Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 70

¿Construirán los judíos su templo en nuestros días?

RESPUESTA

Hay quienes se refieren a la existencia histórica de tres templos: El de Salomón, el segundo que construyó Zorobabel, y hablan de un tercer templo que lo asignan a Herodes. Pero la historia nos dice otra cosa.

Sin lugar a dudas el primer templo fue construido por Salomón en reemplazo del tabernáculo, la tienda temporal que los acompañó durante toda la travesía en desierto. David quiso edificar casa para Dios durante su reinado, pero no se le permitió debido a que su gobierno estuvo siempre acompañado de cruentas guerras (2Sm.7).

Pero Dios le concedió la bendición de establecer un pacto eterno con su casa (su familia), y le prometió que su hijo, Salomón, sería quien levantaría ese templo que él anhelaba edificar. En 1Ry. 6 encontramos el cumplimiento de esa promesa cuando el hijo de David, el rey Salomón construyó el primer templo dedicado al Señor.

Luego hallamos durante el gobierno de Ciro, rey de Persia (Esdras 1: 2), que Dios mueve el corazón de ese monarca para que los judíos que estaban en la diáspora pudieran regresar de la cautividad y edificaran nuevamente el templo que había sido destruido en los días del rey Nabucodonosor.

Para esa labor Dios escogió como instrumento a Zorobabel (Esdras 2: 1-2). Hubo gran oposición de los enemigos del pueblo de Dios, quienes lograron paralizar momentáneamente la obra. Luego vemos la intervención de Nehemías (Neh. 13) hasta que finalmente fue terminado el año 515 AC. Aunque para ser justo con la historia, debemos de recordar que en este segundo templo nunca estuvo el arca del pacto, como en el primero.

Este templo permaneció durante casi 500 años, no sin luchas y períodos de profanación, como fue el tristemente recordado caso de Antíoco IV cuando hubo una gran matanza de judíos, saquearon el templo, sacrificaron un cerdo y obligaron a comer su carne a los judíos del templo, rociando con esa sangre todas las murallas del edificio.

Luego vino la lucha de la resistencia judía encabezada por Judas Macabeo, quien logró reconquistar el templo y purificarlo. Después del dominio de los griegos, vinieron los romanos en el año 63 AC.

Cuenta el historiador romano Tácito, que cuando el ejército encabezado por Pompeyo entró en Jerusalén, una gran multitud de judíos se arrojaron sobre el suelo, como una manera desesperada para impedir la entrada de los impíos al lugar santo. Esto hizo pensar a los conquistadores que los judíos ocultaban grandes riquezas en ese lugar, pero luego de entrar brutalmente y buscar por todos los lugares del templo, manifestaron estupefactos que ese lugar era un recinto oscuro y vacío, donde no había ninguna representación de alguna divinidad.

En el año 23 AC. Herodes, para ganarse el favor de los judíos, ordenó la reconstrucción de las ruinas del templo que había dejado Pompeyo. Pero no se puede hablar de un tercer templo asignado a ese déspota conquistador romano cuya tiranía y crueldad registra la historia. Porque si Dios no autorizó a David construir el templo debido a las guerras que acompañaron su reinado, menos aún iba a utilizar a un dictador pagano, idólatra y corrupto como ese. Él solamente reparó, amplió y embelleció el templo para congraciarse con el pueblo.

El Señor Jesucristo predijo la destrucción final de este segundo templo restaurado por Herodes. Lc. 21: 6 “días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra”. Y fue en el año 70 DC., que el ejército romano bajo el mando del general Tito, dio cumplimiento a esta profecía. Aunque dice Josefo, historiador judío, que Tito había dado ordenes específicas de no tocar el templo, pero los soldados, en la violencia y furor de la arremetida, quemaron el templo y lo destruyeron totalmente.

Sabemos por la revelación de la Palabra de Dios, que la iglesia será arrebatada al cielo ANTES de la gran tribulación, período que durará siete años. Y que a la mitad de ese período de siete años de juicios, es decir a los tres años y medio, el anticristo se sentará en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios (2Ts.2: 4, Dn.9: 27, Ap. 13: 5, Ap. 11: 2-3). Esto nos obliga a entender que a lo menos durante la gran tribulación, los judíos habrán levantado un tercer templo, pero éste será ocupado por el anticristo, quien exigirá la adoración como dios.

Esto nos deja en claro una tremenda verdad, que el templo que los judíos levantarán no será ocupado por Dios, sino que será para el anticristo, lo cual nos muestra la insensatez de algunos cristianos e iglesias que están ocupadas en recolectar dinero para la edificación de este tercer templo.

Israel ya tiene todos los materiales para la edificación de ese templo, pero no lo ha podido levantar debido a que el lugar está ocupado por la mezquita de la Roca de los musulmanes en Jerusalén.

El reloj profético de Dios comenzó a marcar su tiempo, desde cuando el Señor plantó nuevamente su higuera (Israel) en el lugar que Él le había asignado (Mt. 24: 32). Y eso ocurrió el 14 de Mayo de 1948, fecha en la cual nació el estado moderno de Israel, reconocido por Naciones Unidas. Posteriormente, en la guerra de los seis días del 5 al 10 de Junio de 1967 reconquistó la ciudad de Jerusalén y la declaró la “eterna e indivisible capital del estado de Israel”.

En este mismo pasaje de Mt. 24, donde el Señor está hablando de Su venida y nos ha dejado esa tremenda señal del retorno de Israel a su tierra escogida por Dios, después de casi dos mil años de destierro, dice en el versículo 34 “De cierto os digo, que no pasará ESTA generación hasta que todo esto acontezca”, refiriéndose a la generación que sea testigo de esta señal. Lo que deja muy claro que nosotros somos la última generación, e indica también que la construcción del templo que los judíos levantarán para el anticristo está muy próximo.

Cuando el Señor se lleve a Su iglesia a los moradas celestiales y la ponga en lugar seguro, entonces comenzarán los siete años de la gran tribulación en la tierra, período en el cual el anticristo se sentará en ese templo como Dios, exigiendo adoración como Dios (2Ts.2: 4).

Al finalizar esos siete años de juicios, después de la guerra del Armagedón, el Señor vendrá hasta la tierra y pondrá sus pies sobre el monte de los Olivos (Zc. 14: 4). En ese tiempo el Señor, cuando establezca Su reinado de mil años después de la gran tribulación, entonces Él mismo levantará Su templo en Jerusalén que se menciona en Ez.40 – 44. Será un templo con características milagrosas, porque un río fluirá desde el santuario:

Ez.47: 1 y 8-9 “he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa…al sur del altar. Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río”.

En consecuencia, quedan dos templos por ser levantados. Uno, el que muy pronto edificarán los judíos, durante ésta generación (Mt. 24: 34) y será el trono del anticristo desde donde exigirá adoración como dios (2Ts.2: 4) durante la gran tribulación, cuando la iglesia ya no esté en la tierra.

Puede ser construido hoy mismo, pero eso no indicará que comenzará inmediatamente los juicios de la gran tribulación, solamente mostrará que el tiempo del fin está mucho más cerca de lo que la gran mayoría piensa. Mt.24: 33 “cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas”.

Y el segundo templo que se edificará en ese futuro cercano, será el que el Señor levantará después de la gran tribulación y cuando comience Su reinado de mil años aquí en la tierra, que será el que se describe en Ez. capítulos 40 al 44.

Pero como siempre ha sido, el templo tendrá implicancias exclusivamente para Israel, no para la iglesia. Ez. 43: 7 “y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre; y nunca más profanará la casa de Israel mi santo nombre”.

La iglesia como lo ha prometido el Señor, estará en las moradas celestiales, obviamente que en el cielo. En Apocalipsis 21, donde describe la Nueva Jerusalén (la celestial), dice en el verso 22 “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero”.

Esto nos indica que existirán dos Jerusalenes en aquel tiempo, la celestial que será la morada de la iglesia, y la terrenal que será de la nación de Israel, donde incluso restaurarán la ley y sus sacrificios.

El templo terrenal durante el milenio en la Jerusalén terrenal (Ez. 40 – 44, Is. 2: 1-3, Miqueas 4: 1-2, Hageo 2: 5-9).
La ley durante el milenio para los judíos (Jer. 31: 31-40)
El Sábado (Is. 66: 23)
Los sacrificios (Is. 60: 7, 13; 66: 20-23; Jer. 33: 15-22; Zac. 14: 16-21; Ez.43: 7 y 18-27).

La conexión entre la Jerusalén celestial y la terrenal, seguramente será parecido a lo que vio Jacob en esa escalera que estaba apoyada en la tierra y llegaba hasta el cielo, por donde subían y bajaban ángeles (Gn.28: 12) Y que el Señor también profetizó en Jn. 1: 51 “De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”.

Para mayores detalles de estos gloriosos eventos que están próximos a acontecer, recomiendo leer el libro que presento gratuitamente en este sitio web en la sección eLIBROS: “La 2ª venida del Señor”.



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