Rey de reyes
















N° 92

Por Jack Fleming

Translate this page 92.- "King of kings"



Dn. 4:35 "Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?".

Uno de los títulos más gloriosos que se atribuye Dios es precisamente ese: "Rey de reyes y Señor de señores" (Ap. 19:16 ). Todos conocemos el poder ilimitado que poseían los reyes soberanos de los tiempos bíblicos, eran dueños aún de la vida de sus súbditos, y el Señor reclama para sí un poder soberano mayor que todos los reyes juntos de la tierra.

El hombre que no conoce al Dios de la Biblia puede aceptar a un Dios que haga su voluntad allá arriba en el cielo, muy lejos de este mundo, pero no puede concebir en su mente carnal a un Dios soberano que haga Su voluntad también acá en la tierra, y legisle sobre todas sus criaturas sin consultar a ninguna de ellas.

En su mente limitada y finita cree ser él el centro del universo y que todo gira entorno a su propia voluntad y discernimiento, cree ser el que controla todos los sucesos de su vida y entorno sin considerar a Dios. Camina muy seguro y confiado que todo continuará como él ha previsto, pero jamás acepta que en un segundo Dios puede cambiar su vida en forma radical.

La fragilidad de la vida terrenal es un hecho que se hace real solamente cuando nos toca personalmente. Y es entonces que las criaturas indignadas levantan su puño contra Dios y claman airados: ¿Por qué a mí?

La soberanía de Dios se acepta solamente cuando incluye a otras personas, pero cuando se trata de nosotros mismos, entonces el hombre rechina sus dientes indignado contra ese atributo soberano de la divinidad. Pero es solo en esas circunstancias que el hombre logra entender que no controla absolutamente nada del mundo que lo rodea.

Nadie puede eludir ni detener Su voluntad soberana, la cual aunque muchas veces incomprensible para nuestras mentes que desconocen el futuro, se cumplirá inexorablemente como lo ha anticipado en Su Palabra:

Isa 46:10 "Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero".

Dios está en Su Trono del universo dirigiendo y obrando todas las cosas "según el consejo de Su voluntad". Ef. 1:11 "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad".

Nada acontece en la vida del creyente por casualidad ni por buena o mala suerte, porque nuestras vidas han sido planificadas desde antes de la creación del mundo. Y cada uno de nosotros cumplimos un propósito previsto y calculado por Su soberanía, dentro de este gran engranaje de la creación de Dios.

¿Quién escogió el lugar en que habríamos de nacer? ¿Por qué no nací en una remota aldea de África, donde nunca habría tenido oportunidad de conocer al Señor ni disfrutar de las bendiciones que Él soberanamente me ha entregado?

¿Qué derecho tenía Adán a comer de los árboles del jardín del Edén? Únicamente el permiso de su Creador, sin el cual hubiera sido un ladrón.

¿Qué atractivo vio Dios en nosotros para escogernos para salvación? Ninguno, fue el puro afecto de Su voluntad soberana la que nos predestinó para ser receptáculos de Su gracia y misericordia, sin ninguna influencia exterior a sí mismo la que decidió. Ef.1:5 "según el puro afecto de su voluntad" Rom 11:35 "¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?"

¿Qué méritos tenemos para entrar libremente hasta Su presencia cuantas veces lo deseemos? Ninguno, solamente la invitación amorosa de Dios: Heb 4:16 "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".

Estamos tan acostumbrados a fijarnos en aquello que nos falta, que no tenemos tiempo para apreciar lo que Él en Su misericordia y soberanía nos ha regalado. ¿Qué derecho tenemos de exigir al Dios infinitamente Santo, que nos otorgue tal o cual favor? ¿Quiénes somos nosotros para reclamar de esa manera ante el Rey de reyes?

Si nos hubiéramos dirigido con la misma pertinacia ante un rey terrenal, seguramente que hubiéramos tenido que pagar muy cara nuestra osadía. Pero sin embargo ante el Rey de reyes nos atrevemos a exigir y reclamar ¿Por qué?

Simplemente porque estamos muy lejos de comprender nuestra condición de pecadores perdonados, y dimensionar la grandeza sublime y gloriosa del Señor de señores.

Un ejemplo claro es cuando el hombre natural protesta contra lo que él considera injusticia divina, porque dice en la Biblia que:
Rom 9:13 "Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
Rom 9:11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama)
Rom 9:14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera".

Lo que el hombre no logra discernir con su mente limitada, es que resulta natural que un Dios infinitamente Santo aborreciera a Esaú y a cada uno de nosotros. Por lo tanto lo que es asombroso, no es que aborreciera a Esaú, sino que amara a Jacob y también a nosotros.

Dice la Palabra: ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera". Ciertamente, en ninguno de los dos casos existe injusticia, porque Jacob recibió misericordia y Esaú justicia, nadie recibió injusticia. Dios es soberano, pero jamás ejerce injusticia, porque dejaría de ser Dios, cuyos atributos existen en perfecta armonía.

Esta apreciación indefinida e imperfecta que el hombre tiene del Dios de la Biblia, también se aprecia cuando debemos pedir perdón; si es a Dios a quién hemos de hacerlo, entonces lo hacemos con mucha ligereza y poca vergüenza, pero si hemos de arreglar cuenta con un hermano, entonces las palabras se traban en nuestra garganta y todo nuestro cuerpo siente la vergüenza que nos provoca esa situación, sobretodo si debemos descubrir un pecado que hemos cometido. Esto se debe a que tenemos un concepto de Dios muy incierto e impreciso, pero sobretodo muy distante.

Cuando nos encontremos en una situación dolorosa, antes de clamar como los necios ¿Por qué a mí Señor? Seamos prudentes para preguntar ¿Qué quieres enseñarme con esto, Señor?

Obviamente que no me estoy refiriendo a situaciones que son frutos de nuestra propia protervia, porque aun ahí se cumple otra de las leyes que el Rey soberano ha dispuesto: Gal 6:7 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará".

Porque tenemos la costumbre de culpar a Dios por todo lo que nos acontece. Si alguien ha perdido su trabajo, y ha sido a consecuencia de sus reiteradas faltas, no puede decir que es una prueba del Señor, porque eso es simplemente una cosecha de su propia irresponsabilidad.

Lo mismo si una persona ha sido advertido por su médico que no continúe abusando de ciertos alimentos y él no ha considerado el aviso del profesional, su empeoramiento en la salud de ninguna manera podría ser atribuible a una intervención directa de Dios.

Otro tanto se escucha en las iglesias carismáticas, pero allí el único culpable es Satanás y los demonios, nunca ellos mismos. Una vez leí una historieta muy simpática: "Satanás estaba llorando amargamente cuando pasó un ángel y le preguntó: ¿Por qué lloras? Y él le contestó: Lloro por todas las cosas que los hombres me inculpan y que yo jamás las he realizado".

Debemos de ser honestos y sabios para distinguir entre una prueba y una cosecha. Aquel hermano o hermana que está siendo probado por Dios, tenga la absoluta seguridad que el Señor lo está preparando para tareas muy especiales.

Porque así como el mejor metal debe ser sometido a altas temperaturas para separar de él toda impureza, de igual manera Dios nos somete al fuego de la prueba.

1Pe 4:12 "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese.
1Pe 5:7 echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
1Pe 5:9 sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo".

Vivimos en un mundo lleno de violencia y maldad, pero no pensemos ni por un instante que esta situación se ha escapado del control del Rey soberano. Dios está en pleno control de todo lo que sucede en este mundo, es más, Su Palabra nos asegura que incluso es Él quien pone y quita los gobernantes de las naciones, indistintamente si nos agradan o no.

Por este motivo resulta insensato simpatizar con una postura política para apoyar o sacar un gobernante, porque fácilmente podríamos estar luchando contra la voluntad de Dios. El Señor no necesita de nuestra ayuda para ejecutar Su voluntad.

Las tareas que nos ha asignado a los creyentes aquí en la tierra, tienen que ver exclusivamente con el reino de los cielos y la salvación de las almas. No olvidemos jamás que nuestra ciudadanía es la celestial (Filp. 3:20).

Todo lo que acontece en este mundo está bajo el control absoluto de la voluntad permisiva de Dios, hasta que llegue a su plenitud lo establecido por el Señor en Su misericordia y paciencia. Tan sólo entonces Él creará cielos nuevos y tierra nueva donde imperará la justicia absoluta del Rey soberano.

El cristiano sabio sabrá someterse a esos designios divinos, aunque en el tiempo presente no logre comprender el propósito de Dios, porque solamente al Señor le pertenece conocer los tiempos y sobretodo, gobernar soberanamente en los cielos y también en la tierra, porque Él es Rey de reyes y Señor de señores. Amén, Sí Señor.




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