Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 52

¿Es el ayuno una doctrina que debe practicar y predicar la iglesia el día de hoy?

RESPUESTA

Me gusta mucho el orden de su pregunta: “practicar y predicar” porque de lo contrario sería una incongruencia. Este ha sido un tema muy distorsionado no solamente en el día de hoy, sino que en todas las épocas.

Israel recibió la ordenanza de parte de Dios, de ayunar a lo menos una vez al año, durante el día de la expiación (Lv.16: 29-31). Pero luego se introdujeron otros ayunos nacionales, por ejemplo Zac. 8: 19 menciona cuatro: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en fiestas solemnidades”.

Con el transcurso del tiempo el ayuno pasó a asociarse con las calamidades nacionales, y el pueblo se expresaba de esa manera en su angustia y aflicción. También estaban los ayunos individuales, el Señor en la parábola del fariseo y el publicano menciona que el fariseo ayunaba dos veces por semana (Lc.18: 10). Pero allí también enseña que esa práctica se había transformado en algo rutinario y religioso que no era del agrado de Dios.

El gran capítulo sobre el ayuno es Is. 58 . Dice en los versículos 5 al 7 “¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir a los quebrantados, y que rompas todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”.

Dios enseña claramente que es más importante mostrar un corazón misericordioso y compasivo con el necesitado, que un estómago vacío. Y si a eso le añadimos los males modernos del ayuno de muchos cristianos del día de hoy, comprenderemos mejor que el cristianismo es algo del corazón, y no del estómago.

Hoy en muchos lugares se establecen verdaderas competencias públicas de quién ayuna más días. Todos estos “cristianos” carnales, gustan dar a conocer a la iglesia cuantos días llevan ayunando. Dicen con una cara de fatiga y desfallecimiento: “Llevo dos días ayunando”, pero inmediatamente sale otro “más espiritual” que dice: “yo llevo cuatro días ayunando”. Y así continúa la “subasta” para sobresalir como el que lleva más días ayunando.

Toda esa expresión de carnalidad, el Señor la repudia y condena duramente en Su Palabra. Mt.6: 16-18 “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

En este cap. 6 de Mateo, el Señor condena duramente tres cosas que los hipócritas gustan dar a conocer a los demás para recibir su admiración. Vrs. 2-4 dar dinero para ser visto. Vrs.5-7 orar para ser admirado y Vrs. 16-18 ayunar para que los demás se enteren.

Ahora que hemos considerado lo que no debe ser el ayuno, veamos lo que realmente Dios desea que los creyentes hagan. Los discípulos del Señor no ayunaban (Mt.9: 14) “vinieron los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?”.

Pero el Señor aclara que vendrá el tiempo cuando Él ya no esté presente con ellos, cuando los creyentes que constituyen la iglesia sí lo harán. (Mt.9: 15) “Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y ENTONCES AYUNARÁN”.

La iglesia cristiana es constituida oficialmente cuando Cristo subió al cielo y el Espíritu Santo descendió para morar en ella. La respuesta del Señor aclara que cuando Él terminara Su ministerio terrenal y se estableciera la iglesia aquí en la tierra, allí comenzarían los cristianos a ayunar. Y eso es lo que registra la Biblia para nuestra enseñanza.

Hch. 13: 2 “Ministrando éstos (los creyente de la iglesia de Antioquia) al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”.

Hch. 13: 3 “Entonces, habiendo ayunado y orado”

Hch. 14: 23 “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos”.

Pablo también nombra el ayuno como parte de su testimonio personal. 2Cor.6: 5 “en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos”. 2Cor.11: 27 “en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez”. Aunque en estos dos últimos pasajes del testimonio de Pablo, la palabra “ayuno” proviene de otro vocablo griego que significa textualmente “sin alimento”.

Lo que el apóstol está comentando, no es un “ayuno voluntario” sino más bien una condición de afligimiento por falta de alimento, y esto se aprecia claramente dentro del contexto donde está dicho. Por lo tanto esto no es justificación para que los hipócritas anden divulgando sus ayunos como muestra de espiritualidad.

En el Nuevo Testamento, donde aparecen todas las instrucciones para la iglesia, nunca se menciona el ayuno como un mandamiento u obligación para el cristiano, más bien los pocos pasajes que hacen alusión a este tópico, presentan el ayuno para el cristiano, como un acto voluntario y en absoluta privacidad con nuestro Padre celestial. Debe ser una consecuencia de una comunión profunda y verdadera con el Señor, el fruto de lo que Dios dice en Is. 58, después de haber ordenado nuestra vida y nuestros hábitos, de primeramente compartir con el necesitado y querer someter nuestro cuerpo al espíritu.

El ayuno no es un mandamiento para el creyente ni una ordenanza colectiva para la iglesia, muy por el contrario, la enseñanza de las Escrituras es que ahora en la iglesia (Col.2: 16) “Nadie os juzgue en comida o en bebida”.

Col.2: 20-23 “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.

En conclusión, el ayuno no es algo que los cristianos debemos cumplir por mandamiento u obligación, menos para ser visto por los demás. El ayuno congregacional, que se menciona en los dos pasajes del libro de los Hechos que he citado (Hch.13: 2 y 14: 23) más bien parecen corresponder al período cuando los primeros cristianos (todos ellos judíos), aun no cortaban el cordón umbilical con sus raíces nacionalistas que les unía tan fuertemente; no olvidemos que incluso continuaron por algún tiempo asistiendo al templo judío el día Sábado (Hch.2: 46) y congregándose simultáneamente como iglesia los Domingos (Hch.20: 7).



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