Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 98

¿Está bien que los judíos del día de hoy que dicen haber aceptado a Cristo y aseguran ser salvos, se separen del resto de los gentiles auto proclamándose “Judíos Mesiánicos” e integren a sus cultos muchos ritos de la ley? ¿Tienen ellos un trato diferente de Dios en la cristiandad de acuerdo a la enseñanza bíblica?

RESPUESTA

En primer lugar debo expresar mi profundo amor por el pueblo terrenal que Dios escogió, Israel. Y cómo no habríamos de amarlos si aun Jesús según la carne era judío. Para entender el tema, debemos tener presente que Dios considera a la iglesia como un solo cuerpo, indivisible. Tal es así, que la llama la “esposa de Cristo” (Ap. 21:9).

Por el relato bíblico que Dios nos hace en Su Palabra para nuestra enseñanza, sabemos que la iglesia comenzó el día que descendió el Espíritu Santo sobre los judíos que escucharon y creyeron el mensaje que predicó Pedro. Hch. 2:41 “los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. Todos ellos eran judíos, y la iglesia continuó creciendo: (vr.47) “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.

El primer gentil que nos describe el Nuevo Testamento fue Cornelio (Hch.10). Pero debido a su presencia mayoritaria y el apego a sus tradiciones, los judíos que constituían la iglesia, siempre intentaron ejercer su influencia judaizante entre los primeros cristianos. Su orgullo nacional de haber sido el pueblo escogido, y el mayor conocimiento que ellos poseían de las Escrituras sobre los gentiles que comenzaron a integrarse a la iglesia, les hizo caer en esa arrogancia. Pero ni aun así se atrevieron a autoproclamarse "judíos mesiánicos" porque esa definición no aparece en las Escrituras, únicamente se les conocía a TODOS como "cristianos" (Hch.11:26)"a los discípulos se les llamó cristianos".

Cuando llegamos al cap.15 del libro de los Hechos, ya se había formado un conflicto de proporciones por parte de estos judaizantes, que requirió la firme intervención del apóstol Pablo para rechazar todo aquello que no formara parte del Nuevo Pacto, el de la Gracia, en el cual estaba y está el único cuerpo que Dios reconoce, la esposa de Cristo.

Dios es muy enfático en Su Palabra para afirmar que ese cuerpo no admite división. Que en el día de hoy algunos se autoproclamen “Judíos Mesiánicos” es una insensatez similar a que si los que no somos judíos pretendiéramos llamarnos “gentiles Mesiánicos” separándonos de los que sí lo son. Porque de esta manera estaríamos anulando la verdad bíblica de que el cuerpo de la iglesia es uno solo e indivisible.

Ef. 2:14 “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación”. Hoy en la iglesia no debería existir separación entre judíos y gentiles. Es un sectarismo muy carnal pretender hacer una división en la iglesia entre judíos mesiánicos y gentiles cristianos. Es desconocer completamente las implicancias del Nuevo Pacto que realizó el Señor Jesucristo. Aunque obviamente esto no significa de ninguna manera, que hoy la iglesia sea “la Israel espiritual” como equivocadamente definen algunos errando por desconocer las Escrituras, como tampoco que Dios haya dejado de lado definitivamente a su pueblo terrenal (Israel).

El Señor aún tiene muchas promesas que cumplir con los escogidos de esa nación, pero hoy, en el día de la Gracia, no existe distinción entre judíos y gentiles mesiánicos, porque todos, sin diferencia alguna, somos hijos de Dios que constituimos el único cuerpo que forma la iglesia del Señor, sin murallas intermedias que nos separen. Después que la iglesia llegue a su plenitud y la saque de este mundo, el Señor entrará nuevamente en tratos con los judíos como nación y se cumplirán las promesas que Dios les hizo a ellos (Rm. 11:25-26).

En Gal. 3:24 dice Dios, especialmente a estos judaizantes que ya estaban presentes en la cristiandad de los tiempos apostólicos: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo (instructor, educador, nodriza; Rut 4:16, 2Ry. 10:1-6) para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”.

El gran tema que está desarrollando el apóstol es la salvación por gracia a través de la fe en el Señor Jesucristo, sin más ingredientes. Gal 3:25-26 “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.

También lo expresa de una manera magistral dentro del mismo contexto en el cap.4: 21 “Decidme, los que queréis estar bajo la ley:” Y desde allí expone la alegoría de las dos mujeres, Sara y Agar, que ambas tuvieron un hijo. La de la libre (Sara) representa la promesa (vr. 26) “la Jerusalén de arriba” (Ap. 21:9 “la esposa del Cordero” Ap.21: 22 “no vi en ella templo”). Y el hijo de la esclava el pacto del Sinaí (la ley) Gal.4: 24. Para concluir en el verso 31 con la afirmación de que ahora en la iglesia no tenemos relación alguna con los ritos, ceremonias y propósitos de la ley, porque ahora estando presente Cristo, todo eso queda anulado: “De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre”.

Dentro de este contexto general encontramos lo dicho en Gal.3:28 “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Para la salvación no existe ninguna diferencia entre un hombre y una mujer, un judío o un gentil, porque habiéndose anulado la ley, TODOS debemos entrar por medio de la fe (Ef.2:8), a través de la única puerta de salvación que es el Señor Jesucristo (Jn.10:9), sin ningún otro ingrediente humano, rito o ceremonia, porque la salvación es un regalo, no un premio o recompensa a algún mérito humano (Jn. 10:28 “yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”).

Es verdad que dentro de la iglesia del Señor, Dios Soberanamente ha determinado responsabilidades y limitaciones diferentes para el hombre y para la mujer, que se establecen en otros pasajes del Nuevo Testamento, por ejemplo: 1Cor.14:34, 1Tm.2:11-12, 1Cor.11:5 y 10. También ordena que el hombre “no debe cubrirse la cabeza” en la iglesia 1Cor. 11:4 y 7 lo cual sería abiertamente contrario al uso de la kipa (kapele) como lo hacen los judíos modernos.

También a los judaizantes de ayer, y a los de hoy, les tiene que decir con mucha vehemencia a aquellos que querían introducir los pobres y débiles rudimentos de la ley (“pobres y débiles” en comparación con la realidad misma de aquellas cosas, ahora, estando presente Cristo) para rechazar dentro del cristianismo los ritos, ceremonias y observancias de días: Gal.4:9-11 “¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.

Hoy, en la iglesia, tenemos solamente un solo día para recordar, el primer día de la semana día del Señor, el Domingo. Y únicamente dos ordenanzas, el bautismo y la cena del Señor. Esta es otra de las diferencias establecidas por el Señor que separa al judaísmo del cristianismo. El judaísmo, por ser una religión, estaba desbordante de ritos y ceremonias; en cambio el cristianismo, que es una fe (no una religión), se caracteriza por su simpleza debido a que ahora está la presencia y fragancia misma del Espíritu Santo. Jn. 4:23 “Mas la hora viene, y AHORA ES, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.

Gal. 3:3 “¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” Estando ya presente Cristo (Heb.9:11), todas aquellas cosas que eran “sombras y figuras” (Heb.8:5, 10:1), “queda abrogado a causa de su debilidad” (Heb.7:18). “Anulado” Col.2:14 “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”.

JAMÁS Dios ha dispuesto una división o responsabilidades diferentes para los judíos que se convierten al cristianismo (como lo hace en el caso entre los hombres y las mujeres que constituyen la iglesia), con los que no son judíos dentro de la iglesia. Respeto mucho a los judíos y sus ceremonias, pero ellas están para ser practicadas por los que continúan esperando al Mesías y que aún no son salvos, no para aquellos que creemos que Cristo ya vino y formamos parte de ese cuerpo indivisible que es Su iglesia.

En los días de los apóstoles, durante el concilio de Jerusalén que se relata en Hch. 15, Pablo reprendió enérgicamente a esos judaizantes que querían imponer ritos y prácticas establecidas dentro de la ley. Vr. 10 “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?”.

Aquí en Hch. 15 está insistiendo específicamente sobre las responsabilidades de los gentiles, debido a que ellos eran una pequeña minoría que estaba recién incorporándose a la iglesia. Pero cuando han pasado los años y la iglesia ha traspasado las fronteras de Israel, ahora insiste que Gal.3:24 “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo” Vr.25 “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” Vr.26 “pues TODOS sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. Ahora no existe diferencia en la iglesia, todos somos hijos de Dios. Todos ingresamos por la misma puerta de salvación que es Cristo. Vr. 28 “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

En la Era cristiana Dios distingue tres grupos en la humanidad: Judíos, gentiles y cristianos. 1Cor. 10:32 “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”. Por lo tanto es absolutamente antibíblico hablar de “judíos mesiánicos” porque si ahora se han convertido al cristianismo, no tiene la menor importancia cual sea su nacionalidad de origen. De igual manera es inapropiado para un no-judío, referirse al tiempo que era inconverso, como cuando era “gentil”.

El origen étnico (judío o gentil) en el cual nacimos en este mundo, no tiene ninguna importancia dentro del verdadero cristianismo que reconoce Dios, porque ahora en Cristo, nuestra ciudadanía es la celestial (Filp.3:20). Todos somos sacerdotes, y no solamente los de la tribu de Leví como era en el antiguo pacto (Ap.1:6) “nos hizo reyes y sacerdotes para Dios”. (1Pd. 2:9) “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”.

Si hubo un judío que tuviera algo especial que manifestar dentro de la iglesia de acuerdo a su origen, ese fue el apóstol Pablo: Filp. 3:5-8 “Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.

Todo aquello que algunos “judíos mesiánicos” pretenden exhibir como “diferente” o “especial” apelando a su descendencia judía, Pablo lo estima como “basura” al compararlo con lo que hoy tenemos en Cristo. Porque en la iglesia del Señor todos somos iguales, cualquiera sea su origen; todos somos hijos de Dios, reyes y sacerdotes.

Cuando el Señor se lleve su iglesia a las moradas celestiales que fue a preparar, entonces los judíos que quedarán aquí en la tierra por haber rechazado al Señor Jesucristo como a su Salvador y que obviamente no formaban parte de la iglesia, comenzarán a ser recogidos dentro las promesas que Dios les hizo a ellos cual pueblo terrenal y que aún no se han cumplido. Serán salvos, pero así como por fuego, porque tendrán que pasar por la Gran Tribulación.

También resulta muy triste ver la dirección equivocada que está tomando esta corriente judaizante en el día de hoy, que hasta existen iglesias que han comprometido grandes sumas de dinero para la construcción del templo en Jerusalén, olvidando o ignorando que ese templo que edificarán, será en el cual se sentará el Anticristo exigiendo adoración como dios (2Ts.2:4). Si desea conocer más sobre este tema, le invito a leer el libro que presento gratuitamente en este sitio web de EstudiosMaranatha.com en la sección eLIBROS “25 diferencias entre Israel y la iglesia”.



Volver al indice

¿Este sitio web ha sido de su interés? Envíe nuestra dirección a sus amigos.

www.EstudiosMaranatha.com