Salmos Nº3


Por Jack Fleming

















SALMO 3


Oración matutina de confianza en Dios.


Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo.

"¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Selah

Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo. Selah

Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí.
Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; los dientes de los perversos quebrantaste.
La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición. Selah"



Antes de entrar en el tema creo necesario aclarar el significado de la pequeña palabra "Selah", que aparece en este salmo y en muchos otros. Es un vocablo hebreo que significa pausa, meditación, y posiblemente también pudo haber sido empleada como señal musical.

El título que se halla en los salmos escrito con letra más pequeña, corresponde a la parte inspirada de la Palabra de Dios, no así los substitutos escritos con negrilla que han incluido algunas traducciones de la Biblia.

El título de cada uno de los salmos es de gran importancia, porque en ellos encontramos la clave para interpretarlos y las circunstancias en que fueron escritos.

¿Está alguno afligido a causa de la desobediencia y rebeldía de sus hijos? ¿U otros problemas inherentes a la vida cotidiana del cristiano? Seguramente hallará gran consolación en el ejemplo de David. Lo primero que él hace es llevar su aflicción a Dios.

"¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios".

David abre su corazón en la presencia del Señor. Aquellas angustias que oprimían su pecho, las saca fuera en alta voz y las pone ante el trono de la gracia del Todopoderoso.

Qué bien nos hace llevar toda nuestra pena y dolor en oración hasta aquel que no solamente nos ama, sino que también puede compadecerse de nuestra aflicción; porque él mismo fue varón experimentado en quebrantos y nos invita a acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

La pena que le desgarraba el corazón como un puñal que se clavaba en su pecho, era que aquellos a quienes más amaba se habían rebelado contra él; los de su propia casa, su hijo, aquel a quien pese a todo lo amó hasta la muerte.

Y sus súbditos, quienes también habían gozado de las bendiciones de su casa, aquellos en quienes también había confiado, ahora se levantaban contra él.

Pero cuanto bien le hizo a David llevar sus angustias en oración hasta el trono de la gracia, porque fue cuando entró a la presencia del Señor que pudo ver más allá de su problema. Mirar a su alrededor y contemplar a su protector: "Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza".

Cuando sus enemigos decían: "No hay para él salvación". Él clamó al Único que podía compadecerse. Y ahora podía ver de dónde podría venir su fortaleza: "Tú oh Dios, eres escudo alrededor de mí, mi gloria, y el que levanta mi cabeza".

Si comprendemos y creemos que el Señor está en completo control de todo lo que nos acontece, allí nuestra alma encuentra el bálsamo que suaviza nuestras heridas, porque sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Y nos fortalecemos en el Señor y en el poder de Su fuerza.

Cuando vemos que Dios es nuestro escudo que nos protege ¿Cómo podríamos andar con nuestra cabeza inclinada, derrotados? Considerando que Él nos ha hecho más que vencedores.

Él levanta mi cabeza y me hace mirar hacia arriba, donde está Él, para que busquemos allí nuestra fortaleza y consuelo: "Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo. Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba".

Recuerda el resultado de sus oraciones anteriores y como Dios había respondido en Su misericordia a su clamor, nuestra fe se ve fortalecida cada vez que volvemos nuestros ojos a las muchas peticiones que el Señor en Su gracia nos ha concedido. El resultado es que nos acostamos y podemos dormir confiadamente en Su brazo potente y amoroso.

El consejo que hallamos en este salmo es muy sabio, en vez de acostarnos a meditar en nuestras penas y aflicciones que únicamente nos traerán confusión y desconsuelo, y en nuestra agitación haremos huir el sueño; debemos mirar hacia atrás con agradables reflexiones, recordando cada una de las innumerables oportunidades en que el Señor ha respondido a nuestras oraciones.

Y confiar que una vez más no nos abandonará, entonces descansaremos con agradable expectación en que el Dios de toda misericordia siempre nos concederá lo que sea mejor para nosotros, aunque en el momento de la angustia no logremos comprender la razón de nuestra aflicción.

Nuestro pensamiento no debe encerrarse en la insensatez de preguntarnos ¿por qué Dios permite esto? Más bien en el deseo de saber ¿qué quiere Dios enseñarme con esto? Porque el Señor siempre tiene un propósito en todo lo que nos acontece.

En muchas oportunidades culpamos a Dios por las consecuencias de nuestras propias faltas y errores. Eso no era una prueba, sino la justa cosecha de lo que David había sembrado, porque Dios nos ha advertido: "Todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará".

En 2Samuel 11 encontramos el pecado de David con Betsabé. El capítulo 12 comienza: "Jehová envió a Natán a David" y luego nos relata la reprensión del Señor y las predicciones que ese pecado tendría sobre su casa.

Cuando David escribe el salmo tres lo hace durante la cosecha de su pecado, la cual el Señor le había profetizado por medio de Natán. La cosecha no la podemos evitar, pero sí podemos acudir al trono de la gracia y cogernos de Su misericordia para rogar que Él nos dé mano firme para no sucumbir en ese inevitable período de la siega.

Allí podremos ver los escudos que Dios ha levantado a nuestro alrededor. Entonces podremos descansar confiadamente, acostarnos, dormir y despertarnos, porque Jehová nos sustenta.

Sólo entonces huirá de nosotros todo temor y podremos decir como en el verso 6 de nuestro salmo: "No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí".

En el corazón del creyente que ha aprendido a confiar en el Señor y en Su amor, no hay lugar para el temor. No temeré aunque el mundo entero se levante en mi contra, si el Señor está a mi lado ¿qué podré temer?

"Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; porque tu heriste a todos mis enemigos en la mejilla; los dientes de los perversos quebrantaste". Sus enemigos son vistos como fieras salvajes, pero bestias que Dios los ha derrotado y los ha incapacitado para que nos hagan mal.

Su poder destructivo es aparente, fijémonos que dice que Dios ha quebrado sus quijadas y arrancado sus dientes. Vagan buscando a quien devorar, pero ¿qué nos podría hacer un animal en esas condiciones? Si Dios es por nosotros ¿quién será en contra de nosotros?

Los enemigos rugen inútilmente, porque han sido derrotados e incapacitados de dañar a aquellos cuyo refugio se encuentra cerca del Todopoderoso. El Señor nos ha garantizado: "Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano".

¿Existirá otro lugar más seguro que la misma mano del Dios Todopoderoso que hizo los cielos y la tierra? ¿Podrá hallarse otra mano de quien nos ame más, que la de aquél que fue clavada en la cruz por nosotros?

Cuando entendamos y creamos lo que Dios nos dice en este hermoso salmo, entonces caminaremos confiadamente y dejaremos esa postura derrotista para caminar con la frente erguida. Porque: "Él levanta mi cabeza".

Me acostaré y dormiré apaciblemente, porque él ha levantado escudos a mí alrededor. Estoy descansando en Su mano potente y amorosa. Aunque mis enemigos rujan frente a mí, no temeré mal alguno, porque Dios los ha incapacitado para que me destruyan; no son más que bestias sin dientes y con sus quijadas quebradas. El Señor ha neutralizado el poder del enemigo.

Mi confianza no está en mis fuerzas y capacidad, sino en las del Señor de la gloria, cuya voluntad se hace en los cielos como en la tierra. Yo sé en quien he creído. Sí Señor, Tú eres el Todopoderoso que ha levantado escudos a mí alrededor para protegerme. Gracias mi Señor y mi Salvador. Amén.



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