Las obras


































N° 90

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 90.- "The works to get Salvation"


Mt. 5:16 "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

Todos habremos conocido más de algún filántropo o personaje destacado, que puede haber dedicado su vida a una causa humanitaria consagrada y llena de sacrificios; otras que aunque no sean tan sobresalientes, también forman parte del diario vivir de nuestra sociedad. Pero a las obras que me voy a referir en particular, son aquellas realizadas por la gracia del Señor por los hijos de Dios, los que han nacido de nuevo y aceptado al Señor Jesucristo como a su Salvador personal.

Para el desarrollo de este tema voy a presentar cuatro puntos básicos que comprenden este tópico: ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es el propósito? ¿Cuál es la importancia? ¿Cuáles recibirán recompensa?

1.- ¿Cuál es su origen?

Muchas veces escuchamos al hombre decir en su arrogancia natural: "Todo lo que tiene mi familia es gracias a mi trabajo y mi esfuerzo". Sin embargo el creyente que ha recibido vista espiritual, puede ver y discernir que si Dios no le hubiera otorgado salud y trabajo, nada hubiera podido entregar a su familia.

Porque todo aquello que consideramos fruto de nuestro esfuerzo personal, finalmente hemos de rendirnos ante la evidencia que es parte de lo que el Señor nos ha regalado: vida, salud, trabajo, familia, incluso la decisión de nacer en el país que lo hicimos no fue nuestra. ¿Qué habría sido de nosotros si hubiéramos nacido en una remota aldea de África?

Que un hijo de Dios llegue a entender esto creo que no tiene ningún mérito, porque es algo demasiado obvio, pero lo que algunos aún no logran apreciar, es que hasta el querer realizar las obras tiene su origen en el corazón de Dios y no en el nuestro.

Es más, el gran apóstol Pablo reconoce que todo nuestro esfuerzo humano es más bien para inclinarnos al mal, y no para hacer buenas obras:
Rom 7:18 " yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Rom 7:19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
Rom 7:20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
Rom 7:21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Rom 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
Rom 7:23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros".

Debido a nuestra condición del cuerpo de humillación que poseemos (Filp.3:21 "el cuerpo de la humillación nuestra"), porque el pecado continúa morando en nosotros, no tenemos la capacidad para hacer buenas obras en nuestros propios esfuerzos humanos.

Es necesaria la intervención de Dios para que bajo la guía y el poder del Espíritu Santo podamos hacer lo que se nos ha ordenado. Por este motivo no existe ningún mérito humano en todo lo que el creyente hace. Con toda justicia el Señor nos dice que si hiciéramos todo aquello que se nos ha ordenado, no alcanzaríamos más que la categoría de un siervo inútil, porque simplemente hicimos lo que se nos ordenó, nos guió y capacitó el Creador.

Dijo el Señor: Lc. 17:10 "Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos". ¿Cuál será entonces el calificativo que merece el creyente que no realiza todo lo que se le ha mandado?

Dice la Palabra del Señor que Dios preparó las obras desde antes de la fundación del mundo, para que los hijos Suyos las ejecutáramos. Ef. 2:10 "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas".

Dios no solamente es el Arquitecto de todas las buenas obras, sino que además es quién pone en nosotros el querer hacerlas. Filp. 2:13 "porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad".

Es quien nos ha capacitado y escogido para cumplir la función determinada soberanamente por Él:
1Co 12:11 "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
1Co 12:18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso".

¿Dónde está la jactancia humana en las obras que podamos realizar? Solamente en un corazón que continúa en la ceguera espiritual. Cuan obcecado es aquel que insiste en añadir un mérito humano a la salvación gratuita e inmerecida que Dios nos ha regalado.

Rom 11:35 ¿quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

Pretenden ciegamente ligar las obras a la seguridad de la salvación eterna que el Señor compró con Su preciosa sangre. Insisten que somos salvos por fe, PERO….que necesitamos hacer la parte nuestra. ¿Cuál parte nuestra? Cuando hasta el querer hacerlas procede de Dios, quien las planificó desde antes de la fundación del mundo, y añade para que a nadie le quepa ninguna duda: 2Ti 2:13 "Si fuéremos infieles, él permanece fiel". Y en este argumento es que deseo pasar al siguiente punto.

2.- ¿Cuál es el propósito?

El Señor es muy categórico en Su Palabra, porque Dios no comparte Su gloria con ninguna de sus criaturas, y dice:

Ef. 2:8 "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
Ef. 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe".

Tito 3:5 "nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo".

Rom 11:6 "Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra".

2Ti 1:9 "quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos".

Hasta el lector más superficial de la Biblia debe admitir que las obras no tienen ninguna relación con la seguridad de la salvación, que fue también la llama que hizo arder con mayor intensidad las hogueras de la Inquisición, porque fue eso precisamente lo que proclamaron todos los grandes héroes de la fe de la Reforma, y defendieron hasta el riesgo de sus propias vidas esta verdad que es pilar básico del cristianismo bíblico e histórico: "Somos salvos por fe, no por obras".

Todos aquellos que han leído su Biblia recordarán los pasajes donde Dios nos dice que el pecado aún mora en nosotros, y que si alguno dice que no peca, ya ha añadido otro más a su lista, 1Jn. 1:8 "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros". 1Jn. 1:10 "Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros".

Confunden pecar, con "practicar el pecado". Lo que dice la Palabra del Señor es que el hijo de Dios no practica el pecado, 1Jn. 5:18 "Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado". Pero en la misma epístola nos confirma nuestra condición de pecadores, pecadores perdonados, pero aún pecadores. 1Jn. 1:8 "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros".

Este error es el que ha hecho caer en el pantano de la desesperación a todos aquellos que pretenden en su soberbia y falta de humildad, empinarse en su humana condición hasta el trono de la Santidad de Dios, asegurando falsamente que pueden vivir una vida santa sin pecado. Indudablemente que esta doctrina espuria es la que los lleva a la necesidad de convertirse y re-convertirse y volver a re-re-convertirse con tanta frecuencia.

A la luz de la Palabra de Dios, no existe ninguna duda que todos lo creyentes llevaremos hasta cuando el Señor nos llame a Su presencia, obras buenas y obras malas. Por esta razón nos dice que en el Tribunal de Cristo serán probadas todas nuestras obras, sean buenas o sean malas.

2Co 5:10 "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".

1Co 3:13 "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
1Co 3:14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.
1Co 3:15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego".
Habrá quienes sus obras serán quemadas completamente, porque eran malas, pero ellos continuarán siendo salvos, aunque así como por fuego.

Los que pretenden mezclar las obras con la seguridad de la salvación, caen en las profundidades más lúgubres que su lógica humana los conduce, y en medio de esas oscuridades de incertidumbres razonan: "Entonces si no importa lo que hagamos, pequemos y hagamos todo lo que se nos venga en gana, porque igual seremos salvos".

Hasta los inconversos que los escuchen podrán entender que ellos no pecan porque es parte de una abstinencia voluntaria, y no como una condición de una nueva naturaleza como describe la Biblia. 2Co 5:17 "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas".

La conversión de un creyente es comparable a la metamorfosis de un gusano que se transforma en una nueva criatura bajo la mano de Dios, completamente diferente, con propiedades y gustos distintos. Si una mariposa pudiera volver a vivir como un gusano, arrastrándose sobre el polvo de la tierra, sería un fenómeno tan asombroso, como que un hijo de Dios pudiera volver a vivir su vida antigua. No es parte de un esfuerzo humano, de una privación voluntaria para no practicar el pecado, sino una condición de la nueva naturaleza que Dios nos ha otorgado.

Lo que antes nos agradaba, ahora no nos atrae, pero no se debe a un esfuerzo nuestro, sino a que ahora somos una nueva criatura, porque todas las cosas son hechas nuevas, incluyendo nuestros gustos. Esto es lo que parece que desconocen aquellos que comparten la doctrina de la "re-conversión", y que nosotros debemos poner nuestra parte con las obras para asegurar la salvación.

La Biblia dice que el hijo de Dios puede lamentablemente caer, pero luego de participar del pecado, el Espíritu Santo lo constriñe y lo lleva con dolor al arrepentimiento, con un corazón quebrantado, para pedir perdón a los pies del Señor y restaurar su comunión que fue interrumpida. Pero no puede permanecer en esa condición practicando el pecando en forma continua, porque su nueva naturaleza lo rechaza.

El que después de conocer la luz verdadera y haber visto lo que Dios ha hecho con los que verdaderamente son hijos Suyos, se vuelve atrás y regresa a su antigua condición, simplemente prueba que NUNCA ha sido salvo y transformado bajo el poder de Dios, jamás fue una oveja del Señor.

2Pe 2:22 "Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno".

La epístola a los Hebreos también nos habla de aquellos que fueron solamente expuestos a la luz, que "fueron iluminados", hasta participaron de una iglesia, pero nunca fueron luz en sí mismos y volvieron a revolcarse en el cieno.

Heb 10:26 "Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
Heb 10:27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios".

El pecado limita, perturba nuestra comunión con el Santo, pero no nos hace perder nuestra salvación que es eterna. De lo contrario Dios no nos podría ofrecer vida eterna, sino que vida solamente hasta cuando volviéramos a pecar, y como continuamos viviendo en nuestro cuerpo de humillación hasta que el Señor nos provea el cuerpo incorruptible de gloria (Filp.3:21), el resultado de esa falsa creencia sería que NUNCA seríamos salvos. Y el día que nos consideráramos salvos, en vez de gozarnos con ese regalo divino, viviríamos bajo el tormento de saber que hoy o mañana la perderemos.

En contraste con esos argumentos humanos, el Señor nos entrega paz, gozo y seguridad en nuestros corazones, porque dice:
Jn. 10:28 "yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
2Ti 2:13 "Si fuéremos infieles, él permanece fiel".
Filp.1:6 "estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".
Heb 10:14 "porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados".

Entonces se preguntará alguno ¿Cuál es el propósito de las obras? Si entendiéramos por qué Dios nos ha salvado y no nos ha llevado inmediatamente al cielo, sería más fácil comprender el propósito de las obras.

Cuando Dios nos escogió antes de la fundación del mundo, no fue porque su Omnisciencia viera algo bueno en nosotros u obras que haríamos que merecieran esa decisión. La Biblia nos asegura que fue por el puro afecto de Su voluntad soberana, sin nada externo a Su Persona que influyera en esa decisión que realizó. Rom.11:34 "¿Quién fue su consejero?". Dice Dios: Job 41:11 " ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya?".

Fue una decisión soberana conforme al puro afecto de Su voluntad.
Ef. 1:4 "según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,
Ef. 1:5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad".

Lo maravilloso en todo esto es que Dios en verdad nos vio en Su Omnisciencia, miró a través de la consumación de los tiempos y observó toda nuestra vida que habríamos de realizar acá en la tierra. Pero ¿qué fue lo que contempló? ¿Nuestras buenas obras? Por cierto que no, porque eso fue algo que Él mismo debió diseñar para revestirnos de ropas blancas.

Ap. 6:11 "Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos".
Ap. 19:8 "Y a ella (a la iglesia, el conjunto de salvados) se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos".

Antes que el mundo fuese, Dios preparó esas vestiduras blancas.
Ef. 2:10 "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas".

Dios conoció todos nuestros pecados desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, y aún así nos amó. ¿Puede haber un amor mayor que ese? ¿Qué empleador contrataría un trabajador si supiera con anticipación que va a ser un irresponsable? Solamente Dios puede amarnos de tal manera.

Ninguno de los pecados que añadimos a nuestra lista que irá creciendo inexorablemente hasta el día que nos llame a Su presencia, puede sorprender a Dios, porque todos fueron conocidos por Él desde antes de la fundación del mundo cuando nos escogió.

El Santo de la gloria no solamente nos lavó en la sangre de Jesús, sino que además nos preparó vestiduras blancas (las obras), para que por medio de ellas nuestras vidas pudieran brillar con más intensidad en medio de las tinieblas de este mundo, para que otros lleguen al conocimiento de la verdad regeneradora en Cristo Jesús.

Mt. 5:16 "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

Creo que no existe una gracia mayor que nos escogiera para salvación, y luego nos otorgara vestiduras blancas para que el mundo vea y glorifique a nuestro Padre celestial. No son para glorificarnos a nosotros mismos, como pretenden los que quieren adjudicarse méritos humanos en las obras.

Nos salvó y no nos ha llevado inmediatamente al cielo, porque desea añadirnos nuevas bendiciones cada día, hasta que lleguemos a las moradas celestiales. Nos ha hecho partícipes del plan eterno de la salvación para la humanidad, al usarnos como instrumentos conductores de Su gracia divina.

3.- ¿Cuál es la importancia?

La electricidad se genera en una fuente de energía que es transportada por los conductores diseñados, hasta llegar a los elementos que cumplen las útiles funciones de entregar luz, calor, movimiento y las múltiples aplicaciones que la tecnología le otorga.

De una manera similar el poder de Dios se manifiesta bajo las más diversas bendiciones que el Todopoderoso entrega al hombre. Y en este plan celestial el Creador ha concedido a los hijos Suyos la función de ser conductores de Su gracia divina.

Las obras de los creyentes pueden ser comparadas bajo el símil de la energía eléctrica, al movimiento de los electrones que se produce en el conductor para llegar a su meta final, y ser aprovechado bajo los diferentes usos que el hombre le otorga para beneficio de la sociedad.

Una ciudad sin energía eléctrica no solamente queda en oscuridad, sino que se paraliza completamente. De igual manera una sociedad sin las obras de los creyentes, no solamente quedaría en tinieblas, porque hemos sido asignados por Dios como lumbreras de este mundo; sino que también no habría manera de frenar la descomposición de la humanidad, porque además de luz, hemos sido erigidos como sal del mundo.

En los tiempos bíblicos la carne era conservada recubriéndola con sal para detener el proceso de putrefacción. En esas circunstancias el Señor dijo que los creyentes somos la sal de este mundo. Mat 5:13 "Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres".

Así de importante son las obras que el Señor ha diseñado desde antes de la fundación del mundo, para que cada uno de Sus hijos las ejecute. Somos una parte importante en todo este engranaje de la creación de Dios.

4.- ¿Cuáles recibirán recompensa?

En ninguna de ellas existe un mérito personal, porque todas han sido planificadas y calculadas por el Gran Arquitecto divino desde antes de la creación. Además nos capacitó para ejecutarlas, y también puso en nosotros el deseo de querer hacerlas.

Con toda propiedad dice que si llegáramos a realizar todas ellas, no alcanzaríamos más que el calificativo de siervos inútiles. Lc. 17:10 "Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos".

Lo que Dios premiará finalmente será nuestra fidelidad con la cual hayamos cumplido nuestras tareas acá en la tierra. Mat 25:23 "Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor".

No será lo grande o destacada que haya sido nuestra labor lo que Dios recompensará, porque las mismas palabras le esperan al que recibió dos talentos y entregó dos, que al que recibió cinco y presentó cinco.

Por lo tanto no tiene razón afligirnos por cosas que el Señor no nos ha capacitado ni ordenado hacer. Suficiente tenemos con las cosas para las cuales el Señor nos ha creado.

Hay quienes han efectuado grandes obras y de gran reconocimiento público, con muchos esfuerzos y sinsabores, pero si no es algo que Dios les ha mandado, no importa todos los frutos que puedan presentar, todo eso será finalmente quemado. Porque si no ha sido una obra ordenada por Dios, simplemente ha sido realizado en la carne.

Existen cosas muy simples que hemos de considerar antes de malgastar nuestro tiempo en cosas que finalmente serán quemadas, y sin ningún reconocimiento de parte de Dios.

Por ejemplo, si Dios nos ha colocado como manos o pies dentro del cuerpo de la iglesia, no pretendamos actuar como boca. Si a las hermanas ha ordenado callar dentro de las congregaciones (1Cor.14: 33-34, 1Tm.2: 11-12), no espere recibir recompensa alguna si ha estado actuando contra Su voluntad predicando.

Todo eso será finalmente quemado en el Tribunal de Cristo, porque el fuego lo probará. Lo que no resista la prueba del fuego de la santidad y obediencia al Señor, será consumido como madera, heno u hojarasca.

Solamente las obras que sean resistentes al fuego pasarán la prueba y tendrán premios. Las que tengan el sello divino del oro celestial, sean ejecutadas para la redención de las almas, como la plata, y aquellas que brillen como las piedras preciosas porque han sido hechas bajo la dirección del Espíritu Santo, serán las que recibirán recompensas.

¿En cual de estos dos grupos identificaría Ud. sus obras? ¿En las que están representadas por el oro, la plata y las piedras preciosas? ¿O son combustibles como la madera, el heno o la hojarasca?

Corramos la carrera de la vida dentro de los preceptos establecidos por Dios, para poder recibir la corona al llegar a la meta y no ser eliminados de ese premio que repartirá en el cielo. 1Co 9:24 "¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis".

El premio es una alusión a las coronas, podemos ser eliminados de esa recompensa, pero jamás de llegar a nuestra meta, el cielo. Porque la salvación no es un premio, sino un regalo de Dios.

Que el Señor nos otorgue sabiduría, sumisión y santidad para hacer todo para lo cual Él nos ha dejado en este mundo. Y poder escuchar finalmente de los labios benditos del Señor: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor". Que así sea, Amén.

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