Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 197

¿Puede un creyente caer en depresión?

RESPUESTA

La depresión es una enfermedad que puede afectar a cualquier ser humano, todos estamos expuestos a contraerla en alguna etapa de nuestra vida, sin importar nuestras creencias o la cantidad de fe que podamos tener en Dios.

Grandes hombres de Dios, como Elías, David y otros, fueron aquejados de esta patológica que se manifiesta como un estado de trastorno emocional, abatimiento e infelicidad que puede llevar a desear la muerte.

Las causas que pueden originar este desequilibrio emocional, pueden ser muy variadas, como el estrés, agotamiento, una desilusión sentimental o vivencias de profundo dolor, como un accidente, fallecimiento de un ser amado u otras tragedias que hayan provocado gran aflicción en la persona. Un gran número de mujeres que han sido madres, sufren esta condición como consecuencia de su post parto.

También el abuso del alcohol o de otras sustancias tóxicas, pueden ser factores que induzcan a una persona a caer en un estado depresivo.

En la sociedad competitiva y egoísta que nos ha correspondido vivir, donde el consumismo extiende sus tentáculos para devorar a sus víctimas por medio del orgullo, la vanidad, la jactancia y otras falsas metas que nos fija como bases de triunfo y éxito banal; muchos están siendo estrangulados hasta caer en una depresión patológica, por medio del estrés laboral y del endeudamiento que los sumerge cada día más a través de la soledad, por la necesidad de vivir fingiendo hasta fin de mes, para recibir un sueldo que cada día se hace más insuficiente para cubrir sus gastos.

Tan común se está haciendo en nuestros días, que las compañías aseguradoras de la salud, se han visto forzadas en muchos países a darle cobertura entre la lista de enfermedades que deben subvencionar.

La depresión es una condición que aísla al paciente de la realidad del mundo que le rodea y le sumerge en una dimensión distorsionada por su patología, donde todo se desmorona según su percepción, bajo el peso de su propia apreciación pesimista y fatal.

En nuestros días la medicina moderna ofrece alternativas de curación a través de fármacos antidepresivos recetados por un profesional, médico psiquiatra.

Pero para responder a su pregunta en particular, podríamos citar el caso de Elías, gran profeta y varón de Dios, en cuyo caso encontramos varios antecedentes para un análisis exhaustivo de su caso individual, que como he indicado, en cada uno de los pacientes puede tener una causal diferente.

Decía que por tratarse de una patología, todos los seres humanos podríamos padecerla en alguna etapa de nuestras vidas, porque las enfermedades son inherentes a la naturaleza humana en general. El mismo apóstol Pablo tuvo que decir: (2Cor.11:29) "Quién enferma, y yo no enfermo? Aunque en su caso específico no se trataba de una depresión, pero sí de otras enfermedades que afectaban su cuerpo.

En el relato que hace la Palabra de Dios sobre la situación de Elías, podemos ver que el profeta había tenido un gran triunfo en el monte Carmelo sobre los falsos profetas de Baal (1Ry.cap.18), pero al finalizar el mismo capítulo podemos apreciar no solamente su descenso desde el monte, sino que también en su estado físico y anímico que lo llevó a hundirse en una profunda depresión.

Dice al final del último versículo del mismo capítulo 18 "y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel". El rey Acab iba en su carruaje real tirado por lo mejor de se caballería, ¿Qué hacía un profeta de Dios, avanzado en años, corriendo esa carrera inútil?

En el siguiente capítulo (19) vemos que la euforia por su victoria, que le había inducido probablemente a iniciar esa loca carrera, lo lleva a un agotamiento extremo que prontamente lo arrastra a una profunda depresión.

(19:2) La reina Jezabel al enterarse que Elías había sido el causante de la muerte de todos sus falsos profetas de Baal, ordenó la sentencia de muerte para Elías.

En el vr. 3 dice Elías: "Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida".

Luego el vr. 4 añade: "Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres".

En este punto vemos que su depresión se había agudizado hasta llegar anhelar la muerte, pero al mismo tiempo que está hundido en un foso de oscuridad que se ha desconectado de la realidad. Porque si deseaba la muerte ¿para qué corrió para salvar su vida? (vr.3).

Luego vemos el desarrollo de su depresión, la cual es muy similar a la de todos que sufren esta condición. Vr. 5 "Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido". El cuerpo no tiene fuerzas ni ánimo de hacer otra cosa que dormir.

Pero aquí la Palabra de Dios relata el tratamiento que el Señor le dio. Lo dejó descansar razonablemente, luego lo alimentó, para posteriormente ordenarle una gran caminata.

Solamente después de ese gran ejercicio, cuando sus fuerzas se habían recuperado con el alimento ingerido y su mente estaba más lúcida, es que Dios le habló. Y le ordenó emprender su caminata para realizar la tarea que le había encomendado.

Elías se quejaba de su soledad y de su miserable condición, pero aún razonaba de acuerdo a la realidad que él se había construido en su propia mente. Y Dios tiene que decirle que su percepción es equivocada, porque no está solo, porque el Señor se había guardado a 7mil que no habían doblado sus rodillas ante Baal.

Dios tuvo que indicarle con suma claridad la labor que le quedaba por realizar, y solamente así Elías pudo salir de su depresión.

En mi vida he podido conocer a varios cristianos que han pasado por una situación lamentable como la de Elías. Se encierran en la oscuridad y soledad de su casa, para llorar amargamente su terrible condición, y comúnmente oran igual que Elías: "Señor sácame de este mundo, porque no quiero vivir más".

Pero a los tales he tenido que decirle lo mismo que nos enseña Dios a través de la experiencia de Elías: "No creas que estás solo, hay muchos cristianos por toda la faz del planeta que también son fieles y padecen sufrimientos, porque este mundo de tinieblas no puede ser nuestra habitación. Pero nadie se irá de aquí, sin haber terminado la tarea para la cual el Señor lo ha dejado en esta tierra".

1Pe 4:12 "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese"
1Pd.5:9 "Resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo".
1Pe 5:7 "echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros".

El Señor nos salvó y no nos llevó inmediatamente al cielo, porque tiene asignada una responsabilidad para cada uno de sus hijos acá en la tierra. Nadie se morirá el día antes o el día después que él nos tiene señalado.

Únicamente podemos llegar a nuestro último día con mejor calidad de vida y dignidad si nos cuidamos, o enfrentar el momento de nuestra partida con grandes lamentaciones, pero nadie logrará añadir o quitar un día extra del que Dios le tiene marcado.

Por cada día de vida que el Señor nos proporciona, tengamos la absoluta seguridad que es porque aún no hemos concluido nuestra tarea terrenal. Porque él nos ha entregado desde antes de la fundación del mundo, obras para que cado uno las realicemos, conforme al don que él mismo nos ha concedido.

Ef. 2:10 "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas".

¿Cómo salió Elías de su depresión? Abandonando esa oscura cueva en la que se había refugiado a llorar su condición y soledad. Alimentándose debidamente, haciendo el ejercicio necesario, buscando el rostro de Dios, y cumpliendo la misión que el Señor le había indicado.

Debemos aprender a vivir y disfrutar cada día, como si fuera el último de nuestras vidas. Y preocuparnos, como nos enseñó nuestro bendito Salvador en su oración modelo, por el pan de cada día, no por el pan del mes o del año.

Mat 6:10 "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Mat 6:11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy".

Mat 6:34 "Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal".



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