Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 245

¿Son bíblicos los "misioneros"?

RESPUESTA

Como siempre digo, para responder si algo es bíblico, tengo necesariamente que indicar si se menciona en la Biblia, y la palabra "misionero" en la única parte que la encuentro en mi Biblia es en los mapas que han añadido al final del libro los editores, especialmente aquellos que venden la Palabra de Dios con derechos de autor reservados (¿No predicamos que el autor de la Biblia es Dios?).

La palabra “misionero” no existe en la Biblia ni en su idea conceptual en ningún idioma, sea griego, arameo, hebreo, inglés o español. Porque es un vocablo relativamente nuevo que comenzó a utilizar la iglesia católica recién en el siglo XVII dentro de su jerarquía eclesiástica que ha ido constituyendo a través de los siglos.

Fueron los jesuitas quienes la utilizaron por primera vez en latín, para expresar un lugar en el extranjero donde ellos tenían propiedades sobre las tierras y construcciones con autoridad para gobernar y administrar, por medio de quienes esa orden religiosa asignara bajo su responsabilidad en un lugar determinado que llamaron en latín “missio”.

La “missio” que ellos formaban en el extranjero, tiene semejanza a la capilla (“chapel” en inglés), que establecen en un pueblo pero dentro de un mismo país, donde no existe una iglesia católica constituida y debe viajar periódicamente un cura fuerino a realizar sus labores eclesiásticas. Ese cura que viaja para esas tareas es denominado “capellán”, de igual manera los jesuitas que trabajaban en una “missio” fueron denominados “misioneros”, pero esta vez para cumplir trabajos desde fuera del país donde radicaba esa orden religiosa de los jesuitas.

Por lo tanto el vocablo “misionero” es parte de la jerarquía que ha desarrollado la iglesia católica, aunque posteriormente los Neo evangélicos que han ido copiando todo a Roma, no tardaron en establecer este mismo grado de jerarquía dentro de sus iglesias, aunque claramente esa palabra o “título” no existe en la Palabra de Dios, sino que solamente en la palabra de los hombres.

Cuando Dios comenzó a propagar Su Palabra a todo el mundo, empleó instrumentos muy especiales por los cuales siento mucho respeto y admiración. Especialmente por el apóstol Pablo que logró conquistar gran parte de Asia, el Norte de África y Europa; quien con mucha consagración, esmero, viviendo austeramente y trabajando con sus propias manos por su sustento servía al Señor.

Hch. 20:34 "Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido.
Hch. 18:3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas".

2Co 12:14 "He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros"

Pero aún a él Dios jamás lo califica de "misionero" en Su Palabra. Pablo fue un gran siervo del Señor y que sabemos que recibirá una corona muy especial en los cielos por su labor. Él fue abriendo camino para que la Palabra llegara a los lugares más apartados y tuvo que sufrir grandes penalidades como lo expresa en su propio testimonio:

2Co 11:23 "en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces.
2Co 11:24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.
2Co 11:25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar;
2Co 11:26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
2Co 11:27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;
2Co 11:28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.
2Co 11:29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo?"

Si leyéramos las biografías de los grandes hombres de la historia de la iglesia, principalmente durante el siglo XIX, nuestros corazones arderían y se quebrantarían ante estos verdaderos baluartes del sacrificio y la consagración por cumplir con el mandato del Señor Jesús de llevar esta Palabra hasta lo último de la tierra. David Livingston en África, Adoniram Judson en Birmania, Hudson Taylor, Morrison en la China, Carey en la India, David Brainerd, Jonatan Goforth, etc.

Realmente ofrendar para siervos como aquellos, hubiera sido mucho más un privilegio en vez de una carga. Aunque el mismo apóstol Pablo ordena cumplir con ese mandato que se registra desde el comienzo de la Biblia: Gn 3:19 "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás".

Porque con su autoridad apostólica y con su propio ejemplo que le entregaba mayor dignidad, dijo: 2Ts 3:10 "Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma". Puede leer más sobre este tema en el mensaje Nº 97 "El obrero es digno de su salario".

Sin embargo, los que hoy en día se hacen llamar "misioneros" muchos de ellos no son más que turistas, que ni aún se les podría calificar de turistas cristianos, sino más bien de turistas que viven a expensas de la ingenuidad de los cristianos.

Recuerdo experiencias que tuve en Latinoamérica, caminaba con unos jóvenes hacia un local de reunión y uno de ellos me dijo: "está estacionado allí un carro de misionero". Luego entendí que se refería a un automóvil último modelo que estaba frente al local, porque en esa década de los 60, ellos eran los únicos que en las iglesias poseían vehículos tan costosos.

Cuando una persona trabaja por su propio sustento, tiene plena libertad para gastar su dinero como mejor le parezca, aunque como cristiano siempre hemos de ser consecuentes con nuestra fe y el ejemplo que nos dejó el Señor Jesús. Pero si lo que está gastando proviene del dinero de las ofrendas que fueron entregadas para el Señor, deberá ser muchísimo más cuidadoso y austero para administrar eso que no es suyo, porque corresponde al dinero que fue ofrendado para la obra y las necesidades de los santos.

También recuerdo que esos misioneros acostumbraban sacar fotografías de los hermanos que vivían en los sectores más humildes, para enviarlas a sus países y así apelar a las emociones y sentimientos de quienes les enviaban el dinero para su sustento; cuando la realidad era que ellos siempre vivieron en los lugares más privilegiados de la ciudad en que se encontraban.

Hasta el día de hoy tengo grabada en mi memoria una situación que me correspondió vivir en una de esas "cuentas" que los misioneros deben rendir ante las iglesias anglosajonas que los envían (EE.UU., Gran Bretaña y Australia), que financian sus gastos y luego los reciben como héroes.

Yo me encontraba presente con mi esposa e hijos y el misionero que venía llegando desde Latinoamérica, comenzó a relatar algo de sus experiencias en esas primitivas tierras (como él se refirió al país donde servía), para luego exhibir una serie de fotografías de los barrios más pobres de Sudamérica y las condiciones insalubres en que vivían.

Pero lo más desagradable fue cuando contaba que los niños (lo dijo textualmente) "llenos de mocos en sus narices y en sus manos, se acercaban y refregaban sus narices en su traje y hasta sus manos quedaban pegajosas con el moco de los niños". A lo que la congregación de pulcros anglosajones reaccionaba: ¡Huy, qué asco! Y otras expresiones similares. Luego ese misionero continuó relatando su experiencia entre tanta miseria, para posteriormente concluir diciendo si alguien tenía alguna pregunta.

Yo me levanté y le pregunté si él vivía en esos barrios que nos acababa de mostrar o lo hacía en el sector donde vivían los ricos, porque yo sé que allá existen dos clases muy marcadas, los ricos muy ricos y los pobres muy pobres, obviamente no respondió directamente a mi pregunta y cambió el tema. Mi familia y más importante aún, el Señor me es testigo que no miento ni exagero, esto es lo que presencié y escuché personalmente en una cuenta de esos misioneros a las cuales me prometí no asistir nunca más.

Lo más reprochable es que esas importantes cifras de dólares que las iglesias anglosajonas entregan para "la obra del Señor" en el extranjero, terminan siempre para el beneficio exclusivo del misionero, porque nunca comparten para las necesidades de los santos con mayor urgencia que se les extienda una mano, como lo ordena la Palabra de Dios.

Más aún, cuando al finalizar su labor y deciden regresar a sus países natales, venden todos los bienes acumulados allá y consiguen juntar lo suficiente para comprar al contado (ninguna institución bancaria financia un crédito para vivienda a personas mayores) un departamento exclusivo en New York u otra ciudad, algo que también conocí. Y aún le quedan "algunos" ahorros para pasar tranquilamente el resto de sus días.

Cuando uno conoce a estos personajes acá, en sus propios países de orígenes, donde los han rodeado de mitos y leyendas, no puede dejar de admirarlos, pero si posteriormente tiene la experiencia de conocerlos como son y viven realmente allá en el extranjero, en el país donde están "trabajando" como misionero, la opinión que uno tiene de ellos varía radicalmente.

1Co 16:1 "En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.
2Co 8:14 Para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos"

Stgo. 2:15 "Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
Stgo. 2:16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?"

Otro de los muchos ejemplos que podría citar, es cuando sus hijos se encontraban en edad de contraer matrimonio, los enviaban de regreso a sus países de orígenes para que no se casaran con nativos de la región, y además después de estudiar durante algunos meses allá, recibieran el título de misioneros para que regresaran casados y con un ingreso asegurado en dólares desde el extranjero.

Pero lo que resultaba más discriminatorio era que esos jóvenes jamás supieron lo que era ganarse el pan de cada día como ordena el Señor, sino que además al regresar con ese título de "misionero", se colocaban por sobre los hermanos que llevaban largos años sirviendo al Señor en esa región, y quedaban prácticamente "a cargo" de esas iglesias por las cuales jamás se molestaron en hacer el mínimo esfuerzo.

¿Podríamos calificar a estos personajes de "misioneros"? ¿Compararlos con un Livingston, o un Judson o un Taylor? Creo que tal comparación mancillaría la memoria de esos grandes hombres de Dios.

¿Cuál fue el propósito divino para que existieran esa clase de siervos en aquellos tiempos? Simplemente porque en aquellos tiempos se estaba cumpliendo la necesidad de que Su Palabra llegara hasta lo último de la tierra.

Pero en el tiempo presente, donde en todos los países occidentales tenemos iglesias en la mayoría de las ciudades, tenemos programas radiales que predican las 24 horas del día a todo el mundo, un acceso ilimitado a Internet y los demás medios de comunicación ¿Cuál sería la necesidad que viaje, por ejemplo un "misionero" desde Argentina a Ecuador? ¿O desde Ecuador a Chile?

¿No resulta, por lo menos "curioso" que si a un país tiene que venir un "misionero" extranjero, esté el mismo país enviando "misioneros" a otros lugares? ¿No nos parece que todo esto no es más que "turismo cristiano"?

Mi página está dirigida principalmente al continente americano, por lo tanto pregunto: ¿Existe realmente allí la necesidad que vayan misioneros desde el extranjero para trabajar en esos países? Si existen tantas iglesias en todos los países del continente americano ¿Se habrá olvidado Dios de otorgar todos los dones necesarios en esas numerosas iglesias, para que tengan que viajar estos señores desde el extranjero a servir allí? Y lo más insólito ¿Que desde esos mismos países estén enviando "misioneros" afuera? Definitivamente algo anda muy mal en ese sistema.

Si alguien me dice que en su ciudad ni en todo su país existe necesidad de que alguien le predique el evangelio, y que su nación no tiene necesidad que vengan "misioneros", tan sólo entonces tendría razón para pensar en buscar un lugar del mundo donde nadie ha podido escuchar las buenas nuevas de salvación.

Porque esa fue la ordenanza que recibimos del Señor: Hch. 1:8 "me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".

Este mandato resulta muy claro, primeramente hemos de comenzar por nuestro círculo más cercano (nuestra familia y nuestra ciudad), luego avanzar hacia las ciudades vecinas, para posteriormente pensar en lo último de la tierra.

Sin embargo hay muchos que sin haber dado un testimonio claro en su propio hogar, pretenden comenzar por lo último de la tierra.

Nunca ha sido la voluntad del Señor que existan estos personajes en las iglesias, porque si fuera así, a Dios no se le hubiera "olvidado" mencionarlos, y como he dicho, no existe en toda la Biblia alguna referencia a ellos

Es más, cuando la iglesia primitiva desobedeciendo este mandato divino de serle testigo "en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra", esos cristianos prefirieron quedarse todos juntos en Jerusalén ¿Qué tuvo que hacer Dios para que obedecieran? Envió una persecución a Jerusalén donde la mayoría tuvo que salir huyendo para transformarse en un verdadero "misionero" sin necesidad de tener uno asalariado, y llegaron a evangelizar la mayor parte del mundo conocido.

Hoy tenemos una cristiandad atrofiada, porque aunque Dios "ha repartido dones a cada uno de los creyentes en particular como él quiere" (1Cor.12:11), los cristianos han preferido seguir el diseño humano (que le es más cómodo y menos comprometido) de pagar a otros para que hagan esas funciones, mantener estos asalariados que abundan en las iglesias y la mayoría se conforma con "ser cristiano" solamente los días domingo y durante las horas de reunión; donde no ejercen sus dones y acuden únicamente a cantar, saltar, aplaudir y dejar sus diezmos. Hermanos, esto no puede ser así.



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