Salmos Nº10


Por Jack Fleming


















SALMO 10


Pidiendo la destrucción de los malvados.


"¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación? Con arrogancia el malo persigue al pobre; será atrapado en los artificios que ha ideado. Porque el malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso, y desprecia a Jehová.

El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos. Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tienen muy lejos de su vista; a todos sus adversarios desprecia.

Dice en su corazón: No seré movido jamás; nunca me alcanzará el infortunio. Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua hay vejación y maldad. Se sienta en acecho cerca de las aldeas; en escondrijos mata al inocente.

Sus ojos están acechando al desvalido; acecha en oculto, como el león desde su cueva; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo a su red. Se encoge, se agacha, y caen en sus fuertes garras muchos desdichados.

Dice en su corazón: Dios ha olvidado; ha encubierto su rostro; nunca lo verá. Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; no te olvides de los pobres. ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás.

Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; a ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano. Quebranta tú el brazo del inicuo, y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna.

Jehová es Rey eternamente y para siempre; de su tierra han perecido las naciones. El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, para juzgar al huérfano y al oprimido, a fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra".

El corazón humano es muy propenso a suponer que cuando somos angustiados por alguno de los males que afligen a nuestra raza caída y que vive en un mundo contaminado por el pecado, esas tribulaciones nos afectan únicamente a nosotros. Pero no hemos de olvidar lo que Dios nos ha advertido para que no estemos en tinieblas en un asunto tan trascendental en nuestras vidas.

Rm. 8: 22 "Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora".

El creyente no ignora esto, por esta razón dice "sabemos". Además el Señor nos advirtió en Jn.16:33 "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo".

Nos dijo que en el mundo tendríamos aflicción, jamás nos ofreció paz con el mundo, la paz que él nos otorga es paz para con Dios. Él nos habló de persecuciones e injusticias ¿De qué nos sorprende entonces cuando los inconversos nos aborrecen y nos injurian?

Aún nos advirtió que no tendríamos paz ni con nuestros familiares más cercanos, si éstos no son hijos de Dios. En 1Pd. 4:12 nos dice: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese".

Hermanos, si somos atribulados, no nos sorprendamos como si nos estuviese aconteciendo algo extraño. En este mismo pasaje de la epístola de Pedro nos dice (5: 8-9) "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo".

No pensemos que somos los únicos que sufrimos o que nuestra aflicción es la más grande. Dios nos dice : 1Pe 5:9 "sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo".

El Señor nos previno que en el mundo tendríamos aflicciones, pero al mismo tiempo nos dijo que en él (en Cristo), tendríamos paz, porque estamos en Su mano poderosa, desde donde nada ni nadie nos podrá arrebatar.

Cuando somos atribulados, pensamos como el salmista, que Dios está muy lejos de nosotros: "¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?".

Esto me recuerda una historia ficticia narrada en forma poética, que es muy popular en el mundo Anglosajón y que adorna muchos hogares cristianos, dice:

"Un cristiano soñó que caminaba por una playa junto al Señor y en el cielo se reflejaban las escenas de su vida, dejando las huellas de las pisadas de dos personas en la playa, una pertenecía a las suyas y las otras al Señor. Pero él notó que en cada etapa de su vida que estaba rodeada de mayor aflicción, aparecían en la arena las huellas de una sola persona; entonces le preguntó al Señor ¿Por qué en los momentos de mayor angustia de mi vida, me dejaste solo? El Señor le respondió, tú ves las huellas de una sola persona en los momentos de mayor tribulación de tu vida, pero esas no son tus huellas, sino las mías, porque en esos momentos te llevaba en mis brazos".

Efectivamente, el Señor jamás nos abandona. Lo único que produce una separación entre nosotros y el Dios Santo, es nuestro pecado, pero esta separación se produce porque nosotros nos alejamos de Su presencia, como el hijo pródigo; éste salió y se fue de la casa de su padre.

El padre no se movió de su casa, sólo lo vemos observando el camino por donde se había alejado su hijo, y ahora lo aguardaba con un corazón amante y perdonador. Efectivamente, cuando regresó, no escuchamos ningún reproche o censura, solamente lo abrazó y besó.

El salmista prosigue su análisis: "Con arrogancia el malo persigue al pobre". La Biblia siempre relaciona las riquezas de este mundo con las posesiones de los impíos.

No excluye del cielo a todos los ricos, pero sí dice que difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos, porque la mayoría de las riquezas de este mundo están podridas y contaminadas con la sangre de los pobres, como dice en Stgo.5:1-4 "¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.
Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros".

Esta actitud es natural en un corazón no regenerado por el poder del Espíritu Santo, pero lo que resulta inaudito es ver a creyentes discriminar a otros hermanos en la fe, por quienes Cristo también dio Su vida, por el solo hecho que no poseen un mismo nivel socioeconómico como ellos. Esto es lo que también condena Dios en la misma epístola de Santiago capítulo dos:

"que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?".

Podríamos incluir en esta consideración: Si saludáis sólo al que está bien vestido, o convidas a tu casa sólo a los que son de tu misma clase social ¿No estáis haciendo diferencias?

Es un hecho indiscutible que la arrogancia se ensañará contra el pobre. Y Dios condena al arrogante y llama bienaventurado al humilde.

Prosiguiendo con el salmo 10 llegamos al verso 4 "El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos".

Este es el común denominador de una sociedad materialista, ignoran a Dios y sus corazones están llenos de ambiciones, envidias, egoísmos y vanidades; con esa actitud jamás verán el rostro del Señor.

En Cr. 7: 14 encontramos el llamado de Dios que contrasta rotundamente con la actitud del altivo y arrogante, dice Dios: "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados". Lo que Dios bendice con el gozo de Su presencia, es el corazón contrito y humillado.

El salmista hace una pregunta en el verso 13 "¿Por qué desprecia el malo a Dios?". Anteriormente ha dicho que el malo no busca a Dios y le ignora en sus pensamientos y decisiones, ahora sostiene en esta pregunta que además desprecia a Dios ¿Por qué?

El Señor Jesucristo, quien afirmó ser la luz verdadera, nos entrega la respuesta en Jn.3: 20 "Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas". (vr.19) "los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas".

David comenzó el salmo con una plegaria, producto de su mirada al entorno de pecado que se observa en este mundo que rechaza al Creador. Pero cuando eleva sus ojos y se encuentra con ese Dios amante y que hará justicia con el humilde, el huérfano y el oprimido; su corazón se regocijó en Su Señor:

"Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; a ti se acoge el desvalido; tú eres el amparo del huérfano. Jehová es Rey eternamente y para siempre".

El gozo y consolación del creyente ante la injusticia que nos rodea, radica en la seguridad plena que el Todopoderoso, nuestro Padre Celestial reina. Y que cuando Cristo regrese, hará justicia pagando a cada uno según hayan sido sus obras.

Concluyo esta reflexión del salmo 10 con el pensamiento que nos entrega en Sal.37: 1-3 "No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien".

Amén, que así sea.



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