Fama, poder y fortuna










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N° 58

Por Jack Fleming

Ec. 6: 1-2 “Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres; el del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso”.

Fama, poder y fortuna, son las cosas más apetecidas por el corazón del hombre. Todo ser humano añora en alguna medida estas condiciones, en mayor o menor grado.

Hay quienes, por no poseerlas, creen que ellos no se dejarían atrapar por ambiciones desmedidas, pero la verdad es que mientras alcanza una meta en la vida, ya su corazón está anhelando otras. El corazón del hombre es un pozo sin fondo, jamás se llena.

El libro de Eclesiastés es muy interesante, y la frase clave para su correcta interpretación es la que se repite más de treinta veces a lo largo de éste. Y que dice: “debajo del sol” o debajo del cielo, para referirse en su hermoso lenguaje poético a lo que sucede aquí en la tierra, o a lo que el hombre natural alcanza a percibir con sus limitados cinco sentidos.

En mi vida laboral pude escuchar y conocer el testimonio de exitosos gerentes de empresas, algunos de ellos ejercieron sus funciones con mucho despotismo, considerándose los dueños de la compañía. En su lenguaje cotidiano se referían a “mi empresa”, pero cuando llegaron los días difíciles descubrieron estupefactos que ellos no eran más que otro empleado, porque el directorio había impuesto planes de austeridad para la industria, y como siempre la forma más fácil de reducir los costos es bajando los sueldos; ellos mismos debieron salir para ser reemplazados por jóvenes profesionales que estaban dispuestos a cumplir con esas labores por un ingreso mucho menor.

En la triste época de la esclavitud, éstos eran atados con cadenas para impedir que se fugaran. Hoy en día, no existe una cadena de metal que los aten a un lugar, pero subsiste otra mucho más sutil y quizás más fuerte, que es el alto ingreso que las compañías están dispuestas a cancelar para “asegurarlos” en ese lugar e impedir la fuga de cerebros.

Muchas empresas los contratan con sueldos muy atractivos y otros incentivos que los hacen muy fascinantes, como la cancelación de los seguros médicos, los aranceles en colegios muy exclusivos para sus hijos, etc. Pero todo eso algo que al mismo tiempo los esclaviza a esa compañía, porque saben muy bien que para mantener sus status sociales, dependen de esos ingresos. Y de esta forma quedan atrapados a ese sistema, debiendo trabajar de tal forma que no pueden mantener una vida familiar normal. Sus hijos crecen sin la presencia de sus padres, y éstos se pierden los momentos más maravillosos de la vida, sin considerar que muchos de estos “esclavos” acaban con sus hogares destrozados.

Aquí se cumple textualmente lo que dice Eclesiastés en 1: 11 “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol”.

Nuestro texto inicial resalta lo incompleto que es poseer riquezas, bienes y honra, todo lo que su alma anhela, pero no pueden disfrutar de ellos, y finalmente serán otros que los aprovecharán.

El Señor Jesucristo también se refirió a este mal en la parábola del rico insensato, Lc. 12: 16-21 “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo donde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, como, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.

Quizás Ud. tenga bienes materiales, riquezas y honra, pero ¿es rico para con Dios? El Señor califica de necio al que tal haga. Se ha dicho que el hombre más sabio que ha habido sobre la tierra, Salomón, falló en pedir sabiduría para gobernar su pueblo, pero no para gobernar su propia vida; porque bien sabemos que al final de su vida cayó en pecado con muchas mujeres, las que además hicieron cambiar su corazón.

Satanás conoce muy bien esta debilidad del corazón humano, porque en su osadía procuró tentar al mismo Señor Jesucristo, diciéndolo: Mt.4: 9 “Todo esto te daré, si postrado me adorares”. Y ¿cuál fue la firme respuesta del Señor? (vr.10) “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”. ¿Cuál ha sido su respuesta a esta oferta de recibir las riquezas, fama y poder, al precio de inclinarse por el enemigo de las almas, y no por el Señor Jesucristo?

El Señor ha escogido hijos suyos de todas las esferas sociales, para que brillen en el lugar que están. Si Ud. es del Señor ¿está brillando en el lugar que Dios le ha permitido escalar? Muchos son los que en su soberbia dicen: Todo esto lo he conseguido con MÍ esfuerzo, con MÍ dedicación. Pero desconocen voluntariamente que si Dios no les hubiera concedido la salud, la oportunidad de servir en el lugar de privilegio que está, nada podría haber logrado.

Hoy en día, en una sociedad tan competitiva, se mide el éxito de una persona por la posición social en que está, el sector donde vive, los bienes que posee. Pero lo que dice Dios es algo completamente diferente; riquezas, bienes y honra de nada sirven, si no es rico para con Dios. Eso es lo que finalmente pesará al concluir su vida. Es más, si leemos con atención todos los pasajes de la Biblia donde nos habla sobre las riquezas materiales, notaremos que la mayoría de los ricos las poseen, pero ni tan siquiera las disfrutan, por eso con toda justicia Dios los califica de necios; solamente es vanidad, como dice en Eclesiastés.

Si Ud. ha leído esta breve consideración y se ha visto reflejado en ella, no crea que es por accidente o casualidad, en las cosas de Dios no existen tales elementos. El Señor está tocando su corazón para que reflexione sobre lo que ha hecho con su vida. ¿Es rico para con Dios? Incluso podría cambiar la pregunta a un nivel mucho más bajo, ¿ha podido disfrutar de los bienes y posición social que posee junto a los seres que más ama?

El hombre natural pretende revestir sus ambiciones personales con una frase que es muy popular: “Todo esto lo hago por mi familia”. ¿Es eso verdad? ¿Está seguro que eso es lo que su familia desea y espera de Ud.?

Es necesario organizar su vida de tal forma que las prioridades sean encabezadas por lo que tendrá repercusión para toda una eternidad. Luego seguir con las que realmente nos interesa como modelo de felicidad aquí en la tierra. Cuando lo haga sinceramente y en forma sabia como enseña la Biblia, verá que su primera prioridad será ser rico para con Dios, luego continuará su familia, y en tercer lugar en esa lista aparecerá su trabajo, el cual obviamente también es importante, pero no más que el Señor y su propia familia.

Que Dios le otorgue sabiduría para poner un freno en su vida y encuentre el tiempo para ocuparse más en las cosas del Señor y en su propia familia, que pueda acumular “riquezas” para la eternidad. Si Dios lo llamara hoy, ¿con qué se presentaría ante Él? Nada de lo terrenal se podrá llevar.

No existe mayor gozo que ver a un hombre de Dios en un lugar de privilegio, pero principalmente sirviendo al Señor junto a su familia, porque si Ud. es del Señor y su esposa e hijos también lo son, tenga la plena seguridad que cuando venga el Señor a buscar a los suyos, no solamente Ud. se irá con Él, sino que también sus seres amados. Que así sea, Amén.

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