hablaron en lenguas.
Creo que primeramente es necesario establecer el significado de la
palabra "bautismo". Aquí todas las denominaciones coinciden al explicar
que
ese es un vocablo procedente del griego y que significa: sumergir,
zambullir, meter dentro. Por este motivo cuando se practica el bautismo
en
agua, se mete dentro de ella a la persona que se bautiza.
Eso es lo que significa y ningún diccionario de extranjerismos
resiste
otra interpretación. Entonces ¿por qué cuando se trata del bautismo
con el
Espíritu Santo se cambia su significado? ¿Con qué autoridad se hace?
No podemos manipular las palabras para que digan lo que nosotros
queramos
creer, eso no es inteligente ni correcto. La palabra bautismo significa
únicamente eso y así debemos interpretarla.
Incluso en el mismo contexto de este pasaje de Hch.2 se aprecia con
nitidez que ese es el sentido con el cual se emplea aquí. Dice aún
sobre el
bautismo en agua, que los que fueron bautizados: fueron añadidos a la
iglesia. Hch.2: 41 "Así que los que recibieron su palabra fueron
bautizados;
y se añadieronaquel día como tres mil personas". Vr.47 "Y el
Señor
añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos".
Cuando la Biblia habla de ser bautizados con el Espíritu Santo, es
para
enseñarnos que hemos sido "introducidos dentro" del cuerpo, que fuimos
añadidos a la iglesia. El creyente nace de nuevo y es incorporado a la
iglesia universal de Cristo el mismo día de su conversión.
Si el Señor hubiera venido el mismo día de su conversión, Ud. se
hubiera
ido con él, porque ya formaba parte de Su iglesia, la cual él vendrá a
buscar. Es evidente entonces que emplea la definición de "bautizar con
el
Espíritu" para señalar que somos "introducido dentro" de la iglesia
universal.
Eso es lo que nos enseña también en 1Cor.12: 13. En el versículo
anterior
y el que sigue, está hablando del cuerpo de la iglesia, y dice en el
vr.13:
"Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un
cuerpo".
En este cap.12 establece de una forma perentoria que no todos hablan
lenguas, porque existe diversidad de dones, pero sin embargo instituye
una
verdad innegable: que TODOS los que formamos parte de la iglesia del
Señor,
hemos sido bautizados con el Espíritu Santo.
Apreciado hermano en el Señor, desde el mismo día que creyó, tiene
el
Espíritu Santo morando en usted, porque ahora es templo de él. Deje que
el
Espíritu Santo se manifieste en su vida, dando los frutos que indica la
Palabra de Dios (Gál.5: 22) "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad,
fe, mansedumbre, templanza". Que así sea.
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