Cantar de los Cantares



MENSAJE N ° 9



Cant. 6: 1 - 11

"¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres?
¿A dónde se apartó tu amado, y lo buscaremos contigo?

Ella responde: "Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios. Yo soy de mi amado, y mi amado es mío, él apacienta entre lirios.
El esposo habla a la esposa: "Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa, de desear, como Jerusalén, imponente como ejércitos en orden. Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron.
Tu cabello es como manada de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad.
Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero, todas con crías gemelas, y estéril no hay entre ellas.
Como cachos de granada son tus mejillas detrás de tu velo.
Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin número, mas una es la paloma mía, la perfecta mía, es única de su madre, la escogida de la que la dio a luz.
La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron.

Las amigas preguntan: "¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejército en orden?
El esposo dice: "Al huerto de los nogales descendí a ver los frutos del valle, y para ver si brotaban las vides, si florecían los granados".


Las amigas de la esposa, después de escuchar la descripción tan fervorosa y apasionada, también desean salir en su busca. ¿A dónde se apartó tu amado, y lo buscaremos contigo?

Ella responde: "Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios".

Ella había acudido a las hijas de Jerusalén, para que la ayudaran a descubrir el paradero de su amado, pero luego de esa descripción detallada y tan llena de pasión, descubrió dónde encontrar a quién amaba su alma.

En forma repentina, la luz interior había brillado y esparció claridad en su mente y en su corazón. El amado estaba cerca, dentro de ella; siempre había estado presente en su huerto.

Cuando los creyentes se juntan para hablar de su Señor, él está allí presente. Esa fue la promesa que nos dejó: "donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

Esa fue la experiencia de aquellos dos camino a Emaus que iban conversando acerca del Señor. Cuando éste se les acerca y les dice: ¿qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros?

"Yo soy de mi amado, y mi amado es mío, él apacienta entre los lirios". Ella comprendió que aunque sus sentimientos podían ser fluctuantes, el pacto que la unía a su amado era eterno. Porque aunque nosotros seamos infieles, él permanece fiel.

"Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa, de desear, como Jerusalén, imponente como ejércitos en orden". El amor que ella sentía por él, y todo lo que veía en él, la estaba transformando a ella a la semejanza del carácter del Rey.

Él la llamó "la ciudad santa". Comparó su hermosura y esplendor, con la esposa ataviada para su marido, que corresponde al lenguaje del apóstol Juan en Ap. 21: 2

"Yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido". Así la veía él, diáfana y radiante, imponente como ejércitos en orden.

Esto nos indica que ella no solo era hermosa, sino que también fuerte como una hueste celestial. El Señor ama en los suyos, no solo su belleza espiritual, sino su carácter imponente, que les hagan el terror de sus enemigos.

Estas deberían ser cualidades en todos los hijos de Dios, porque ahora somos más que vencedores y nos ha hecho partícipes de su victoria.

Cristianos derrotados es una incongruencia, él se goza en nuestras victorias y desea que haya cada día un progreso espiritual; que seamos transformados diariamente de gloria en gloria, ésta es característica de todos los que verdaderamente son hijos de Dios.

Aquel que únicamente es un religioso, que nunca ha nacidos de nuevo, no puede ir transformándose cada día de gloria en gloria. Y su experiencia será de caída en caída, o como lo expresan en su hablar diario: "están detenidos".

El verdadero creyente jamás se "detiene", porque prosigue diariamente su caminata hasta llegar a la ciudad celestial. Es verdad que muchas veces nuestra carne se revela y queremos soltarnos de la mano del Señor.

Pero permanecemos asidos a él, no por nuestras fuerzas, sino por la fuerza suya; al igual que un padre que lleva de la mano a su hijo pequeño, aunque el niño luche por soltarse, permanecerá tomado de la mano de su padre, porque eso depende de la fuerza del adulto la cual es muy superior.

A eso se refiere la Palabra de Dios cuando dice que: "si fuéramos infieles, él permanece fiel". También en Jeremías lo describe magníficamente, Jer.20: 7 "Me sedujiste, oh Señor, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste".

Ahora el esposo le dice a ella: "Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron". Tus ojos hablan y me anonadan, me cautivan. Se siente subyugado en forma irresistible por la fuerza de tal amor.

"Tu cabello es como manada de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad. Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero, todas con crías gemelas, y estéril no hay entre ellas. Como cachos de granada son tus mejillas detrás de tu velo".

El cabello nos habla de dedicación y consagración, cualidades que él admira en su amada. No sólo es hermosa externamente, sino que su belleza brota desde su interior, lo cual la hace doblemente atractiva.

La referencia a sus dientes, destaca la capacidad de digerir alimento sólido, la verdad espiritual que Dios quiere compartir con todos aquellos que han alcanzado madurez.

Sus mejillas detrás de su velo, indican su belleza escondida para el mundo, pero muy apreciada por él. Es algo que solamente él, debido a su cercanía y amor puede apreciar.

La reiteración de la alabanza del esposo, la cual es muy similar a la que encontramos en el capítulo 4, nos indica que el amor del Señor nunca cambia. Su amor es eterno e inmutable.

Es más, no está afecto a nuestras faltas, porque ninguna de ellas fue una sorpresa para el Señor, él conoció todas nuestras transgresiones, aún desde antes de la fundación del mundo. Eso sí que nos llena de asombro y gratitud, nos amó conociendo todos nuestros pecados, desde nuestro nacimiento y hasta nuestra muerte.

"Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin número". El rey Salomón es figura del Señor en su condición de Rey, pero en su propia vida personal estuvo muy lejos de reflejar algo de la santidad de Cristo.

Individuos inescrupulosos, para justificar su propio pecado de poligamia y vida de lujuria, citan con mucho descaro el pecado de Salomón. Pero lo que omiten decir, es que efectivamente el rey Salomón tuvo muchas mujeres, pero ese pecado no está registrado en las Sagradas Escrituras para que le imitemos, muy por el contrario, para que no lo hagamos. Por este motivo la Biblia también relata el castigo que Dios mandó sobre Salomón por ese pecado.

En 1Ry.11 tenemos consignada la sanción e inhabilitación que recibió por parte de Dios a consecuencia de ese pecado. Vr. 9 "Y se enojó Jehová contra Salomón", y añade en el vr.11: "Por cuanto ha habido esto en ti, romperé tu reino, y lo entregaré a tu siervo. Vr. 23 "Dios también levantó a Rezón, hijo de Eliada, y fue adversario de Israel todos los días de Salomón". Vr.39 "Yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto".

Muchos de los personajes bíblicos pueden en alguna medida ser usados como tipología del Señor, pero debido a su condición de descendientes de una raza caída, ninguno puede en plenitud representarlo.

Esa es la razón por la cual la Palabra de Dios tiene que utilizar muchas figuras, para que cada una represente una cualidad del Señor. La perfección de Jesús es tal, que ningún ser humano puede simbolizar su persona santa y divina.

Las figuras y personajes que emplea la Biblia para hablarnos de Jesús, son como los diferentes colores que emanan de un gran diamante, cada una de sus caras irradia un color diferente, pero el conjunto de todos ellos es la luz blanca que nos habla de Su santidad divina, que no puede ser comparada con nada creado.

Después de esta aclaración, volvamos a nuestro pasaje de Cantares en el verso 9 "Mas una es la paloma mía, la perfecta mía". La compara a una paloma, porque sus ojos están fijos en Cristo, y perfecta, en el sentido de ser completamente rendida a él.

Las amigas preguntan: "¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna?". De ella han huido las sombras, no hay oscuridad, porque es hija de la luz, y en la comparación con la hermosura de la luna, nos recuerda que su luminosidad no es propia, sino que es el reflejo del sol de Justicia.

El esposo dice: "Al huerto de los nogales descendí a ver los frutos del valle".

Los nogales abundaban en la parte norte de Israel. Las nueces tienen una cáscara dura que las protege, aunque caigan al barro su fruto no se echa a perder. Esto nos habla de la seguridad del creyente, como fue el caso del hijo pródigo.

También nos indica que en el creyente, para extraer su fruto, debe primeramente producirse un quebrantamiento, sólo así podrá provocarse una liberación real del Espíritu Santo que mora en nosotros. Y éste podrá fluir como ríos de agua viva, que regocijan al cristiano y a su Señor.

Que estas breves reflexiones nos sirvan para animarnos a disfrutar de una comunión más íntima y personal con nuestro amado Salvador.



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