Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 148

¿Cuáles son esos sacrificios espirituales que dice 1 Pedro 2:5 que debemos presentarle a nuestro Padre Celestial?

RESPUESTA

1Pd 2:5 "vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo".

Pedro bajo la inspiración del Espíritu Santo escribe esta magistral epístola mezclada de metáforas. En una digresión cita referencias al Antiguo Testamento acerca de la Piedra viva, porque Cristo es el Resucitado y quien transmite vida. Llama la atención su expresión "acercándoos a él, piedra viva" lo que conlleva dos ideas centrales, una acercarse por medio de la fe con la intención de permanecer con él, y también de disfrutar de una comunión personal e íntima con el Amado. Todo esto transmite la idea de adoración para ofrecer sacrificios.

La alusión a la Piedra principal (Cristo) y a que nosotros los creyentes redimidos por Su gracia somos las piedras vivas que constituimos Su templo espiritual, es una analogía donde metafóricamente se refiere a que la iglesia ahora es el verdadero templo de Dios, mayormente después de la destrucción del templo de Jerusalén como lo anunció el Señor.

La Piedra que hace tropezar a los inconversos, es sin atractivo y objeto de tropiezo, pero para el creyente es la principal y más hermosa. En esa analogía al Antiguo Testamento se remonta para recordar la función de los sacerdotes.

Cuando un israelita llegaba al atrio (del tabernáculo o del templo posteriormente) no tenía que preguntar quién era un sacerdote, porque se les reconocía inmediatamente debido a sus vestimentas blancas y a las funciones sacerdotales que les caracterizaban, siempre estaban para ofrecer sacrificios que el pueblo les llevaba. No se concebía que un sacerdote estuviera sentado sin hacer nada, además es digno de recordar que en el templo no existían bancas ni para que el pueblo se sentara, todo allí era actividad.

Lamentablemente la "cristiandad" moderna se conforma con ponerse "sus vestimentas sacerdotales" únicamente cuando están en la iglesia, y entienden ese concepto cuando están dentro de las cuatro murallas del edificio que los reúne. Pero el templo y casa de Dios que hace mención Pedro no es un edificio de piedra, ladrillo o madera, sino un edificio espiritual constituido por TODOS los creyentes que han sido salvados por el Señor, al cual pertenecemos y estamos dentro de ese edificio espiritual las 24 hrs. del día y los 7 días de la semana, porque nosotros somos ese edificio espiritual.

1Co 6:19 "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
1Co 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios".

La falta de conocimiento y admisión de esta bendita realidad, ya sea por haber descuidado el estudio de la Palabra del Señor o por no tener maestros sabios que les enseñen, ha llevado a muchos a conformarse con una doble vida; una cuando están dentro del local que ellos equivocadamente llaman "iglesia". Allí se ponen sus vestiduras religiosas y colocan cara de santidad, pero cuando regresan a sus casas, en sus trabajos o en cualquier otro lugar, vuelven a ser los mismos iracundos, mentirosos, chismosos, irresponsables, llenos de deudas (aunque Dios nos ha mandado que: Rm.13:8 "No debáis a nadie nada") y todo lo demás que muy bien conocemos. Es decir, afuera del local se sacan su traje y se quedan con sus vestimentas de inconverso y actúan igual que todo el mundo.

Pero el creyente que sabe que él es una piedra vida de ese gran edificio espiritual que es la iglesia del Señor, la que Cristo vendrá a buscar prontamente (porque el Señor no viene a buscar un edificio construido por el hombre), es uno que se comporta de igual forma dentro del local de reuniones, en su casa, en su trabajo y donde quiera que esté, porque sabe que su cuerpo es el templo. En ese cristiano no existe la hipocresía que tanto molesta y daño produce a la obra del Señor.

Esa falsa cristiandad que está revestida de hipocresías de una doble vida, es la que cree que los sacrificios para Dios son cocinar emparedados y demás cosas que tienen impregnadas sus "iglesias" con un fuerte olor de frituras. En donde debiera emanar la fragancia delicada y grata del Espíritu Santo, hoy huele a comidas, café y fritos. ¡Qué insulto al Santo de los Santos! creer que esos pueden ser los sacrificios "espirituales", entre los cuales también los comerciantes de la fe incluyen los diezmos y ofrendas. Eso es simplemente un comercio desvergonzado que ha transformado la casa de oración en cueva de ladrones como dijo el Señor.

Los sacrificios espirituales que agradan a Dios, son los que efectuamos las 24 hrs. del día y los 7 días de la semana, porque incluso hasta de nuestro trabajo con el cual nos ganamos el sustento diario, nos dice: Col 3:23-24 "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís".

Creo que no existe mayor sacrificio que tomar su cruz diariamente para seguir al Señor, que es lo que precisamente nos ordenó en Lc 9:23 "Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame".

Conozco por experiencia propia lo que es llevar la pesada cruz para soportar jefes arrogantes e injustos en el lugar de trabajo, pero es allí precisamente donde Dios nos manda exhalar nuestra mejor fragancia en sacrificio vivo. O cuando tenemos conflictos familiares a consecuencia de nuestra firmeza para mantener un testimonio consecuente con nuestra fe, porque el Señor ha dicho:

Mt. 10:34 "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.
Mt. 10:35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;
Mt. 10:36 y los enemigos del hombre serán los de su casa".

Nuestro caminar hacia la gran ciudad celestial está lleno de sinsabores e injusticias, pero tenga la certeza que ninguno de ellos escapa del conocimiento del Dios Omnipresente.

1Pd. 4:12 "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese",
4:13 "sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría".
4:14 "Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado".
4:15 "Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno";
4:16 "pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello".

Y en este texto creo necesaria una aclaración, he escuchado con mucha indignación a algunos que se glorían porque han estado en la cárcel, pero han estado allí por ladrón, malhechor o por entremeterse en lo ajeno. En eso no existe ninguna gloria, sino que una profunda vergüenza debería invadirlos y hacerlos bajar sus cabezas y cerrar sus bocas si es que tuvieran el mínimo de dignidad. Conozco el caso de un pastor que estuvo preso por tráfico de oro, pero tenía el cinismo y frescura de decir que Dios lo había mandado a la cárcel para predicar el evangelio.

Lo que este texto dice es un mensaje de consolación para los hijos de Dios que tienen que pasar por padecimientos injustos, pero aquel que va a la cárcel por infringir la ley, bien merecido lo tiene. No olvidemos que el Señor Jesucristo ni al ladrón que se arrepintió en la cruz lo liberó del peso de la ley, teniendo poder para hacerlo. Lo perdonó, pero lo dejó cumplir con la condena aunque era muy cruel, y eso nadie puede decir que fue por falta de misericordia, sino que los que piensan así, es porque no conocen al Dios de la Biblia, Su Justicia y Santidad.

Hemos de brillar en el sitio donde estemos, mientras más densas son las tinieblas, con mayor intensidad debería brillar nuestra luz, porque somos hijos de la luz y esa es nuestra misión.

Rom 12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
Rom 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
2Co 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Rom 13:12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
Rom 13:13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,
Rom 13:14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.

Pablo desde la cárcel escribe: Filp 4:18 "Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios".

Heb 13:15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (Por medio del Señor Jesucristo), sacrificio de alabanza es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
Heb 13:16 Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Los sacrificios espirituales que hace referencia Pedro en su epístola es nuestra conducta diaria, nuestro testimonio en el lugar que estemos, nuestras dádivas que entregamos sin que nuestra izquierda sepa lo que ha dado nuestra derecha, nuestra humildad, sinceridad, veracidad y todas las virtudes que deberían manifestarse diariamente en nuestras vidas, aunque ello implique dolor y pérdidas momentáneas en nuestra vida terrenal.

Tienen relación directa con los frutos del espíritu, y que Dios los separa muy claramente de los frutos de la carne:

Gal 5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

5:22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
5:23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
5:24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
5:25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

¿Cuál vestimenta está Ud. usando diariamente? ¿La de la carne, que describe en los versículos 19 al 21? ¿O las vestiduras sacerdotales que menciona en los versos 22 al 25?

Es interesante destacar que la puerta del atrio por donde entraba el pueblo, y la puerta del tabernáculo por donde ingresaban exclusivamente los sacerdotes al lugar Santo, ambas tenían la misma superficie; pero la que usaban los sacerdotes era mucho más alta que la puerta del atrio por la que entraba la multitud. Porque a los sacerdotes se les exigía una mayor estatura moral, al que se le ha dado más se le exigirá más.



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