No comáis de aquello

















N° 65

Por Jack Fleming

1Ry.13: 14-24 “Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy. Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan. Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar. Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres. Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua. Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua. Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo”.

El corazón del hombre siempre se inclina hacia el mal, parece que siente un extraño placer en saborear lo prohibido. Esto se aprecia desde el principio de la creación, cuando Dios lo puso en el Jardín del Edén. Allí el Señor les había provisto de la abundancia de los deliciosos frutos que los diversos árboles del huerto les entregaban.

Gn 2:9 “Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal”. La generosidad de Dios proveyó de una gran abundancia de variados y deliciosos frutos que provenían de diferentes árboles. Dispuso para el hombre una exuberante riqueza de diversos árboles frondosos y fértiles, pero solamente le prohibió comer de uno de ellos.

Gn 2:16-17 “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Disponía de una infinita variedad de excelentes y deliciosos frutos, de todos ellos podía comer, pero bien sabemos que escogió precisamente del único que Dios le había dicho que no comiera.

¿Cómo fue posible que el hombre escogiera ese único que Dios le había prohibido, y desechara toda la abundante y deliciosa comida que había dispuesto para él?

Para eso fue necesaria la intervención de Satanás que se presentó bajo la figura de una serpiente, quien con su astucia y habilidad torció la Palabra de Dios. El Señor les había dicho: “De todo árbol del huerto podrás comer”. Y el engañador cambió sutilmente: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”.

Pero la mujer comenzó su fracaso cuando puso su primer pie sobre la red que le había tendido Satanás. Fue en el instante mismo que ella se detuvo para escuchar y estableció un diálogo con el enemigo.

Lo que no deja de sorprenderme cada vez que leo este relato, es que ella no mostró ninguna extrañeza o desconcierto ni confusión cuando un animal le habla.

La misma perplejidad me provoca cuando una inmensa mayoría en nuestros días también escuchan embelezados a muchos personajes que aseguran haber recibido una revelación de Dios por medio de ángeles, sueños o visiones, cuando bien sabemos que después que se terminó de escribir la Biblia, el Señor mismo nos dice taxativamente que se acabó la revelación de Dios al hombre, y es más, deja bajo condenación a cualquiera que añada algo como si fuera mensaje de Dios.

La Biblia termina en su última página con esta advertencia de Dios:
Ap. 22:18 “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro”.

La misma sorpresa e incredulidad que debió haber invadido a Eva cuando una serpiente le habló, debería ser la que inunde a cualquier verdadero hijo de Dios, cuando alguno viene diciendo que trae un mensaje por medio de un ángel que se le ha aparecido o a través de sueños y visiones.

Que un ángel les hable a estos “mensajeros” que vemos que abundan en nuestros días, no es un imposible, pero sí lo que es absolutamente seguro, es que ese no es un ángel de Dios, como tampoco lo fue la serpiente que le habló a Eva.

Porque: 2Co 11:13 “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”. No consiste en una posibilidad, sino en un hecho real y concreto “ellos se disfrazan” y son simplemente agentes de Satanás.

En nuestro pasaje de 1Ry 13 podemos apreciar que el corazón del hombre no ha cambiado. Dios había ordenado explícitamente al profeta que no se detuviera en ese lugar, ni para comer o beber. Aunque en este caso Satanás utilizó a un agente que se hizo pasar por profeta, quien descaradamente mintió para hacer tropezar al siervo de Dios.

“Le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua”.

El profeta de Dios debió haber sabido discernir cual era la verdadera Palabra de Dios, porque el Señor le había dicho con mucha claridad y él conocía Su voluntad: “ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar. Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí”. Y el Dios Santo e Infalible no podría contradecirse.

Aunque venga alguno diciendo que ha recibido un mensaje a través de un ángel, no lo creáis. Gal 1:8 “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.

Y cuantos son los que se han dejado engañar por ese otro evangelio, el de la prosperidad, que también se define como el evangelio de la codicia. Porque el Señor ha sido muy categórico para ordenar a los suyos: Mt 6:19-21 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Y sin embargo se han deja deslumbrar por los bienes terrenales que les ofrecen los comerciantes de la fe.

Pablo, bajo la dirección del Espíritu Santo, advierte a estos desobedientes que quieren alimentarse y beber de esas aguas contaminadas: 2Co 11:3-4 “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”.

Esto es fiel cumplimiento de lo que el Señor declaró, que el hombre ama más la mentira que la verdad. Y es por este motivo que son muchos los que escuchan embelesados a los falsos profetas que dicen haber recibido un mensaje directamente de un ángel del cielo, desobedeciendo el mandato de Dios de no escuchar a esos palabreros, de no beber de esas aguas infectadas y pestilentes.

Entre estos engañadores podemos citar a Joseph Smith, quien dijo haber recibido un mensaje de un ángel llamado Moroni, que supuestamente le hizo importantes revelaciones para escribir su libro que todos los mormones aceptan al mismo nivel de la Biblia.

A William Branham, que también dijo haber tenido una revelación de un ángel que le habría declarado todas aquellas cosas que creen los Unitarios o “Solo Jesús”, autoproclamándose “el más grande profeta para el último milenio”.

A los católicos con las supuestas revelaciones de la virgen María y la palabra “infalible” del Papa. La infalibilidad es un don exclusivo de la divinidad, porque solamente Dios no se puede equivocar; sostener que los dichos de un hombre pueden ser infalibles, es blasfemia.

A los Adventistas del Séptimo día (Sabatistas), con las extravagancias que publicó Helen White y que logró reagrupar a muchos de aquellos que se habían dispersado después de uno de los tantos fracasos de anuncios del fin del mundo que habían hecho. Ella afirmó que el Señor no había venido ese día hasta la tierra como habían anunciado, sino que hubo un error de interpretación de esa “profecía”. Y lo que ocurrió realmente, fue que el Señor se había cambiado desde un lugar a otro en el cielo. Hoy todos ellos creen eso y todo lo que escribió en su libro “El conflicto de los siglos”.

Todas estas sectas dicen tener “el más grande profeta para el último milenio” quien además les ha vendido como un “best seller” sus supuestas revelaciones que dicen haber recibido.

La lista podría continuar con “La Ciencia Cristiana” (que de cristiana nada tiene) con su libro “Ciencia y Salud” de la señora Mary Baker Eddy, la fundadora de esta religión, que sus seguidores lo consideran como de inspiración divina y sin errores y, de consiguiente, como la autoridad final.

Los Russellistas, que pomposamente se hacen llamar: “Testigos de Jehová”, con su más “grande profeta de todos los tiempos” Charles Russell, y sus muy bien vendidos mundialmente por todos sus seguidores: “Atalayas”.

Los “Niños de Dios” con su profeta David Berg y sus pintorescas “cartas de MO”, quienes actualmente se hacen llamar: “Familia del Amor”.

La Iglesia cientóloga, fundada por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard.

La iglesia de la Unificación, del coreano Sun Myung Moon, donde las enseñanzas de Moon tienen incluso mayor autoridad que la Biblia.

A esta siniestra lista se han añadido muchos “ministerios” personales de hombres que han acumulado inmensas fortunas, manipulando a las multitudes que ciegamente están siguiendo a otro ciego.

Paul Younggi Cho, de Corea del Sur, quien ahora se hace llamar David Cho, con sus prácticas de la visualización y sus nexos con el ocultismo.

En Latinoamérica se han levantado algunos discípulos suyos, quienes deslumbrados con las riquezas que vieron en sus viajes a Corea, no dudaron poner en práctica esa técnica desarrollada por Paul Younggi Cho y su modelo de células. Unos de los más exitosos en este comercio de la fe es Cesar Castellanos Domínguez, de Colombia, con su Pirámide del grupo G12 que ha logrado ramificar por gran parte del continente americano.

Ese método de pirámide lo copiaron de la empresa comercial AMWAY, que en algunos países fue declarado ilegal porque las autoridades de gobierno lo consideraron inmoral, entre ellos Australia.

El éxito de los ministerios personales, donde se mueven cifras de millones de dólares que van a los bolsillos de sus organizadores, ha ido en aumento como preludio de la pronta venida del Señor Jesucristo. Todos ellos explotan los sentimientos religiosos, donde utilizan las emociones que son llevadas a una efervescencia generalizada a través de la música, los gritos, aplausos y saltos. Cuando han llegado al clímax de la histeria colectiva, cambian de ritmo para introducir sus espectáculos de sanidades o desmayos inducidos. En esas reuniones que extienden durante horas, recogen repetidas veces las ofrendas.

Todos estos ministerios son carismáticos y obviamente se declaran “ecuménicos” para poder atraer a las multitudes dejando a todos contentos, cuya filosofía es que se puede ofender a Dios pero no al hombre, para que nadie se moleste y se vaya de esos lugares. Muchos de ellos son de profundas raíces Pentecostales. En USA la lista se hace interminable, Benny Hinn, Kenneth Copeland, Kenneth Hagin, Morris Cerullo, etc. Y a su vez, éstos han servido de inspiración para muchos otros comerciantes de la fe que se han levantado en Latinoamérica deslumbrados por las riquezas que se pueden obtener con este perverso negocio.

Se cumple textualmente lo que el Señor anunció de cómo habría de ser la autodenominada “cristiandad” al final de los tiempos, antes de Su venida por Su iglesia. (Ap. 3: 14-22). Una “cristiandad” que se considera rica, poderosa, admirada y respetada por el mundo, pero que el Señor la ve como miserable, pobre, ciega y desnuda; que fornica con los diferentes credos religiosos y los gobernantes de este mundo (Ap.17:2).

Lo más triste es que ni saben que el Señor no está allí, sino afuera, llamando a la puerta por si alguien escucha Su llamado y sale de ese lugar donde están comiendo y bebiendo aguas contaminadas y pestilentes.

El siervo de Dios de nuestro pasaje de 1Ry. 13 fue engañado por uno que “dijo” ser profeta de Dios, pese a la advertencia del Señor que no se detuviera en ese lugar a comer ni a beber.

Si hubiera sido obediente a la Palabra de Dios, no habría sido envuelto en las redes del enemigo. Pero como “todo lo que el hombre sembrare, eso mismo cosechará”, debió pagar las consecuencias de su desobediencia, al igual que todos aquellos que menosprecian lo que el Señor ha mandado: (2Cor.6:14-17) “porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo”.

1Ti 6:10-12 “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe”.

Las consecuencias que debió pagar este siervo desobediente fueron muy trágicas: “Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató”.

El Señor en Su paciencia y amor nos advierte 1Pd. 5:8 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

El que es desobediente a la Palabra de Dios finalmente será devorado por el enemigo. El Señor nos ha mandado no detenernos en esos lugares, menos aún comer y beber de esas enseñanzas corruptas y pestilentes, porque siempre la mentira dañará y contaminará nuestro corazón.

Sabiendo que el Señor ha mandado: 1Co 5:11 “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”.
2Tm. 3:1-5 “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”.

¿Qué hará Ud.? ¿Se detendrá, pese a la ordenanza del Señor de no hacerlo en un lugar así? ¿Se expondrá deliberadamente a las consecuencias que le provocará su desobediencia? Que el Señor le otorgue sabiduría y sumisión a Su Palabra. Que así sea, Amén.

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