Cantar de los Cantares



MENSAJE N ° 10



Cant. 7: 10 - 8: 7

"Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento, ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas, veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados, allí te daré mis amores.
Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.

Los aldeanos preguntan: "¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado?
La esposa dice: "Debajo de un manzano te desperté, allí tuvo tu madre dolores, allí tuvo dolores la que dio a luz.
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo, porque fuerte es como la muerte el amor, duros como el sepulcro los celos, sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían".

Después de la hermosa descripción que hizo él en los primeros nueve versículos de este capítulo, ahora ella mostrando una mayor madurez espiritual, dirige su atención no sobre ella misma, sino en lo que es el contentamiento de su Amado.

El amor verdadero no es egocéntrico. Su gran deseo no está enfocado en satisfacerse ella misma, sino en conocer qué desea su amado. Antes su pensamiento primordial era: "Mi amado es mío". Y en segundo lugar agregaba: "Yo soy suya". Ahora no escuchamos esa declaración jactanciosa: "Mi amado es mío".

El cristiano carnal busca una ganancia personal, obtener algo para él. Eso es lo que escuchamos a diario en los programas radiales que se dicen "cristianos" y que se han especializado en pedir dinero, ofrecen que el Señor se los va a devolver duplicado.

Cuanto egoísmo y superstición refleja ese tipo de vulgaridad, que no son otra cosa que "mandas" (penitencias) con las que pretenden comprar el favor de Dios.

El amor genuino solo busca agradarle a él, sin esperar nada a cambio; ese es el verdadero Norte que orienta todas las decisiones y actividades del creyente espiritual, procura siempre pasar inadvertido para entregarle toda la gloria a su amado. Jamás va a eclipsar a su Señor, como lo expresara muy bien Juan el Bautista: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe".

En esta condición ahora la esposa podía decir: "Ven, oh amado mío, salgamos al campo". Ella no actuaba sin la compañía de él, caminaba junto a él, liberada de toda motivación egoísta. Ya no se interesaba en "su propia persona", en "su trabajo", en "su iglesia".

Los intereses del cristiano que ha madurado en su amor, son los intereses del Señor en todo el mundo, sin sectarismos de fanatismos farisaicos. Su mente y su corazón tienen un enfoque mucho más amplio.

"Moremos en las aldeas" y lo dice en plural, porque claramente ha comprendido su condición de peregrina. No está buscando un hogar permanente. Ella irá donde los intereses del Señor la envíen.

En compañía de su amado saldrá a buscar las ovejas. "Levantémonos de mañana a las viñas". No está preocupada de ella, sino de una pluralidad de viñas, más allá de sí misma.

Ha llegado a un grado de responsabilidad cooperativa con todos los creyentes fieles, se ha desprendido de los intereses partidistas y sectarios, tan típicos en los cristianos carnales. Ahora ella ve la obra a través de los ojos de su amado.

"Levantémonos de mañana". La pereza no es característica de espiritualidad, muy por el contrario. El que realmente ama a su Señor, es una persona laboriosa, comienza muy de madrugada buscando el rostro de su Amado, porque se ha propuesto no ver otro rostro antes que el de Él.

La esposa sale con él para "ver si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados". Su atención se enfoca en la búsqueda de vida. Su interés y preocupación están en la obra del Señor, en el crecimiento y desarrollo espiritual de cada creyente. Como dijo el Señor: "en los negocios de mi Padre me es necesario estar".

"Allí te daré mis amores". En los campos y aldeas donde está la obra del Señor, y ese es un terreno sin fronteras.

No debe existir un servicio para el Señor, si no es motivado por el amor. Como dice en 1Cor. 13 "Si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve".

"Las mandrágoras han dado olor". Es una fruta del tamaño de un durazno, de color rojizo, de sabor agradable y muy aromática. La esposa se había desarrollado hasta un nivel donde exhalaba una fragancia muy agradable para su amado.

"Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado".

Una vez más destaca su unidad perfecta con él, ya no existe en su vocabulario lo mío y lo suyo, lo cual ha sido reemplazado por "lo nuestro".

"Nuestras puertas". La puerta indica lo que está cerca. Aunque ha hecho mención a las aldeas y campos, esto no significa que ella tendría que ir lejos para recoger su fruto.

Allí donde ella estuviera junto a su amado, a las puertas, hay gran variedad de frutos, frutos nuevos y añejos. Ella se regocija ante esos frutos que le resultan muy agradables.

En su desarrollo espiritual comprendió que los creyentes producen diferentes frutos, pero todos para la gloria del Señor. Eso es lo que Dios manifestó al introducir tal variedad de seres en Su creación. Él se complace en la diversidad.

El fruto del Espíritu Santo es múltiple, en Gál. 5 dice: "el fruto del Espíritu es:" Lo presenta en singular, como un solo fruto, un racimo que contiene variados granos, dulcísimos al paladar y de un aroma muy exquisito: "el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza".

Frutos recién recogidos, y también de aquellos que se han puesto a secar; guardados para él. La delicia de aquellos frutos añejos lo expresa en el capítulo dos vr. 5 "sustentadme con pasas".

Las pasas, y también los dátiles, las almendras, son frutos que pueden ser guardados por largo tiempo y que no solamente son saludables, sino que también muy agradables al paladar. Pero no hemos de olvidar que nosotros somos únicamente instrumentos en la mano del Señor, la gloria de la cosecha le pertenece exclusivamente a Él.

Los aldeanos pregunta: "¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado?". En el capítulo tres vimos también a ella subiendo del desierto, pero ahora el contexto es completamente diferente.

Antes se refería a su pobreza y sequedad espiritual, en cambio ahora hace alusión al desierto en que se ha transformado para ella este mundo. No existe atractivo ni cosa alguna que prenda su alma, para detenerla en su avance hacia la tierra prometida.

Ella es peregrina, cuyo corazón no está en lo que rodea este mundo, sino que su vista y anhelo están puestos en la Nueva Jerusalén, esas moradas celestiales que Cristo fue a prepararnos. Ahora podía decir como el apóstol Pablo: "para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia".

El Espíritu Santo ha tomado pleno control de su vida, así que este mundo es para ella un desierto árido, donde su único gozo es la comunión íntima con su Señor; la que produce en ella un estado de regocijo que no depende de las circunstancias externas y temporales que la rodean, sino de la cercanía de su Amado.

Esto era lo que también permitía al apóstol Pablo, aún estando en el calabozo de más adentro, con los pies en el cepo, cantar alabanzas al Señor.

El cristiano carnal cree que para poder hablar con gozo del Señor, debe necesariamente estar rodeado de las abundancias que este mundo puede ofrecerle, por esta razón se ha popularizado tanto ese "otro evangelio" que ellos llaman de la prosperidad, que inclusive mide las bendiciones de Dios en la cantidad de bienes materiales que han obtenido.

Sin embargo aquél que realmente es del Señor y ha puesto sus ojos únicamente en él, recostado sobre su Amado puede también exclamar: "Regocijaos en el Señor siempre".

Los exponentes de ese evangelio de la codicia argumentan. ¿Cómo podremos hablar de las riquezas de Cristo, si nosotros estamos viviendo miserablemente? ¿No somos acaso hijo del Rey?

A los tales les recomendaría leer aunque fuera una sola vez la Biblia, y encontrarían cómo hablaba Pablo con gozo aún desde la cárcel, y él fue el escribiente humano del 75% del Nuevo Testamento.

Inclusive, sería bueno considerar ¿Por qué dijo el Señor?: Lc.9 23 "si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame". Mt. 6: 19 - 24 "No os hagáis tesoros en la tierra. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, No podéis servir a Dios y a las riquezas".

En su insolencia, uno de estos comerciantes de la fe (porque la prosperidad funciona solamente para sus líderes que recogen inescrupulosamente dinero "para el Señor"), decía: "Antiguamente se predicaba que en el cielo íbamos a caminar por calles de oro. Yo no voy a necesitar el dinero allá arriba, donde lo quiero es aquí abajo".

Es verdad, esta clase de elementos tiene su vista puesta solamente en lo de aquí abajo, y como dice el Señor: "Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón". Por este motivo exhorta a no hacernos de riquezas aquí en la tierra.

Cuán diferente es la apreciación de la sulamita. El mundo y lo que en él hay, es un desierto sin atractivo para ella, su único gozo está junto a su Amado.

"Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo, porque fuerte es como la muerte el amor". Toda su esperanza se enfoca en el Señor.

El corazón es el asiento del amor, y el brazo representa la fuerza. Le ruega: Mantenme cerca de tu corazón y sostenedme con la fuerza de tu brazo, porque yo conozco mi debilidad.

"Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos". Señor, el amor que siento por ti, es tan intenso como la llama de un fuego divino que nada ni nadie podrá apagar. Ni las muchas aguas de las tribulaciones de esta vida, ni los torrentosos ríos del enemigo con su fuerza arrolladora podrán ahogar.

¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

El creyente que conoce su Biblia y a su Señor, sabe que él nos advirtió que en este mundo seríamos perseguidos y aborrecidos, como lo confirma la historia que ha sido la experiencia de todos los cristianos fieles.

Es más, en Lc. 6: 26 dijo el Señor: "¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas".

Sin embargo en nuestros días los líderes religiosos dicen llenos de orgullo, que ahora somos admirados y respetados por el mundo ¡Qué incongruencia!

Hoy el mayor peligro no proviene desde fuera de la iglesia, sino desde su interior, porque el enemigo está instalado en los púlpitos de muchos lugares, especialmente en las grandes congregaciones.

Esto es fácil de entender porqué abrieron las puertas a la música y prácticas del mundo, para poder llenar sus lugares y tener muchos diezmadores y ofrendadores que estén dispuestos a enriquecer a sus líderes, cumpliéndose lo que dijo que Señor: que amarán más la mentira que la verdad. Y que la última iglesia, la que estuviera cuando él regresara a la tierra, sería una iglesia que le provoca náuseas (Ap. 3: 16).

Sin embargo, aunque la corriente de este mundo es muy fuerte, y peor dentro de las propias iglesias, el cristiano que ha aprendido a confiar plenamente en su Señor, se dejará llevar por Su brazo poderoso y descansando en Su amor, podrá decir con toda propiedad: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

En cuanto a la corrupción del cristianismo contemporáneo, también hallará fuerzas para regocijarse, aceptando aún eso, como señales de la pronta venida del Señor por los suyos.

Deseo concluir estas reflexiones sobre Cantar de los Cantares, citando lo que el Señor dice al terminar la última página de la Biblia: "Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús".



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