No nos conviene edificar con vosotros

















Nº 15

Translate this page Nº 15.- "We should not build with you"



Esdras 4: 1-3“Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí. Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel”.

El mayor sueño que tenía el pueblo de Dios en la diáspora era reconstruir su templo, y seguramente que la más grande bendición que ellos podían esperar era que su construcción se terminara lo antes posible. Entonces ¿por qué desechar esta oferta que llegaba en forma tan oportuna y desinteresada, por quienes se identificaban como adoradores del mismo Dios?

Cuantas veces escuchamos a aquellos que solo están interesados en el dinero de las personas decir: “No importa de quien venga el dinero, si nosotros lo usamos para una buena causa, está bien”. Y con ese principio no solamente aceptan las ofrendas de los inconversos que les visitan, sino que además les ponen el ofrendero para que también los que supuestamente invitaron a escuchar el evangelio que gratuitamente ofrece el Señor, hagan su donación.

Estos nuevos ofrendadores rápidamente son transformados en “buenos diezmadores” integrándolos a la comunión de la iglesia, sin importar en muchos casos que nunca hayan nacido de nuevo ni cual sea su verdadera condición espiritual. Luego, especialmente si son “muy buenos diezmadores”, serán los que estarán ocupando cargos de importancia dentro de la iglesia.

El pueblo de Israel cuando salió de la esclavitud de Egipto, también sufrió la infiltración de los extranjeros que se unieron a ellos atraídos por los milagros que Dios había realizado a favor de los suyos. Pero estos que se unieron por entusiasmo y arrastrados por el fervor popular, fueron los instrumentos que Satanás utilizó para corromper a la nación de Israel.

Dice en Nm.11: 4 que fue la gente extranjera que se mezcló con ellos los que iniciaron la murmuración e hicieron decaer el ánimo del pueblo, para finalmente incitarlo a pecar contra Dios. Esto es lo que siempre sucede en toda iglesia local que no tiene cuidado en ver a quien recibe a la comunión y se preocupa únicamente de aumentar su número.

El verdadero crecimiento del cual Dios nos habla en Su Palabra, es el vertical, el que nos eleva hasta Su presencia; no el horizontal, el de las multitudes que se preocupa el hombre carnal impulsado por ambiciones, vanagloria y jactancia personal.

Es altamente significativo que Dios siempre se refiera a los suyos como: “manada pequeña” y muchos otros términos similares incluyendo la mención de “un camino angosto”, una “puerta estrecha” para señalar que somos pocos. Pero el orgullo del hombre destaca con presteza, como motivo de orgullo, que somos muchos y que ahora somos una iglesia respetada y reconocida por el mundo. Aunque el Señor dijo: (Lc.6: 26) “Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, porque así hacían sus padres con los falsos profetas”.

Pienso que el Señor tenía en mente una iglesia local pequeña cuando instituyó la Santa Cena y ordenó que se realizara ese memorial con “una sola copa y un solo pan” (1Cor.10: 16-17). Lo cual una obediencia fiel a este mandamiento, implica necesariamente que el número no podía sobrepasar a los que en forma práctica pudieran participar de una sola copa y un solo pan.

El ejemplo apostólico fue que las iglesias del Nuevo Testamento funcionaban en sus casas, donde se cumplía con esta ordenanza del partimiento del pan (Hch.2: 46, Rm.16: 5, Col.4: 15, Flm.2, etc.). Y esto fue así por casi tres siglos, hasta que nació el Catolicismo Romano con Constantino y les entregó algunos templos de diversas divinidades que adoraban en el imperio. Luego comenzaron a construir sus grandes basílicas y a ser imitados por otros grupos religiosos que también hasta el día de hoy, exhiben con mucho orgullo sus “catedrales “capillas” y otros edificios afines.

Hemos de cuidar que la iglesia no sea infiltrada por la gente extranjera que no pertenece al pueblo de Dios. La advertencia del Señor de que no nos unamos en yugo desigual con los incrédulos, no es solamente para nuestra vida personal o para el grupo que constituye la iglesia local, sino que también en nuestra relación como iglesia con los demás grupos que ideológicamente también se identifican como “creyentes en Dios”. Porque el dios de muchos de ellos no es el mismo Dios de la Biblia que nosotros creemos y adoramos.

¿Qué comunión podríamos tener por ejemplo con los romanistas, que abiertamente profesan ser una iglesia “Mariana”? Y precisamente son ellos los que crearon el “Concilio mundial de iglesias” con el propósito de hacer volver a las “ovejas descarriadas” bajo el alero de Roma.

El Señor ha sido muy claro para señalar a ese sistema como: La Gran Ramera (Ap.17:5) con el cual se han prostituído muchas organizaciones religiosas, además de los gobernantes de este mundo. A ese concilio de iglesias, que creó y dirige el Vaticano, pertenecen casi todas las organizaciones y denominaciones del día de hoy.

La clonación de los mutantes del mundo religioso ha llegado a tal grado, que algunos creyentes pueden confundirse si es que no están atentos para no caer en el engaño. Son muchos los que llaman “hermanos” a los unitarios o solo Jesús. Pero el dios de ellos está muy lejos de asemejarse al Dios trino que nos presenta la Biblia, más bien se parece al de los “Testigos de Jehová”. Se mimetizan muy bien con los Pentecostales, porque tienen su origen en esa denominación, además comparten muchas de sus doctrinas y emocionalismo, por ejemplo la misma doctrina de la salvación; que es el hombre quien elige a Dios (aunque Rm.3: 11 dice: “No hay quien busque a Dios”), y no que es Dios el que escoge al pecador para salvación, como lo expresa textualmente 2Ts. 2: 13 “que Dios os haya escogido desde el principio PARA SALVACIÓN”.

Creen que la salvación no es eterna, porque depende de nuestra santidad y fidelidad y no de la fidelidad de Dios, a pesar que en 2 Tm.2: 13 dice: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel”. Por lo tanto sostienen que hay que perseverar hasta el fin para ganarse el cielo. Obviamente para explicar esta creencia básica en su doctrina, también sacan de contexto Mt.24:13 (“el que persevere hasta el fin, éste será salvo”), donde se está refiriendo a la nación de Israel y NO a la iglesia, porque todos esos sucesos descritos allí corresponden al período de la Gran Tribulación, cuando la iglesia ya no está en la tierra, sino en las mansiones celestiales. Esto se aprecia claramente con la simple lectura inteligente y correlativa de todo el capítulo 24.

Mt. 24: 9“Entonces os entregarán a tribulación”. Se lo dice a los discípulos judíos que estaban preocupados por el anuncio que su templo sería destruido y querían saber sobre el destino de su nación. Por esta razón les menciona en este capítulo el lugar santo (el templo) y la abominación desoladora que habló el profeta Daniel a los de su nación (vr.15). Los que estén en Judea (vr.16). El día de reposo (vr.20) etc.

Mt. 24: 21 “porque habrá entonces gran tribulación”.

Mt. 24: 29 “después de la tribulación de aquellos días”.

Estos acontecimientos de Mateo 24 se refieren a los 7 años de la Gran Tribulación, y sabemos que el Señor vendrá ANTES a buscar a su esposa, la iglesia, para ponerla en lugar seguro. Por lo tanto, resulta evidente que el vr. 13 donde habla de perseverar hasta el fin, no se lo está diciendo a los creyentes de la iglesia, sino a los escogidos de la nación de Israel. Todas las promesas que Dios les entregó a su pueblo terrenal, siempre fueron condicionas a su fidelidad y perseverancia (Recomiendo leer nuestro libro “25 diferencias entre Israel y la iglesia” que presentamos gratuitamente en este sitio web).

Esta secta considera a William Braham como el más grande profeta para el último milenio, aunque no se de cual milenio hablan, porque él vivió en el siglo XX y murió en el año 1965. Ahora estamos en el siglo XXI y tuvieron que nombrar otro sucesor para este nuevo siglo, aunque los libros de Braham aseguran que él era el último profeta para el último milenio.

Al igual que Joseph Smith de los mormones, decía que un ángel se le apareció y le reveló lo que escribía. Aunque claramente ese ángel se equivocó por lo menos, en forma innegable, en lo concerniente al último milenio.

Este milagrero de origen Pentecostal, también era relacionado con el Zodiaco y el ocultismo. Dijo que la señal del Hijo del Hombre apareció en el cielo en forma de una nube (por supuesto que en EE.UU.), el 28 de Febrero de 1963. Todas estas extravagancias las puede consultar en Internet donde se encuentra toda esta información. Su sucesor es William Soto Santiago.

Incluso en sus propios libros dicen textualmente que William Marrion Granham es "el la voz del Séptimo ángel" Y que él vino a revelar, cual "Mensajero" (aquí mensajero lo escriben con mayúscula), "viniendo en su cuarto ministerio, con el poder y la virtud de Elías; antes del día de Jehová. Dicho Ministerio viniendo a través de W.M.B quién Dios lo vindicó con la Columna de Fuego en el año 1950. Y la Nube en el año 1963. Dios bajando a la escena en la tierra, igual que en los días de Moisés, Salomon, Jesús y Pablo (colocan al Señor Jesucristo al mismo nivel de Moisés, Salomon, Pablo y éste personaje) y terminado de introducir la plenitud de la Palabra del verdadero fundamento de la iglesia cristiana".

También los Testigos de Jehová, que igualmente niegan la trinidad de Dios, aseguran que el profeta de ellos, Charles Russell, fue el más grande profeta de todos los tiempos. Otro tanto afirman los Sabatistas con Helen White. La Ciencia Cristiana con Mary Eddy. Y así podríamos continuar enumerando estas sectas que afirman haber recibido una revelación más allá de la Biblia, todos ellos considerados por cada una como el más grande profeta de todos los tiempos. Curiosamente esta es la misma declaración que hacen los musulmanes con Mahoma, los niños de Dios, Hare Krishna, los moonies, el hinduismo, el budismo, etc.

El pueblo de Israel pecó reiteradas veces haciéndose ídolos de oro que colocaban en lugares altos. Hoy, muchos que se dicen “cristianos” también han colocado en lugares muy alto a sus ídolos, que de igual manera han revestido de oro y hasta con cuentas en bancos Suizos. Critican las riquezas del Vaticano y tienen razón en hacerlo, pero estos personajes con complejo de diosecillos, han salido muy buenos discípulos de la Gran Ramera para acumular riquezas.

La alquimia religiosa que practican cual rey Midas es tan efectiva, que también todo lo que  sus ambiciones sin límite tocan, lo transforman en oro, pero para incrementar sus propias arcas. Son traficantes de almas, despojando a los incautos que los siguen y les entregan hasta el último centavo para ganarse el favor de Dios.

No todos los que dicen creer en Dios, es el mismo Dios que nos enseña la Biblia, además, “hasta los demonios creen y tiemblan” (Stgo.2: 19).

¿Cómo podemos reconocer en medio de tanta confusión, quienes son efectivamente nuestros hermanos? Creo que existe un principio básico para establecer quienes son realmente nuestros hermanos en la fe, que creen en el mismo Dios de la Biblia. Esto se puede notar si es que la persona sabe con seguridad plena que es salvo, y que esa salvación no la puede perder, porque depende de la fidelidad de Dios y no de la nuestra, porque la salvación es un regalo de Dios al hombre, no un premio a nuestra fidelidad o perseverancia.

2 Tm.2: 13 “Si fuéremos infieles, él permanece fiel”.

2 Ts. 2: 13 “que Dios os haya escogido desde el principio para salvación”.

Filp. 1: 6 “que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

Jn.10: 28 (Jesús dijo:) "Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.

Los que desconocen este regalo divino como lo describe las Sagradas Escrituras, argumentan jocosamente: “Entonces pequemos y hagamos todo lo que queramos, porque de igual manera llegaremos al cielo”. Estos ignoran que “nacer de nuevo” como lo enseña la Biblia, es una transformación tan profunda (2Cor. 5: 17) como lo es la metamorfosis del gusano que se transforma en una hermosa mariposa, que con sus delicadas alas ahora se eleva a las alturas para reposar solamente en las flores de hermosos colores y gratísimo aroma. Ignoran el poder de la gracia divina, creen que una mariposa puede volver a vivir en la condición de gusano arrastrándose sobre el polvo, dejando la huella de su propia secreción.

Cuando alguien nos dice con gozo que está esperando la venida del Señor, porque está seguro que se irá con él, “recién” podemos comenzar a pensar que estamos con un hermano en la fe que tiene nuestro mismo Padre celestial. Porque dice en 1Jn.5: 10 “El que cree en el Hijo de Dios, TIENE el testimonio en sí mismo”. Jn.3:36 “El que cree en el Hijo TIENE vida eterna”. Rm.8: 16 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

Si la persona está segura de su salvación por gracia y que ésta es eterna como dice la Biblia, ahora le podremos reconocer por sus frutos, (Mt. 7: 16 “por sus frutos los conoceréis”). Y los frutos del Espíritu son, como dice en Gal.5: 22 “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza”.

La tercera característica será un espíritu de unidad, no de sectarismo, como lo expresa en Ef. 4 “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.

Considero que los líderes del pueblo de Dios fueron muy sabios cuando rechazaron la colaboración y les dijeron: “No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios”. Por cierto no es bueno edificar con aquellos que no son del Señor o no comparten la misma doctrina, especialmente en algo tan básico y primordial como es la doctrina de la salvación, porque evidentemente predican otro evangelio.

Antes de trabajar y colaborar, necesitan aceptar el regalo de la salvación eterna que Dios entrega sin intervención ni participación humana. Muchas veces resulta doloroso decirles que no, pero hemos de ser fieles al Señor y ubicar a cada cual en el lugar que le corresponde para que no les suceda lo que les ocurrió a las vírgenes insensatas, que solamente se enteraron de su verdadera condición cuando vino el esposo, porque vivieron engañadas.

Que el Señor nos dé gracia y sabiduría para mantener la unidad del cuerpo, sin que elementos extraños se mezclen, porque como sabemos en el día de hoy, cuando se coloca un órgano ajeno en un cuerpo, se produce un rechazo del transplante. De igual manera en el cuerpo espiritual que es la iglesia, tarde o temprano se producirá el rechazo que puede provocar la división o la contaminación general del cuerpo.

Que el Señor nos guarde, Amén.

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