Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 160

¿Por qué Dios no se agradó de la ofrenda de Caín?

RESPUESTA

No importa toda la sinceridad que podamos añadir a nuestra ofrenda o lo costosa que pueda ser, si no es conforme al corazón de Dios, el Señor simplemente la rechazará, porque no será más que paja que la Omnisciencia y Santidad divina consumirá con el fuego de Su justicia celestial.

No hemos de olvidar que Dios conoce nuestros corazones, y nuestras ofrendas únicamente pueden exteriorizar ante el Señor de la gloria lo que realmente existe en nosotros. Podremos impresionar a los hombres, pero jamás lograremos engañar a Dios.

El Señor repudia la ofrenda de aquellos que no tienen un corazón recto, porque simplemente es hipocresía mal oliente. Dios no necesita absolutamente nada de nosotros, sólo se agrada de aquello que procede de un corazón íntegro y agradecido.

Es un insulto a Su Persona creer que podremos agradar al Santo con nuestras ofrendas cuando nuestras vidas son impuras. Dios no está a la venta ni acepta dádivas y sacrificios de quienes permanecen en pecado.

Lo que necesitamos hacer es abrir nuestros corazones en Su presencia y arreglar cuentas con el Señor. Es un agravio enorme pensar que basta con abrir nuestra billetera.

Con mucha vehemencia la Palabra del Señor condena esa practica tan generalizada y explotada, por los mercaderes de la fe que han escogido seguir la religión de Caín: Hch. 8:20 "Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero".

Estos traficantes de almas, como los considera el Señor en Su Palabra (Ap.18:11-13), copiando de los romanistas las "mandas" y penitencias, ese recurso inescrupuloso e inmoral para sacar dinero de sus seguidores vendiendo el favor de Dios; los seudo evangélicos que también escogieron la religión de Caín en sus practicas, la han introducido de igual manera en sus iglesias bajo diferentes nombres: La semilla de fe, los pactos, la "fiesta de las primicias" y todo aquello que sus imaginaciones sedientas de dinero puedan concebir.

A su pueblo cuando cayó en pecado le ordenó que no trajera ofrenda delante de Él. Is.1:11-13 "¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda".

En Caín encontramos el inicio de la religión del hombre cuyo corazón continúa en pecado y sin embargo pretende agradar a Dios con ofrendas. Caín procura entregar al Señor lo mejor que sus fuerzas humanas pueden ofrecer, para lo cual busca lo más excelente que la tierra pudiera producir; como los religiosos contemporáneos del mundo que siempre pretenden ofrecer "lo mejor para el Señor". Aunque en sus conciencias cauterizadas pretenden engañarse a ellos mismos diciendo que es para el Señor Jesucristo, en su interior no pueden ser tan necios y saben que es para el señor Domínguez o el señor Soto o el señor Chaparro u otro de estos mercaderes de la fe.

Seguramente que los padres de Caín habían contado muchas veces a todos sus hijos lo que fue esa hermosa experiencia de vivir en el Paraíso, pero que a consecuencia del pecado de ellos Dios los expulsó del Jardín del Edén, no sin antes haber provisto el perdón cumpliendo lo que Su justicia divina había establecido "que la paga del pecado es muerte". A través de la muerte de aquellos animales que el Señor sacrificó para poder otorgarles vestiduras.

Gn. 3:21 "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió". Lo más probable es que esos animales fueron corderos, por esta razón el corazón de Abel que era recto, como dice en Mt. 23: 35 "la sangre de Abel el justo". Éste escogió ser pastor de ovejas, y cuando llegó el momento de ofrendar a Dios, trajo a Su presencia un cordero.

Éste es el motivo por el cual Dios aceptó la ofrenda de Abel, porque era justo y presentó una ofrenda santa de acuerdo al corazón del Señor. Y a Caín lo rechazó por la naturaleza de su ofrenda y porque su corazón era malo, lo cual se manifestó claramente cuando Dios le hizo conocer Su desagravio.

Reaccionó de una forma terrible, se puso muy furioso, lo cual se reflejó incluso en su semblante. Un corazón altivo siempre alterca con Dios y con las consecuencias que nuestro propio pecado nos arrastra.

Primero sintió envidia por su hermano, luego ese pecado engendró el odio. Dios procura razonar con él y convencerlo de la locura de su resentimiento para traerlo de nuevo a la cordura, para impedir que su pecado continuara creciendo.

Gn. 4:7 "Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él".

Cuanta necesidad tenemos de cuando el furor nos inunde, detenernos para razonar y buscar la verdadera causa de nuestro enojo, para no proseguir en ese espiral que arrastra el pecado.

Pero como Caín continuó argumentando contra Dios sin reconocer la condición de su propio corazón, su pecado siguió creciendo. Luego mintió y hasta se burló del Señor, diciendo Gn. 4:9 "Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?"

Alguien ha dicho: "No podemos impedir que las aves vuelen sobre nuestras cabezas, pero sí que no hagan nido allí". Y esto es lo que podemos y debemos impedir, que el pecado anide en nuestros corazones, porque pronto dará vida a otros pecados aún peores.

El Señor nos exhorta en Su Palabra: Ef. 4:26-27 "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".

Cuando leemos todo el pasaje de la historia de Caín nos resulta muy evidente por qué Dios no se agradó de la ofrenda de Caín, y del mismo modo la razón por la cual aceptó la ofrenda de Abel. La mayor diferencia estaba en lo que había en sus corazones.



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