Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 73

¿Cómo se puede reconocer a un verdadero siervo de Dios, entre tantos impostores que existen hoy?

RESPUESTA

El apóstol Pablo nos advirtió sobre este mal en Hch.20: 29-30 “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.

El Espíritu Santo reveló al apóstol de esta terrible condición que afectaría a la iglesia. Y que estos malos hombres se levantarían de entre la cristiandad, falsos hermanos que se introducirían disfrazados de ovejas (en este caso de pastores) y no son más que lobos rapaces.

Dios nos instruye en reiteradas ocasiones sobre este mal que afectaría a la iglesia, especialmente en los últimos tiempos. 1Tm.6: 5 “hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales”.

En 2Tm. 3: 1-5 también nos exhorta a estar alertas sobre estos lobos rapaces que se han levantado como líderes de iglesias: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”.

Cuando menciona que “tendrán apariencia de piedad”, está indicando que estarán dentro de las iglesias, principalmente en el liderazgo de ellas. Que hablarán grandes cosas para captar seguidores. Todos se caracterizan por decir que Dios les ha hablado directamente a ellos, privadamente, a nadie más en la iglesia, de esta manera ninguno puede comprobar la veracidad de tal “mensaje”.

La Biblia nos dice que esta condición iría de mal en peor, 2Tm.3: 13 “mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”. 4: 13 “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a la fábulas”.

Todos estos engañadores se caracterizan por tres cosas fundamentales:

1.- Que se apartaron de la verdad. Jesús dijo: “Mi palabra es verdad”, pero ellos han dejado la Palabra segura y confiable que es la Biblia, para volverse a las fábulas, “nuevas revelaciones” y supuestas “visiones y mensajes” que Dios les estaría entregando solamente a ellos, porque son como dice la Biblia: vanagloriosos, fatuos, presumidos y gustan hacer alarde de grandes cosas. Si esas “nuevas revelaciones” fueran efectivamente una Palabra que Dios les entregó directamente a ellos, como fue en el caso de los apóstoles (Pablo, Juan), entonces deberíamos escribirlas y añadirle nuevas páginas a la Biblia.

Todos estos personajes se presentan como un “mensajero” muy especial de Dios y que traen un mensaje directo del Señor, quien les ha hablado directamente a ellos. Sin embargo el cristiano sabio y prudente conoce que Dios ha dicho que cuando se terminara de escribir la última página de la Biblia, se acabarían las revelaciones (1Cor.13: 8), y es más, que el Señor condena y deja bajo maldición a todo aquel que se presente con una nueva revelación, posterior a la Biblia (Ap.22: 18).

2.- Son amantes de las riquezas y del lujo. Hemos leído en los pasajes que citaba directamente de la Biblia, que ellos son avaros, traidores, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, pero aún así, se cuidan de mantener una apariencia de piedad.

Lo más triste de todo esto, es que sus riquezas han sido acumuladas engañando, pidiendo dinero “para el Señor”, cuando en la realidad es para el señor que está liderando el ministerio.

Que un rico gaste su dinero como le dé la gana, eso a nadie debería importarle mayormente, aunque no deja de hacer notar su falta de sensibilidad por los más desposeídos. Pero cuando uno de estos “mensajeros de Dios” que han acumulado sus riquezas utilizando el nombre Santo del Señor Jesucristo, hacen ostentación pública de su opulencia, de la abundancia de su dinero mal adquirido, eso, comprendo que provoca santa indignación. Tito 1: 10-11 “hay muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, a los cuales es preciso tapar la boca”.

Leímos que Dios dice en Su Palabra que estos personajes engañan, y ellos mismos llegan a engañarse. Es decir, tanto es lo que miente, que finalmente se creen sus propias mentiras. Y es así como han elaborado ese “otro evangelio” que ellos predican, el de la prosperidad y de la codicia. Por tanto, no tienen ningún escrúpulo en hacer ostentación de sus riquezas que han acumulado de esa forma tan denigrante, y los vemos utilizar ese dinero que pidieron “para el Señor”, en comprarse lujosas propiedades, varios automóviles, incluso los más exitosos de estos exponentes del evangelio de la prosperidad, tienen sus propios aviones privados con los cuales se movilizan lujosamente por todo el mundo para incrementar los ingresos de sus alcancías.

No se necesita ser un conocedor profundo de la Biblia para determinar la diferencia que existe entre estos inescrupulosos y engañadores (lobos rapaces), con el ejemplo de austeridad que nos dejó el Señor Jesucristo y todos los fieles cristianos que desde los días apostólicos y a través de los siglos, han cargado su cruz y han seguido al Señor lleno de privaciones y sinsabores.

Estos embusteros hasta se atreven a proclamar en su osadía, que si alguien está en pobreza o enfermo, es consecuencia de algún pecado y falta de fe. Sin embargo, cuando leemos el testimonio de uno de los hombres más fieles y consagrados, cuya fe y honestidad no se puede poner en duda, leemos del apóstol Pablo:

2Cor.11: 23-29 “en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez. ¿Quién enferma, y yo no enfermo?

Si en el día de hoy se presentara alguien a una iglesia de estos comerciantes de la fe con un testimonio como éste, seguramente que lo expulsarían rociándole con “agua bendita” (o con “aceite bendito”) e intentaría hacerle un “exorcismo”. Con justa razón dijo el Señor: (Mr. 10: 24) “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!”.

Además el Señor ha indicado como característica de los falsos profetas: (Lc 6:26) “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas”.

3.- Tienen muchos seguidores. Porque el hombre siempre ha amado más la mentira que la verdad, incluso el Señor nos dice que a éstos, que persisten en la mentira, (2Ts.2: 11) “Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira”.

Hch.20: 30 “de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”.
Mt. 24: 12 “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.
2Jn.1:7 “muchos engañadores han salido por el mundo”.
Mt.24: 5 “vendrán muchos en mi nombre” (diciendo que Yo les he hablado). Mt. 24: 11 “muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a MUCHOS”

Dios siempre en Su Palabra estableció que su iglesia sería una “manada pequeña”. Que pocos serían los que se salvan. Nos habla de un camino angosto que lleva a la ciudad celestial, de una puerta angosta. Todo eso indica que su número sería pequeño. Y precisamente lo que caracteriza a estos falsos ministerios, es la enorme cantidad de adeptos que poseen.

Y porque el hombre cree más la mentira que la verdad, es fácil establecer que en esas enormes multitudes, donde abunda la música estridente, el jolgorio, los aplausos y la euforia emocional, y por supuesto las repetidas ofrendas “voluntarias” más la recolección del diezmo, la venta y el comercio; donde hasta el edificio es fastuoso (muy diferente al hogar del Señor). Donde se aprecia a simple vista que es una iglesia rica y poderosa, no le quepa la menor duda que el Señor no está en medio de ellos, sino que llamando a la puerta por ese hermano que está en el lugar equivocado.

Ap.3: 17-20 “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. He aquí, yo estoy a la puerta (no en medio de ellos) y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él (no dice con ellos), y él conmigo”.

Teniendo presente estas tres características que le he señalado, no podrá equivocarse; le será muy fácil distinguir a estos impostores que Dios califica de lobos rapaces disfrazados con piel de cordero, no son otra cosa que comerciantes de la fe.



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