Vengo pronto




















N° 73

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 73.- "I am coming soon"


Ap.22: 12 y 20 “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

La Biblia concluye con esta maravillosa y reconfortante declaración de Dios al hombre. Jesús promete volver, y volver pronto. La última vez que el Dios de la gloria se comunicó con el hombre, fue a través de este libro del Apocalipsis, donde el Señor finaliza toda la revelación que la iglesia necesita saber. Lo que deja de manifiesto en forma muy evidente que después de este extraordinario libro, no existen más declaraciones ni visiones de parte de Dios.

Juan fue el último apóstol y profeta de Dios, porque con él concluyó esa etapa de apóstoles y profetas, debido a que con esa revelación divina del Apocalipsis, que nos eleva a cumbres magistrales y vertiginosas, había llegado a su fin. 1Cor.13:8-11 “las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto (la Biblia completa), entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”.

Aquí, el vocablo “ciencia” se refiere precisamente a la Palabra y revelación de Dios, como se entiende claramente dentro de su propio contexto. Porque así lo utiliza el Espíritu Santo en el capítulo anterior 1Cor.12: 8 “Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia por el mismo Espíritu”.

Aunque bien sabemos que hay algunos que quieren continuar en esa condición de niños, igual cuando la revelación de Dios no se había entregado en su plenitud, y desean aferrarse desesperadamente a esa limitación de infantes, negando que la Biblia sea la revelación plena y que ahora no existan nuevas revelaciones. Dios ha dejado bajo maldición a aquellos que deseen añadir algo más, como si fuera revelación del Señor.

Entre los dos versículos que he escogido para el desarrollo de este tema, está el verso 18 (Ap.22:18) donde Dios dice: “Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro”. Lo que deja en evidencia que no existen nuevas revelaciones después de haberse escrito la última página de la Biblia. Lo que puede haber en nuestros días son falsos apóstoles y falsos profetas, porque indiscutiblemente Juan fue el último apóstol y último profeta. Por este motivo él mismo nos advierte en 1Jn.4:1 “muchos falsos profetas han salido por el mundo”.

Y la revelación bendita de Dios al hombre finalizó con este glorioso anuncio, para que no nos sintamos solos, porque el Señor Jesucristo proclama con Su autoridad divina que volverá pronto.

El Señor había anunciado a los suyos, después de haber resucitado de entre los muertos, que (Mt.23:39) “desde ahora no me veréis”. Y para que el sentimiento de soledad no nos hundiera en el pantano de la desesperación o frialdad, nos avisa que volverá, y que volverá pronto.

Jn. 14:2 “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Que noticia más alentadora y magnífica nos ha dejado. Se ha ido, pero para prepararnos lugar en el cielo, y pronto regresará para llevarnos a esas mansiones celestiales.

El tema de la segunda venida del Señor es uno de los que trae mayor bendición espiritual al creyente, porque nos revela la proximidad del encuentro con nuestro Salvador, y eso nos mantendrá alerta, velando y ocupados en Sus negocios, como desea el Señor; lo cual nos ayudará para guardarnos en santidad. Porque si realmente comprendemos lo inminente de Su venida, eso nos alejará de muchos lugares que no convienen al creyente, y consumiremos nuestro tiempo de una manera más responsable, porque nadie querrá ser sorprendido en ese día glorioso en algo que pudiera avergonzarse.

1Jn.2:28 “permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados”. Todos queremos escuchar de sus labios benditos cuando él regrese: (Mat.25:21) “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

Cristo viene pronto, y ¿estamos preparados para ese encuentro con nuestro bendito Salvador? ¿Qué hemos hecho para él? ¿Cómo hemos consumido nuestro tiempo y todas las bendiciones que él nos ha regalado? ¿Tenemos algo para ofrecer a sus pies ese día que lo veamos cara a cara? ¿Hemos de ir a su presencia sin ningún fruto que ofrecer?

La noche se va, la Estrella del alba no puede tardar. Cristiano mira arriba, la aurora apuntará, mira al horizonte, el Señor no tardará. Ese grato amanecer muy pronto iluminará esa gran ciudad celestial y a nuestro Rey en todo su esplendor. Entonces veremos que se extenderá desde el cielo ese puente de gloria y fragancia sin igual, y en medio del sonido de trompetas transitaremos por la cruz de Cristo, puente sin igual, que nos llevará a la Jerusalén celestial.

La venida del Señor será en un abrir y cerrar de ojos 1Cor.15: 52 “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”.

También nos anuncia que su regreso por su iglesia será como ladrón, en forma repentina, inesperada y sorpresiva (Ap.16: 15) “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza”.

En Su Gracia infinita nos ha revelado los tiempos para este magno acontecimiento, para que nuestro ánimo no decaiga y nos mantengamos firmes, velando, aguardando este encuentro glorioso con nuestro Amado. En ese gran capítulo de Mateo 24 donde se refiere en extenso sobre Su retorno, dice en el vr. 32 “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas”.

Ciertamente que nosotros somos la última generación, porque sin lugar a dudas nosotros hemos sido testigos, no solamente cuando el Señor replantó nuevamente su pueblo en la tierra prometida después de casi dos mil años de destierro, sino de cómo esa higuera ha florecido.

Ha sido un cumplimiento exacto de la profecía entregada hace tanto tiempo a Ezequiel en esa visión del valle de los huesos secos. Ez.37: 4 “Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová. (vr.8) Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.(vr.11) Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruido. (vr. 21) y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra”.

Literalmente fueron huesos secos los que salieron de esos horrendos campos de concentración Nazi después de la segunda guerra mundial, pero luego de ese gran ruido que estremeció al mundo entero, en un fiel cumplimiento de lo que el Señor había profetizado con mucha anticipación, esos huesos secos que venían desde distintos lugares del mundo, se juntaron nuevamente en la tierra prometida. Dios les otorgó tendones, carne y piel, pero aún no poseen en forma nacional, el Espíritu del Señor.

El 14 de Mayo de 1948, cumpliéndose también lo que el Señor dijo en Is. 66: 8 "¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos”. Contra toda predicción humana, ese día nació nuevamente la nación de Israel. Dios había plantado su higuera nuevamente en el lugar prometido para ellos.

Ni aún los creyentes de la iglesia pudieron concebir una cosa similar, y como fruto de su propia incredulidad a esa promesa del Señor, es que los líderes que antecedieron a ese día admirable, acomodaron la profecía de acuerdo a su escepticismo, acuñando ese dicho que perdura hasta nuestros días, que la iglesia es la Israel espiritual. Algo que especialmente para los que somos posteriores ha ese hecho memorable, es una contradicción viviente, pues Israel cual nación, está allí, en el lugar preciso que Dios había señalado.

Es interesante también recordar que en esa ocasión, cuando el Sionismo luchaba con todas sus fuerzas para volver a constituirse como una nación, recibió la generosa oferta de Inglaterra para ocupar el territorio de una de sus colonias en África, la que hoy es Uganda, pero los israelitas rechazaron ese ofrecimiento, confiando que Dios habría de cumplir con su promesa de hacerlos volver a su tierra prometida. Esa fue una lección, y también una amonestación a la falta de fe de la iglesia de ese tiempo, que consideraba imposible que Dios volviera a constituir con los israelitas una nación, y menos aún en Palestina.

Israel ahora es una nación respetada dentro del escenario mundial, sus huesos no solamente se han juntado, sino que sus poderosos músculos los ha consolidado en ese lugar tan peligroso, rodeado de cientos de millones de enemigos que han jurado arrojarlos al mar. Pero allí continúan, contra toda lógica y vaticinio de todos los expertos y analistas en estrategia militar mundial.

El mundo entero contempló estupefactos algunos e incrédulos los otros, como en el año 1967, esa pequeña nación de solamente 3 millones de habitantes, derrotaba estrepitosamente a todos su vecinos árabes en una guerra que duró solamente seis días. Y en esa contundente victoria, donde nadie puede negar la intervención divina, porque aún hasta para los más escépticos fue sin duda un milagro. Israel reconquistó después de tantos siglos su ciudad amada, Jerusalén, y la declaró la capital eterna e indivisible del Estado de Israel.

La higuera ha sido plantada en el lugar y tiempo dispuesto por Dios. Esa es una señal que ni los más incrédulos pueden negar, estamos en los últimos tiempos, los cuales como profetizó el Señor, son tiempos peligrosos.

Peligrosos, porque la tierra está llena de violencia y maldad, como predijo el Señor. Dice en Génesis 6 que en los días de Noé la tierra estaba llena de violencia y maldad. Y el Señor anunció que esa sería la condición de la humanidad para cuando él volviera.

Mt.24: 11 “muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos”. Mt.24: 37-39 “como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.

El Señor anticipó esta condición, pero no solamente por la violencia mundial, sino que también por la corrupción eclesiástica y la apostasía que habría de imperar en la llamada “cristiandad” de los últimos días.

1Tm.4:1 “el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”.

2Tm.3: 1-5 “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella, a éstos evita. (vr.8) De la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés (con milagros), así también éstos resisten a la verdad”. Sopladores y curanderos que abundan en la actualidad.

2Tm.3: 13 “Los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”.

2Tm.4: 3 “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”.

1Tm.6: 5 “Hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; APÁRTATE DE LOS TALES”.

En el último libro de la Biblia, en los capítulos 2 y 3, Dios hace una recopilación de cómo habría de ser el tiempo de la iglesia aquí en la tierra hasta que él volviera a buscarla. Divide ese tiempo terrenal de la iglesia en siete períodos, correspondiéndole el último al de Laodicea. Ap.3: 15-17 “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: (la iglesia contemporánea) Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

La higuera ha sido plantada después de casi dos mil años de destierro, los frutos no solamente han hecho reverdecer el desierto de Israel, sino que la condición mundial y de la iglesia están dentro del escenario anunciado por el Señor para cuando él volviera. No queda nada por cumplirse para que ese acontecimiento sublime sea consumado.

El verdadero hijo de Dios no solamente está atento a lo que el Señor ha anunciado en Su Palabra, sino que además está velando. Con un corazón desbordante de gozo está aguardando a que pronto aparezca su Amado, y nos lleve a esas moradas celestiales que fue a prepararnos.

Muy pronto las tinieblas serán puestas a un lado para dar lugar al día glorioso de la luz celestial, cuando Cristo venga a buscar Su iglesia. El gran clamor del apóstol al escribir la última página de la Biblia, al anuncio del Señor que asegura que viene pronto, es: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

No existe mayor gozo que cuando el esposo se encuentra con su esposa y la lleva a la cámara nupcial. Es el cuadro que nos relata ese hermoso libro de Cantar de los Cantares, donde describe en forma alegórica ese encuentro íntimo entre la esposa con su amado.

El Señor Jesús nos salvó y desea introducirnos en las cámaras de sus mansiones, para que no regocijemos con la delicia de su compañía y nos embriaguemos con el gratísimo aroma de su presencia divina, porque mejor que el vino son sus amores.

Si en tu corazón no existe esa hambre y sed de alcanzar una relación más profunda y personal con tu Señor, mucho más allá que una simple expresión religiosa, seguramente que la inminencia de Su venida no te seduce. Pero si estás impregnado de ese amor celestial, tu corazón se agitará en tu pecho ante este anuncio y la proximidad de Su venida. Y te unirás al gozo y clamor del apóstol Juan diciendo: Sí, ven, Señor Jesús. Amén, que así sea.

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