Por Jack Fleming










Capítulo 19

"A Israel Dios mandó hacer guerra a sus enemigos. En la iglesia nos manda amar a nuestros enemigos".

Bien conocemos el relato bíblico de la conquista de Canaán por el pueblo escogido de Dios. Todo comenzó, no con el llamado de Abraham de Ur de los Caldeos, sino cuando el pecado y corrupción de esos pueblos llegó a su colmo.

Dios tuvo que actuar para terminar con la inmoralidad de los habitantes de Canaán, porque Su Santidad y Justicia no pudieron seguir tolerándolos, y decidió entregar esas tierras a un pueblo que levantaría de los lomos de Abraham.

Luego vino la esclavitud de Israel por 430 años y su posterior liberación, que con mano poderosa Dios hizo por medio de Moisés. En su cuidado y misericordia con ellos, les mandó rodear por el desierto para evitar una confrontación con sus moradores, porque el Señor sabía que su pueblo aún no estaba preparado para la batalla.

Pero una vez que su nación fue consolidándose, el ejército israelita formándose y fortaleciéndose, Dios los guió para aplicar juicio sobre los pueblos cuya maldad había rebalsado la paciencia del Señor.

Leemos en Nm.21:1-3 "Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y tomó de él prisioneros. Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo:

Si en efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. Y Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos y a sus ciudades".

En Nm. Cap.31 dice: "Jehová habló a Moisés, diciendo: Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas, después serás recogido a tu pueblo. Entonces Moisés habló al pueblo diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová a Madián".

Y así sucesivamente fue Dios cumpliendo su doble propósito, castigar a los moradores de Canaán por la inmundicia de sus pecados que se hicieron intolerables ante la Santidad de Dios, y al mismo tiempo entregar a su pueblo Israel que estaba formando, una tierra donde se desarrollara como nación y por medio de ellos (Israel), entregar luz al mundo que se envolvía cada vez más en las tinieblas del pecado; para no tener que mandar un juicio sobre todas las naciones de la tierra.

El plan divino abarcaba no solo un juicio local sobre aquellos que se habían corrompido, que entre otras cosas, ofrecían a sus propios hijos para ser quemados en sacrificio a los ídolos; sino que Su misericordia estaba preparando una nación santa para entregarle Su revelación divina a su cuidado (Rm.3:2).

Pero más importante aún, preparar la genealogía del instrumento humano que Dios escogería para que el Hijo eterno de Dios (Mt.1:1-17), tomara un cuerpo humano (1Tm.3:16) y de esta forma traer bendición a todas las naciones que estaban sucumbiendo en las tinieblas del pecado.

Luego de la partida de Moisés, Dios levantó a Josué como líder de su pueblo, que sería el general que les guiaría a la conquista de Jericó, la primera ciudad que tomaron, donde se vio claramente una vez más que Dios intervenía a favor de Israel. Josué 6:21 "y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos".

Esta justicia era muy propia de una dispensación como la ley. Ex.21:23-24 "Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente".

El Señor Jesucristo estableció la diferencia que ahora existe entre las demandas para Israel y la iglesia. Él, con su autoridad divina, establece un cambio profundo para dar inicio a otra dispensación, la gracia.

Mt.5:38 "Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo, antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen".

Durante la dispensación de la ley, Dios mandaba inmediatamente su juicio o prosperidad terrenal a Israel; en cambio ahora en la gracia no, los juicios vendrán después del arrebatamiento de la iglesia, durante la Gran Tribulación, y la recompensa para los cristianos también será en las moradas celestiales. Mr.10:21 "tendrás tesoro en el cielo".

Todos los males que somos testigos en nuestra sociedad, no es más que el cumplimiento de una ley divina: "Todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará".
En la dispensación de la gracia, no podemos actuar como lo hizo el pueblo de Israel durante la ley

A ellos les dijo: "ojo por ojo, y diente por diente", pero tampoco en el concepto liviano que lo entiende el mundo, como venganza, sino para que el castigo se aplicara de acuerdo a la proporción de la falta.

En cambio a la iglesia nos manda amar aún a nuestros enemigos. Rm.12:7 "No paguéis a nadie mal por mal, procurad lo bueno delante de todos los hombres, si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, si tuviere sed, dale de beber, pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza".

Obviamente que se está refiriendo a la conducta que debe mostrar un creyente para con su prójimo, pero las leyes del país para condenar al malhechor deben cumplirse. En el contexto de la epístola a los Romanos en el capítulo siguiente dice: (Rm.13:1-4)

"Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo.

¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo".

El mismo ejemplo nos dejó el Señor al perdonar al malhechor que se arrepintió en la cruz, que teniendo poder para hacerlo bajar e impedir su muerte, dejó que la ley se cumpliera. Una cosa es el sometimiento a la ley, y otra muy distinta es tomar la justicia en nuestras propias manos.

Lo que ha llevado a una interpretación errada sobre la aplicación de la ley, y pensar que ahora en la gracia las autoridades no deben condenar; es el caso de la mujer adultera que el Señor perdonó su vida. Pero allí existen dos elementos que no podemos pasar por alto y que el Señor quiso enseñarnos.

Primero, que los que apliquen justicia deben a su vez estar limpios de culpa. Segundo, que ese era un juicio viciado, porque la ley condenaba al hombre y a la mujer que cometieran el adulterio (Dt.22:22).

Dice el relato de Jn.8:4 que "fue sorprendida en el acto mismo de adulterio". Obviamente ambos habían sido sorprendidos, pero al hombre lo habían perdonado. Dios ha dicho que la ley debe ser aplicada sin imparcialidades (1Tm.5:21).

Es evidente la diferencia entre lo que Dios mandó a Israel en la ley, y ahora a la iglesia en la gracia. A Israel le dijo: "Ojo por ojo, diente por diente" y a la iglesia: "Amad a vuestros enemigos".



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