Por Jack Fleming
















Capítulo 5

"Israel tenía un sacerdocio limitado a la tribu de Leví. En la iglesia todos somos sacerdotes".

Cuando Dios sacó a Israel de Egipto, su propósito original fue que todos los israelitas fueran sacerdotes para él. Esto lo leemos en Ex.19:3 "Y Moisés subió a Dios, y Jehová lo llamó desde el monte diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciará a los hijos de Israel:

Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa".

En primera instancia destaca el hecho que la ley la entregaba exclusivamente a la nación de Israel, a la casa de Jacob, quienes serían el pueblo especial de Dios, o como literalmente les dice: "vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos". Les entrega la ley y les revela el propósito divino que todos ellos sean gente santa y un reino de sacerdotes.

Conocemos el desenlace de este pueblo que muy pronto cayó en rebeldía, y como se construyeron un becerro de oro para adorarlo, Dios tuvo que aplicar disciplina sobre ellos. Debido a la postura que solamente la tribu de Leví asumió, el privilegio del sacerdocio les correspondió exclusivamente a ellos.

Ex.32:26 "se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví".

Nm.3:5 "Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Haz que se acerque la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le sirvan, y desempeñen el encargo de él, y el encargo de toda la congregación delante del tabernáculo de reunión para servir en el ministerio del tabernáculo".

Fue así como la nación de Israel se perdió la bendición de ser cada uno de ellos un sacerdote, y esta responsabilidad y privilegio recayó exclusivamente sobre la tribu de Leví.
Pero no todos los levitas eran sacerdotes, Dios impuso otras exigencias. Nm.8:23-24 "Los levitas de veinticinco años arriba entrarán a ejercer su ministerio en el servicio del tabernáculo de reunión. Pero desde los cincuenta años cesarán de ejercer su ministerio, y nunca más lo ejercerán".

También en Nm.18:21 dice: "He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio". Y explica en los versos 23 y 24 porqué les había asignado el diezmo a los sacerdotes levitas: "porque no poseerán heredad entre los hijos de Israel, porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda, por lo cual les ha dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad".

Cómo contrastan estas exigencias que Dios mandó para ellos, con la realidad de los empresarios de la fe de nuestros días, que pomposamente y en forma vana se hacen llamar "los levitas espirituales". No solamente porque la mayoría de ellos son mayores de cincuenta años, sino por los verdaderos imperios económicos que han levantado para lucro personal, y peor aún, pidiendo ese dinero "para el Señor".

Ahora en la iglesia no existe el sacerdocio levítico, que se basaba en la descendencia directa de la tribu de Leví, y que se caracterizaba por las ceremonias y ritos que debían realizar. Hoy, como lo dijo el Señor: "la hora viene, Y AHORA ES, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad".

En Heb.7:12 claramente señala que hubo un cambio de sacerdocio. Inclusive el Sumo Sacerdote que tiene la iglesia, no es de la tribu de Leví, sino de la tribu de Judá. Heb.7:14 "manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio".

Heb.9:1 "Ahora bien, aún el primer pacto TENÍA ordenanzas de culto y un santuario terrenal". Qué importante es leer la Palabra de Dios correctamente, dice que "tenía" ordenanzas de culto.

El tiempo del verbo está en pasado, porque ese pacto y ese sacerdocio, llegado Cristo, había pasado para dar lugar a un nuevo sacerdocio, el cual no está establecido sobre un culto ceremonial de carácter terrenal; sino que "ahora es" cuando los verdaderos adoradores, adorarán en espíritu y en verdad".

Cuan preciosa, gloriosa y amplia es la bendición que ahora nos ha otorgado a la iglesia, ya no está limitada a un grupo determinado, ni tiene carácter de ritos y ceremonias terrenales. Ahora todos los creyentes que hemos nacido de nuevo, y que constituimos Su iglesia, somos sacerdotes del Dios Altísimo.

Ap.1:5-6 "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre".
1Pd.2:5 "sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo".

Los sacerdotes levitas debían ser ungidos con aceite al inicio de su sacerdocio, como señal de su consagración. Todos sabemos que el aceite es figura del Espíritu Santo, y que en el Antiguo Testamento Dios habló por medio de figuras, símbolos, sombras de la realidad que habría de venir.

Así que llegada esa realidad (el Espíritu Santo), el simbolismo desaparece para dar lugar a esa gloriosa verdad. Todo hijo de Dios TIENE el Espíritu, y si alguno no lo tiene, no es de él (Rm.8:9).

Dios nos asegura en Su Palabra que ahora somos templos del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo mora en nosotros (1Cor.3:16). Y esta gloriosa realidad, siendo una sola experiencia que recibimos el día de nuestra conversión, la expresa de diferentes maneras según sea el aspecto que desea destacar.

Cuando la presenta como "la unción", es para recordarnos que todos los que hemos recibido el Espíritu Santo, ahora, además de ser hijos de Dios, miembros de la iglesia del Señor, sellados con el sello divino que nadie puede borrar; fuimos también ungidos POR DIOS (no por hombres), porque nos transformó en reyes y sacerdotes.

1Jn.2:20 "vosotros TENÉIS la unción del Santo".
1Jn.2:27 "la unción que vosotros RECIBISTEIS de él, PERMANECE en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe, así como la unción misma os enseña todas las cosas".

Todos los creyentes en la iglesia somos sacerdotes, no existen los laicos; eso corresponde a una invención católica que los comerciantes de la fe han introducido en la iglesia evangélica, para poder ellos subirse a un pedestal más alto que la congregación y transformarse en "los ungidos del Señor" en forma exclusiva.

Hay que tener mucho cuidado al usar ese término, porque cuando la Biblia lo emplea en singular en el Nuevo Testamento: El Ungido, siempre es para referirse al Señor Jesucristo. Por cierto que no es el caso del Antiguo Testamento, porque allí se utiliza para definir a UN rey o UN sacerdote, debido a que obviamente no todos eran reyes y sacerdotes.

Pero ahora en la gracia, todos los que hemos nacido de nuevo somos reyes y sacerdotes, por lo tanto, todos somos los ungidos del Señor. Si un hombre se atribuye el título en singular de ser él: El ungido (como sucede en muchas iglesias), ese hombre se está colocando en el lugar que le corresponde exclusivamente al Señor Jesucristo, está usurpando el lugar del Señor.

Sería igualmente de irreverente que se hicieran llamar "El hijo de Dios" cuando todos en la iglesia lo somos, o "El sacerdote" y al resto les denominan "laicos".

Esta deificación de que se han revestido se aprecia también en los términos que emplean para hablar, dicen: "Mi iglesia" cuando la iglesia es del Señor, la cual Él ganó por su preciosa sangre (Hch.20:28), "Mis ovejas" "Mis oficiales" "los laicos".

También se atribuyen el poder de "ungir", cuando todos los creyentes hemos sido ungidos POR DIOS, 2Cor.1:21 "el que nos ungió, es Dios".

Es mi súplica al Señor, que el Espíritu Santo abra los ojos de los ciegos y puedan no solamente corregir su hablar y dejar de darle gloria al hombre, sino que aprendan a disfrutar de este tremendo privilegio que nos fue otorgado de ser "ungidos por Dios".

Y como sacerdotes del Dios Altísimo, transitemos libremente por ese camino nuevo y vivo que el Señor nos abrió por medio de Su sangre preciosa, para ofrecer sacrificios espirituales; porque Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

Dejen de conformarse con la actitud de Marta, que estaba afanada en sus muchas labores domesticas, aprendan que la buena parte es la que escogió María, adorando a los pies del Señor.

Cuantas hermanas han permanecido años siendo utilizadas por estos comerciantes de la fe, que las han mantenido ocupadas en la cocina y demás labores, inclusive pidiendo limosnas, en la calle o retirándolas a domicilio, y ni tan siquiera han podido atender quietamente a una reunión para escuchar la Palabra de Dios.

Los frutos que Dios espera de usted, no son el número de empanadas o cafés que haya preparado, o los boletos de las rifas que pueda haber vendido, porque eso lo puede hacer hasta un inconverso. Los frutos de un verdadero creyente son los que Dios dice en Gál.5:22, los que provienen del Espíritu: "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza".

Hermana, hermano, ahora en la iglesia todos somos los ungidos del Señor, todos somos sacerdotes, acérquese confiadamente al lugar santísimo, porque el velo del templo Dios lo rompió el mismo instante en que el Señor ofrendó Su vida.

El camino está abierto para que TODOS los hijos de Dios, los sacerdotes, todos los ungidos por Dios, podamos llegar a Su presencia libremente en los méritos del Señor Jesucristo. Él nos revistió con Su manto de Justicia por medio de Su sangre preciosa.

¡Oh Espíritu Santo, permíteles comprender esta preciosa verdad, para que puedan disfrutar plenamente de la presencia del Señor y del verdadero servicio en Sus negocios!


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