Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 149

¿Por qué los escritores cristianos no publican sus enseñanzas por Internet? ¿No han ganado ya suficiente dinero vendiendo sus libros? Si el Señor no vendía su doctrina ¿Por qué sus discípulos la venden? ¿No resulta inescrupuloso vender la verdad que lleva al cielo, cuando Jesús la entregó gratis?

RESPUESTA

Su planteamiento tiene mucha lógica, más aún cuando algunos de ellos se vanaglorian que han vendido más de un millón de ejemplares en cada edición, lo cual reducido a dólares es mucho dinero.

Creo que en una sociedad materialista, dentro de la cual se encuentra la mal llamada "cristiandad", resultaría muy extraño que un escritor regalara su trabajo publicándolo por Internet; cuando al recurrir a una editorial se puede obtener grandes beneficios, especialmente en estos tiempos que debido a los avances de la tecnología la gente lee mucho menos que antes.

Las grandes editoriales atraviesan por serios problemas debido a la escasez de público lector. Pero han descubierto según sus estudios de mercado, que los evangélicos continúan comprando libros, por lo tanto se han dado a la caza de escritores que puedan suplir para cubrir esa necesidad y explotar la nueva veta que han localizado.

Antiguamente era muy difícil encontrar una editorial que publicara las obras cristianas, hoy en día son ellas las que salen a buscar a los autores cristianos. Personalmente he recibido varias ofertas de editoriales que ofrecen contratos muy tentadores, pero al vender los derechos a una editorial, legalmente no se puede publicar esa obra en Internet para beneficio de todos; porque los publicistas pasan a ser los dueños y quienes disponen de todos los derechos. Y obviamente como ellos solamente buscan utilidades, no van a permitir que se publique gratuitamente algo por lo cual ellos pagaron para obtener utilidades.

Con la excusa de querer llegar masivamente a las grandes multitudes del planeta, se han justificado grandes inversiones (que esperan recibir utilidades a ciento por uno), pero nunca fue esa la ordenanza del Señor, sino que su mandamiento fue que TODOS los creyentes fuéramos comunicadores en el medio que el Señor nos ha colocado, para brillar y entregar las verdades gloriosas que Dios dejó para la humanidad, y no que le paguemos a un hombre para que haga el trabajo que le corresponde a cada uno en forma personal, porque de esta manera no se ejercitan los dones espirituales que Dios ha entregado a cada uno en particular (1Cor.12:11).

El Señor trata con el hombre en forma individual, no con las multitudes que no son más que (2Pe 2:17) "fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta". Las multitudes fueron las que proclamaron con grandes gritos de júbilo al Señor en su entrada triunfal de Jerusalén: Mt. 21:9 "Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!". Pero a la semana siguiente fueron los mismos que gritaban: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale!".

Comparto plenamente su inquietud, porque resulta incongruente que alguien venda algo que no es suyo. La verdad doctrinal que dicen publicar y vender a través de los libros, corresponde supuestamente a la revelación que Dios ha entregado gratuitamente a toda la humanidad. Incluso que en nuestros días se publique la Biblia con derechos reservados por esas grandes editoriales, me parece una desvergüenza, más aún considerando que la Biblia continúa siendo el libro más vendido.

Con cuanta nitidez resuena la voz del Santo de la Gloria que dijo: "Dad de gracia, lo que recibisteis de gracia". Si Dios nos ha regalado el don de maestro o pastor, no podemos vender ese favor celestial al mejor postor. Es para que lo usemos para la obra del Señor, no para hacer lucro personal.

Cuan diferente fue el ejemplo que nos dejaron los verdaderos y grandes siervos de Dios que nos relata en Su Palabra. Pedro, Pablo, ni ninguno de los discípulos del Señor vendían su mensaje, sino que muy por el contrario, con muchos sacrificios y desvelos llevaron la Palabra a los lugares más inhóspitos, y sin contar con los medios modernos de comunicaciones y transportes que hoy disponemos.

Cuando el Señor envió a sus discípulos les dijo: (Mt. 10:9-10) "De gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento".

Les está prometiendo solamente el alimento, no las riquezas de este mundo, porque también a ellas se refirió de forma muy clara: Mt. 6:19-24 "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas".

Con toda justicia dice el Señor: (Mt .19:23-24) "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios".

El evangelio que el Señor nos ha mandado predicar es el evangelio de la Gracia, y como su nombre lo indica, ha de ser gratuitamente. Y la razón es que nosotros también lo recibimos gratis, por lo tanto, si vamos a transmitir a otros esa verdad gloriosa, no podríamos venderla, porque además no es nuestra, es de Dios. No deberíamos vender algo que corresponde a otro Autor, Dios.

Creo que sería muy bueno y decente que se terminara de utilizar el nombre del Señor para hacer ganancias deshonestas. Si alguien cree tener una verdad importante para el pueblo de Dios o para que los inconversos puedan llegar al cielo, me parece inmoral venderla, debería ser proclamada a los cuatro vientos en forma gratuita. Esa es la única actitud consecuente para los que nos ha correspondido vivir en el día de la Gracia.

Todos los hermanos fieles (porque los hay) están esperando escuchar de los labios benditos del Señor en aquel día glorioso: Mt. 25:21 "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor".



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