Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 55

¿Debe ser la predicación del evangelio del día Domingo, la única forma de llevar el mensaje de salvación a los inconversos?

RESPUESTA

En primer lugar debo corregir, de acuerdo a la enseñanza y modelo bíblico establecido por Dios para la iglesia y los creyentes en general, que no es conforme a la voluntad ni a lo que el Señor ha mandado, que se predique el evangelio dentro de la iglesia.

Ud. podrá revisar todos los ejemplos de las reuniones que hacían los cristianos EN la iglesia, y no encontrará ninguna de las que se registran en la Biblia para nuestra enseñanza, que hubiera realizado una sola reunión de predicación del evangelio EN la iglesia, porque eso no fue lo que mandó ni estableció el Señor para que se realizara como una reunión dentro de la iglesia.

Las únicas reuniones que menciona la Biblia que efectuaban, eran (Hch.2: 42)
1º El estudio de la Palabra de Dios (la doctrina de los apóstoles).
2º La comunión unos con otros.
3º La Cena del Señor (no el “desayuno” llamado aquí “el partimiento del pan”).
4º La reunión de oración.

Solamente éstas eran las cuatro reuniones que realizaban las iglesias, cuyo ejemplo está registrado en la Biblia para que nos sirva de modelo. Eso es conforme a la voluntad de Dios y de acuerdo al modelo establecido divinamente por el Señor, todo lo demás es de invención humana, incluyendo la reunión de predicación del evangelio.

El hombre, que siempre ha tenido una inclinación irresistible para cambiar lo que Dios ha mandado, seguramente porque se considera más sabio que el Creador o porque piensa posiblemente que el Señor “se olvidó de ese detalle”, insiste en añadir o alterar el plan divino para la iglesia.

¿Qué hubiera sucedido si Moisés no hubiera hecho todo el tabernáculo conforme al modelo que Dios le mostró, y hubiera alterado o añadido alguna de las ceremonias que allí debían realizarse? Indudablemente que una insolencia y atrevimiento de esa magnitud no hubiera recibido la aprobación de Dios. Y el resultado no habría sido el que tuvo su fidelidad y cuidado en obedecer TODO (sin añadir ni quitar) lo que Dios le había mandado.

Ex.40: 16 y 34 “Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo. ENTONCES una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo”.

¿Por qué en muchas iglesias no se percibe la gloria de Dios y el Señor está afuera “llamando para que lo dejen entrar” (Ap.3: 20)? Simplemente porque no hacen todo conforme a lo que el Señor ha mandado.

Las iglesias han dejado de ser un organismo, un cuerpo con una sola Cabeza, la de Cristo (Ef.5: 23), para transformarse en una organización con una cabeza central, que en la gran mayoría de los casos está situada en EE.UU, o Inglaterra, Irlanda, Escocia, Suiza o Alemania. Y deben necesariamente obedecer las órdenes que sus jefes terrenales les imparten.

Siempre un pecado conlleva a otro, porque en algunos casos añaden la hipocresía de negar que sean una organización y que las órdenes provengan de la central. Pero lamentable la realidad es que son hombres los que alteraron el modelo divino para la iglesia y su labor evangelistica. Son ellos los que impusieron esa nueva modalidad que difiere del modelo divino.

El Señor mandó: (Mr.16: 15) “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Dice a todos los creyentes: Id, en modo imperativo, porque es una orden, no algo que haya quedado a la consideración del hombre. Pero sin embargo el atrevimiento y necedad del hombre es inagotable.

Dios ha mandado a TODOS sus hijos: “Id”, pero en cambio el hombre razonó y cambió: “mejor será, que en vez de ir todos hasta donde están los inconversos, que la iglesia les ofrezca cómodas sillas y esperar que ellos vengan hasta donde estamos nosotros, la iglesia, y allí les predicamos el evangelio. Y para cumplir con esa parte del mandamiento que dice "por todo el mundo" será mejor crear algo más innovador, los "misioneros," que aunque no aparecen en la Biblia, será más práctico y fácil de realizar”.

¡Qué osadía la del hombre! Cambiar lo establecido por Dios. Pero al mismo tiempo es un absurdo de proporciones, que la iglesia esté predicándose el evangelio a ella misma. Pero si alguien les hace notar esa irracionalidad, ellos siempre buscarán justificar porfiadamente su cambio: “pero siempre estará presente algún inconverso, incluso algún familiar que aun no conoce al Señor”.

Podrán decir todos los argumentos que quieran, pero la verdad que nadie podrá negar, es que eso NO es lo que Dios ha mandado. Y los grandes perdedores son los creyentes que constituyen esa iglesia que no se ajusta al modelo bíblico.

El diseño dispuesto por el Señor es que cada creyente, en el lugar donde Dios lo ha puesto, allí sea una lumbrera que lleve la luz del evangelio para salvación del inconverso. La orden fue: (Hch.1: 8) “Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Estos desobedientes escogieron enviar “misioneros” primeramente a lo último de la tierra, y que el resto de los creyentes se quede sentado escuchando el evangelio el día Domingo en su propia iglesia. Seguramente por esta razón también se han transformado en una cristiandad raquítica, porque:

Heb.5: 12-13 “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño”. 6: 1 “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos”.

Lo establecido por el Señor (no sé porqué le llaman Señor si no hacen lo que él ha dispuesto), es que cada creyente, primeramente predique en el circulo más cercano, Jerusalén, que corresponde a su propio hogar; luego a sus vecinos, Judea; y así fueran extendiendo su medio de predicación y testificación de su fe hasta llegar a lo último de la tierra. Sin embargo, los indisciplinados escogen comenzar por “lo último de la tierra”.

Es decir, la orden del Señor es que cada uno de los cristianos sea un portador de las buenas nuevas del evangelio, que testifique primeramente de su fe en su hogar, porque si no ordena primeramente su hogar, ¿de qué le puede servir hablar del Señor en otros lugares, si no ha dado buen testimonio en su propio hogar? Esa es responsabilidad de TODOS los creyentes, y no solamente de los predicadores de la iglesia o de los “misioneros”.

El orden divino es que todo hijo de Dios sea un predicador del evangelio, primeramente en su hogar, luego con sus vecinos, también en su trabajo, y posteriormente en algún lugar público si es que el Señor lo ha escogido para esa labor, porque (Rm.10: 15) “¿Cómo predicarán si no fueren enviados?”.

Sin embargo la gran mayoría prefiere comenzar “por lo último de la tierra”, un lugar público para ser admirado, pero no lo hacen en su propio hogar, porque allí es donde mejor nos conocen, y como su testimonio no es consecuente con la fe que profesa, escogen otro lugar donde no conozcan su vida privada.

Es muy fácil hacerlo en la esquina de una calle o desde el púlpito de una iglesia, donde nadie sabe exactamente como somos, pero es mucho más complicado ser “luz” en nuestro hogar, donde nos ven airarnos, decir y hacer cosas impropias de un cristiano. Esta ha sido la causa en ciertos casos, por la cual hijos y esposas de cristianos (algunos de ellos muy activos en la iglesia), se resisten aceptar la Palabra, después de muchos años de asistir a las reuniones.

Siempre va a ser mucho más cómodo hablar del Señor fuera de nuestro hogar, pagarle a un “misionero” y hasta a un líder para que lo haga en la iglesia; para nosotros sentarnos tranquilamente en una silla a escuchar por millonésima vez el evangelio. Por esta razón este sistema ha sido aceptado por las mayorías, sin objetar que no es conforme al modelo instituido por el Señor.

Pero sin embargo, lo establecido por Dios, no es que el evangelio se predique dentro de la iglesia, sino afuera, por CADA UNO DE LOS CREYENTES dentro del círculo social que Dios lo ha colocado. No es por accidente que Ud. sea mecánico o médico, sino que ese es el círculo de acción que Dios ha escogido para que Ud. le sea luz y portador de ese bendito mensaje del evangelio de salvación para los inconversos que están allí.

La iglesia primitiva ocupaba sus reuniones para entregar alimento sólido a su congregación, no para repetirles incansablemente el mensaje de salvación, porque ya eran salvos. Dice por ejemplo en Hch.20: 11 que Pablo, “Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba”.

Por lo tanto, volviendo a su pregunta, debo enfatizar a la luz de las Escrituras, que no es bíblico predicar el evangelio dentro de la iglesia, sino que esa responsabilidad Dios la ha entregado a cada uno de los creyentes que constituyen la iglesia, que lo hagan afuera, primeramente en su hogar, luego entre sus vecinos y compañeros de trabajo, para finalmente llegar hasta lo último de la tierra.

Así extendió la iglesia primitiva el evangelio y llegó a ser una iglesia poderosa en la Palabra, y crecía (Hch.2: 47) “con los que el Señor añadía cada día a la iglesia”. Esta es la formula divina establecida por el Señor, para que la iglesia crezca y predique el evangelio.



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