¿Son pocos los que se salvan?
















N° 84

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 84.- "Are only a few saved?"


Lc. 13:23 "Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan?"

Seguramente que esta pregunta provino de un inconverso, porque ellos son los que al estar cerca de la puerta de la salvación, escogen el camino alternativo que les presenta Satanás para alejarlos de ese lugar de bendición. Y se van por laberintos interminables para intentar conocer la situación de otros, desatendiendo su propia necesidad que Dios le presenta en forma apremiante.

Ésta continúa siendo la formula más exitosa de Satanás sobre aquellos que están muy cerca de la puerta de la salvación. Pareciera que entendieran la necesidad de su salvación, pero se alejan preguntando: "Pero, ¿qué sucede con aquellos que nunca han escuchado el evangelio? ¿Los que han nacido en lugares apartados de la civilización? ¿Qué sucede con los enfermos mentales? ¿Con los bebés que son abortados por sus madres? etc.

El personaje de nuestro pasaje preguntó: ¿son pocos los que se salvan? No estaba preocupado si él mismo era salvo o cómo podría obtener la salvación, sino de cuantos eran los que llegarían al cielo.

El Señor Jesucristo se había referido en varias oportunidades a ese tema, pero cuando se encuentra con aquellos que se desvían del camino de su propia salvación, no está dispuesto a satisfacer curiosidades humanas que no tienen ingerencia en la salvación de su interlocutor, sino que le lleva directamente a su propia necesidad individual.

Eso es lo que debemos hacer también nosotros cuando nos encontramos en situaciones similares ante consultas irrelevantes, no caer en el error de seguir el camino que Satanás le está mostrando a aquel que ha llegado frente a la puerta de la salvación. Es nuestra responsabilidad llevarlo de regreso para que vea su propia necesidad.

En nuestros días también son muchos los que están preocupados del número de los salvados, aunque con el agravante superlativo que habiendo Dios señalado que son pocos, y ellos conociendo esta realidad, insisten en gloriarse en que son muchos.

El hombre en su carnalidad se gloría en las multitudes que llenan sus iglesias, pero el cristiano prudente y perspicaz sabe que en las muchedumbres no puede estar la verdad, porque el corazón del hombre ama más la mentira que la verdad. Y el Señor dijo que serían pocos los creyentes verdaderos.

Cristo ha revelado que la puerta y el camino de la salvación son estrechos, señalando con mucha precisión que son pocos los que transitan por esa gracia divina, y que las multitudes marchan por el camino ancho de perdición. Mt. 7:13 -14 "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan".

Aunque los hijos de Dios somos pocos, nos alienta a no temer a esas multitudes que se atropellan para ingresar por esa puerta ancha de las iglesias "modernas". Lc. 12:32 "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino".

Si en esos lugares de grandes multitudes se predicara la Palabra de Dios con toda su pureza y verdad, no quedaría más que esa "manada pequeña" a la que se refirió el Señor. Jn. 6:60-66 "Al oirlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? …Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él".

Y qué diremos si el Señor cogiera nuevamente el látigo para expulsar de Su casa a todos los mercaderes de la fe que han transformado Su casa en cueva de ladrones, que con palabras fingidas están haciendo mercadería de vosotros (2Pd. 2:3 "por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas"), no solamente los pastores fraudulentos serían expulsados de ese lugar, sino los MUCHOS que han seguido sus disoluciones. 2Pd. 2:2 "Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.

Entonces el Señor fijaría su rostro sobre la manada pequeña y volvería a preguntar: "¿Queréis acaso iros también vosotros?". Y esos pocos que constituyen su verdadero rebaño, tendrían que decir al igual que Pedro: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna". Él con mucha dulzura replicaría: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino".

Y toda esa enorme cantidad de comerciantes de la fe, sopladores, milagreros y curanderos preguntarán atónitos (porque mintieron tanto, que finalmente creyeron su propia mentira, 2Tm.3:13 "los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados"), incrédulos de lo que serán testigo preguntarán al Señor: Mt. 7:22 "MUCHOS me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". Mt. 24:11 "muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos".

Multitudes "adoraban" al Señor cuando Él entró triunfante en Jerusalén, gritaban, saltaban y cantaban fervorosamente alabanzas: Mt. 21:9 "la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!". Y a la semana siguiente los mismos "adoradores" eran los que gritaban: ¡Crucifícale, crucifícale!

Las grandes aglomeraciones de gente nunca ha sido sinónimo de que en esos lugares se predique la verdad, muy por el contrario, dice el Señor que ellos no son más que nubes llevadas por cualquier viento de doctrinas: 2Pd. 2:17-19 "Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción".

Esta clase de pastores no escatima ninguna estrategia con tal de llenar sus fastuosos locales. Como parte de sus técnicas que practican podemos ver que todos ellos gustan, para inflar sus egos, pedir a su auditorio que levanten la mano aquellos que han aceptado al Señor, y los más sagaces piden que pasen adelante y se arrodillen a sus pies, como si allí pudieran estar más cerca del cielo; para lo cual generalmente se ayudan de los "jefes de pasillo" quienes presionan a los nuevos para que se levanten y vayan cerca del pastor.

Toda esta levadura que han introducido en las iglesias de nuestros días, contrasta rotundamente con el ejemplo que marcaron los hermanos espirituales de la iglesia primitiva. Ellos jamás dijeron después de predicar, que levanten la mano o pasen adelante los que han aceptado al Señor Jesucristo, sino que leemos en las Sagradas Escrituras:

Hch.2:37 "Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?". El apóstol simplemente les señaló la necesidad de arrepentirse, no que vinieran a arrodillarse delante de él. Y cuando alguien osara hacerlo, simplemente lo reprendieron enérgicamente, Hch. 10:26 "Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre".

Estos comerciantes de la fe ¿quieren hacernos creer que Dios no escucha la voz de uno que está sentado en su banca, y que es necesario pasar a arrodillarse delante del pastor? ¿O que ellos tienen un cuarto especial en sus iglesias que comunica directamente con Dios? Muchos que después de una reunión son invitados a esa habitación especial, seguramente creerán que allí el pastor tiene un ascensor expreso que lo lleva directamente a la presencia del Señor.

Atraer gente a las reuniones es muy fácil, solamente hay que entregarles lo que ellos quieren escuchar, no lo que necesitan oír, la Palabra pura y verdadera del Dios Santo. Porque si se les predicara la verdad: "Al oírlas, muchos de sus discípulos dirían: "Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Desde entonces muchos de sus discípulos se volverían atrás, y ya no andarían con ellos". Sería una tremenda tragedia para los comerciantes de la fe, entonces ¿a quiénes les vaciarían los bolsillos?

Por lo tanto ellos continúan con la estrategia tan exitosa que han explotado para atraer multitudes, entregarles solamente entretención, música del mundo, testimonios donde se predican ellos mismos y no a la persona bendita del Señor Jesucristo, mucha emoción para explotar los sentimientos carnales, y los espectáculos más increíbles para dejar a todos contentos y muy dispuestos para hacer generosas ofrendas por el show que presenciaron. Sus corazones están llenos de gozo, pero llegan a sus hogares y vuelven a ser las mismas personas iracundas e inconsecuentes con la fe que dicen profesar, amargados y vacíos.

Son muy pocos los que realmente han nacido de nuevo y hoy pertenecen al reino de la luz, pero esa manada pequeña puede continuar segura su viaje hacia la gran ciudad celestial, porque están en la mano del Señor de la Gloria. Jn. 10:28 " y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano". Filp. 1:6 "estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".

De nada servirá a los "simpatizantes del evangelio" camuflarse en una gran congregación, porque si hoy no son del Señor, no se equivoquen creyendo que el Señor se llevará a todos los miembros de esa gigantesca asamblea, porque cuando Él vuelva a buscar los frutos de la cruz del Calvario y venga en las nubes por Su iglesia, nos llamará a cada uno por nuestros nombres.

Un hermoso himno dice: "Cuando allá se pase lista, cierto estoy que por su gracia allí estaré". ¿Está Ud. seguro que su nombre se escuchará cuando venga el Señor en las nubes y con trompeta de Dios nos llame a Su presencia?

Si Ud. es de aquellos que ingenuamente pretende esconderse en al anonimato de las multitudes, sepa que el Señor no se llevará a esas grandes congregaciones, ni se equivocará al recoger a cada una de Sus ovejas, no solamente porque son muy pocas, sino porque tienen el sello de propiedad de Dios.

Jn. 10:14 "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen".
2Tm. 2:19 "Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos".
Ef. 1:13 "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa".

Si aún no es parte de esa manada pequeña, le invito en el amor del Señor que escudriñe en Su Palabra y busque esa verdad gloriosa que Dios nos ha revelado, iluminando con Su gracia divina el camino de salvación. Cristo dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí". Que así sea, Amén.

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