Los males de nuestra sociedad






























N° 82

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 82.- "The evils of our society"


1Sam. 2:29 "¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?"

Vivimos tiempos violentos y de anarquía generalizada, donde cada uno hace lo que quiere, no existe respeto por las autoridades, por las personas mayores, ni aún por los propios padres.

Dios en Su Palabra nos ha ordenado someternos a las autoridades, porque han sido puestas para que podamos vivir en paz. Rm. 13:1-3 "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella".

Lo mismo podríamos decir de nuestros padres terrenales. Col 3:20 "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor". Y todos aquellos que cumplieron con ese precepto divino pueden decir: (Heb. 12:9) "tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos".

Porque: Heb 12:8 afirma: "si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos". La disciplina es una parte muy importante en la vida del ser humano para que pueda desarrollarse como una persona de bien. Heb.12:5 "Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina".

Toda la sociedad, y cada una de las instituciones que la constituyen, se deben a este principio básico de la disciplina para que funcionen adecuadamente, porque es parte del verdadero amor.

Hoy somos testigos que cada cual exigen más libertades y nuevas leyes que sustenten sus anhelos frustrados. Los estudiantes piden mayor presupuesto y más cupos en las universidades, los trabajadores piden seguridad laboral y mejores salarios, las más diversas organizaciones demandan un trato justo e igualitario para las mujeres que trabajan fuera de su hogar y también respeto de sus propios maridos; los defensores de los derechos humanos, de los animales, de la conservación del planeta, etc.

Todos tienen peticiones muy justas y dignas de ser atendidas por las autoridades, pero ¿qué sucede con aquellos que después de tantos esfuerzos logran sus aspiraciones?

Gracias a Dios que no son todos a los cuales me voy a referir, porque aquellos que actúan dignamente con sus principios y de forma correcta, no son noticias para los titulares de la crónica sensacionalista de los medios de comunicación masiva que siempre está sedienta de hechos violentos.

Pero uno puede ver por ejemplo, y con mucha pena, que aquellos jóvenes que participaron activamente en movimientos estudiantiles; muchos de ellos los podemos observar desaprovechando esa oportunidad de ingresar a la universidad, fumando marihuana y bebiendo en las mismas puertas de sus establecimientos, sin ninguna consideración por las altísimas cuotas que sus padres están pagando con mucho esfuerzo para que ellos puedan estar en esa universidad.

Y qué diremos de aquellos que solidarizaron en sus días de estudiante y protestaron por las injusticias laborales, pero cuando se graduaron y ocupan cargos de importancia en las empresas, se olvidan de las reivindicaciones sociales por las cuales lucharon y se transforman en los nuevos instrumentos para mantener el sistema económico imperante.

Los trabajadores exigen, y creo que con justa razón, que existan más puestos de trabajos, una mayor seguridad laboral y mejores sueldos para vivir sin esa presión que los lleva a estados depresivos y angustiantes que hoy una gran mayoría padece. Sin embargo cuando están trabajando, muchos de ellos no cuidan su fuente de trabajo, no son responsables con las tareas que deben cumplir, llegan reiteradamente atrasados o faltan a su trabajo sin una causa justificada.

¿Quiénes son las personas que mantienen y fomentan la sociedad machista? ¿No son acaso las que llegan a ser madres y educan a sus propias hijas e hijos para continuar con este sistema injusto? Son esas mujeres, especialmente las de estratos sociales más bajos, las que dejan que los niños hombres vayan a jugar mientras sus hijas tienen que estar con ellas haciendo las labores domésticas.

Y este modelo se va desarrollando desde la infancia, las niñas van siendo clasificadas para desarrollar tareas de la casa desde el día que nacen. Uno puede ver como los regalos que les entregan a las niñas son principalmente juguetes que representan útiles de aseo o de cocina, mientras que a los niños les obsequian pelotas de football y otra variedad de juegos.

Podría extenderme largamente entregando muchos otros ejemplos que muestran que el origen de todo este desorden y caos social de nuestros días, no está precisamente en la injusticia social, la cual por cierto existe, pero creo que el cimiento de esta verdadera anarquía que estamos viviendo se debe a que hubo un quiebre en aquello que es el fundamento de toda la sociedad, la familia.

Dice la Biblia que Satanás es el príncipe de este mundo, y él ha utilizado activamente a las más diversas instituciones para lograr este quiebre. Movimientos feministas, de los homosexuales y muchos otros han colaborado pertinazmente para destruir la familia.

La TV. y Hollywood han tenido una participación muy importante. Antiguamente exhibían series donde el centro era la familia y aportaban enseñanzas de valores morales. En cambio hoy en día ya no existe en su programación la familia, sino que solamente grupos de jóvenes que viven en promiscuidad, o hijos que tienen dos padres o dos madres, donde nunca está ausente la homosexualidad y el lesbianismo.

El hombre moderno, y especialmente la mujer que trabaja y lo hace doblemente (en su lugar laboral y luego en la casa), han dejado de disfrutar de aquello que conocíamos antiguamente, el hogar, para ser reemplazado por un lugar donde viven personas bajo el mismo techo, y en muchos casos en horas diferentes.

Incluso hasta el comercio, a través de los "malls", ha tenido una tremenda influencia para terminar con esos días de fines de semana que conocíamos donde se reunía toda la familia, los hijos y los nietos. Eso ha sido reemplazado por el paseo a esos centros comerciales que ofrecen la oportunidad de comprar todas aquellas cosas que la propaganda idiotizante nos ha convencido que son una necesidad para nuestros hogares, y nos permiten comprar "sin dinero" por medio de las tarjetas de plástico, donde no percibimos todo lo que gastamos hasta que nos comienzan a llegar las cuentas, para lo cual hay que trabajar horas extras y alejarnos más tiempo de nuestras familias.

También en el día a día se ha notado un cambio dramático, tampoco existe la hora de la cena cuando se sentaba toda la familia a compartir sus alimentos y comentar sobre sus actividades del día. Hoy vemos que llegan los niños del colegio y cogen del refrigerador un alimento congelado y lo calientan en una microonda para en muchos casos comerlo en la calle con sus amigos. Y cada uno de los adultos hace algo parecido.

Una vez que el enemigo de las almas ha logrado desintegrar el grupo familiar, le ha sido muy fácil romper con la disciplina. Y en este aspecto los sicólogos y demás "especialistas" han tenido una tremenda influencia para lograr ese golpe final sobre la familia. Porque ellos fueron los que exhortaron, amparándose en sus títulos y oponiéndose a lo que Dios ha ordenado en la Biblia, que al niño no hay que disciplinarlo, sino que se le debe conversar.

Y para aquellos niños inquietos, que antiguamente se les disciplinaba con un par de palmadas en esa parte de nuestra anatomía que Dios proporcionó tan sabiamente, ahora los nuevos "especialistas" los han calificado de "hiperquinéticos" y les recetan calmantes, que son drogas legales. Pero estos niños, cuando llegan a la edad de la adolescencia, son candidatos vulnerables para ser consumidores de drogas ilegales, porque desde niños sus cuerpos se han acostumbrado al uso de drogas.

Los hombres de ciencia, que en su mayoría son ateos, tienen una tremenda habilidad para cambiar el nombre de aquello que Dios denomina pecado, por otro vocablo y calificarlo como "enfermedad", y tratarlo con componentes químicos, porque rechazan la realidad del pecado que mora en el corazón del hombre. Muchos de ellos dicen con mucha arrogancia: "Yo he eliminado la palabra pecado de mi vocabulario".

Fue en ese tiempo que emergió esta generación, sin disciplina ni sometimiento a las instituciones establecidas, que nuestra sociedad comenzó a hundirse en el caos de la anarquía y violencia que la conocemos actualmente.

En mi último viaje en avión que realicé, había un pequeño de aproximadamente tres años que se paseaba y corría por todo el avión, pero a todas las personas los golpeaba con sus puños y pies. Cuando la azafata le hizo ver a la madre la actitud del niño, ella dijo en un tono muy cándido: "el niño no lo hace de malo, sino que es muy travieso" y ese pequeño continuó libremente con lo suyo durante todo el viaje. Solamente una vez se detuvo frente a mi asiento, lo miré fijamente y muy serio, y nunca me molestó. Si a los tres años son incontrolables ¿qué se puede esperar cuando tengan 14 o 17 años?

Es muy triste ver a esas pequeñas criaturas manipular y faltar el respeto a sus padres y a los mayores, posteriormente lo harán con sus maestros, policías y autoridades en general. Pero todo esto se debe, en primer lugar a la falta de sabiduría de los padres, porque equivocadamente consideran que amar a sus niños es no disciplinarlos, aunque Dios ha dicho que el que ama verdaderamente, castiga y disciplina. Es más, Dios que es amor, dice que hace lo mismo con Sus hijos, los creyentes, Heb. 12:6 "Porque el Señor al que ama, disciplina".

Muchos son los padres que se quejan que nadie les ha enseñado a ser padres, pero eso no es verdad, porque Dios ha dejado abundantes indicaciones en Su Palabra para que sepamos cual es Su voluntad y lo que debemos hacer en esta tarea tan delicada.

La instrucción divina sobre este tópico, difiere radicalmente de las enseñanzas de los educadores y psicólogos modernos. Pero el cristiano sabe que Dios ha dicho: 1Cor.1:19-20 "Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio?...¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?"

El hombre con toda su sabiduría humana ha intentado vanamente construir un paraíso aquí en la tierra, pero sin Dios. Cuantas veces hemos escuchado a líderes políticos prometer terminar con la pobreza y las injusticias, y esa soberbia de ignorar a Dios ha sido la principal causante del caos generalizado de violencia y maldad que somos testigos en el día de hoy. Pecado que tiene el mismo origen de la caída de Satanás, cuando quiso establecer un reino, pero sin Dios, intentando suplantar al Ser Supremo.

El mundo que ha rechazado el Señorío de Jesucristo y se mueve en una inmoralidad y corrupción sin fronteras, protervia de su propio pecado; no puede servir de guía para el creyente que busca la sabiduría de lo alto.

Dios nos ha entregado hijos para que los criemos y cuidemos hasta que puedan valerse por si mismos. En esta labor de gran responsabilidad y que requiere de tanta sabiduría, Dios no nos ha dejado a obscuras sin instrucciones, por el contrario, son innumerables las advertencias y mandamientos que Él nos hace en su Palabra para que tengamos éxito en la educación de nuestros hijos.

Pr. 22:6 "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él".

Dt. 6: 5-9 "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas". Lamentablemente esto es lo que más se ha descuidado, incluso hasta es común ver en las murallas de las casas de los creyentes, colgar fotografías de ídolos de la canción, de líderes políticos; y los textos bíblicos que Dios nos ha ordenado colocar allí, no están.

Pr. 4:1-4 "Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, y estad atentos, para que conozcáis cordura. Porque os doy buena enseñanza; no desamparéis mi ley. Porque yo también fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre. Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás".

Pr. 1:8-9 "Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello".

Pr. 10:1 "El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre".

Pr. 3:12 " Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.

Pr. 23:13 "No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá".

Ef. 6:1-4 "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor".

Col. 3:20-21 "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten".

En resumen, el mal que afecta a nuestra sociedad que se hunde cada día más en el pantano de la inmundicia, la depresión, el caos y la violencia, se debe no a la falta de oportunidad, sino a la falta de valores morales que se perdieron cuando destruyeron la familia y los padres terminaron con la disciplina de sus hijos.

Pero lamentablemente este mal también ha inundado a las más diversas instituciones de nuestra sociedad, incluyendo a las iglesias, que han dejado de ser la sal de la tierra como ordenó el Señor.

La casa de Dios se ha transformado en cueva de ladrones, donde cada líder utiliza las más diversas astucias y artimañas para incrementar sus alcancías. La más recurrente sigue siendo la institución indebida del diezmo y el comercio que se realiza a vista y paciencia de todos, o mejor dicho, con la complicidad de todos.

Durante los días del ministerio terrenal del Señor Jesucristo condenó duramente no sólo a los comerciantes, sino que también a los que compraban. Mt. 21:12-13 "Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros (los que vendían y compraban en el templo) la habéis hecho cueva de ladrones".

Los líderes inescrupulosos de las iglesias de nuestros días han levantado grandes imperios económicos, empleando todo ese comercio y franquicias legales que la sociedad les concede (nada se otorga sin esperar algo a cambio), porque las iglesias modernas han pasado a ser parte de esta sociedad corrupta. Y ellas están libres de pagar impuestos y declarar sus bienes, todo lo cual facilita la contaminación y corrupción a gran escala, tal es así, que muchos son los que afirman que esos grandes ministerios multimillonarios, han servido hasta para lavar dinero de la mafia.

El cobro indebido del diezmo, el comercio que se realiza libremente dentro de las iglesias y con la complicidad de todos los que son miembros de esa institución, es algo absolutamente público. Pero también es de público conocimiento y aceptación dentro de esta complicidad que se ha establecido, es que esos imperios económicos que han surgido, no solamente tienen un rey (el pastor) sino que toleran incondicionalmente las monarquías que han emergido en esos lugares.

Porque todos aceptan sin cuestionar en absoluto que dentro de esos feudos que se han constituido en las iglesias, el poder (y las riquezas) sean transferidas a los hijos, aunque el ejemplo bíblico dista mucho de esta costumbre.

Todos los apóstoles eran casados, incluyendo Pedro. Dice el apóstol Pablo en 1Cor. 9:5 ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas (Pedro)?". Se aprecia claramente que los apóstoles eran acompañados por sus esposas e hijos en sus viajes que Dios les comisionaba, para consolidar las iglesias que estaban emergiendo.

De la misma manera no existe dubitación que todos los líderes de las iglesias que se constituyeron durante el período que se escribió el Nuevo Testamento, también eran casados y tuvieron hijos, e hijos creyentes, porque ese era un requisito establecido por Dios en Su Palabra.

1Tm. 3:2 "Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer".
1Tm. 3:4-5 "que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)".
Tito 1:6 "que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes" .

Ahora, la gran pregunta es: ¿Por qué la Biblia no menciona la participación activa de ninguno de estos hijos creyentes, de los grandes hombres de Dios durante el período del Nuevo Testamento?

Creo que Dios quería dejar muy claro que el liderazgo de la iglesia JAMÁS debería ser una herencia transmitida de padre a hijos, porque los dones no son transferidos en el ADN del ser humano, sino que esa selección la hace EXCLUSIVAMENTE el Espíritu Santo. 1Co 12:11 "todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere" .

Resulta muy evidente que el ejemplo bíblico viene a ser un repudio contundente a estas "dinastías" que se han levantado en las iglesias de hoy. Cada vez se hace más generalizada la costumbre antibíblica en los "feudos" que han surgido en muchos lugares, donde "el poder y reinado" es heredado por los hijos, y que existen casos donde hasta las hijas son "ungidas" con ese importante poder económico.

Pero también se ve en algunos lugares, que aunque puede ser que el dinero no sea un incentivo muy destacado, también los líderes entregan "el bastón de mando" a sus hijos. Y de esta manera se ha iniciado una dinastía de líderes que obviamente no han sido escogidos por el Espíritu Santo, sino que por el hombre.

En el versículo con el cual inicié este mensaje dice: 1Sam. 2:29 "¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?"

Dios está reprendiendo duramente al sumo sacerdote Elí por su tolerancia y complicidad con el pecado de sus hijos en la misma casa de Dios. Elí había entregado indebidamente a sus hijos de lo principal de todas las ofrendas que traía el pueblo y que era para la casa del Señor, y además consentido con el pecado que ellos realizaban a la puerta del tabernáculo.

El Señor es Santo y no va a tolerar el pecado en Su casa. Al que se le ha dado más, le exigirá más, razón por la cual los líderes de iglesia tienen mayor responsabilidad en dar un buen testimonio en sus hogares y mantener a sus hijos bajo la disciplina del Señor.

1Tm. 3:4-5 "que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)".

No nos hagamos parte de esta sociedad que está en crisis debido a que hemos permitido que el enemigo de las almas destruyera las familias. Y si amamos verdaderamente a nuestros hijos, debemos disciplinarlos como Dios ha ordenado, y no como los hombres que no conocen al Señor nos dicen que debemos hacerlo.

Que el Espíritu Santo nos otorgue mayor sabiduría y sumisión a Su Palabra. Que luchemos con mayor fuerza para defender nuestras familias y disciplinemos a nuestros hijos mientras aún hay tiempo.

Que Dios nos otorgue fuerza y perseverancia para mantener el altar familiar, y así poder resistir las arremetidas del enemigo y estar firmes hasta la venida del Señor. Que así sea, Amén.

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