Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 274

¿Tendremos 4 nombres nuevos en el cielo? Ap.2:17, 3:12


RESPUESTA


El libro de Apocalipsis está escrito en simbolismos y debe entenderse dentro de ese contexto. Ap. Cap 2 y 3 describe las siete diferentes etapas que pasaría la iglesia acá en la tierra, no está hablando de una persona en particular, por lo tanto ese nombre que allí se menciona no debe interpretarse para un creyente en singular.

Puede leer la respuesta Nº 64 que encontrará en la sección PREGUNTAS FRECUENTES para entender esas siete etapas terrenales de la iglesia a través de los siglos, hasta que el Señor se la lleva a los cielos.

En Ap.3:12 no se mencionan 3 nombres nuevos que habremos de recibir. Primero indica que escribirá el nombre de su Dios sobre él, sobre todos los creyentes que también la Palabra de Dios dice que somos más que vencedores en la obra de Cristo Jesús, todos los que constituimos Su iglesia, el conjunto de salvados por la cruz de Cristo. Rom 8:37 "Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó".

Añade que nos hará columnas del templo de Dios en los cielos, es decir, nos garantiza que tendremos un lugar estable, seguro, permanente y eterno en Su presencia. Luego agrega que escribirá "sobre él el nombre de mi Dios" No habla de un nombre nuestro sino del nombre de Dios.

Antiguamente el nombre describía el carácter y la personalidad de aquellos que en circunstancias especiales de su vida, pasaban a otra condición con características diferentes. Cuando dice que escribirá Su nombre sobre nosotros, está indicando que impregnará su carácter sobre nosotros para confirmar que le pertenecemos eternamente.

También anexiona el nombre de la nueva Jerusalén, para indicar que cada uno de nosotros somos ciudadanos y habitantes eternos de esa ciudad amada, que corresponde a las mansiones celestiales que Cristo nos fue a preparar, eso tampoco corresponde a un nombre nuevo que habremos de recibir en los cielos.

Cuando en adición se refiere a "mi nombre nuevo" es en relación a Su nombre, no el nuestro. Porque cuando tengamos ese encuentro celestial con nuestro Amado, todos los términos y expresiones que hemos empleado acá en la tierra para referirnos a Él, palidecerán, se eclipsaran en comparación a la gloria con que le veremos allá. Indica que el Señor nos entregará un nombre nuevo y eterno para dirigirnos a Él, más propio de la gloria magnifica y celestial con la cual le conocen y adoran los seres angelicales en el cielo.

No olvidemos que hasta los apóstoles, quienes convivieron largo tiempo con el Señor durante Su ministerio terrenal, expresaron: 2Co 5:16 "De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así".

Respecto a Ap.2: 17, como indicaba anteriormente, también se refiere a una etapa específica de la iglesia acá en la tierra, Pérgamo, que significa casamiento, corresponde a la etapa (año 312 al 590) cuando nace la iglesia católica romana y se incorporan todos los ritos e idolatría de la Roma pagana que el emperador Constantino traspasó a esa nueva religión del imperio que él creó y se constituyó como Cabeza de y dios principal que todos sus súbditos debían adorar.

Este hábil gobernante no solamente siguió siendo el jefe de estado, sino que ahora asumió como cabeza de la iglesia Católica Romana bajo el título de " Sumo Pontífice".

Todos los paganos de su imperio comprendieron perfectamente el significado del nuevo rol del emperador, porque ellos conocían muy bien que los sacerdotes de las diversas divinidades paganas que adoraban, se llamaban "Pontífices".

Al asumir Constantino como "Sumo Pontífice", estaba indicando que desde ahora él era el jefe supremo de todas las divinidades de su imperio. Y de hecho hasta el día de su muerte siguió adorando al dios Sol, principal divinidad que adoraban los paganos de su imperio y que los católicos hasta nuestros días colocan ese sol sobre las cabezas de sus "santos", y guardan su dios de harina en el "Santísimo" de la Eucaristía, que es un sol de oro, principal divinidad del culto católico.

Sólo a partir del año 590, el jefe supremo de la iglesia Católica Romana, el sumo pontífice, asume también con el título de "Papa". Puede leer el libro "Expediente 666" para mayores antecedentes.

En Ap. 2: 17 dice: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe".

Está hablando dentro de ese contexto histórico de apostasía e idolatría, donde los templos de la Roma pagana estaban siendo reemplazados por "iglesias" católicas que el emperador había regalado con ese propósito. Y cuando las diferentes divinidades del imperio eran reemplazadas por los "santos" cuyos ídolos podían continuar adorando dentro de ese sistema religioso corrupto; es que Dios promete un nombre nuevo a quienes se arrepienten y resisten esa arremetida del enemigo de las almas.

No consiste en un nombre individual para cada creyente verdadero, porque además destaca que no era para ser conocido por todos, sino que solamente por quien lo recibe. Cada persona tiene un nombre que le colocan sus padres con el propósito que todos lo conozcan por ese nombre, nunca es para mantenerlo en secreto, por lo tanto no consiste en algo semejante; más bien tiene el fin de otorgar una contraseña personal de Cristo para aquellos que realmente son de Él y que sirve como Su permiso divinal para entrar a la gloria eterna.

Es algo descrito en un lenguaje de acuerdo a la época que Juan escribió el Apocalipsis, seguramente si lo hubiera escrito en nuestros días habría hecho referencia a un pase de seguridad, semejante al que se utiliza en muchas empresas y lugares de extrema seguridad (Bcos, Laboratorios, oficinas de seguridad, etc.), donde no se permite el acceso a los intrusos o personas no autorizadas. Porque tenía como propósito autenticar al portador como autorizado para entrar por las puertas de la Nueva Jerusalén, por este motivo era algo muy personal y nadie más conocía, sino Dios y el portador. Esto está hablando de la seguridad que existe en los cielos que allí no se infiltrará ninguno que no fuera realmente hijo de Dios, y que la salvación es un hecho personal, no por grupos familiares, religiosos o de otra índole.



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