Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 153

¿Está bien buscar prédicas en Internet o en libros para luego predicarlas como si fueran de ellos?

RESPUESTA

Hasta la ley de los hombres condena el plagio, cuanto más lo hará el Santo de los santos. No solamente no es ético, sino que además es un absurdo que puede compararse a la necedad de un agricultor que perdiera su tiempo sembrando granos cocidos esperando ver frutos algún día.

Los verdaderos siervos de Dios que nos muestra la Biblia, dedicaron mucho tiempo a los pies del Señor y luego se desarrollaron espiritualmente en la escuela de la obediencia y purificaron su fe en el horno de la prueba.

Hoy que estamos acostumbrados a los alimentos instantáneos, son muchos los predicadores que han cedido ante la tentación de buscar comida preparada para entregar un alimento "chatarra" (junk food) a sus congregaciones. Porque en su incapacidad y pereza de preparar algo personal, solamente se limitan a copiar y adaptar mensajes que fueron hechos por otras personas, para en muchos casos botar el contenido y entregar solamente el envase.

Para buscar un mensaje que verdaderamente pueda transmitir vida y llevar fruto, no podemos buscar en una lista de mensajes que ya fueron preparados por otros siervos del Señor, porque eso es deshonesto, estéril e infructuoso.

El Señor nos dejó un vivo ejemplo de la dependencia que necesitamos del Padre. Jesús acostumbraba buscar el rostro del Padre en largas horas de oración en el monte de los Olivos. Ese lugar escogido por el Señor para orar era llamado así por los árboles de olivos que había en su entorno.

Que lección más sublime encontramos en todo esto, porque el aceite se obtiene luego de romper y comprimir el fruto del olivo, y sabemos que ese delicado y aromático líquido es símbolo del Espíritu. Cada hijo de Dios, especialmente aquellos que quieran entregar un mensaje del Señor, deben necesariamente pasar horas en Su presencia, exprimir y derramar su espíritu en libación ante Dios.

También es necesario pasar por el horno del fuego de la prueba, 1Pd. 1:7 "para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo".

No basta con poseer un conocimiento profundo de la Palabra de Dios, porque eso sería insuficiente si no va acompañado de estos dos elementos que he mencionado previamente. El gran apóstol Pablo, en el momento mismo de su conversión dijo: Hch. 9:6 "El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer".

El relato bíblico nos dice que estuvo tres días ciego en Damasco, desde donde fue a Arabia por tres años y regresó a Damasco antes de ir a Jerusalén para compartir con la iglesia y los otros apóstoles lo que había recibido del Señor (Gál.1:17-18).

Aun considerando que él había sido instruido en la Palabra de Dios por largo tiempo, porque era hebreo de hebreos, Filp. 3:4-5 "Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo".

Pero todavía le faltaba pasar por el horno de la prueba para entregar esos mensajes regados con lágrimas de amor. Como dice en su propio testimonio:
2Co 11:23 "¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces.
2Co 11:24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.
2Co 11:25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar;
2Co 11:26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
2Co 11:27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;
2Co 11:28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.
2Co 11:29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?".

El verdadero siervo de Dios que desea entregar alimento no contaminado, también rehusará aquellos que tienen la fecha de vencimiento terminada. Y la fecha de vencimiento de un mensaje está caducada para los copiadores.

Para entregar un mensaje que lleve la fuerza y el poder del Espíritu Santo, se requiere que el siervo tenga su "despensa" (su corazón) lleno de la Palabra de Dios, que esté en constante comunión con el Señor en oración y que sea hacedor de lo que predica; que haya sido probado y quebrantado por el Señor, para que su "alabastro" derrame su exquisita fragancia. Tan solo así podrá presentar algo que Dios le haya entregado para compartir con la iglesia.

Pero aquel que desea seguir el camino de los perezosos, puede continuar sembrando patatas cocidas que saca de Internet o de los libros, pero no de su propia despensa.

Si alguien me pregunta de dónde puede sacar mensajes para predicar, la única respuesta que le puedo entregar es: "De la Biblia", porque eso es lo honesto y que no tiene adulteraciones.



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