Dios los cubrió










Escuchar aqui


Nº 24


Por Jack Fleming

Gn. 3: 21 "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió".

Los primeros versículos de este capítulo tres de Génesis nos relata la caída del hombre, y cómo éste en su necedad, pretendió cubrir su desnudez con delantales de hojas de higuera que ellos mismos habían confeccionado. Pero conscientes de que eso no era suficiente para presentarse ante la santidad de Dios, probaron esconderse de Su presencia.

La misericordia del Señor no se hizo esperar para llegar hasta donde estaba el hombre "supuestamente" escondido y cubierta con hojas de higuera. ¡Qué absurdo es el hombre en su pecado! No solamente está fuera de sí, sino que además es ciego.

No alcanza a comprender que toda la justificación humana que logre confeccionar para intentar cubrir su pecado, no es más que trapos de inmundicia. Is. 64: 6 "todos somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia".

Aún el apóstol Pablo, que era un hombre muy religioso e integro, comprendió que incluso la religión entregada directamente por Dios, no era suficiente para cubrir su pecado (Filp.3: 5-8) "circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, hebreo de hebreos, en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas eran para mí ganancia (ahora) lo tengo por basura, para ganar a Cristo".

Dios, conociendo la incapacidad humana para restablecer la comunión que fue interrumpida a consecuencia del pecado, no solamente le hizo un llamado al arrepentimiento, sino que además les proporcionó una verdadera cobertura, no hecha de algo tan frágil e inútil como la que se había confeccionado el hombre, sino que le hizo túnicas de pieles. "Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió".

La justicia divina ha establecido que: (Rm.6: 23) "La paga del pecado es la muerte", y que (Heb.9: 22) "sin derramamiento de sangre, no se hace remisión de pecado". Debido a que (Lv.17:11) "la vida está en la sangre", es necesario que ésta sea derramada como evidencia que intervino la muerte para pagar por el pecado.

¿Cómo pudo el Dios Santo y Justo, perdonar a nuestros primeros padres sin contradecir su propia justicia? Si leemos con atención nuestro pasaje de Gn.3: 21, veremos que allí están todos esos ingredientes que exige la justicia divina.

Hubo muerte y derramamiento de sangre, porque dice que Dios hizo túnicas de pieles. Éstas no fueron creadas, aunque poder tenía para hacer, sin embargo hizo pieles que sacó de un animal inocente, posiblemente un cordero.

Dios sacrificó una victima inocente para cubrir y perdonar el pecado de ellos. Con esto no solamente satisfizo su propia justicia, sino que estaba señalando al verdadero Cordero de Dios que habría de venir, para ofrendar Su vida y así pagar por nuestros pecados, derramando Su sangre preciosa en la cruz del Calvario.

Dios no puede pasar por alto el pecado ni burlar su propia justicia. Así que creó un plan de salvación, amplio y con eficacia eterna; que culmina con la afirmación que hace en Heb.8: 12 "Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades".

Pero para llegar a ofrecer esto, alguien tuvo que morir en nuestro lugar para cancelar el precio por nuestros pecados, y como prueba contundente de que Su muerte fue real, debía derramar toda su sangre.

Esto es algo que también Dios había establecido en los sacrificios de la ley, cuando se ofrecían animales inocentes, que eran figuras del verdadero Cordero de Dios que habría de quitar definitivamente el pecado. Lv.17: 11 "Porque la vida en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas, y la misma sangre hará expiación de la persona".

El principio del perdón divino lo expresó simbólicamente en el sacrificio de esa víctima inocente que Dios mismo inmoló en el Jardín del Edén. Inmediatamente cuando entró el pecado en el mundo, Dios anunció por medio de esta figura, que otorgaría un perdón amplio y eterno a través del verdadero Cordero de Dios, que habría de venir a este mundo a cumplir esa misión.

La perfección del sacrificio de Cristo fue tan completa, que cuando él pronunció ese grito de triunfo desde la cruz: "Consumado es", era precisamente porque no había nada más que añadir. Ya todo estaba realizado. Heb.10: 12 "la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre". Heb.10: 1 "la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan".

Heb.9: 26 "pero ahora (estando ya presente Cristo), se presentó UNA vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado". Heb.10: 10-14 "la ofrenda del cuerpo de Cristo hecha una vez para siempre" "Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre UN SOLO SACRIFICIO por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios" "porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados".

En consideración a estos pasajes y a muchos más que nos dice Dios en la Biblia, es que resulta altamente insultante para el Señor la práctica de los romanistas que insisten en repetir en cada misa, el sacrificio del cuerpo mismo de Cristo, el cual dicen que está, no solamente representado, sino que en forma real en cada hostia. Lo que significaría que el sacerdote no solamente está ocupando el lugar de los que mataron al Señor, sino que Cristo muere físicamente en cada sacrificio de la misa.

Pero lo que realmente importa, es lo que dice Dios, y él nos asegura que el sacrifico de Cristo se realizó una sola vez para siempre. Ef.1: 7 "en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia". 1Pd.1: 18 "sabiendo que fuisteis rescatados, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación".

Cristo es el verdadero Cordero de Dios, el único que puede borrar tus pecados y los míos. Esa fue la lección gráfica que Dios nos dejó al inmolar una víctima inocente para perdonar a Adán y Eva. A él apuntó Juan el Bautista cuando señaló a Cristo como el verdadero Cordero de Dios. A él señalan todas las páginas de la Biblia para que tú también puedas obtener el perdón eterno de todos tus pecados. Confiésalos al Señor y él te dará la salvación eterna y la vida eterna.

Solamente tienes que arrepentirte y recibirlo como tu único y suficiente Salvador personal. Acepta la oferta de salvación que Dios te ofrece gratuitamente. Lee las Sagradas Escrituras, porque (2Tm.3: 15) ellas te pueden hacer sabio para la salvación. Que así sea, Amén.

¿Este sitio web ha sido de su interés? Envíe nuestra dirección a sus amigos.

www.EstudiosMaranatha.com