La ternura de Dios










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N° 5

Por Jack Fleming



Translate this page Nº 5.- "The tenderness of God"


1Ry. 19 "Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas...
Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida... Y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida... Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come".

El cristiano más fuerte, también está propenso a caer en un estado de depresión, y es bueno aprender de la Biblia lo que otros han experimentado al pasar por el valle de sombra de muerte. Todos estamos sujetos a ataques de temor y debilidad.

Tres santos en las Sagradas Escrituras clamaron por su muerte: Elías, Moisés y Jonás. Naturalmente que todas ellas fueron oraciones sin respuesta a sus peticiones.

Elías fue un poderoso profeta. Podía abrir y cerrar las aguas del cielo con el poder de la oración. Durante la sequía Dios cuidó milagrosamente de él.

El Señor le indicó el arroyo donde proveerse de agua y mandó a los cuervos que le alimentaran, 1Ry. 17: 6 "Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde".

Luego en la casa de la viuda Elías multiplicó la harina de la tinaja y el aceite de la vasija. Cuando murió el hijo de viuda, él lo resucitó.

La valentía y osadía de Elías quedó en evidencia cuando enfrentó al rey Acab, quien lo buscaba con desesperación e indignación: "Cuando Acaba vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo los ídolos".

Elías no tuvo miedo de reprender cara a cara al rey, quien tenía autoridad sobre la vida y la muerte de las personas. Y qué diremos cuando enfrentó en el monte Carmelo a todos los profetas de Baal, un falso ídolo tras el cual se había prostituído toda la nación.

Cuatrocientos cincuenta profetas invocaron a su ídolo, sin poder obtener respuesta. Porque Dios dice en su Palabra: "Los ídolos son obra de manos de hombres, tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven, orejas tienen, pero no oyen... Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos".

Los falsos profetas gritaban y saltaban cerca del altar que habían hecho. Elías se burlaba de ellos diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme y hay que despertarle".

Cuanta valentía y confianza en Dios vemos en Elías, pero Santiago 5: 17 dice: "Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras". Era un profeta, pero sobre todo un hombre, con nuestras mismas debilidades.

Después de los grandes triunfos que menciona este pasaje, lo vemos en el capítulo 19 atemorizado ante las amenazas de una mujer, y corre para salvar su vida: "Viendo el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida".

Pero en el versículo siguiente pide a Dios que le quite la vida: "Y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida".

Cuan contradictorias son nuestras oraciones cuando nuestros espíritus decaen. Desfalleció en el momento que debía ser más fuerte. Su deseo era incoherente, huía para escapar de la muerte y al mismo tiempo quería morirse. Esto demuestra lo insensatas que son nuestras oraciones cuando nuestros espíritus desfallecen.

Elías había estado disfrutando del poder de Dios, pero ahora iba a gozar de LA TERNURA DE DIOS.

Nuestra naturaleza humana está pronta a excusarse ante los ejemplos de la vida de hombres, que Dios ha consignado en su Palabra. Somos rápidos para justificarnos de nuestra mediocridad espiritual, diciendo: ¡Ah! Pero yo no soy el apóstol Pablo, o Pedro o Elías.

La Biblia no es un libro de historia, es la revelación de Dios al hombre con todo lo que necesitamos saber. Él ha registrado en las Sagradas Escrituras la vida de muchos hombres y mujeres, con todos sus triunfos y fracasos para que nos sirvan de ejemplo.

Por medio de ellos nos exhorta, nos alienta, y también nos advierte del peligro para prevenirnos y que no cometamos los mismos errores. De tal manera, que así como podemos identificarnos con sus flaquezas, también Dios nos alienta a imitar sus proezas.

De Elías dice: "Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras". Un profeta, pero sobre todo un hombre con nuestras mismas debilidades. Y es allí precisamente donde la ternura de Dios comienza a exteriorizarse con toda su hermosura.

Le dejó dormir. Luego lo alimentó: "Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido, luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come". Dios le proveyó alimento y agua: "y comió y bebió, y volvió a dormirse".

Seguramente nosotros le hubiéramos dado un largo sermón, mostrándole su error. Pero la ternura de nuestro Padre celestial es inigualable, lo alimentó y lo dejó descansar.

Luego Dios envía nuevamente a su ángel por segunda vez. No permitió que continuara en esa condición de tristeza y derrota. Le dice: "Levántate y come, porque largo camino te resta". Le insta a incorporarse para salir de ese estado derrotista en que se hallaba postrado.

Muchas veces los cristianos nos olvidamos que Dios nos dice que somos más que vencedores, y permanecemos desanimados, abatidos. Ahogados muchas veces por problemas que jamás nos alcanzarán.

Dios dice: "baste a cada día su propio afán". Que no nos angustiemos por problemas que todavía son futuros, porque la mayoría de las veces, esos problemas nunca llegan a concretarse. Nuestro Padre de misericordias sabe de qué cosas tenemos necesidad y no permitirá que nos sobrevenga algo mayor a lo que seamos capaces de soportar.

Aún en la oración modelo del Señor, nos enseña que pidamos por el pan nuestro de cada día. Y son muchos los que viven orando por el pan de toda la semana o del mes.

Cristianos con rostros tristes y espíritus derrotistas, son los que desprestigian el poder del evangelio. Nadie querrá pasar una eternidad junto a personas depresivas. Hermanos no olvidemos que "somos (AHORA) más que vencedores".

La ternura de Dios le reveló a Elías que aún su carrera no había terminado, por el contrario, le dice: "Levántate y come, porque largo camino te resta".

Dios nos ha salvado y no nos ha llevado al cielo, porque aún tiene alguna labor para nosotros aquí en la tierra.

Hermano, hermana, si te encuentras abatido por la tristeza, no cometas la torpeza de orar pidiendo a Dios que te lleve, más bien ora porque el Señor te muestre lo que él quiere que hagas.

Elías se levantó, comió y bebió. Y fortalecido con aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches. El anciano de años fue fortalecido con esa comida de ángeles, y caminó sin descansar durante largo tiempo.

Posteriormente la ternura de Dios le permitió contar sus penas, esto es a menudo el mejor consuelo, y así alivió su tristeza. El inconverso tiene que pagar grandes sumas de dinero a un psicólogo para contarle sus problemas e intentar así mitigar su aflicción. ¿No es más lógico para el creyente acudir al Señor?

Un hermoso himno dice: ¿Somos tristes y agobiados, y cargados de aflicción? Esto es porque no llevamos todo a Dios en oración.

No existe mejor remedio para nuestra amargura, que llevar todas nuestras penas en oración a nuestro mejor amigo, Cristo Jesús. Nadie como él puede compadecerse de nuestras debilidades, porque él fue tentado en todo según nuestra semejanza, y sufrió en su propio cuerpo las aflicciones y angustias de esta vida terrenal, por lo tanto está debidamente capacitado para entendernos y consolarnos.

Luego de escuchar a Elías, Dios se reveló a sí mismo en sus diversos caminos. En un grande y poderoso viento que rompía los montes, y tras el viento un terremoto, y tras el terremoto un fuego. Pero Jehová no estaba ni en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego.

Estaba en un silbo apacible y delicado. Aprendamos a estar quietos en su presencia, y en el silencio de nuestra oración, podremos escuchar su voz que nos consolará y nos sacará de nuestra depresión; para levantarnos y encomendarnos el trabajo para el cual aún nos tiene en este mundo.

La inactividad aumenta la depresión. Fue así como Dios le encomendó a Elías un nuevo trabajo, y le dio buenas nuevas para quitar sus sentimientos de soledad.

"Yo haré que queden en Israel siete mil cuyas rodillas no se doblaron ante Baal". Hermano, hermana, quizás Ud. se encuentra hundido en una depresión por sufrimientos y desengaños, cree estar solo y ese sentimiento de soledad lo amarga y aflige. Pero Dios le dice también a usted que no está solo. El Señor se ha guardado siete mil que no han doblado sus rodillas y permanecen fieles. En toda la historia de la iglesia, Dios siempre se ha guardado un remanente fiel.

No decaiga su ánimo, y recuerde que no está solo. Además tenemos la preciosa promesa del Señor, que él siempre permanecerá junto a nosotros. Recuerde que somos más que vencedores y tenemos un Padre celestial que está atento a todas nuestras necesidades.

Pero creo que la gran consolación que tiene el hijo de Dios, es saber que nuestra meta está muy cerca, porque Cristo viene muy pronto, Amén, sí, ven, Señor Jesús.

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