Por Jack Fleming









Capítulo 7

"Israel tenía un sumo sacerdote que era un hombre. La iglesia tiene un Sumo Sacerdote Perfecto y Eterno".

En el Antiguo Pacto Dios escogió de entre las doce tribus de Israel, solamente a la tribu de Leví para levantar sacerdotes que le sirvieran en el tabernáculo y posteriormente en el templo. Y de ellos, uno solo que sería el sumo sacerdote.

En Heb.5:1 nos dice que éste: "es tomado de entre los hombres" para actuar delante de Dios. Su misión era representar a los hombres ante Dios, razón por la cual su humanidad era esencial.

Debido a que pertenecía a la raza caída tenía muchas limitaciones; la primera era su propio pecado. Pero esto mismo hacía brillar con más intensidad la misericordia divina.

Heb.5:2 "para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad".

Como estaba rodeado de flaquezas, podía acercarse solamente una vez al año, Lv.16:2 "no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera".

Por esta causa, debido a la naturaleza pecaminosa que poseía, debía ofrecer primeramente por sus propios pecados antes de acercarse a Dios. Heb.5:3 "debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo". Previamente tenía que lavarse, vestirse de lino blanco y ofrecer un becerro en expiación por sus propios pecados.

Únicamente en el gran día de la expiación podía entrar al lugar santísimo. Con cuanto temor y temblor levantaría el velo que separaba el lugar santo del santísimo, para introducirse donde Dios se manifestaba a su pueblo terrenal.

Entre los adornos que componían su indumentaria para esa ocasión tan especial, estaban las campanillas que colgaban de sus vestiduras. El pueblo afuera escuchaba ese ruido de campanillas cuando el sumo sacerdote se acercaba a la presencia de Dios.

Cuando este sonido cesaba, sabían que había llegado al lugar santísimo; todo el pueblo en un silencio sepulcral aguardaba muy tenso y temeroso, para saber si la ofrenda por sus pecados había sido recibida por Dios.

Cuando ese silencio angustioso era quebrantado nuevamente por el sonido de las campanillas que indicaban que su expiación había sido aceptada, todo el pueblo prorrumpía en gritos de júbilo.

Cada año debía repetirse esa ceremonia, porque no les hacía perfectos ante Dios. Habían cumplido con todo lo que se les había ordenado, pero no era suficiente.

Heb.10:1-3 "Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados".

También la inferioridad de estos sumos sacerdotes queda de manifiesta, no solamente por la repetición constante de sus sacrificios, sino que además debido a su vida terrenal limitada, necesitaban ser substituidos constantemente. Heb.7:23 "los sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar"

A diferencia de esto, en el cristianismo tenemos un Sumo Sacerdote infinitamente superior, por su Perfección y Eternidad, de tal modo que con un solo sacrificio nos hizo perfectos para siempre.

Heb.7:24-27 "mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable, por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes de ofrecer sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo UNA VEZ para siempre, ofreciéndose a sí mismo".

Nuestro Sumo Sacerdote no solamente es Dios mismo, sino que también tomó un cuerpo humano en el cual se sometió a todas nuestras limitaciones, pero sin pecado.

Heb.4:14-16 "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".

Gloriosa y sublime diferencia existe entre los sacerdotes de Israel, con nuestro Bendito y Divino Sumo Sacerdote, Cristo Jesús, quien permanece para siempre e intercede por nosotros.

Es Dios, pero también fue varón de dolores, experimentado en quebrantos; por lo cual puede compadecerse de nuestras debilidades.



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