Canales de bendición















N° 89



Por Jack Fleming

Translate this page Nº 89.- "Channels of blessing"




Sl. 67:2 "Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación".


Dios nos ha regalado la bendición más gloriosa que ser alguno pueda recibir, la salvación eterna de nuestras almas. Pero nos otorga vida eterna y sin embargo no nos lleva inmediatamente a esas moradas celestiales que nos ha prometido ¿Por qué?

Simplemente porque además nos añade el privilegio de ser colaboradores Suyos en este plan de salvación que ha diseñado, para los vasos de misericordia que Él cual alfarero divino ha creado del mismo barro caído.

La gran comisión que nos ha dejado es que todos los hijos Suyos seamos luz en medio de las tinieblas, portadores del mensaje de las buenas nuevas de salvación para bendición de todas las naciones. Privilegio que no fue otorgado a los ángeles del cielo, sino que a aquellos que hemos gustado de Su misericordia infinita.

Es verdad que Dios ha entregado diversos dones a todos aquellos que constituimos la iglesia del Señor:

Rom 12:4 "Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,
Rom 12:5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros".

1Co 12:11 "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
1Co 12:12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
1Co 12:14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
1Co 12:15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
1Co 12:16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
1Co 12:17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
1Co 12:18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
1Co 12:19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
1Co 12:20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo".

Resulta muy obvio que no todos pueden ser boca, pero sí todos podemos hablar. No todos tienen el don de la oración, pero todos debemos orar, no todos tienen el don de maestros, pero en un momento dado por Dios todos podemos señalar el camino al perdido.

No olvidemos que el Señor ya hizo hablar a los mudos, caminar al paralítico y ver a los ciegos. Metafóricamente hablando hoy no existen los incapacitados espirituales para no servir al Señor.

La lista de grandes hombres y mujeres de todos los tiempos es innumerable, pero muchos de ellos compartían limitaciones que Dios soberanamente les impuso para que su brillo y éxito no los cegara en la vanidad.

En el Antiguo Testamento podemos citar al gran profeta Elías, que después de su éxito en el monte Carmelo sobre los falsos profetas de Baal, terminó en una cueva sólo llorando por su vida y quejándose al Señor: "Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida". Y Dios tiene que fortalecerlo y decirle: "Levántate, porque largo camino te resta".

En el Nuevo Testamento destaca con inusitado brillo el gran apóstol Pablo, pero bien sabemos que él padeció de una enfermedad que lo limitaba, y clamó fervientemente en tres oportunidades al Señor y la respuesta divina fue: 2Co 12:9 "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo". Luego pudo decir (2Co 11:29) "¿Quién enferma, y yo no enfermo?".

La lección que podemos sacar de todo esto, es que Dios no comparte Su gloria con ninguna de sus criaturas. Y mientras más fiel es nuestro servicio para el Señor, más debilidad humana se manifestará en nuestras vidas.

Con cuanta claridad el apóstol afirma: "de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo". De buena gana, no de mala gana, no de forma quejosa; sino que aceptaba de buena gana para servir de una forma fiel, eficaz y para que reposara sobre él el poder de Cristo, Pablo sabía que debía soportar debilidades.

Esta fue la misma actitud del más grande profeta como lo calificó el Señor Jesucristo, Juan el Bautista, quién dijo: Jn. 3:30 "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe".

Quizás el gran problema está en la vanidad humana, que busca poder hacerlo desde un púlpito o desde otro lugar destacado. Allí siempre se encuentran muchos voluntarios dispuestos para realizar esas labores públicas, que pueden estar recompensadas con el reconocimiento y admiración de la gente.

Recuerdo el caso de un pastor que debió enfrentar la avería de las tuberías del alcantarillado que pasaban justo por debajo del local de reuniones. Estuvo trabajando desde el lunes al sábado hasta pasadas las 12 de la noche durante esos 6 días para poder tener el local listo para el domingo, ningún hermano se acercó para prestar una ayuda en ese trabajo sucio, pero sí muchos de ellos estaban dispuestos para predicar desde ese púlpito.

También la vanagloria del corazón del hombre busca ver los frutos de su labor, seguramente que por este motivo muchos pastores gustan pedir después de una predicación que levanten la mano los que aceptaron al Señor, o hasta que pasen adelante, a sus pies. Aunque en las iglesias del Nuevo Testamento no encontramos ningún ejemplo de ese grado de carnalidad.

Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés a esa gran multitud: Hch. 2:37 "Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?". El apóstol no dijo: "Levanten la mano los que aceptaron al Señor" o que pasen adelante, únicamente les hizo un llamado al arrepentimiento.

Desear ver los frutos no es un pecado en sí mismo, pero demuestra la falta de conocimiento de lo que es la debilidad humana. Dios no nos expone a esa clase de peligros innecesarios que nos pueden conducir al pecado de la vanidad, vanagloria y quizás de cuantos más nos libra el Señor.

Cuando lleguemos al cielo entonces TODAS las cosas serán presentadas ante el tribunal de Cristo, sean buenas o malas, aún por cada palabra ociosa habremos de dar cuenta. Las que resistan la prueba del fuego recibirán recompensa, aquellas que no, simplemente serán quemadas. Muchos serán salvos así como por fuego, sin tener nada que presentar ante el Señor.

1Co 3:13 "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
1Co 3:14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.
1Co 3:15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego".

Después del tribunal de Cristo, cuando todo haya sido manifestado y el fuego quemado aquello malo que no resista esa prueba, entonces será el momento de las recompensas. Allí será cuando el Señor repartirá las coronas que tiene preparadas para cada uno de sus hijos fieles, para los que en la gloria recibirá con esas palabras celestiales: (Mt.25:21) "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor".

Allá en los cielos será cuando veremos todos los frutos de nuestra labor en la tierra. Cuantas sorpresas nos aguardan, podremos ver a muchos que les hablamos del evangelio, y a otros que quizás llegaron allá solamente porque el Señor abrió sus ojos a través de nuestro testimonio fiel y consagrado acá en la tierra.

Muchos son los que hoy se afligen porque no logran ver los frutos de sus esfuerzos personales, pero todo eso finalmente no es más que vanidad, porque parece que olvidaran que la obra de la salvación de los pecadores depende 100% y de forma exclusiva de Dios.

Angustia de espíritu debería existir en nuestros corazones si no diéramos lo máximo de nuestro tiempo y dedicación a las cosas del Señor, pero afligirnos porque los pecadores no se convierten, es creer que la de salvación es obra nuestra.

Nosotros no somos más que canales por donde descienden las bendiciones de Dios, sobre la humanidad que no conoce al Señor como a su Salvador personal. Somos el conducto que el Soberano Dios ha diseñado para que a través de nosotros descienda desde los cielos la abundancia de la gracia divina sobre el pecador.

Por medio de los creyentes el Señor derrama las bendiciones de las buenas nuevas de salvación, pero la obra depende íntegramente al Soberano Dios de los cielos. Esto es algo que nunca hemos de olvidar, que los creyentes somos únicamente canales por donde descienden los favores celestiales para la salvación de los inconversos.

También existe el peligro de actuar únicamente como canales por donde transita la gracia divina, y personalmente no asimilar nada como de necesidad nuestra. Estudiamos para entregar a otros, oramos por los demás, nos preocupamos de la condición ajena, pero descuidamos nuestra propia limitación.

Se ha dicho que el mal que hundió a Salomón, el hombre más sabio de la tierra, fue que pidió sabiduría solamente para gobernar a su pueblo, pero no pidió sabiduría para gobernar su propia vida.

Para poder llevar a otros a la santidad, necesitamos primeramente nosotros vivir vidas santas. Para ser creíbles y conducir a otros al gozo celestial, debemos nosotros vivir vidas llenas del gozo del Espíritu Santo. Hay quienes hablan de Cristo, pero al ver sus rostros de amargura, parecería más bien un castigo tener que pasar toda una eternidad junto a ellos.

Cuan hermoso es el testimonio que nos dejó el Señor Jesucristo. Lucas escribiendo sobre Su vida dice en el libro de los Hechos 1:1 "En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar".

Esto es lo primero que debemos hacer antes de predicar sobre las cosas del Señor, necesitamos ser "hacedores de la Palabra". La predicación más elocuente es la que realizamos con nuestro testimonio, debemos experimentar en nuestras propias vidas lo que deseamos enseñar, para ser verdaderos canales de bendición para otros. Que así sea, Amén.

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