Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 109

¿Es correcto que se instalen librerías para vender libros y artículos religiosos en las iglesias?

RESPUESTA

Una de las cosas que más enardeció al más manso de todos y que no pudo tolerar, sino que se indignó de tal manera, que cogió un látigo para expulsar del templo a los mercaderes y les dijo: “Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”. Fue precisamente el comercio que se realizaba en las inmediaciones del templo.

Tal fue la ira y repudio que le provocó el comercio en la casa de Dios, que marcó su ministerio terrenal con estos dos actos de expulsión violenta de los comerciantes que se habían instalado en ese lugar santo.

Al inicio de su ministerio encontramos la primera purificación del templo: Jn.2: 13-16 “Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”.

Y la segunda vez ocurrió una semana antes de su crucifixión, cuando entró montado sobre una asna y la gente tendía ramas a su paso y gritaba: ¡Hosanna al Hijo de David! Continúa el relato del evangelio de Mateo 21 en el verso 12 “Y entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”.

¿Qué vendían estos comerciantes que hizo arder de ira al Señor Jesucristo? No eran bocadillos ni café como se hace impúdicamente en las iglesias de hoy, sino que eran “artículos religiosos” que la ley de Moisés ordenaba sacrificar en el templo.

Ese fuerte repudio del Señor por esos elementos necesarios para cumplir con las demandas de la ley, equivalen a las Biblias y otros artículos religiosos que se comercializan libremente en muchas iglesias, incluyendo libros proselitistas, cassettes y CD de música vulgar que todos pueden reconocer fácilmente su origen en el mundo.

Hace mucho tiempo que las iglesias han dejado de ser la casa del Señor Jesucristo, para transformarse en la casa del señor González o señor Smith. Y en lo que debería ser la casa de oración, se vende todo aquello que puede transformarse en dinero, porque para eso, muchos pastores de hoy, son como el rey Midas, todo lo que tocan lo transforman en oro.

Por este motivo también, en la que debería ser la casa de Dios, ya no se huele la fragancia exquisita del aroma del Espíritu Santo, sino que abunda el olor inconfundible de las empanadas y confites que se comercializan libremente. Y todo esto, simplemente porque no hay temor de Dios, y como dice el Señor a la última iglesia, la de Laodicea, él ya no está en medio de ese lugar, sino que está afuera, llamando por si alguno oye su voz y viene al arrepentimiento (Ap. 3: 20).

Ahora, en cuanto a su pregunta si es correcto instalar librerías en las iglesias, la respuesta es muy simple. El Señor ha sido muy claro y categórico para expresar su voluntad de NO VENDER NADA en lo que debería ser la casa de Dios, aunque sean artículos religiosos y Biblias; porque debe ser llamada casa de oración, y no librería o tienda comercial. Eso fue lo que repudió en el templo, y será lo mismo que hará cuando vuelva, porque el Señor es el mismo ayer, y hoy, y por siempre.



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