El regreso desde el monte de la gloria


















N° 93

Por Jack Fleming

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Ex. 32:1-5 "Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.
Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.
Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová".

Ex. 32:15-21 "Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.
Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.
Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel. Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?".



Dios había escogido un pueblo para que fuera luz en medio de las tinieblas de las naciones que constituyen este mundo. Un pueblo que Él liberó de la esclavitud de Egipto y lo sacó con mano poderosa de sus opresores.

Fueron testigos de los milagros más portentosos que el ser humano hubiera conocido. Los cuidó amorosamente a través del desierto guiándolos durante el día con una nube que además les otorgaba sombra, y una llama de fuego durante la noche, la cual les proveía luz y calor para abrigarlos durante esas horas de frío y tinieblas.

Les proveyó diariamente pan del cielo, por el cual no trabajaron ni se esmeraron. Puso mesa para ellos en pleno desierto, donde pudieron comer carne hasta hartarse.

Conocieron lo que era la santidad de Dios y con temor pidieron a Moisés que fuera intermediario entre ellos y el Santo de la gloria:
Ex. 20:18-21 "Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios".

Pero cuando ese mediador subió al monte de la gloria para hablar con Dios, viendo el pueblo que Moisés tardaba, dijeron: "Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido".

Un pueblo que había sido tremendamente bendecido por el Señor, que había visto los milagros más extraordinarios que ser humano haya podido contemplar. Un pueblo que se había comprometido a grandes voces a ser fieles a ese Dios infinitamente poderoso y santo. ¿Qué fue lo que hizo cuando vio que su mediador tardaba en regresar desde el monte de la gloria?

Se dirigieron al "ungido de Dios", al sumo sacerdote Aarón para que le hiciera ídolos que ellos pudieran ver, cantar, gritar y danzar. Entonces el "ungido" para no sentirse "urgido" les pidió que le trajeran todo el oro que poseían (esto resultará muy familiar a muchos de nuestros días ¿verdad?).

Y dice la Palabra de Dios que ese líder espiritual del pueblo lo tomó de manos de ellos y le dio forma con buril, e hizo un becerro de fundición. Fue todo un trabajo laborioso y complejo, especialmente por las condiciones en las cuales se encontraban, un desierto sin grandes recursos.

Sin embargo cuando Aarón fue enfrentado por la ira santa de Moisés cuando regresó, dijo para justificarse (siempre la justificación implica cobardía y necedad): Ex.32: 23-24 "Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro".

Está diciendo prácticamente que la culpa no fue suya ni que tuvo alguna participación, porque él simplemente recogió el oro, lo tiró al fuego y desde allí salió caminando este becerro.

Un líder que no es capaz de frenar el pecado, no es un líder de Dios. Uno que pretende justificarse y no reconoce su propia falta, es un necio y un mentiroso.

Pero cuando su pecado llega a la expresión más repulsiva, es cuando este líder declara: "Mañana será fiesta para Jehová". No le bastó fabricar falsos ídolos para corromper al pueblo, sino que declaró que todo ese desenfreno de alaridos y danzas, sería una fiesta para Jehová.

Les coloca un becerro de oro para que lo adoren y tiene la desvergüenza y cinismo de declarar que toda esa juerga de cánticos, griterío y danzas, era una "fiesta para Jehová". No era para el ídolo que les había instalado al frente, sino que con mucha desfachatez seguía declarando que era fiesta para Jehová.

No existe un pecado más nauseabundo que cuando se mezcla lo santo con lo inmundo. Dios había declarado inmundo ceremonialmente a todo aquel que solamente rozara sus vestiduras con algo inmundo.

Tal era el desorden y bullicio que había en el campamento de los israelitas, que cuando descendió Moisés desde el monte acompañado por Josué, éste dijo: Ex. 32:17 "Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento".

Pero Moisés, hombre de mayor experiencia dijo: Ex. 32:18 "Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo".

Tal era el desorden y algarabía que habían formado con sus cánticos, gritos y danzas, que Josué, hombre acostumbrado a la guerra, pensó que estaban masacrando al pueblo.

La justa indignación del hombre más manso de la tierra no se hizo esperar. Ex. 32:19-20 "Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie. Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel".

Creo que también la iglesia está viviendo en nuestros días tiempos muy similares. Nuestro intermediario, el Señor Jesucristo ha subido al monte de la gloria de Dios, y son muchos los que han tenido este tiempo de gracia como tardanza.

Nadie tiene en su mente la pronta venida del Señor, y los pocos que creen en Su regreso piensan que podrá ser en mil años más. Lo están pasando tan entretenidamente con las diversiones del mundo que han incorporado en los espectáculos que se desarrollan dentro de las iglesias, que nadie piensa en irse al cielo, están muy a gusto en este mundo.

2Pe 3:4-10 "diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.
Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas".

Y en este tiempo que tienen por tardanza, han pedido a sus líderes que les construyan ídolos de la canción, ídolos que puedan realizar curaciones y espectáculos sensacionales que ellos puedan ver, como son los sopladores y curanderos que abundan en nuestros días.

Para complementar la similitud con la corrupción en que incurrió Aarón, los actuales líderes también están pidiendo al pueblo de Dios que les entreguen el oro para construir estos ídolos que se han levantado en nuestros días en medio de la llamada "cristiandad".

La condición actual es tan semejante a los días de Aarón, que el otro día me encontraba caminando por los alrededores de la nueva casa que vive mi hijo, y un ruido ensordecedor me llamó la atención, tuve que caminar casi media milla para descubrir el origen de ese estruendo. Para mi asombro la procedencia de esos gritos y algarabía eran de una congregación de una iglesia carismática que desarrollaba su reunión al ritmo frenético de las baterías e instrumentos electrónicos, obviamente todos ellos también danzaban y cantaban comos los israelítas frente al becerro de oro.

Cuando el Señor Jesucristo descienda desde el monte de la gloria donde actualmente se encuentra, lamentablemente hallará el mismo espectáculo que horrorizó e hizo arder en ira a Moisés. Verá a la gran mayoría de la llamada "cristiandad" dando alaridos y danzando alrededor de sus ídolos y diciendo que están adorando al Señor, que es fiesta para Jehová.

La misma indignación santa será la que motivará al Señor a actuar como lo hizo el hombre más manso de la tierra, Moisés. Ex. 32:20 "Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel".

Y será en ese tiempo que el Señor separará la cizaña del trigo. Dirá como Moisés: Ex.32 : 26 "¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví".

Solamente los verdaderos hijos de Dios, aquellos que hemos sido constituido en reyes y sacerdotes del Dios Altísimo (Ap. 1:6 "y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre") nos reuniremos junto al Señor en las nubes. 1Ts. 4:17 "Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor".

Todos los demás se quedarán para recibir los justos juicios de Dios en lo que se conoce como la gran tribulación. A esos líderes que junto a sus congregaciones se quedarán acá, les dirá de la misma manera que lo hizo Moisés: Ex. 32:21 "Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?"

¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Pecado, desorden y falta de solemnidad es lo que vemos en la mayoría de las iglesias que debería ser la casa de Dios, y por su pecado serán condenados, porque al que se le ha dado más, se le exigirá más.

Porque el Señor ha dicho en Su Palabra: Ec. 5:1-2 "Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.
No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras".

La misma pregunta quiero dejar para esos líderes que han corrompido la cristiandad predicando ese otro evangelio de la prosperidad, prosperidad que ha funcionado solamente para ellos, para los nuevos ídolos que se han revestido de oro. ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? ¿Entreteniéndolos con danzas, cánticos, bullicio y despojándolos de su dinero? ¿Qué cuentas darás a Dios en ese gran día?

Y para aquellos que se congregan en esos lugares el Señor les dice que no está allí, pero desde afuera, a las puertas, les invita: Ap. 3:20 "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo".

Acepte este último llamado que está haciendo el Señor antes que acabe el día de la gracia y llegue el día de la gran tribulación. Que así sea, Amén.


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