Manual Biblico




































Por Jack Fleming


Capítulo 7 - La Tradición

La tradición que fomenta Roma, ha sido a través de toda su historia apoyada principalmente por la superstición y el fetichismo popular. Ha sido un medio poderoso para enriquecerse, levantar credos y doctrinas que no se encuentran en la Biblia, sino en la fértil imaginación de sus autores.

Fue una poderosa arma para acallar las voces de los Reformadores, calificando de herejes a todos los que no aceptaran los dictámenes autoritarios y arbitrarios del Vaticano, quien para dar mayor prestigio a esas leyendas, revistieron a su líder, el papa, de poderes divinos.

Fue entonces que comenzaron a gestar la estrategia de considerar al papa de "Infalible", atributo exclusivo de Dios; para posteriormente en un concilio realizado en el año 1870 darle oficialmente ese reconocimiento divinal que les serviría magistralmente para sus planes, porque ahora no se verían forzados a justificar ninguna de sus creencias o dichos, con ese libro maldito que les era tan adverso, la Biblia; todo lo que no podían justificar con las Sagradas Escrituras, ahora lo decía el papa y tenía la misma autoridad de Dios.

No existe otro dogma que haya insultado más la inteligencia de los católicos, como esta declaración que no puede ser objetada por ninguno de ellos sin exponerse a ser considerado "maldito" por su iglesia, como esta afirmación absurda de que un hombre pueda ser "infalible", es decir, que no se puede equivocar.

La declaración de ese concilio, presidida por Pío IX , y que lógicamente está vigente en nuestros días, no puede ser cambiada, porque está firmada con el sello de la "Infabilidad papal" dice: "Pero si alguno -(que Dios no lo permita) -presume contradecir ésta nuestra definición, sea maldito".

Cualquier persona con un mínimo de educación verá que este fue un medio para deificar al papa, porque juntamente con esta declaración, han echado a correr un dicho que es muy popular en los países de origen católico: "Errar es humano, perdonar es divino". Es decir, todos los hombres pueden equivocarse, pero el papa NO, porque él no es humano, es dios aquí en la tierra.

Muchos, para rebatir esta blasfemia de considerar a un hombre "infalible", comienzan a enumerar todos los errores que cometió el apóstol Pedro y que se encuentran registrados en la Biblia; pienso que eso es una injusticia con el amado apóstol, en primer lugar porque él nunca se consideró infalible, muy por el contrario, con sencillez y humildad reconoció sus errores, y en segundo lugar porque Pedro NUNCA fue católico, la iglesia católica, como registra la historia, nació con Constantino en el siglo IV y Pedro no tiene culpa ni relación alguna con lo que decretó Pío IX ni ninguno de los papas, aunque éstos se autoproclamen "sucesores" de Pedro.

Como decía, esta estrategia fue muy conveniente para los intereses de Roma, pero no fue la única. También consolidaron fuertemente las tradiciones de los hombres. Ahora que la palabra del papa era igual a la de Dios, se dieron a la tarea de elevar la tradición de los hombres, al mismo nivel de la Palabra de Dios, la Biblia. Como el papa es "infalible" significa que la iglesia católica no puede equivocarse; las Cruzadas no pudieron ser una equivocación, tampoco la "Santa Inquisición" donde mataron a más de 65 millones de cristianos, judíos y "moros".

El esfuerzo de Roma por elevar la tradición de los hombres a un plano divino y rebajar la Biblia a un origen humano, es obviamente para poder justificar todas sus creencias y prácticas que no aparecen en la Palabra de Dios, y aún están en contradicción con la revelación divina, la Biblia.

Muchas de estas tradiciones de los romanistas fueron inventadas por ellos con fines de lucro explotando la superstición humana, porque la superstición esclaviza, pero la fe en Jesucristo libera al hombre de esos yugos.

Por mencionar algunos casos para que le sirvan al lector como ejemplo y pueda sacar sus propias conclusiones cito: Dos iglesias católicas dicen poseer la cabeza de Juan el Bautista, y siete aseguran tener el dedo de Juan con el que apuntó al Señor para señalarlo como el Cordero de Dios, conclusión: Juan tenía dos cabezas y siete dedos índices.

En aquel tiempo había algunas reliquias verdaderas, pero la mayor parte eran falsas y por lo general ridículas. La iglesia que podía jactarse de poseer en su interior alguna de ellas, se hacía famosa y se constituía en el centro de peregrinaciones y recepción de gran cantidad de ofrendas.

Entre las pretendidas reliquias había muchos pedazos de la cruz del Señor, clavos de la cruz, suficientes para hacer muchas cruces. El monasterio de franco de Centula pretendía tener una choza que pertenecía a Pedro (aunque en nada se asemejaba a la vivienda del que dice ser su sucesor), un pañuelo del apóstol, juguetes de los niños que Herodes mató, cabellos de las barba de Pedro, leche de la virgen María, aunque nunca dijeron cómo la obtuvieron.

Aún en el día de hoy pretenden enseñar cabellos, dientes y huesos de los santos con los que pretenden hacer muchos milagros, esta es la misma rutina que practican los hechiceros en África y diversos lugares del mundo donde todavía se les ve portando esos objetos.

Uno de los más notables engaños fue el de Teramano, quien inventó el fraude de la "Casa Santa", decía que era la casa donde vivió José, María y Jesús, y que había sido trasladada por los ángeles hasta Italia a fines del siglo XIII ; dicen que la virgen misma se le apareció al obispo de Modrino, para anunciarle que esta casa fue trasladada por el aire desde Nazaret a Tersatto en Fiume, y desde allí a Loretto en Italia, es decir que la casa viajó más de 2 mil kilómetros por los aires.

El que asegura ser infalible, el papa, cabeza de la iglesia católica confirmó este absurdo. El papa Pío VII promulgó una bula el 10 de Diciembre de 1806 dándole reconocimiento oficial a ese fraude. Esta historia es creída por todos los peregrinos católicos quienes han dejado un surco con sus rodillas rodeando esa supuesta "Casa Santa", y ha sido una fuente de enormes entradas de dinero para el Vaticano.

Pero veamos lo que Dios tiene que decirnos en Su Palabra, la Biblia, sobre lo que él piensa de la tradición.

Mr. 7: 5-8 "Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? Respondiendo Jesús, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres".

Col. 2: 8 "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo".

(Pablo) Gál. 1:14 "en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos de mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres" Y todo eso que le enorgullecía en el judaísmo, incluyendo sus tradiciones, dice en Filp. 3: 8 que una vez que aceptó a Cristo, todo eso lo consideró como "basura".

El Señor calificó de "hipócritas" a aquellos que desean aferrarse a la tradición de los hombres, para justificar creencias y prácticas que no aparecen en la Biblia, porque la tradición de los hombres, por ser de origen humano, está sujeta a errores e invenciones producto de la imaginación, leyendas y supersticiones. Por este motivo el Señor calificó muy apropiadamente: "La tradición de los hombres" porque es de origen humano, y a la Biblia como la Palabra de Dios, porque es de origen divina.

En Col.2: 8 Dios nos advierte sobre el peligro de la tradición de los hombres que nos puede conducir al engaño, por medio de las artimañas que emplea, que son: la filosofía, las huecas sutilezas, el raciocinio humano, la imaginación, la superstición, el sofismo y otras sutilezas que la Palabra de Dios las llama "huecas", sin valor, no tienen solidez porque son obra de hombres y no de Dios.

A diferencia de esto tenemos la Palabra de Dios, de la cual Cristo dijo: "el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán". Lo único confiable y seguro es la Palabra del Señor, todo dogma, creencia o postulado de fe que no descanse en la infalible Palabra de Dios, es obra de hombres y sería semejante a estar construyendo sobre la arena, como lo hizo el necio que nos relata el Señor en Mt. 7: 26 porque puede estar confiando en invenciones de hombres, fábulas humanas que Satanás y sus agentes pueden elaborar para engañar a los que buscan la verdad y alejarlos del camino de Dios.

Cuando escasea la Palabra de Dios, es que las fábulas, visiones e imaginación de hombres que son producto de la superstición humana, pueden hallar un terreno fértil. La tradición de los hombres es una herramienta muy eficaz para aquellos que perturban y quieren pervertir el evangelio de Jesucristo.

Por esta razón nos advierte Pablo en Gál. 1: 6 "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema".

Es verdad que muchas tradiciones de hombres han perdurado a través del tiempo, pero su antigüedad no es señal de autoridad. En la India todavía existen lugares donde se practican tradiciones que son más antiguas que el cristianismo, por ejemplo una costumbre milenaria que es tristemente recordada en algunos lugares, es que el mismo día que fallece el marido, la viuda debía ser enterrada junto a él. Es una tradición mucho más antigua que cualquiera de las de Occidente, pero eso no significa que tiene la aprobación del Señor.

Dios nos exhorta en Su Palabra a no creer nada que esté fuera del evangelio de la gracia de Jesucristo, ni a un apóstol, sea Pedro o cualquier otro, menos a un impostor; ni a un mensajero del cielo, porque Satanás tiene poder para disfrazarse como un ángel de luz (2Cor.11: 14). No dice que Satanás "puede", sino que dice "se disfraza", al igual que sus ministros; no consiste en una posibilidad, sino de un hecho real.

Por este motivo no debemos dar credibilidad a ninguna de las "apariciones" que algunos dicen haber visto de algún santo o santa de la antigüedad, porque indudablemente se trata de una astucia de Satanás para desviarnos de la verdad. Dios no se vale de esos medios que él mismo ha prohibido, "la comunicación con los muertos", con los que han partido a la eternidad, sea al cielo o al infierno (Dt. 18: 11, Lv. 20: 27), lo que es prueba indiscutible que consiste en un engaño más del enemigo de las almas.

Los enemigos de la Palabra de Dios, principalmente aquellos que la quemaron durante siglos, en un esfuerzo por rebajarla a un nivel humano a la misma altura de las tradiciones de los hombres, sostienen que la Biblia es una recopilación de tradiciones humanas para negar su origen divino. Eso es rebajarla a un simple libro de historia escrita por hombres.

Pero los cristianos bien sabemos que ella no solamente contiene la Palabra de Dios, sino que ES la Palabra de Dios, aquella que perdurará; aunque el cielo y la tierra pasaren, porque la Biblia es obra del Espíritu Santo y que el mismo Señor durante su ministerio terrenal confirmó su autenticidad y predicó de ella. La misma Biblia reclama su autoridad divina en todas sus páginas. 2Tm.3: 16 " TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia".

El apóstol Pablo, que fue el instrumento humano que Dios utilizó para escribir el 75% del Nuevo Testamento, dice en Gál.1: 2 "Yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo". Lo que escribió, no fue una recopilación de tradiciones, sino revelación directa del Señor, y no podría ser de otro modo, debido a que TODA la Escritura es inspirada por Dios, ninguna parte está inspirada en la tradición de los hombres.

Lo que deja al descubierto cual es el verdadero propósito de los enemigos de la Biblia, es cuando uno ve con qué fuerza atacan y siembran la duda sobre cualquier pasaje de las Sagradas Escrituras, pero NUNCA han puesto en duda ninguna de sus tradiciones, fábulas humanas; porque todas ellas han sido inventadas por concilios de hombres para sostener sus dogmas y fantasías que no aparecen en la Biblia, y dejan bajo maldición a todo aquel que se atreviera a ponerlas en duda.

Consideran totalmente lícito desconfiar de la Palabra de Dios, pero declaran "anatema, maldito" a todo aquel que no creyera o dudara de la palabra del papa. En cambio el Señor dijo : "Maldito el hombre que confía en el hombre" (Jer.17: 5). "La Escritura no puede ser quebrantada" (Jn.10: 35). "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasará" (Mt. 24: 35).

En las mismas páginas de la Biblia, y en lo dicho personalmente por el Señor, se prueba la imperfección y falta de credibilidad que merece la tradición de los hombres, aún aquella que tuvo su origen en sus propios discípulos, en los que fueron contemporáneos al Señor.

Dice en Jn.21: 21 en adelante, cuando Pedro, antes que el Señor volviera al cielo le preguntó sobre Juan : "cuando Pedro vio a Juan, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?".

¿Nos damos cuenta que no podemos confiar en las tradiciones? ni en aquellas divulgadas por los propios discípulos que fueron contemporáneos del Señor.

Los cristianos no estamos siguiendo tradiciones de hombres, fábulas ni leyendas del mundo, sino la infalible Palabra de Dios. Tampoco los discípulos del Señor siguieron ni predicaron sus creencias basándose en algo tan débil e inseguro como son las tradiciones de hombres, sino que predicaron la Palabra de Dios, no las palabras de hombres. Hch.18: 28 "Porque con gran vehemencia refutaban públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras, que Jesús era el Cristo".

Todas las enseñanzas de Jesús estuvieron siempre basadas en las Escrituras, las veces que mencionó la tradición, fue para condenarlas. Ese fue el ejemplo que nos dejó el Señor, por ejemplo en Lc.24: 27 les decía a sus discípulos en el camino a Emaús : "Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, Jesús les declaraba en todas las Escrituras, lo que de él decían".

El Señor reconoció la autoridad divina de la Biblia y nos manda escudriñarlas, en cambio todas las veces que habla en la Palabra de Dios sobre la tradición, es para advertirnos del peligro de éstas, porque no son más que enseñanzas de hombres, muchas de ellas, frutos de la superstición humana, o fueron inventadas por conveniencias para sostener creencias y prácticas que Dios no ha mandado.

Dios terminó su revelación divina al hombre, escribiendo en la última página de la Biblia su sello divino con el cual concluyó su Santo Libro con las siguientes palabras: "si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él, las plagas que están escritas en este libro". Y allí se acabó la revelación de Dios al hombre, porque lo perfecto, la Biblia, contiene todo lo que necesitamos saber.

Son los enemigos de la Biblia los que siempre están haciendo esfuerzos para desacreditarla y bajarla a un nivel humano, a un mismo plano de la tradición de los hombres. Como no pueden subir la tradición a un grado divino, pretenden bajar y desprestigiar la Palabra de Dios para concederle a ambas la misma autoridad.

Estos son los mismos que durante siglos, en un desprecio y odio diabólico por la Palabra del Señor, no solamente quemaron las Biblias, sino que en la llamada "Santa Inquisición" mandaron a las llamas de la hoguera a millones de fieles cristianos por el sólo delito de querer obedecer al Señor de leer las Sagradas Escrituras.

No se confunda: La tradición es la palabra de los hombres

La Biblia es la Palabra de Dios.

 


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