Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 239

¿Es bíblica la práctica de la imposición de manos en la iglesia?


RESPUESTA


Para entender esta práctica debemos conocer el contexto en el cual se están desarrollando esos acontecimientos. Los primeros cristianos, los cuales todos eran judíos, no habían logrado comprender la diferencia radical que existía entre el judaísmo y el cristianismo, entre el antiguo pacto y el nuevo que hizo el Señor Jesucristo con la iglesia, porque ellos a pesar de haber aceptado el evangelio, continuaban asistiendo al templo y ligados a muchas tradiciones que se practicaban en el judaísmo.

La imposición de manos tiene su origen en la ley de Moisés, cuando Dios ordenó que se efectuara el día de la expiación y se sacrificaran dos becerros; uno era llevado vivo al desierto y el otro era sacrificado, pero antes Aarón debía poner sus dos manos sobre el carnero vivo:

Lev 16:21 "y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto".

Por lo tanto esa figura de poner las manos sobre el animal, era para simbolizar una identificación con ese animal y en este caso, cargar sobre él esa responsabilidad que se delegaba al becerro.

Eso era muy propio de la ley y del Antiguo Testamento en general, porque allí se hablaba a través de figuras y sombras de la realidad que habría de venir, pero llegado Cristo, esos simbolismos fueron reducidos a su mínima expresión. Ese es el gran contraste entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, en el Antiguo abundan los simbolismos y en el Nuevo solamente encontramos los que dejó el Señor Jesucristo cuando entregó el Nuevo Pacto, el pan y el vino que instituyó en el aposento alto la noche antes de ser sacrificado, la Cena del Señor, para que le recordáramos por medio de esos símbolos hasta que Él volviera.

Curiosamente muchos que gustan continuar practicando simbolismos del Antiguo Pacto, no manifiestan ningún respeto ni interés por los únicos símbolos que dejó el Señor para la iglesia y no se interesan por celebrar la Cena del Señor como ordenó, hasta que Él vuelva. Puede leer sobre la Cena del Señor, en el cap.18 del "Manual Bíblico" que presento en nuestra página web.

Es significativo que el Espíritu Santo nos exhorte en Heb.6: 1-2 que no nos quedemos estancados en aquellas prácticas y doctrinas básicas, que pueden ser utilizadas como trabas para impedir un pleno desarrollo y crecimiento espiritual que nos frene el conocimiento de cosas más avanzadas que son para los que han logrado madurez, es decir, que no nos quedemos bebiendo leche cuando ya deberíamos estar comiendo alimento sólido.

1Co 3:1 "De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
1Co 3:2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía".

En Hebreos capítulo 6 está haciendo referencia a algunas prácticas y doctrinas básicas en que se habían quedado los que no lograron crecer en el conocimiento de Dios, especialmente en aquellos que venían del judaísmo, por este motivo se encuentra esta exhortación en la epístola escrita directamente para los hebreos.

Comienza la amonestación del capítulo 6 con esa conclusión que conecta con todo lo dicho anteriormente: "Por tanto". Y allí incluye esa lista de cosas en las cuales muchos se habían detenido y no lograban avanzar.

Heb 6:1 "Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,
Heb 6:2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno".

"Dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo", no significa que hemos de abandonar eso, sino que no debemos estancarnos allí. Más bien es una invitación a proseguir adelante, a la perfección, a la madurez.

Inicia el versículo 2 con la mención de "bautismos" en plural, porque aquí el vocablo griego no es una referencia al bautismo cristiano, el cual se debe hacer una sola vez (singular), sino que corresponde a otra palabra que se utilizaba para describir los "lavamientos" ceremoniales externos, como las "abluciones" que luego alude en el capítulo 9. Heb 9:10 "ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas".

Estas prácticas eran muy comunes en los tiempos del Antiguo Testamento, Juan el Bautista y sus discípulos las repetían continuamente, y muchos de los primeros judíos que se incorporaron a la iglesia seguían con esas ceremonias.

Luego hace mención a la imposición de manos, que inclusive los apóstoles continuaron efectuando en ciertas ocasiones, para indicar públicamente su aprobación o confirmación de la fe recibida por alguna persona en aquellos casos que se requería el reconocimiento de ese paso de fe, debido principalmente a la desconfianza de los judíos que se resistían aceptar a los que no fueran de su nación.

En los tiempos apostólicos la iglesia estaba constituida por judíos religiosos quienes muchos de ellos intentaron judaizar el cristianismo y mantener el nacionalismo, por esta razón fue necesaria la firmeza y sabiduría de los apóstoles para demarcar con prudencia lo que correspondía al judaísmo y aquello que se podía permitir dentro del cristianismo, por lo menos durante esa etapa de gestación del cristianismo como transición desde el Antiguo Pacto al Nuevo.

Por ejemplo, el problema que crearon los judaizantes en la iglesia de Jerusalén para imponer la observancia de la ley dentro del cristianismo:

Hch. 15:4 "Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
Hch. 15:5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés".

A lo que los apóstoles replicaron con firmeza:
Hch. 15:10 "Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?"

Pero hoy que las iglesias contemporáneas no tienen presencia de judíos ni esa clase de presiones, no es necesario proseguir con esa costumbre de la imposición de manos que pertenece a la ley, y que durante la era apostólica fue utilizada también en algunas oportunidades, para confirmar públicamente la fe o misión de alguno, delante principalmente de la multitud judía que constituía la iglesia en aquellos tiempos.

A todo aquello el Espíritu Santo, por medio del instrumento humano que escribió esa hermosa epístola a los Hebreos, nos exhorta a no quedarnos detenidos en esas prácticas y creencias, sino que dejemos aquello y avancemos a la madurez.

Pero ahora, si Ud. se refiere a esa exhibición aparatosa que tiene como ingredientes el desorden, la música estrepitosa con ritmos del mundo a muchos decibelios (dB), la bulla que va acompañada de saltos, gritos y llantos desenfrenados y el pastor comienza a imponer las manos sobre las personas para tumbarlas inconscientes al suelo, todo eso como parte del espectáculo que se produce como clímax de una orgía emocional inducida para lograr la catarsis que perturba los sentidos y conduce a la multitud a un estado de auto hipnosis colectiva, donde quedan entregados al control absoluto del hombre que manipula esa condición; por cierto y en forma muy categórica le puedo asegurar con la autoridad que me concede la Palabra de Dios, que eso no corresponde al Dios de orden y Santidad que nos describe la Biblia, eso no es bíblico y no se encuentra como experiencia en ninguna iglesia del Nuevo Testamento.



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