Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 71

¿Cómo pueden tener comunión entre ellas o ser ubicadas las iglesias que se reúnen en las casas, si dice que éstas no tienen sede central, ni lista de directorios o letreros distintivos en sus puertas?

RESPUESTA

El Señor Jesucristo cuando mandó a sus discípulos a predicar a diferentes ciudades, les dijo: “Mt.10: 11-13 “Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros”.

El problema de nuestros días, es que muchos creen que todo esto que está registrado en la Biblia para nuestra enseñanza, es solamente retórico. Desde los inicios el Señor dice que cuando fuéremos a otra ciudad o aldea, debemos INFORMARNOS quién en ella sea digno, y luego entrar en esa casa. No dice que fuéremos a buscar los letreros o listados de directorios de una ciudad, porque simplemente eso no existe dentro del esquema bíblico.

El cristianismo bíblico estuvo durante tres siglos reuniéndose solamente en las casas. No fue hasta el siglo IV, con Constantino, que nace la iglesia católica y este emperador entrega a esa organización eclesiástica que él formó, los primeros templos, muchos de ellos eran de diversas divinidades que veneraban en Roma, posteriormente comenzaron a construir sus propias basílicas. Pero Constantino conservó hasta su muerte el título de SUMO Pontífice, es decir, Jefe, la cabeza de todos los pontífices (sacerdotes) de las diferentes divinidades que se adoraban en el imperio, incluyendo la católica.

La iglesia que el Señor formó, fue un organismo vivo, un cuerpo; no una organización. Hoy en día estamos tan acostumbrados a las organizaciones que han creado los hombres, siempre con una sede central en alguna parte del mundo, que nos parece demasiado idílico este esquema bíblico que nos enseñan las Sagradas Escrituras.

Los hombres que se han apartado del diseño establecido por el Señor en Su Palabra, han formado diferentes ORGANIZACIONES para marcar los dominios de sus distintas denominaciones: Anabaptistas, Puritanos, Bautistas (del Norte o del Sur), Presbiterianos, Hermanos libres (o cerrados y exclusivos), etc. Y cada una de ellas está vinculada con una cabeza terrenal de los líderes que dirigen estas organizaciones mundiales. Incluso algunas aún se identifican con el nombre de algún gran siervo de Dios de la antigüedad, quien por cierto no tiene ninguna responsabilidad en esto, por ejemplo: Lutero, Wesley, etc.

Resulta muy evidente que no consideran la exhortación que Dios hace en Su Palabra por medio del apóstol Pablo, quién reprendió con mucha vehemencia este mal: 1Cor.3: 3-4 “porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y divisiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?”.

La iglesia que nos revela la Biblia, es la que el Señor Jesucristo la definió como: (Mt.16:18) “MI iglesia”, porque es de Él, quien es la única Cabeza. Y Su único representante aquí en la tierra es el Espíritu Santo. Sus únicos estatutos y libro que los gobierna es la Palabra de Dios, porque al Señor no se le olvidó ningún detalle que deba ser añadido, modificado o actualizado por el hombre. Sin embargo estos que hacen adiciones suplementarias, gustan mucho de citar (según sea sus conveniencias) que “el Señor es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

La iglesia universal, es la esposa de Cristo, la que el Señor vendrá a buscar cuando Él vuelva. En esa iglesia no existen las barreras divisionistas que el hombre ha levantado en abierta oposición a lo establecido por Dios en Su Palabra. Está constituida por TODOS los creyentes que han nacidos de nuevo, encuéntrense en la denominación que sea.

Naturalmente que si se trata de un lugar que abiertamente es contrario a las enseñanzas que Dios nos ha dejado en Su Palabra (en sus doctrinas y prácticas), el Espíritu Santo se encargará de sacarlo de allí, según es la promesa del Señor (Jn.16:13) “Él os guiará a toda verdad”.

La iglesia local debería ser una réplica de esa iglesia universal. Tendría que estar constituida exclusivamente por los que han sido salvados en la sangre preciosa de Cristo y sometidas al señorío de su Única Cabeza. Su número mínimo lo estableció el Señor (sin importar lo que hoy digan los hombres) en Mt.18: 20 “donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Así eran las iglesias locales que se registran en la Biblia para nuestra enseñanza, y continuaron durante tres siglos reuniéndose con la misma sencillez, hasta que muchos se casaron con la oferta que les hizo Constantino en el siglo IV.

Dice la Biblia que estos cristianos fieles se reunían en las casas, desde el mismo día en que descendió el Espíritu Santo durante el día de Pentecostés y así continuaron como lo registra la Palabra durante toda la época apostólica:

Rm.16: 5 “Saludad también a la iglesia de su casa”.
Col.4: 15 “Saludad a Ninfas y a la iglesia que está en su casa”.
Flm.2 “arquito y a la iglesia que está en su casa”.

Pese a la modalidad establecida por Roma de reunirse en grandes edificios que fueron levantados con un sello característico, la historia nos enseña que Dios siempre se ha preservado de ese remanente fiel, que a través de todos los siglos y las más crueles persecuciones, mantuvieron hasta nuestros días esta sana costumbre de reunirse solamente en las casas.

Seguramente que debido a ese sabio modelo diseñado por Dios, que fueron ellos los que pudieron sobrevivir en mejores condiciones a las sangrientas arremetidas de la iglesia católica durante las cruzadas y las crueles persecuciones durante la “Santa Inquisición” que se inició en el siglo XI y se extendió hasta principios del siglo XX.

Cuenta la historia que durante esos siniestros siglos de persecución religiosa, los cristianos se reunían en casas, y para no ser delatados por los informantes de “la Oficina” (como llamaba el pueblo a la oficina de la Inquisición), tenían que llegar a diferentes horas a la casa señalada y los himnos debían ser leídos solamente, no podían cantarlos.

En este esquema señalado por Dios en Su Palabra, la iglesia local no tiene ningún problema para realizar la Cena del Señor (no el desayuno) con una sola copa y un solo pan, como lo ordena la Biblia (1Cor. 10: 16-17), y realizar las cuatro actividades que se señalan:

Hch.2:42 “Perseverar”. No era algo que se les ocurriera esporádicamente o en forma temporal, según sea el grado de espiritualidad que tuvieran durante el día. Hoy muchos llamados cristianos parecen ascensoristas, viven subiendo y bajando. Caminan, dejan de caminar; se detienen, y más adelante vuelven a caminar. El ejemplo de los verdaderos cristianos que nos señala la Biblia es que ellos: “Perseveraban en el estudio de la doctrina (no se reunían para predicarse el evangelio entre ellos), en la comunión unos con otros, en la Cena del Señor y en las oraciones”.

Efectivamente en las casas donde se reunían no existía ningún letrero, tampoco poseían listas de directorios o una sede central. Esto se aprecia inclusive en las cartas que van dirigidas a cada una de ellas. Tampoco se registra a un personaje que estuviera “sobre” la iglesia y cuyo nombre debiera encabezar la epístola o en los saludos particulares que se incluían al finalizar. Aún en la epístola a los Romanos, donde en el cap. 16 se registra el nombre de tantos hermanos, no existe ninguno “sobre” los demás, porque todos eran iguales, cada uno de ellos miembros del mismo cuerpo y todos muy amados.

Cada hijo de Dios ha pasado a ser una nueva criatura en Cristo (2Cor.5:17). Ahora es de la luz, porque es hijo de luz (Ef.5: 8) “en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz”. Si un creyente debe brillar en el sitio donde está, ¿con cuanta mayor intensidad deberían brillar 5 o 10 que se reúnen en un mismo lugar?

Una iglesia local que se congregue en una casa, con el Señor en medio de ellos, debería poder irradiar suficiente luz para ser conocida y vista desde una gran distancia, sin necesidad de letreros o edificio distintivo que la identifique.

Hoy en día se las conoce por su arquitectura, sus letreros y la denominación que pertenecen. Pero quiten todo eso en cualquiera de ellas y verán que la gente de sus alrededores pensará que la iglesia se ha trasladado a otro lugar o simplemente que han cesado sus funciones.

Sin embargo me ha tocado conocer una iglesia muy amada por mí, que funciona en una casa, en Sudamérica, no tiene letrero ni nada que la distinga de todas las demás que la rodean. Es un sitio muy poblado, pero vienen personas desde muy lejos a congregarse allí. Lo maravilloso es escuchar los testimonios de quienes han llegado buscando esa casa, varios de ellos dicen haber preguntado a 2 o 3 Kms. de distancia a los transeúntes de ese populoso sector, quienes inmediatamente le han señalado con toda precisión el lugar exacto.

¿Cómo pueden saber personas inconversas que viven tan lejos, que allí se reúne un grupo de creyentes? Ellos no salen con altavoces a predicar a la calle y su labor evangelista la efectúan solamente de persona a persona. Creo que su éxito se debe a que allí efectivamente el Señor está en medio de ellos, y cada uno de los creyentes irradia esa luz que se puede distinguir desde muy lejos, sus vecinos inconversos a varios kilómetros a la redonda la pueden ver.

Personalmente no los he visitado hace como tres años, pero hasta acá, en el otro lado del mundo he sabido de su fe, perseverancia y fidelidad. Ahí se cumple literalmente lo que dice Pablo de los hermanos de Roma (Rm.1: 8) “doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo”.

Ahora, para mantener una comunión con otra de similares características, debe unirlas el mismo amor y sumisión al Señor y a Su Palabra. Lo que debe cohesionarlas, no es el modelo de reunión (en casas), sino que la doctrina y completa fidelidad a lo que el Señor ha mandado.

Además debe considerarse que este modelo de iglesia local, no permite un crecimiento numérico desbordante, porque está limitado por la capacidad del lugar y la obediencia al mandato divino, que la Cena se realice con una sola copa. Esto implica que su crecimiento normal se realizará efectuando otras reuniones en otros lugares, donde el Señor quiera poner Su Nombre y que haya hermanos que perseveren con fidelidad en las cosas santas de Dios. Y de esta manera natural se irá incrementando la comunión con otras iglesias locales.

¿Cómo pueden ser ubicadas estas iglesias? El Señor lo ha dicho: “en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno”. Existen muchos lugares de contacto en una ciudad donde los creyentes convergen, por ejemplo las librerías cristianas, aunque no es un medio absolutamente preciso; siempre será indispensable orar y buscar la dirección del Señor en este asunto de vital importancia en nuestras vidas espirituales.

Si no dispone de ningún lugar de reunión que sea de acuerdo al modelo bíblico, será necesario orar, esperar y prepararse para estar listo en el momento que el Señor lo llame a Su servicio. Quizás sea su responsabilidad, cuando llegue el tiempo señalado por Dios, que Ud. inicie una labor en su propio hogar, si es que su testimonio, consagración, santidad y conocimiento sean compatibles para esa responsabilidad.

Si esa es su situación, solamente quisiera concluir recordando el ejemplo bíblico registrado en la Palabra para nuestra enseñanza, en el caso cuando Dios llamó a Gedeón a su servicio:

Primero : Un llamado directo en el momento que Dios escoge (Jueces 6:15).
Segundo : Ordenar su propio hogar (Jueces 6: 25-26).
Tercero : La plena seguridad que es obra del Espíritu Santo, para ello, cuando convoque a reunión, el pueblo se congregará con él (Jueces 6: 34).
Cuarto : Buscar una doble confirmación que es mandato de Dios y no consecuencia de nuestro propio deseo personal (Jueces 6: 36-40).
Quinto : Tener el número que Dios señale para esa labor, y no aumentarlo con métodos humanos (Jueces 7: 1-5).
Sexto : El quebrantamiento del Espíritu, para poder irradiar la luz suficiente en medio de la oscuridad (Jueces 7: 16-20).
Séptimo : Estar firmes en el lugar. Porque, ¿de qué serviría comenzar todo eso, si cuando se inicie la batalla van a huir? (Jueces 7: 21).

Que el Señor los bendiga grandemente y los guíe por medio de Su Santo Espíritu y de las Sagradas Escrituras, y no por medio del gusto de las mayorías, tradiciones, “experiencias”, sueños, o de su propia carne. Que así sea, Amén.



Volver al indice

¿Este sitio web ha sido de su interés? Envíe nuestra dirección a sus amigos.

www.EstudiosMaranatha.com