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N° 30
Por Jack Fleming
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Jueces Cap. 6 "Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos
de
Jehová, y Jehová los entregó en mano de Madián, y los hijos de Israel,
por
causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes. Cuando los
hijos
de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a
los
hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová
Dios
de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de
servidumbre,
os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os
afligieron,
y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios, no temáis a los dioses de los
amorreos en cuya tierra habitáis, pero no habéis obedecido a mi voz. Y
vino
el Ángel de Jehová y le dijo a Gedeón: Jehová está contigo. Entonces le
respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi
familia es pobre, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le
dijo:
Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas. Aconteció
que
la misma noche le dijo Jehová: derriba el altar de Baal que tu padre
tiene,
y corta también la imagen de Asera que está junto a él, y edifica altar
a
Jehová tu Dios. Y Gedeón hizo conforme a lo que el Señor mandó.
Entonces el
Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, el
pueblo se reunió con él. Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a
Israel por
mi mano, como has dicho, yo pondré un vellón de lana en la era, y si el
rocío estuviere en el vellón solamente, entonces entenderé que salvarás
a
Israel por mi mano. Y aconteció así. Mas Gedeón dijo a Dios: No se
encienda
tu ira contra mí, solamente probaré otra vez con el vellón. Te ruego
que
solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra, y Dios lo
hizo
así, solo el vellón quedó seco. Entonces Gedeón preparó al pueblo para
la
batalla. Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho,
no
sea que se alabe Israel diciendo: Mi mano me ha salvado. Ahora haz
pregonar:
Quién tema y se estremezca madrugue y devuélvase. Y se devolvieron
22mil y
quedaron 10mil. Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo.
Cualquiera
que lamiere el agua con su lengua, a aquél pondrás aparte. Y fue el
número
de los que lamieron el agua con la mano a su boca, 300 hombres. Y
repartiendo los 300 hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos
trompetas
en sus manos, y cántaros con antorchas ardiendo dentro de los cántaros.
Y
los 3 escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros
tomaron en
la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que
tocaban, y
gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón! Y se estuvieron firmes
cada
uno en su puesto en derredor del campamento, entonces todo el ejército
echó
a correr dando gritos y huyendo, y Jehová puso la espada de cada uno
contra
su compañero en todo el campamento".
Para la exposición de este mensaje: "Vasos para la gloria del
Señor", he
querido presentar un extenso pasaje de las Sagradas Escrituras, para
que
todos, incluyendo aquellos que no están familiarizados con este relato
bíblico, puedan comprender sin dificultad de qué estoy hablando.
Para llegar a ser vasos para la gloria del Señor, existen siete
pasos que
se destacan nítidamente en la experiencia de Gedeón:
1.- La humillación.
2.- Santificación en el corazón y en el hogar.
3.- Llenos del Espíritu Santo y reconocidos por el pueblo de Dios.
4.- Estar seguros de cual es nuestro don y nuestra misión.
5.- El poder de Dios se perfecciona en la debilidad.
6.- El quebrantamiento.
7.- Permanecer firmes.
I. La humillación. El primer paso para tener una vida
espiritual
victoriosa y llegar a ser verdaderos vasos para la gloria del Señor, es
la
humillación. Cuando Dios escogió a Gedeón, y aquí vale una breve
consideración, no fue el pastor ni la congregación quien lo escogió,
sino
que fue Dios. Solamente el dueño del rebaño tiene legítima autoridad
para
nombrar al pastor y a escoger sus ovejas. No son las ovejas que tienen
esa
responsabilidad, eso es algo que le corresponde exclusivamente al dueño
del
rebaño.
Cuando Dios escogió a Gedeón, él no dijo: "Qué sabio es Dios que me
escogió a mí, porque soy el más capacitado y valiente de todos", por
el
contrario, se humilló en la presencia del Señor. No fue una falsa
modestia,
algo muy común en el corazón del hombre; acostumbramos hablar muy mal
de
nosotros mismos cuando oramos públicamente, pero cuando nos toca actuar
y
convivir con nuestros hermanos en diversas tareas, nos enojamos muy
rápidamente porque pensamos que solamente nosotros podemos hacer las
cosas
bien.
En Gedeón vemos una humillación sincera ¿cómo podré yo hacer esto,
cuando
soy el menos capacitado, el más insignificante de todos? Pero
precisamente
por eso lo había escogido el Señor.
No olvidemos lo que dice en 1Cor.1: 26 "Mirad, hermanos, vuestra
vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni
muchos nobles, sino que lo necio del mundo escogió Dios, para
avergonzar a
los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo
fuerte;
y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, a fin de que nadie
se
jacte en su presencia".
En una oportunidad visité una iglesia, y un hermano para interesarme
dijo: "En esta iglesia casi todos son profesionales, gente importante,
no es
como las otras iglesias evangélicas". Inmediatamente pensé en este
versículo, y efectivamente muy pronto me percaté que no era como las
otras
iglesias.
El Señor dice: "cualquiera que se enaltece, será humillado, y el que
se
humilla, será enaltecido". Esta fue la experiencia de Gedeón para
llegar a
ser un vaso para la gloria del Señor, comenzó humillándose.
II. Santificación en el corazón y en el hogar. Dios ordenó
a
Gedeón quitar todos los ídolos en su hogar, ordenar su casa. Porque el
que
no sabe gobernar su propia casa ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?
En
1Tm.3: 4 dice: "que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en
sujeción
con toda honestidad".
Dios le ordenó primeramente quitar todos los ídolos de su hogar. Es
muy
triste ver hogares de quienes se dicen creyentes, pero que exhiben sin
ninguna vergüenza sus ídolos. La TV. que no la apagan ni para recibir a
las
visitas, el football, la política. Cuelgan en sus paredes fotos de los
ídolos de la canción, ídolos del deporte, ídolos de la política, cuando
en
la casa de un creyente deberían estar los textos de la Palabra de Dios.
Purifiquemos y santifiquemos nuestros corazones, porque de la
abundancia
del corazón habla la boca. Donde mejor reflejamos lo que realmente
somos, no
es en la iglesia, porque allí es muy fácil ser cristiano y comportarse
como
tal, nuestra verdadera personalidad es la que reflejamos en nuestro
hogar.
III. Llenos del Espíritu Santo y reconocidos por el pueblo de
Dios.
Después que Gedeón purificó su vida y su hogar, dice: "ENTONCES el
Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, el
pueblo se reunió con él".
Esta fue la experiencia que vemos también en la iglesia apostólica
cuando
buscaron siete hermanos para servir a las mesas. Oraron al Señor y
ubicaron
siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de
sabiduría,
y toda la iglesia les reconoció como siervos del Señor.
Cuando un hermano es lleno del Espíritu Santo y apartado por
Dios
para servirle, toda la iglesia lo reconoce. Y hay gran gozo porque la
bendición de Dios se extiende sobre toda la congregación.
Esto vale para reconocer a un predicador, un maestro de la Escuela
Dominical, uno que visita a los enfermos y a los que se han ausentado
de la
iglesia, al que reparte tratados, a los encargados de las mesas, del
aseo,
etc. Cada una de las funciones dentro de la iglesia requieren del mismo
cuidado y reconocimiento de la congregación.
No se trata que la iglesia "elige" y menos aún como se acostumbra en
muchos lugares cada año: "se reparten los cargos", sino que simplemente
la
iglesia debe reconocer a los que sirven, cualquiera sea su don.
En algunas iglesias donde su nivel espiritual es muy bajo y carecen
de
discernimiento espiritual, necesitan que "los encargados" les indiquen
cuales son los que ellos escogieron para tal o cual labor, porque la
congregación por sí misma no tiene la capacidad para reconocerlos, o
simplemente porque los "nominados" carecen de los atributos elementales
que
los distinga.
Esta situación de infantilismo espiritual me hace pensar,
considerando
que el Señor dice que la iglesia es un cuerpo donde cada miembro tiene
una
función determinada (1Cor.12), que es una condición similar a cuando se
le
enseña a un niño indicándole con el dedo: "este es el ojo" "este es el
oído" "esta es la boca" etc. Cuando una iglesia necesita que "los
encargados" les diga quien es boca y quien es ojo o mano, es porque
algo
anda muy mal en ella.
IV. Estar seguros de cual es nuestro don y nuestra misión.
Gedeón oró intensamente al Señor y buscó una confirmación de Dios por
medio
del vellón de lana. No se dejó guiar por sueños, visiones ni
sugerencias de
hombres; solamente demandó la corroboración del Señor, y para eso pidió
una
señal que fuese confirmada dos veces para no admitir posibilidad a
equivocaciones.
Antes de servir al Señor, hemos de estar seguros cual es nuestro don
y
nuestra responsabilidad que él nos ha encomendado, porque de lo
contrario
¿qué clase de soldados seremos? Sin saber cual arma hemos de emplear,
hacia
donde debemos ir ni cual es nuestra compañía. Seríamos más bien un
estorbo
que una bendición.
¿Cuándo Dios nos entrega nuestro don? Es muy triste ver hermanos y
hermanas que llevan años en el Señor y aún no saben cuál es su don. Se
han
conformado con solo asistir a las reuniones al igual que el católico
que va
a misa. ¿Será porque aún no reciben el don?
En Gál.1: 15 el apóstol Pablo nos dice cuando Dios le entregó el don
para
ser apóstol de los gentiles: "Pero cuando agradó a Dios, que me apartó
desde
el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia revelar a su Hijo en
mí,
para que yo le predicase entre los gentiles".
Aquí vemos que ese don le fue otorgado aún antes de nacer. Lo mismo
asegura el profeta Jeremías. Jer.1: 5 "Antes que te formase en el
vientre te
conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las
naciones".
A la luz de la Biblia es evidente que recibimos el don aún antes de
nacer, y esto no debe maravillarnos, porque Dios nos dice en Ef.1: 4
"Nos
escogió en él antes de la fundación del mundo". Y en el contexto nos
confirma lo mismo en relación con nuestro don y las obras que él nos
preparó
antes que el mundo fuese. Ef.2: 10 "somos hechura suya, creados en
Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas".
Hermano, hermana, si aún no conoce cual es su don, haga lo mismo que
Pablo cuando recibió al Señor como su Salvador. Hch.9: 6 "Él,
temblando y
temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?" Es lo mismo que debe
hacer Ud.
V. El poder de Dios se perfecciona en la debilidad. Gedeón
iba a
enfrentar a un poderoso enemigo. Calculan los estudiosos que el
ejército de
los madianitas eran como 200 mil hombres y el israelita de 32 mil, pero
aún
así Dios consideró que eran muchos e hizo pregonar: "Quien tema y se
estremezca, madrugue y devuélvase, y se devolvieron 22 mil".
Quedaron solamente 10 mil, pero el Señor dijo que aún era mucho el
pueblo,
no sea que Israel se alabe diciendo: Mi mano me ha salvado. Y Dios
redujo el
ejército a solo 300 hombres. Imposible que solo 300 hombres pudieran
vencer
a 200 mil, pero el poder de Dios se manifiesta cuando somos débiles.
VI. El quebrantamiento. Dios ordenó a Gedeón dividirse en
tres
escuadrones y enfrentarlos en la oscuridad de la noche con antorchas
encendidas, cubiertas con cántaros de greda para ocultar la luz de las
teas
ardiendo y aguardar la señal de su capitán.
A la señal de Gedeón, debían quebrar los cántaros y levantar las
antorchas. El resultado fue que los madianitas huyeron aterrados y Dios
puso
la espada de cada uno contra su compañero. Tal fue el miedo que provocó
el
toque de trompetas y las luces en medio de la oscuridad, que se mataban
entre ellos mismos.
En 2Cor.4 Dios nos dice que nosotros somos como vasos de barro,
teniendo
en nuestro interior un gran tesoro, el Espíritu Santo, y que Dios
quiere que
la luz del evangelio y de nuestra santidad resplandezca para Su Gloria.
En Jn. 12 nos relata que María quebró un frasco de perfume y ungió
los
pies del Señor, y la casa se llenó del olor del perfume. La lección es
clara, cuando un cristiano es quebrantado, hay luz que emana desde su
interior donde está el Espíritu Santo. Sale perfume de olor grato al
Señor,
pero aterra al príncipe de las tinieblas y a sus seguidores.
Cuando un inconverso es quebrantado, sale olor de muerte, solo
quejas y
blasfemias contra Dios. Pero cuando un creyente es quebrantado como
esos
cántaros de Gedeón, la luz gloriosa del Espíritu Santo brillará con
mayor
intensidad en medio de las tinieblas de este mundo.
VII. Permanecer firmes. Para obtener la victoria, no era
suficiente cumplir con todos los pasos previos, era necesario que estos
valientes del ejército del Señor se mantuvieran firmes en sus puestos.
De nada servirá toda la preparación si en el momento de la prueba no
nos
mantenemos firmes cada uno en nuestros puestos. ¿Queremos ser vasos
para la
gloria del Señor?
Comencemos humillándonos, santifiquemos nuestras vidas y nuestros
hogares, seamos llenos del Espíritu Santo y reconocidos por la
congregación,
entendamos que el poder del Señor se perfecciona en la debilidad, que
el
quebrantamiento es necesario para que brille la luz del Espíritu Santo
que
mora en nosotros, y en el momento de la prueba mantengámonos firmes en
nuestros puestos. Que así sea.
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