Luchando contra Dios






















N° 102

Por Jack Fleming

Translate this page Nº 102.- "Fighting against God"


Gen 32:24 "Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba".

No existe nada más complejo que la naturaleza humana. Mucho ha avanzado el hombre a través de la sucesión de los siglos y la acumulación de títulos universitarios que los acreditan como doctores y expertos en la materia, pero lo único que han alcanzado es solamente tocar el borde de ese gran abismo que solamente le pertenece al Gran Creador. Por lo tanto cuando deseamos conocer algo sobre este tema, lo más confiable no es la opinión de los sicólogos, sociólogos o psiquiatras, sino lo que dice Dios, nuestro Hacedor.

El hombre por lo general parte de un principio que discrepa radicalmente con lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra. Dicen los expertos humanos que el hombre se hace pecador como consecuencia del medio ambiente en que se desarrolla, sin embargo el Creador dice que el hombre peca porque es pecador, es decir, no se transforma en tal a consecuencia del pecado que le rodea, nace con él.

Esto se aprecia claramente cuando observamos los comportamientos infantiles, nadie tiene que enseñar a un pequeño a ser egoísta, pelear, mentir o hacer lo malo, eso es algo que desarrolla según su propia naturaleza. Los padres tenemos que enseñarles a hacer lo bueno no lo malo.

La prueba más contundente que hayamos en la Palabra de Dios respecto a esta condición del hombre, es cuando nos revela el periodo del reinado terrenal del Señor acá en la tierra por mil años, después que haya sacado a Su iglesia y la traslade a las moradas celestiales que nos ha prometido.

Asegura la Biblia que el Señor restaurará cielos nuevos y tierra nueva, donde no solamente reparará todos los daños que el hombre con su egoísmo y falta de conciencia ha provocado a este mundo, sino que además les proveerá de un gobierno donde por primera vez no existirá la corrupción, porque Él mismo gobernará a las naciones con vara de hierro; no habrá guerras ni enfermedades, existirá la paz y la justicia.

Ap.21:1 "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron"

Isa 2:4 "Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra".

Eze 47:7 "Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado.
Eze 47:8 Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas.
Eze 47:9 Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río.
Eze 47:12 Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina".

Durante mil años de verdadera prosperidad para todos, no solamente para los líderes políticos, militares y religiosos como sucede en nuestros días ¿Cómo terminará ese período de paz y bendición que disfrutará toda la humanidad?

Dice la Biblia que incluso Satanás no tendrá presencia ni poder sobre la tierra, porque Dios lo atará durante esos mil años, pero sin embargo todos los habitantes de este mundo se rebelarán contra el Señor al final de los tiempos, porque aunque el ambiente social será de justicia, paz y prosperidad, el hombre manifestará lo que siempre ha existido en su corazón, que peca porque es pecador y no que llega a ser pecador como consecuencia de la influencia exterior.

Con cuanta justicia Dios habla en Su Palabra de nuestro "cuerpo de humillación donde aún mora el pecado". Cuerpo que poseemos inclusive los creyentes que hemos recibido la salvación, razón por lo cual deberá ser transformado en un cuerpo de gloria para excluir de nosotros eternamente el pecado que todavía mora en nosotros.

Filip. 3:21 "el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya".

El apóstol Juan escribiendo en su epístola a los hijos de Dios dice:
1Jn 1:8 "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
1Jn 1:10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros".

El gran apóstol Pablo tiene que admitir que aún él, pese a toda su consagración y cercanía con Dios, dice:

Rom 7:18 "Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Rom 7:19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
Rom 7:20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
Rom 7:21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Rom 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
Rom 7:23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
Rom 7:24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
Rom 7:25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado".

Si el apóstol Pablo debe confesar esa lucha angustiante con su propio cuerpo de humillación donde aún mora el pecado ¿Cuánto más será en nosotros que estamos muy lejos de la santidad y consagración de ese gran siervo de Dios?

Su gran grito de aflicción fue: (Rom 7:24) "¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" Y la respuesta que él mismo entrega se encuentra en el versículo siguiente: "solamente Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo".

Esto sucederá únicamente cuando venga el Señor por Su iglesia y nos libere definitivamente de este cuerpo de humillación donde aún mora el pecado, y nos entregue esos cuerpos de gloria con los que viviéremos en la eternidad junto a Él.

Pablo admite esta lucha contra la voluntad del Señor, entregando toda la gloria a Dios, al reconocer que tuvo que ser compelido en ciertas ocasiones para cumplir con la tarea que le había sido encomendada: Gal 4:13 "Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio" Hch. 16:6 "Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia".

Desde que nacemos en este mundo siempre hacemos nuestra propia voluntad, sin considerar o importarnos la voluntad de Dios. Pero desde el día de nuestra conversión, el Señor ha debido forzarnos para cumplir con Sus planes eternos, tal es así, que dice la Palabra que él tuvo que arrastrarnos hasta su presencia, aún contra nuestra voluntad, porque nos llamó con llamamiento irrevocable (Rom 11:29 "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios"), por medio de Su gracia irresistible y nos atrajo con cuerdas de amor.

Jer 20:7 "Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste"

Os. 11:4 "Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida".

Porque nuestra conversión no fue producto de nuestra voluntad o la de nuestra familia, sino que únicamente se debe a la Gracia irresistible de Dios.

Jn 1:12 "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
Jn 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios".

Jn 6:44 "Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero".

No es tan solo el hecho que el pecador no quiere acercarse a Dios, sino que no puede, porque está en la condición de muerto en sus delitos y pecados. Ef.2:1 "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados".

El creyente, el hijo de Dios, todos los que hemos nacido de nuevo, tenemos todavía un cuerpo de humillación, caído; aunque tenemos la tremenda bendición que el Espíritu Santo está ahora morando en nosotros.

1Co 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Y es a consecuencia de esta doble naturaleza, que hoy tenemos esta lucha en nosotros, porque el Espíritu Santo nos guía a toda verdad (Jn.16:13), se constriñe, se duele cuando pecamos (Ef. 4: 30) y prende una luz roja en nuestros corazones para que rectifiquemos nuestro proceder.

En el momento de nacer en este mundo traemos una sola naturaleza, la que heredamos de Adán, pero el día que nos convertimos y aceptamos al Señor Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador personal, ese día en que nacimos de nuevo, adquirimos una segunda naturaleza, la del Espíritu.

El apóstol Pablo se refiere a ellas como el viejo hombre y el nuevo hombre:
Ef 4:22 "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
Ef 4:23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
Ef 4:24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad".

El creyente lamentablemente peca, pero "no practica" el pecado, es decir, no permanece en esa condición de pecado, porque el Espíritu Santo lucha contra nuestra carne y nos hace volver al camino del Señor.

1Jn 3:9 "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él".

Hasta los grandes hombres de Dios que nos relata el Antiguo Testamento, fueron personas que tuvieron que luchar contra su humana condición que siempre se opone a la voluntad del Señor.

Y es en este punto donde resalta con inusitado brillo la irresistible gracia de Dios, como es en el caso de Jacob en el pasaje donde iniciamos esta meditación.

Gen 32:24 "Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba".

Persistentemente leemos y escuchamos a predicadores referirse a este pasaje como el momento en que Jacob luchó contra Dios, pero yo no lo veo así, la simple lectura del texto sagrado nos dice que el ángel luchó contra Jacob, y no que Jacob luchara contra el ángel; porque indica que era Dios quien quería conseguir algo de Jacob.

Siempre la iniciativa para hacer algo bueno ha partido de Dios, nunca se ha originado por decisión o voluntad humana, porque nuestra naturaleza caída de este cuerpo de humillación es contraria a la voluntad del Señor, por lo cual Él debe luchar contra nuestra humana condición para que hagamos Su voluntad y no la nuestra.

Para hacerle entender a Jacob que era una débil y miserable criatura, al resistir éste con tanta tenacidad, Dios le tocó. Gen 32:25 "Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba".

El muslo representa la fortaleza del hombre donde descansa toda nuestra fuerza para caminar en este mundo, y el Señor le hizo comprender su debilidad. Algo indispensable para entregarnos incondicionalmente en las manos de Dios.

Pablo sabía muy bien esto:
2Co 12:9 "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo".

Y en el caso de Jacob, cuando Dios había atacado el baluarte de su fuerza, Gn. 32:25 "se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba". Entonces aprendió a decir: Gen 32:26 "No te dejaré".

Fue en ese momento que salió el sol en su vida, Gen 32:31 "Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera".

En contraste cuando inició su viaje, Gen 28:11 "Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar".

Cuan gráfico resulta esta experiencia en la vida de Jacob para nosotros, porque nos enseña que podemos iniciar nuestro caminar junto al Señor, pero mientras no reconozcamos nuestra propia debilidad y aprendamos a depender íntegramente del poder de Dios, todo ese esfuerzo humano será desarrollado en la oscuridad, "como si el sol se hubiera puesto".

A diferencia de esto, cuando reconozcamos nuestra propia debilidad, será cuando el sol se levantará en el horizonte de nuestra vida, y comenzaremos a caminar en luz junto al Señor, pero también y tan importante, haciendo verdaderamente la voluntad de Dios.

No esperemos que Dios deba quebrantarnos hasta hacernos debilitar al extremo, para someternos a Su voluntad: Gen 32:31 "le salió el sol; y cojeaba de su cadera".

Tremendamente glorioso es conocer al Señor y aceptarlo como a nuestro Salvador personal, pero también es el conocer Su voluntad y someternos a ella para andar realmente en luz.

Dios lo único que desea es que aprendamos a doblegarnos a Su voluntad, porque Él no comparte Su gloria con ninguna de Sus criaturas. Que así sea, Amén.

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