Preguntas Frecuentes

por Jack Fleming

N° 104

¿Es verdad que existen códigos ocultos en la Palabra de Dios?

RESPUESTA

La idea central de la cábala es que cada frase, palabra y letra del Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia) contienen la revelación de Dios y ninguna cosa debe ser desatendida, razón por la cual los cabalistas han buscado revelaciones divinas en cada letra y frase de los manuscritos, recurriendo a prácticas numéricas y geométricas que se mezclan con lo esotérico (numerología).

La cábala propiamente dicha surge hacia fines del siglo XII, sus orígenes pueden remontarse hasta el incipiente judaísmo de la diáspora helenística (cerca del siglo I a.C.). En el año 530 a.C. Pitágoras, el filósofo griego, desarrolló una forma metódica y astrológica del valor de los números que relacionó con los planetas y su "vibración numérica", práctica que los judíos que se encontraban en apostasía incorporaron para escudriñar la Torá.

Este sistema de teosofía esotérica nacido en el judaísmo de Europa después del siglo XII, cuando los judíos fueron expulsados por la represión e intolerancia católica de España, lo llevaron a Palestina. Aunque también hubo quienes para escapar de la brutal persecución católica contra el pueblo escogido de Dios, se vieron obligados a aceptar el romanismo, bautizándose y cambiando sus nombres.

En el año 1605 Miguel de Cervantes (judío-español), escribe “El Quijote” y es revestido de gloria y éxito cual ningún otro libro, prontamente pasó a ser la obra más leída en el mundo de habla hispana. Cervantes afirma no ser el autor de su libro sino el lector de una traducción cuyo autor se habría a su vez escondido bajo el nombre del Cid Hamete Benengeli. Don Quijote sería, por lo tanto, la traducción de un manuscrito descubierto en Toledo, escrito en lengua árabe, y dicen los cabalistas que fue escrito por Cervantes utilizando ese método numérico y que se puede leer de esa manera en castellano y en hebreo.

La cábala no es parte de la verdadera fe judía del Antiguo Testamento. Se trata de una doctrina "secreta" y esotérica que se apoya en supuestas revelaciones que no forman parte del canon de las Sagradas Escrituras.

Desde el principio de la creación del mundo Dios ha manifestado su anhelo de comunicarse con el hombre, y siempre lo ha hecho de la manera más fácil y entendible para Su criatura. Hoy en día tenemos la infalible Palabra de Dios, la Biblia, y allí no encontramos “códigos secretos” que el hombre deba romper para descifrar lo que Dios desea decirnos, porque eso es contrario al carácter divino de nuestro Creador.

Is.45:19 "Yo soy Jehová, y no hay otro. No hablé en secreto". Es más, Dios condena toda clase de organización y agrupaciones que actúan secretamente con códigos, alianzas y pactos secretos, porque eso lo considera parte del reino de las tinieblas. Ef.5:11 "Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto". Jn.3:19-21 "Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios".

Dios siempre ha revelado Su voluntad, no solamente de comunicarse con el hombre, sino que también de entregar a Su propio Hijo para que pudiésemos obtener la salvación eterna. Nadie más que Él ha mostrado el interés para acercarse a nosotros ¿Cómo habría de dificultar Su comunicación con el hombre empleando “códigos secretos”? Además todas esas prácticas esotéricas están estrictamente prohibidas en Su propia Palabra. Dios no se puede contradecir a sí mismo.

Is. 47: 13 “Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti”.

Dt. 18: 10-11 “No sea hallado en ti quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”.



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