Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 83

¿Nos reconoceremos en el cielo?

RESPUESTA

La enseñanza de la Biblia es que cuando venga el Señor a buscar Su iglesia, los que estemos vivos durante ese magno evento habremos de recibir un cuerpo de gloria, lo mismo que aquellos hijos de Dios que ya partieron a Su presencia pero lo hicieron sin sus cuerpos mortales.

En esa resurrección de los creyentes y arrebatamiento al cielo de Su iglesia con cuerpos de gloria, seremos trasladados por el Señor a esas moradas celestiales que fue a prepararnos.

1Tes. 4:15-17 “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

1Cor. 15:51-53 “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.

La promesa de Dios para todos los que hemos recibido la salvación que el Señor Jesucristo nos entregó a través de Su sacrificio en la cruz del Calvario, es que habremos de recibir un cuerpo de gloria, con el cual subiremos a las moradas celestiales cuando Él vuelva por los suyos.

Filp. 3:20-21 “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya”.

Cuando habla de un cuerpo de gloria, semejante al cuerpo de la gloria suya, se está refiriendo a un cuerpo infinitamente superior al actual cuerpo de humillación que tenemos, sujeto al pecado y las limitaciones terrenales.

Si en el día de hoy con los simples cinco sentidos que poseemos somos capaces de reconocernos, ¿por qué no habríamos de poder hacerlo cuando recibamos un cuerpo de gloria superior al actual? Es evidente que ese cuerpo será también más inteligente, no más torpe o más escaso de entendimiento. No concibo comprender por qué algunos piensan que en ese cuerpo celestial habremos de ser más tontos o menos inteligentes.

Cuando el Señor mostró Su gloria a sus discípulos en el monte de la transfiguración, ellos pudieron reconocer a Elías y a Moisés aún sin haberlos conocido anteriormente, eso fue parte de la revelación divina que nosotros también habremos de poseer en el cielo.

Mat 17:3-4 “Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías”.

En el relato que hace el Señor sobre el rico y Lázaro, el cual no puede ser considerado una parábola, porque una parábola es una historia de sucesos terrenales que se añaden al relato para explicar cosas espirituales, nunca incluye nombres de personas, porque solo presenta situaciones de carácter general. Allí en Lc. 16 se menciona que Abraham reconoce a Lázaro.

En la gloria no existirá el “amor” terrenal, el cual es egoísta y parcelado, porque hoy poseemos diferentes sentimientos que identificamos como “amor”. Uno es el amor que tenemos para nuestra esposa, otro para nuestros padres, otro para nuestros hijos y otro distinto y menor para los más lejanos, pero en la gloria amaremos a todos por igual; allí no existirá el concepto de “núcleo familiar” que hoy poseemos en nuestros corazones mezquinos.

En el cielo nos podremos reconocer y amar, pero no en el concepto de familia que tenemos acá en la tierra, allá amaremos como Dios ama. El Señor Jesucristo fue muy explícito sobre esta materia durante su ministerio terrenal:

Mat 12:47 -50 “Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”. Así amaremos en el cielo, a todos por igual.

Cuando los saduceos, quienes no creían en la resurrección de los muertos, preguntaron al Señor para tentarle, si una mujer que había enviudado y tenido siete maridos, en la resurrección ¿de cuál de ellos sería su mujer?

Mar 12:24-25 “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos”.

Cuando entremos al cielo nos reconoceremos, pero entraremos en una dimensión superior, donde el concepto de amor será como el de Dios, por lo tanto tampoco hemos de preocuparnos de pasar toda una eternidad junto a esos hermanos difíciles. Además, todos habremos de ser elevados a un grado de perfección superior, allá no existirá la envidia, la competencia, la deslealtad ni ninguno de los defectos carnales que hoy poseemos.



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