Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 39

Si mi Señor nunca empleó un lenguaje ofensivo, porque él fue manso y humilde de corazón y siempre habló con dulzura ¿Por qué hoy los cristianos no predican igual, con amor como lo hace el Santo Padre aún con su salud quebrantada? ¿No es Dios, Dios de Amor?

RESPUESTA

Los forjadores de imágenes siempre se han confeccionado un dios de acuerdo a sus propios corazones. Para tallar una imagen, primeramente tiene que ser concebida en su propia imaginación, y desde allí comienza ese grave pecado de aquellos que se fabrican un dios a su medida.

Un ídolo puede ser de metal, madera, o simplemente una imagen confeccionada en su propia mente. Dios condena duramente el pecado de la idolatría, de aquellos que se confeccionan imágenes, talladas o producto de sus propias mentes.

Jer.9: 14 "antes se fueron tras la imaginación de su corazón". Jer.11: 8 "Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón".

Jer.13: 10 "Este pueblo malo, que no quiere oir mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón".

Dejar la Palabra del Señor, para andar en las imaginaciones de sus propios corazones, es una actitud que Dios la condena dentro del pecado de los fabricantes de imágenes.

Es una preciosa y absoluta verdad que el Señor Jesucristo, durante Su ministerio terrenal, fue manso y humilde de corazón. Pero esa mansedumbre divina que lo caracterizó, no le impidió condenar duramente el pecado, especialmente el de los líderes religiosos.

Decir que el Señor siempre habló con dulzura, es simplemente desconocer las Escrituras y quien es el verdadero Señor que nos presenta la Biblia. Me veo en la necesidad de pronunciar las mismas palabras que Jesús dijo a los religiosos de su época: "Erráis, ignorando las Escrituras" (Mt.22: 29).

Solamente en el capítulo 23 del evangelio de Mateo, desde el versículo 13 en adelante, en cada uno de los versículos hasta finalizar el capítulo, les dice: "ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas". "Hay de vosotros, guías ciegos" "Insensatos, necios, sepulcros blanqueados". Mt.23: 33 "¡Serpientes, generación de víboras", etc.

Y cuando visitó el templo y vio que allí estaban los comerciantes, estalló en ira y tomando un látigo los expulsó diciéndoles: (Mt. 21: 13) "Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".

El Señor de la Biblia es muy diferente al señor que Ud. dice venerar. Él efectivamente fue manso y humilde de corazón, pero siempre que fueran ofensas que afectaran a su humanidad. Le mecieron sus barbas, que es la mayor ofensa que puede recibir un judío, le escupieron en su rostro.

Is. 50: 6 "Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos". Creo que ningún ser humano resistiría tanta humillación, especialmente si tuviera el poder para aniquilarlos con el solo poder de Su palabra.

Allí fue donde brilló con sumo relieve su mansedumbre y humildad, pero cuando alguien ofendía la casa de Dios y los intereses de Su Padre celestial, era valiente para defender aún con palabras tan fuertes como las que leímos en el evangelio de Mateo: Hipócritas, necios, serpientes, generación de víboras. Y todo eso se lo decía principalmente a los "ungidos", a los líderes religiosos.

Ese fue el ejemplo que nos dejó, para que nosotros también defendiéramos con la misma valentía y vehemencia los negocios de nuestro Padre Celestial. Porque en Su Palabra se nos ordena: (Jd.3) "que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos".

Mt.10: 24 y 34 "El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada".

La Biblia nos manda a los creyentes ser mansos y humildes de corazón, cuando algo daña a nuestros intereses personales, pero cuando afecta los negocios de nuestro Padre Celestial, no podemos ser cobardes declarándonos neutrales o desentendiéndonos del problema. Se nos manda ser valientes y a contender ardientemente por la fe.

Ese fue el ejemplo que han dejado todos los hombres fieles de la Biblia, incluyendo a Moisés, catalogado por Dios como el hombre más manso de la tierra (Nm.12: 3). Cuando el pueblo se corrompió y cayó en la idolatría, ardió en ira, dice en Ex.32: 19 "Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte".

El resto del capítulo nos describe la firmeza con que enfrentó a Aarón (al ungido del Señor) por ese pecado y luego aplicó un juicio muy severo sobre el pueblo que había pecado.

También en el tiempo de la Gracia, dentro de la iglesia, podemos ver con la severidad con que Pablo reprendió públicamente al apóstol Pedro, cuando éste actuó hipócritamente (porque Pedro nunca fue infalible). Lea esto en Gal.2:11-14.

En el Nuevo Testamento, que es donde se nos entregan todas las instrucciones para que los cristianos sepamos como debemos conducirnos, dice por ejemplo en: Tito 1: 13 "repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe". 1Tm.5: 20 "A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman".

El grave problema con los hacedores de imágenes, es que se han creado un dios según su propia imaginación y que difiere absolutamente del Dios de la Biblia. Les gusta mucho hablar solamente de un dios de amor; pero el Dios de la Biblia es un ser Glorioso donde cada uno de sus atributos están a una misma medida.

Ellos conciben en su imaginación a un dios con un solo atributo divino: Amor. Y eliminan su Justicia, Santidad, Soberanía, Supremacía, Inmutabilidad, Ira, Fidelidad, etc. Pero sin embargo el Dios de la Biblia es un ser Eterno con muchos atributos divinos que están todos a un mismo nivel de perfección. Eliminando o rebajando cualquiera de ellos, deja de ser el Dios de la Biblia, para transformarse en una imagen producto de la imaginación humana.

Además el concepto de amor que los forjadores de imágenes se han creado, no concuerda con la descripción bíblica. Ellos confunden "mimar" por amar. Mimar es mal criar y consentir a los caprichos de otro que manipula al que siente esa clase de afecto humano tan dañino.

En cambio amar, en el concepto divino, es cuidar y velar por la persona que es objeto de ese amor en una entrega incondicional, y jamás va a conceder algo que pueda dañarlo. Tampoco ese Dios de amor se va a dejar manipular, chantajear o influenciar por los caprichos o solicitudes que el hombre en su mente finita y exenta del conocimiento del futuro, pueda "reclamarle".

Es más, la Biblia dice: (Heb.12: 6) "el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

Los "mimosos" llegan a cuestionar la disciplina y la rectitud de la doctrina de las Sagradas Escrituras, en su mal entendido "amor". Ellos prefieren solamente las caricias antes que una sana enseñanza, y se fastidian e incomodan ante la doctrina bíblica. Argumentan en su mente carnal: "Es preferible el amor, antes que la doctrina sin amor".

Eso es lo que su propio raciocinio les lleva a proclamar, para excluir la doctrina y la disciplina, olvidando que Dios al que ama disciplina. Pero de igual forma como no se puede entregar doctrina sin amor, tampoco se puede entregar amor sin doctrina. Porque de lo contrario, mejor cada uno se va a un lugar distinto buscando eso; quizás lo encuentre en un club de alcohólicos anónimos, las hijas de la caridad u otra organización humana que no sea una iglesia; allí podrá encontrar todos esos "mimos" que buscan, pero en la casa de Dios, debe prevalecer lo que él manda y reflejar lo que él es.

Ahora, en cuanto a lo de "Santo" Padre, que Ud. hace alusión en su pregunta, para no extenderme demasiado en esta respuesta, le recomiendo leer el libro "Expediente 666" que publico gratuitamente en este mismo sitio web.

Y a lo de "Padre", solamente me limito a citar lo que el Señor Jesucristo, con su autoridad divina ordena en Su Palabra: (Mt.23: 9) "No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos".

Uno solo es nuestro Padre, el que está en los cielos. Uno solo es nuestro Salvador, Cristo Jesús. Uno solo es el Redentor, quien actúa sin ayuda de ninguna de sus criaturas ni corredentora como han inventado los romanistas.

Le invito con mucho amor a leer el mensaje N° 23 que publico en este sitio web. Saludos en el amor del Señor.



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