Sed llenos del Espíritu Santo
















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N° 32


Por Jack Fleming

Ef. 5: 18-20 "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu Santo, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestros Señor Jesucristo".

Quisiera referirme a la preciosa expresión que encontramos en este pasaje: "Sed llenos del Espíritu Santo". Para algunos esta verdad bíblica ha sido motivo de confusión, porque razonan: ¿Cómo puedo ser lleno del Espíritu Santo durante mi vida cristiana, si es que Dios me ha dado TODO el Espíritu el mismo día que nací de nuevo?

Porque sabemos por Jn.3:34 que Dios no da el Espíritu por medida, es decir no nos añadirá una nueva porción del Espíritu Santo posteriormente a mi conversión. La Biblia es muy clara para establecer que no existe una segunda experiencia ni segunda unción.

Subsisten diferentes enseñanzas y doctrinas en torno a este tema de transcendental importancia que los hombres han elaborado, pero no me voy a remitir a ninguna de ellas, sino que simplemente voy a exponer lo que la Biblia dice al respecto.

Todo hombre nace con la naturaleza del pecado que heredamos de Adán, porque somos parte de una raza caída. Pero el día que recibimos al Señor Jesucristo en nuestros corazones como nuestro Salvador personal, desde ese mismo día fuimos transformados en "templo del Espíritu Santo", porque Él vino a morar en nosotros. Allí fue que pasamos a tener en nosotros una doble naturaleza, la espiritual y la carnal.

Antes de nuestra conversión nos deleitábamos en el pecado, pero el día que nos convertimos y el Espíritu Santo vino a morar, a vivir en nuestros corazones en una forma permanente; desde ese momento tenemos una doble naturaleza (la carnal y la espiritual). No quedamos exentos de la posibilidad de volver a pecar, porque fuimos perdonados judicialmente de la culpabilidad del pecado, pero el pecado también continuó morando en nosotros. Y estas dos condiciones están en constante pugna en nosotros.

El apóstol Pablo enseña de una forma muy transparente esta situación de conflictos que se establece en el corazón del hombre, desde el día que recibe el Espíritu Santo como consecuencia de haber nacido de nuevo.

Dice en Rm.7 comenzando desde el vr. 14 donde hace alusión a su condición de descendiente de Adán: "mas yo soy carnal, vendido al pecado", así se considera en su estado natural, como integrante de una raza caída.

Y desde el vr. 15 al 20 añade: "Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí".

Está describiendo de una manera magistral, la pugna que nace en nosotros desde el mismo día que nos convertimos y recibimos esa nueva naturaleza (la espiritual), que es contraria a la cual nacimos (la carnal). También las llama: el viejo hombre, y el nuevo hombre.

La verdad es que la Biblia define a los cristianos en tres categorías: Cristianos carnales, cristianos emocionales y cristianos espirituales. Esto se debe a la naturaleza tripartita del hombre: cuerpo, alma y espíritu. Pero para una mejor comprensión de lo que significa ser "llenos del Espíritu Santo" y no apartarme del tema en consideración, me referiré exclusivamente a esta doble naturaleza, la carnal y la espiritual. O al hombre viejo y al nuevo hombre que existe en cada hijo de Dios.

El día de nuestra conversión, fueron borrados judicialmente de nosotros todos nuestros pecados, pero el pecado sigue morando en cada uno de los creyentes; este es el "viejo hombre". Pero como recibimos el Espíritu Santo cuando nacimos de nuevo, tenemos además esa nueva naturaleza, la espiritual; ésta es el "nuevo hombre".

Antes de nuestra conversión nos gozábamos en el pecado, después, cual hijos de Dios, volvemos a pecar, pero ahora nos dolemos, porque el Espíritu Santo nos constriñe y nos aparta del mal. El creyente puede caer, pero no continuar en esa condición indefinidamente.

Debido a esta doble naturaleza, ahora hay una constante lucha en nosotros. Lógicamente prevalecerá la que alimente más. Si gastan cuatro horas frente al televisor, y solamente destinan unos breves minutos para orar y leer la Palabra del Señor, resulta muy fácil entender por qué son carnales.

El día de nuestra conversión, Dios puso en nosotros su Santo Espíritu. Es responsabilidad nuestra alimentar al nuevo hombre para que el Espíritu Santo aflore en nuestras vidas, se manifieste, se exteriorice, brote, fluya como un río de agua viva y pueda dominar al viejo hombre. Esto significa ser "llenos del Espíritu Santo".

Cuando el Espíritu Santo toma pleno control de nuestras vidas, hacemos morir al "YO" y triunfa en nosotros el hombre nuevo; no significa que Dios nos ha dado más del Espíritu Santo, sino que simplemente ahora nuestra vida está siendo gobernada por el Espíritu y no por el hombre viejo.

Esto establece que alguien puede gritar tan fuerte como los profetas de Baal para que Dios lo llene de su Santo Espíritu, pero si no ha estado alimentándose de la Palabra de Dios, en constante comunión con él a través de la oración; será un grito tan estéril y vano, como fue el de esos falsos profetas en el monte Carmelo.

En nuestro pasaje inicial de Ef. 5: 18 leímos que también dice ser "llenos del Espíritu Santo" significa: "Sed llenos del Espíritu Santo, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo".

¿Pusimos atención a lo que significa ser "llenos del Espíritu Santo"? Hablando entre vosotros con salmos, alabando al Señor, dando siempre gracias por todo. Aquí no dice hablando entre vosotros de sueños, visiones, murmuraciones ni chismes, tampoco de política ni de deporte. ¡No!, sino que hablando de la Palabra del Señor, ese es el alimento verdadero no contaminado que nos hará crecer.

Algunos pretenden auto justificarse diciendo que son niños en Cristo. Pero la verdad es que no se puede aceptar ese calificativo de alguien que lleva años en el Señor, más bien se trataría de un "enano" y no de un niño.

¿Por qué hay tantos "enanos espirituales" entre el pueblo de Dios? Heb.5: 12 "Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido".

Un creyente que se alimenta regularmente del alimento no contaminado (La Biblia), será un cristiano que se desarrolle espiritualmente de una forma sana, y en consecuencia crecerá en proporción al tiempo desde que nació de nuevo. Será de una estatura espiritual normal y como resultado de ello, estará constantemente "lleno del Espíritu Santo".

La llenura del Espíritu debe ser un estado normal en todos los creyentes, y no algo excepcional de algunos o de momentos esporádicos en la vida de los hijos de Dios. Es muy triste el espectáculo que proyectan para el mundo aquellos que viven como "ascensoristas", suben y bajan constantemente.

El cristiano que es "lleno del Espíritu Santo", es aquel que alaba al Señor, habla de la Palabra del Señor y está siempre dando las gracias a Dios por todo. No es aquel que canta más fuerte en la iglesia, ni el que llora o el que se apresura a pasar adelante cada vez que hacen un llamado.

El que es "lleno del Espíritu", es el que tiene igual comportamiento en la iglesia, en su hogar y en el trabajo, los siete días de la semana. Es muy fácil ser cristiano en la iglesia, pero creo que nuestro nivel espiritual se manifiesta con mayor claridad cuando no estamos en la casa de Dios. Allá afuera será donde se revela lo que realmente somos, "porque de la abundancia del corazón, habla la boca".

Dicen Dios en Stgo.3: 9- 15 "con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad, porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica".

El que es lleno del Espíritu, en todo momento fluirá de él en forma natural de su corazón, la gracia del Espíritu Santo. Porque no puede brotar de una fuente, por la misma abertura, agua dulce y amarga.

El Señor dice en Ef.4: 17-24 "Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestios del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad".

Si en verdad somos del Señor, debemos despojarnos del viejo hombre para que sea el hombre nuevo quien gobierne nuestras vidas. A eso llama aquí: "renovaos en el espíritu" y lo puede conseguir únicamente quien sea "lleno del hombre nuevo", es decir, "lleno del Espíritu Santo". Uno que se ha despojado de las impurezas de la vida pasada, aquellas que cometía antes de conocer a Cristo.

Para que seamos llenos de toda la plenitud, necesitamos ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu. Un niño en Cristo, no tendrá las fuerzas, porque carece del poder, eso se obtiene únicamente con un crecimiento espiritual continuo.

En 2Cor. 3: 18 dice: "somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor". Ser "llenos del Espíritu Santo", o gozar de "la plenitud del Espíritu" es una apropiación continua, una renovación diaria en nuestras vidas.

Dice en Col. 3: 9 "No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestidos del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno".Copiado ilegalmente de EstudiosMaranatha.com

Sed llenos del Espíritu Santo, no solamente está dicho a todos los cristianos en forma imperativa, sino que además está en un presente continuo: "Sed llenos". Porque expresa un proceso de apropiación continuo, que durará toda nuestra vida cristiana.

Esto se consigue solamente cuando tenemos vidas en estrecha comunión con nuestro amado Salvador, cuando hacemos las cosas que le agradan a Él y no a nosotros. Ésta es la invitación y promesa que hizo en Jn.7: 37 "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Y Juan aclara en el versículo siguiente: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él".

Dios nos manda a ser "llenos del Espíritu Santo", a disfrutar de la "plenitud del Espíritu", que seamos transformados "de gloria en gloria" para que de nuestro interior fluyan "ríos de agua viva". De esta forma, mientras transitamos por este desierto árido y reseco, podamos no solamente tener vidas victoriosas, sino que además, ser de bendición para otros y llevar muchos frutos para Su Gloria. Que así sea.

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