Nuestra humana debilidad


















N° 81

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 81.- "Our human weaknesses"


Sl. 8:3-4 "Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?".

Los hombres de ciencia dicen que entre la grandeza del universo y el mundo infinitesimal del átomo, está justo el hombre al centro. Cuando lo contemplamos desde nuestra dimensión terrenal, nos parece un ser grande y poderoso, pero cuando lo observamos desde el cielo infinito, no es más que una microscópica partícula de polvo que es movida por el viento de la gracia divina.

El hombre transita por el camino de la vida confiado en sus propias fuerzas y capacidades, se considera todopoderoso hasta que Dios lo toca y le hace recordar que no es más que un ser caído que necesita de la misericordia divina para andar por este mundo.

Dice la Biblia que el principio de la sabiduría es el temor de Dios, y eso conlleva el reconocimiento de nuestra propia fragilidad. Cuando todo nos resulta conforme a nuestra voluntad, nos consideramos invencibles e inmortales, sin pensar que en el minuto siguiente el Señor puede cambiar radicalmente el rumbo de nuestra vida.

Una enfermedad, un accidente, la perdida de un ser querido o un despido laboral inesperado; cualquier cosa que nosotros no controlamos puede hacer girar nuestra vida en una dirección insospechada.

En el momento de la prueba nos envuelve una oscuridad que nos estremece, pero justamente esas penumbras son las que nos permiten ver con mayor nitidez la luz divina de la presencia de Dios. Y es allí, en ese instante donde podemos ver nuestra humana debilidad, que Su presencia divina se hace más tangible.

Nadie ha gustado más de la cercanía del Señor, que aquellos que han pasado por el valle de sombra de muerte, porque allí Su presencia celestial se hace más perceptible. Sus caricias son como refrescantes aguas para el viajero sediento que transita por el desierto de este mundo. Su cercanía es tan real, que parece que lo mortal pudiera tocar lo inmortal.

Cuando uno se halla ante una absoluta impotencia, es que entra por un túnel oscuro y profundas tinieblas invaden nuestra alma. Suena en el corazón el retumbar del trueno y el reluciente rayo que nos llena de terror. Pero hasta allí llega el Dios eterno que nos extiende Su mano amorosa y su presencia se hace más real que nunca. Es entonces que comprendemos lo que significa la relación con el Dios vivo.

El Señor es el único centro del universo. Sus planes y propósitos son tan altos como los cielos y exceden a nuestra comprensión, que no podemos analizar ni verificar su propósito, sino que entramos en él y nos arrojamos a sus brazos como el niño se arroja confiadamente en los de su progenitor.

Mientras mayor es la tarea que el Señor quiere encomendarnos en este mundo, más alta será la temperatura del horno de la prueba, porque eso es necesario para separar la escoria que contiene nuestro cuerpo de humillación, de la naturaleza espiritual que Dios desarrolla en nosotros a través de ese cáliz de dolor.

Como la mujer que da a luz, luego del parto no recuerda sus sufrimientos debido al gozo de ver y sentir a esa nueva criatura que ahora abraza junto a su pecho, de igual manera el creyente que ha sido tratado por la gracia divina, una vez que ha pasado por el valle de sombra de muerte, solamente recuerda el grato aroma de la presencia del Señor.

Nunca Su presencia ha sido tan real y cercana, como cuando hemos sido sometidos al fuego de la prueba. 1Pd. 4:12-13 "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría".

Juan el Bautista dijo que era necesario que menguáramos para que el Señor creciera en nosotros, ese es el verdadero crecimiento espiritual. Ser llenos del Espíritu, no significa caer en un estado de convulsiones y expresiones físicas incontroladas, sino que es reconocer y sentir nuestra pequeñez por medio del quebrantamiento, para ser controlados por la naturaleza espiritual.

Si tenemos un jarro con agua y queremos llenarlo con aceite, debemos necesariamente vaciarlo para luego verter dentro el líquido deseado. Si vaciamos solo una parte del contenido del jarro, solamente esa podremos añadir. Lo mismo sucede en nuestras vidas, si únicamente vaciamos una porción de nuestra naturaleza humana, solamente esa parte podrá ser llena (controlada) por el Espíritu.

Cuando el Señor nos enseñó a orar dijo: "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". Y cuando se encontraba próximo a la cruz del Calvario dijo: Mt. 26:42 : "Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad".

En la oración modelo nos exhorta a que cumplamos Su voluntad, en cambio en el Getsemaní indica: "Que tu voluntad, oh Dios, se cumpla por sobre mí". Es una entrega incondicional, una sumisión plena a lo que Dios desea que se haga en nosotros, más allá de lo que nosotros podamos querer.

Nadie está a gusto al ser moldeado en las manos del Creador, porque Él cual el alfarero presionará con sus dedos sobre esas partes toscas o que no debieran estar allí de nuestra naturaleza humana, propias de nuestra condición caída, para ir formando el vaso que Dios desea crear en nosotros de acuerdo a Sus planes eternos.

Ser presionados por los dedos de Dios infringe dolor sobre nuestro cuerpo de humillación en el momento de la transición, pero los resultados son maravillosos como toda obra del Creador.

Luego que el Alfarero ha dado la forma a Su creación con sus hábiles dedos, introduce su obra dentro del horno para someterla al proceso final que la hará útil para el diseño que Dios le ha asignado.

1Pd. 1:6-7 "En lo cual vosotros os alegráis (en vuestra salvación), aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo".

Dios ha preparado obras para nosotros, las cuales diseñó desde antes de la fundación del mundo, cuando por el puro afecto de Su voluntad nos escogió para salvación.

Ef. 1:4 "según nos escogió en él antes de la fundación del mundo".
2Ts.2:13 "Dios os haya escogido desde el principio PARA salvación".
Ef. 1:5 "en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad".
Ef. 2:10 "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

En el verdadero hijo de Dios, aquel que ha nacido de nuevo y ha recibido al Señor Jesucristo como a su Salvador personal, aquel que está seguro de su propia salvación; este proceso que hace el Alfarero para transformarnos de acuerdo al diseño que Su voluntad soberana ha establecido para nosotros, tiene como objetivo que lleguemos a ser las criaturas que él determinó desde antes de la creación del mundo, para cumplir el propósito por el cual Él nos ha dejado en este mundo después de regalarnos la salvación de nuestras almas.

Porque resulta claro que Dios nos da la salvación por gracia, y no nos ha llevado inmediatamente al cielo, porque tiene asignada una labor para cada uno de nosotros en este mundo, y no partiremos hasta que la hayamos cumplido. Mientras mayor sea la tarea que nos ha designado, mayor será el tiempo que pasaremos en las manos del Alfarero y en el horno de la prueba para capacitarnos en esas labores que Él ha diseñado para nosotros desde antes de la fundación del mundo.

También Su infinita misericordia permite a aquellos que por engaño, ignorancia o que han sido victimas de predicadores inescrupulosos que han seducido a muchos convenciéndoles con sus artimañas y emocionalismo carnal, que son salvos por pertenecer a sus iglesias, estar al día en sus diezmos y desarrollar diversas actividades dentro de sus organizaciones, muchas de las cuales son con fines absolutamente materiales como obtener más dinero para sus líderes; a esa clase de personas muchas veces también el Señor las hace pasar por valle de sombra de muerte para que reconozcan su verdadera condición de inconversos.

El emocionalismo humano también se puede expresar en los inconversos, esto lo vemos a diario en los espectáculos deportivos, políticos, conciertos rockeros y en las iglesias carismáticas, donde se manifiestan de igual manera con perdida de la conciencia, gritos de frenesí descontrolados, saltos y aplausos. La emoción sin claridad de ideales confesionales basados en la Palabra de Dios, hacen a la persona hundirse en el pantano de un misticismo enfermizo.

Cuando un hijo de Dios pasa por valle de sombra de muerte, desde el interior de su corazón emana la fragancia del Espíritu Santo, y puede decir con la fuerza que le otorga el Señor: "Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad". Y ese vaso al ser quebrantado exhala su mejor aroma.

Pero un miembro de una iglesia (de los cuales abundan en muchos lugares), que nunca ha nacido de nuevo y no es realmente un hijo de Dios, cuando atraviesa por valle de muerte, solamente exhala olor a muerte. Y sus labios se abren únicamente para blasfemar contra el Señor, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Esto lo permite el Señor en Su gracia infinita, para que estas personas no abran sus ojos sorprendidas en el infierno y puedan salir de su terrible engaño antes que sea demasiado tarde. Es una nueva oportunidad que Dios les otorga en su amor inconmensurable.

Estimado lector, no permitas que el orgullo te ciegue y continúes transitando por el camino de la vida confiando solamente en tus propias fuerzas y capacidad, ignorando a tu Creador. Sabe tú, que en el minuto siguiente tu vida puede girar en 180 grados. No esperes ser tocado por el dedo de Dios para buscar Su rostro, es mucho más sabio hacerlo ahora que estas rodeado de bienestar y gozas de salud, cuando nada de lo material te falta.

Para reconocer la grandeza del Todopoderoso, es necesario examinar nuestra propia fragilidad, no somos dueños del minuto siguiente de nuestras vidas. Hay muchas cosas que nosotros no controlamos y están solamente en las manos del Soberano Dios.

Sl 104:24-31 "¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra. Sea la gloria de Jehová para siempre".

Sí Señor, no somos más que una débil hoja llevada por el viento de la gracia divina que nos puede elevar hasta Tu presencia, o arrastrar hasta el polvo de la tierra para ser pisoteada por el hombre.

Rm. 6:19 "Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia".

Rm. 8:26 "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles".

Amén, sí, gracias Señor Jesús.

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