Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 266

¿Qué significa "Sellados" con el Espíritu y las "arras" del Espíritu?


RESPUESTA


Esta doble afirmación divina se encuentra en 2Cor.1:21-22 "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones". Luego de establecer esa verdad que hoy parece olvidada, que el que unge es Dios (no el hombre), señala esa dualidad que confirma nuestra legitimidad como hijos de Dios.

El sello es una referencia metafórica al sello que se colocaba sobre un trozo de cera que se vertía sobre un documento para autenticar, legalizar, dar legitimidad oficial y otorgar protección con la marca exclusiva del poder que representaba.

En nuestros días se utiliza algo similar por ejemplo en el papel dinero. Los billetes que emiten los diferentes países, llevan un sello que los legaliza oficialmente y además les provee de garantía y protección contra los falsificadores que pretendan adulterarlos, porque es un sello que nadie puede borrar ni copiar. Aún en la ganadería se emplea un "sello" que cada propietario emplea para marcar a fuego, que lo hace imborrable y que permanece para toda la vida del ganado, esta marca indica que esos animales son de su propiedad.

Dios nos garantiza en Su Palabra que ha puesto un sello imborrable sobre cada hijo Suyo y que nada ni nadie puede anular, lo cual nos acredita y certifica oficialmente ante Su propia jurisprudencia divina que todos los que hemos nacido de nuevo, continuaremos para siempre con ese sello que Él ha marcado para toda la eternidad a los que somos Suyos. Lo que nos asegura que nuestra paternidad celestial y bendición recibida (la salvación eterna) no la perderemos jamás, esto nos otorga la confirmación oficial de Dios que nuestra salvación es para siempre, porque en el infierno jamás se podrá encontrar a un hijo de Dios, uno que lleva a perpetuidad ese sello divino.

La obra de la salvación es de Dios, no nuestra, y por lo tanto al ser de origen divina es eterna y para certificar esta perdurabilidad nos ha sellado con el Espíritu Santo. Ef 1:13 "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa".

Este sello divino nadie puede borrar, ni nosotros mismos podríamos alterar el sello que Dios ha colocado en cada uno de los salvados, por lo tanto nos acompañará siempre para garantizar nuestra redención. Ef. 4:30 "con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". El Espíritu Santo es el garante de nuestra salvación eterna y como tal, permanece con nosotros invariablemente, nadie puede separarse del Espíritu que ha venido a morar y ha transformado nuestro cuerpo en Su templo aquí en la tierra.

Cuando pecamos contristamos el Espíritu que mora en nosotros (Ef 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención), pero no se separa del hijo de Dios, lo cual implica una tremenda responsabilidad cuando pecamos, porque nadie puede decirle al Espíritu: "Quédate Tú acá mientras yo voy a pecar allá".

Siempre nos acompaña y se duele profundamente cuando pecamos. Y por esa misma permanencia constante puede interceder persistentemente por nosotros en nuestros corazones hasta hacernos volver al arrepentimiento 2Co 7:9 "Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento".

Con este sello del Espíritu Santo que Dios coloca en cada hijo Suyo se establecen cuatro verdades que son postulados básicos de nuestra salvación eterna:

1.- La autenticidad de quien emite esta afirmación (Dios).
2.- Autoridad del emisor (Dios Soberano y Juez Eterno Jer 32:10 "Y escribí la carta y la sellé, y la hice certificar con testigos, y pesé el dinero en balanza").
3.- Seguridad plena del beneficiario (Jn. 10:28 "yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" -vr.14 "Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen").
4.- Propiedad (Jn. 10:29 "Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre").

La "arras del Espíritu" expresa una verdad similar, por este motivo decía que lo que indica en 2Cor.1 es una doble confirmación de la seguridad de nuestra salvación eterna: "nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones".

Las arras corresponde a un juramento o un pago inicial que se dejaba en forma anticipada para garantizar y legalizar la transacción. En muchas ocasiones en los tiempos antiguos se entregaba una prenda en parte de pago, hoy en día se documenta en las oficinas establecidas por las autoridades de cada país.

Utilizando el lenguaje de aquella época, podríamos parafrasear en nuestros tiempos modernos que cuando compramos una casa, pagamos por ella, obtenemos las arras (la escritura oficial que nos reconoce legalmente ante las autoridades como propietarios), aunque todavía no estemos viviendo en nuestra propiedad, solamente poseemos "las arras" pero la casa es nuestra y nadie nos la puede quitar.

En el caso de nuestra salvación, Dios nos asegura (y Él no puede mentir), que nos ha sellado y que también nos ha entregado las "arras" el Espíritu Santo morando en nuestros corazones como juramento inquebrantable por Su propio Nombre y parte de nuestra salvación eterna. Tito 3:5 "nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo". Por lo cual nos dice en Su Palabra:

1Co 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Co 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Rom 8:11 Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

1Co 12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos TODOS bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Rom 8:9 Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Todo aquel que tiene las arras del Espíritu, es decir, el Espíritu Santo morando en él como lo asegura la Palabra de Dios, es del Señor. Y aquellos que no tienen el Espíritu Santo morando en ellos, no son del Señor y necesitan con urgencia repasar a la luz de la Biblia por qué creen que pueden ser contados entre el número de salvados que el Señor pronto vendrá a buscar para llevarnos a las moradas celestiales que nos ha prometido.

Rom 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

1Jn 5:10 El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

1Jn 5:12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

Jn 5:13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (para siempre).



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