Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 54

¿Por qué existe el sufrimiento en la vida del cristiano? Si nuestro Padre celestial es Todopoderoso y conoce anticipadamente el futuro ¿por qué no nos libra de las experiencias dolorosas?

RESPUESTA

Dios es el Gran Alfarero, que del barro caído, lo ha recogido para moldearlo en sus manos conforme a sus designios Soberanos; todos ellos llenos de Amor y Misericordia infinita.

La naturaleza humana se resiste a ser comprimida y moldeada en las manos del Todopoderoso, porque en su ego natural se considera capacitado, y no solamente apto, sino que una obra terminada a la cual nada le falta; muy hermosa según su propio juicio limitado.

Pero el Dios Eterno sabe que estamos muy lejos de llegar a ese modelo perfecto que fue Su Hijo durante su vida terrenal, al cual todos los creyentes vamos en alguna medida siendo hechos semejantes. Obra que solamente llegará a su culminación, cuando Cristo venga por su iglesia y nos lleve con cuerpos de gloria semejantes al Suyo.

Fil.3: 21 “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya”.

Este cuerpo de humillación, a consecuencia del pecado que aún mora en nosotros, es como una piedra en bruto, al que Dios, cual el Artista Soberano va dando forma con cada golpe de su martillo y cincel, hasta transformarlo en una obra de arte de gran precio (Mt.13: 45-46).

Los hombres que no conocen a Dios y rechazan lo que Él ha revelado en Su Palabra, ofrecen un evangelio de prosperidad, donde no existe sufrimiento, enfermedad ni pobreza, pero esa es una falacia que no corresponde a la enseñanza de la Biblia.

El sufrimiento fue parte incluso en la vida del Señor Jesucristo, y Él nos advirtió que si alguno quiere seguirle (Lc.9: 23) “tome su cruz cada día, y sígame”. (Jn.15: 20) “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”.

El testimonio del Señor Jesús durante su ministerio terrenal, fue de privaciones, sufrimientos, persecuciones y calumnias. (Is.53: 3) “Varón de dolores, experimentado en quebranto”. (Is.50: 6) “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos”.

Los insolentes que no conocen al Dios de la Biblia, enseñan que cuando alguien se encuentra en algún sufrimiento (pobreza, enfermedad o cualquier sufrimiento), hay que exigirle, reclamarle a Dios y él le concederá inmediatamente su petición. No están dispuestos a tomar la cruz cada día como dijo el Señor. Jesús no es el genio de la lámpara de Aladino que los comerciantes de la fe predican.

El Señor Jesucristo, quien es nuestro modelo perfecto a seguir, cuando estuvo en medio de los sufrimientos, no le reclamó ni exigió al Padre, sino que reverentemente y con mucha humildad dijo: (Lc.22:42-44) “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”.

Dios va moldeando nuestro carácter a través de las pruebas y aflicciones, como el metal que es introducido dentro del horno para separar en él la escoria del metal precioso.

1Pd.1: 6 “aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba nuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.

Rm.5: 3-4 “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba, y la prueba, esperanza”. Rm.12: 12 “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.

1Pd.4: 12 “Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo”. 5: 9 “sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Muchas veces tenemos la tendencia a creer que nuestros sufrimientos son los peores y que nadie sufre más que nosotros, pero el Señor nos dice que “los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos (los que verdaderamente son hijos del mismo Padre celestial) en todo el mundo”.

Ese fue el legado que nos han dejado todos los fieles cristianos a través de los siglos. Entraron cantando himnos a la arena del circo romano. Luego, cuando la iglesia católica tuvo el poder absoluto durante varios siglos, fueron muchos los que ardieron literalmente como antorchas en las hogueras públicas de la “Santa Inquisición” para iluminarnos el camino de la fe.

El mar de la vida muchas veces se vuelve tormentoso, mas el corazón del creyente descansa en paz, porque sabe que Dios le ha puesto arena por límite el cual no pasará. Se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus olas, mas no traspasaran el término que Dios les ha marcado.

Si en medio de la tormenta te encuentras, mira el ejemplo de Pedro. Cuando la violencia del viento y de las olas se hacía más feroz y se encontraba temeroso junto a los otros discípulos en la barcaza, hasta allí llegó el Señor caminando sobre las olas del mar. Pedro lleno de gozo quiso aferrarse a la Roca firme y pidió al Señor que lo dejara a él también caminar sobre el mar.

Bastó una sola palabra: Ven, para que el corazón angustiado y amante de Pedro le hiciera descender y caminar sobre las aguas. Pero este milagro tuvo su efecto solamente cuando sus ojos descansaban sobre el Señor, porque inmediatamente que quitó sus ojos de la fuente de todo poder, para mirar la fiereza del mar y del viento, comenzó a hundirse.

Así también nosotros, cuando estamos en medio de una tormenta en esta vida terrenal, si nuestros ojos se fijan solamente en los problemas, también nos hundiremos. Pero si nuestra vista descansa en nuestro Amado y Sus promesas, entonces también podremos caminar sobre el mar, porque nuestro Salvador nunca nos dejará.

Del mismo modo que llegó caminando sobre el mar para estar junto a los suyos en los momentos de mayor aflicción, también lo hace en nuestras vidas. Su promesa es que nunca nos abandonará. Los cielos podrán pasar, pero sus promesas jamás dejarán de ser, ninguna de ellas será quebrantada: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”.



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