Y serán uno















N°99

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 99.- "The temple of the church"


¿Cuál es el templo y qué es la iglesia?

Cada día se hace más común en el hablar de la gente que se congrega en una denominación religiosa decir: "Vamos al templo" para referirse al edificio donde se reúnen.

"Templo" ha pasado a ser sinónimo de "iglesia". Por cierto que esta distorsión idiomática y de concepto se produce con mayor frecuencia en aquellos que provienen del catolicismo, porque para los romanistas desde sus comienzos en el siglo IV con Constantino ha tenido ese significado espurio, muy diferente a lo que Dios ha definido como iglesia, y otra distinta también para el vocablo "templo".

El gran apóstol Pedro, muy venerado por ellos, pero muy maltratado en su verdadera autoridad cual ministrador de la Palabra de Dios, ha dicho:

1Pe 4:11 "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén".

Por lo tanto, todos los que procuramos agradar y obedecer a Dios, debemos emplear el verdadero lenguaje y definición que el Señor le concede en Su Palabra, la Santa Biblia.

Es lamentable ver como los mismos pastores han sido en muchas ocasiones los culpables que estimulan esta distorsión bíblica, porque sin ningún temor de Dios hasta se atreven a colocar un nombre en el rótulo de su edificio, que también les sirve para demarcar sus dominios y aumentar el divisionismo de aquello que debería ser un cuerpo.

Vemos iglesias que tienen letreros como: Templo Jerusalén, Templo Israel, y lo que rebalsó toda medida de ignorancia bíblica, es uno que decía:"Templo Nueva Jerusalén", cuando muy bien sabemos que la Biblia dice que en la Nueva Jerusalén no habrá templo.

Describiendo esa Nueva Jerusalén, que será nuestra morada celestial, dice el apóstol Juan en Ap. 21:21-22 "Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero".

Entonces ¿Cuál es el interés por distorsionar la definición del local de reuniones para llamarlo "templo", cuando la Palabra de Dios rechaza ese calificativo para el edificio de la iglesia?

Claramente se aprecia que es en el esfuerzo humano para legalizar ese concepto y así poder incluir lo que ellos no pueden explicar a la luz de la Biblia, el diezmo para la iglesia, que como hemos considerado, incluso los judíos no se atreven a cobrar en sus sinagogas al no tener templo, porque ellos mismos dicen que es algo que no se puede hacer, debido a que el diezmo (los alimentos que se entregaban) eran solamente para el sustento de los levitas que vivían en el templo. Y hoy al no existir templo en Jerusalén, ellos no pueden aceptar ni cobrar el diezmo.

Con la misma insidiosa y pérfida intensión los mercaderes de la fe se empeñan en violentar las Sagradas Escrituras, para acuñar términos y prácticas que corresponden al período del templo y la ley, como esa malsana y perniciosa costumbre de hacer un llamado a pasar al "altar" a todos quienes acepten a Cristo. ¿Cuál altar? Cuando bien sabemos que en la iglesia no existe un altar (Lea acerca de los llamados al altar en las PREGUNTAS FRECUENTES Nº45 ).

Luego que han conscientizado a la membresía que ese lugar es el templo, especialmente a los nuevos que se han incorporado, les resulta muy fácil pedirles el diezmo, las primicias y todo aquello que se demandaba en el templo de Jerusalén durante la ley.

Hemos de distinguir claramente la enorme diferencia que existe entre el vocablo "templo" que menciona la Biblia, el cual fue construido durante la dispensación de la ley en Jerusalén, y los locales de reunión de las iglesias de hoy que los hombres pretenden llamar igualmente "templo" sin ser. Porque esa definición corresponde exclusivamente en las Sagradas Escrituras al templo ubicado en esa localidad geográfica de Jerusalén, y que era administrado por aquellos que habían nacido según la tribu de Leví.

Dios nunca ordenó a los cristianos construir edificios para reunirse, y menos aún llamar a aquello que Él no mandó hacer, calificarlos de "templos". La iglesia cristiana estuvo durante los tres primeros siglos sin locales de reunión, porque se congregaban en las casas. Y fue una iglesia muy exitosa y poderosa que conquistó hasta el mismo corazón de Roma y se extendió por toda Europa, Asia y el Norte de África.

La construcción de grandes edificios solamente comenzó en el siglo IV cuando Constantino creó la iglesia del Estado Romano que denominó "Católica" (Universal), siendo él el sumo pontífice y cabeza de esa nueva "iglesia" entre todas las innumerables divinidades que ellos adoraban.

Prontamente le regaló al clero (sacerdotes) que él nombró, varios templos paganos que ya existían en su imperio. Luego se dio a la tarea de construir otros nuevos que fueron de uso exclusivo de esa nueva religión que formó, los cuales llamaron basílicas, posteriormente levantaron otros edificios por todas las tierras que dominaba el imperio romano.

Obligó por decreto imperial a todos sus súbditos a ingresar a este nuevo credo, que fue un arma política-religiosa muy importante para dominar a bajo costo a toda la población de su imperio, por medio de la superstición y la idolatría, donde cambiaron todas las diversas divinidades paganas que adoraban, por "santos" que elevaban a sus altares.

Muchos siglos después se incorporó esta práctica creada por los romanistas de reunir a sus feligreses en esos "templos", también dentro de algunas iglesias evangélicas. Hoy casi todas han sucumbido a ese modelo establecido por Constantino, pero que no corresponde al diseño ni lo ordenado por Dios para la iglesia, menos aún esa practica anti bíblica de exigir el diezmo para mantener aquello que falsamente denominan "templo", sin ser lo que pretenden, y costear los lujos de pastores que están saqueando al pueblo de Dios que no escudriña las Escrituras como el Señor ordenó.

Jesús dijo: Mat 15:14 "son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo".

En las Sagradas Escrituras Dios utiliza para la iglesia la palabra "templo" durante el período de la gracia, para definir el conjunto de salvados y redimidos por la sangre preciosa de Cristo. Las personas, no el edificio, es lo que Dios denomina como el "templo".

1Co 3:16 "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
1Co 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?"

Ef. 2:20 "edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
Ef. 2:21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor"

1Pe 2:5 "vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo".

Lo que el Señor vendrá a buscar para llevar a las moradas celestiales, es a los creyentes, Su iglesia, no el edificio donde se reúnen, por muy lujoso y fastuoso que sea. Es más, nos dice la Biblia que allá en el cielo donde viviremos eternamente, la iglesia continuará sin tener templo.

En el verdadero "templo" que constituye la iglesia con Su Señor en medio de ella, no existe un grupo exclusivo que debidamente se pueda denominar en forma separada del resto de los hermanos como "sacerdotes" levitas espirituales. Esa definición es falsa y contraria a lo que Dios ha revelado en Su Palabra.

Porque ahora en la iglesia TODOS somos sacerdotes 1Pd. 2: 9 "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" Ap. 1:6 "y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre".

El edificio donde se reúnen los creyentes no debe llamarse "templo". Porque lo que Dios denomina como templo para el tiempo de la iglesia, es el conjunto de salvados, las personas redimidas por la sangre de Cristo.

Por lo tanto, es absolutamente antibíblico referirse al "templo" de la iglesia, porque el verdadero y único templo que Dios reconoce en este período de la iglesia, es al conjunto de creyentes; las personas constituyen el templo, no el edificio.

Que nuestro hablar sea conforme a la Palabra de Dios. Amén, que así sea.

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