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SEMEJANZAS ENTRE
CATÓLICOS Y
PSEUDO EVANGELICOS

CAPÍTULO 18

"La extremaunción y la confesión de fe"

Fue en el año 526 cuando la iglesia católica romana introdujo por primera vez la extremaunción, pasando a formar parte de su larga lista de sacramentos ideados en su compleja escatología.

Primeramente vale destacar que la iglesia católica, como lo determinó en el concilio de Trento, cualquier persona que asegure poseer la salvación, será considerada "anatema" (que significa maldito).

Además ella se atribuye el privilegio exclusivo de ser la única iglesia verdadera, y fuera de ella, no hay salvación.

Para aquellos que se han dejado engañar por la propaganda de Roma y creen que esa institución religiosa ha cambiado, les digo que esto es lo mismo que sostienen todavía en nuestros días. Ud. lo puede leer en el último catecismo oficial aprobado por el papa Juan Pablo II y que está basado en lo confirmado en el Concilio Vaticano II.

Todo lo cual resulta muy contradictorio, porque por un lado dejan bajo maldición al que "crea" ser salvo, es decir, nadie puede dentro del catolicismo poseer la seguridad de su salvación, y por otro lado afirman que fuera del catolicismo nadie puede ser salvo.

La extremaunción, es un sacramento que como su nombre lo indica, consiste en la unción con aceite, previamente bendecido por el cura, quien lo aplica a aquellos que se hallan en peligro inminente de morir.

Pero como ya hemos visto, ni este sacramento ni ningún otro sirven para garantizar la entrada al cielo, simplemente sirve, dicen ellos, para acumular méritos que "posiblemente" puedan ser tomados en cuenta en el día del juicio final.

Esta práctica no posee ninguna base bíblica, en las Sagradas Escrituras no se menciona ninguna experiencia que ni tan siquiera se le asemeje. No existe ninguna ordenanza ni ejemplo bíblico, que justifique este sacramento de la "extremaunción".

Jamás a un moribundo se le efectuó un rito similar. Por ejemplo, en el libro de los Hechos en el cap. 9 verso 36 nos relata lo que aconteció con Dorcas: "Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas.

Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. Y aconteció que en aquellos días enfermó... y murió". No se menciona en absoluto que cuando enfermó gravemente, fuera sometida a un rito especial, ni menos que se oficiara el sacramento de la "extremaunción" en ella, porque como hemos visto, esa fue una invención que se inició en el año 536 de nuestra era.

Simplemente dice: "en aquellos días enfermó... y murió". Su vida se fue extinguiendo gradualmente, ella estaba rodeada de otros discípulos, pero ninguno le dio la "extremaunción", y murió.

Ni aún en el período del Antiguo Testamento, donde el uso del símbolo del aceite era muy común, se puede apreciar algo que remotamente se le asemeje.

Por ejemplo, cuando Jacob está próximo a partir a la eternidad llama a todos sus hijos, y luego de hablar largamente con ellos y de anticiparles que va a morir, dice en Gn. 49:33 "Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres".

Otra incongruencia de este sacramento, es que por lo general es aplicado sobre personas que están en estado inconsciente, atribuyéndose el cura la facultad de interceder, de mediar por el moribundo.

Dios jamás ha delegado sobre ningún hombre en la tierra, la facultad de abogar, apaciguar ni reconciliar a nadie con él. Esto es algo tan personal, que ni un padre o madre pueden mediar ante Dios por un hijo.

Dice Dios en Rm. 14:12 "Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí". Y en Ez. 18:20 puntualiza: "el que pecare, ése morirá, el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo, la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él".

Como vemos, el sacramento de la extremaunción no sólo no tiene base bíblica, sino que es abiertamente contraria a la enseñanza de Dios.

La extremaunción no es sino otro de los tantos ladrillos que el hombre está empleando en la construcción de esta nueva torre de Babel, para alcanzar el cielo por sus propias obras.

Desechando la obra más completa, perfecta y sublime que Cristo realizó en la cruz del Calvario. Allí él exclamó con voz potente, con voz poderosa, con voz de triunfo: "CONSUMADO ES".

Ya todo está hecho, no hay nada más que debamos hacer. Pero el hombre en su insensatez se obstina en hacer algo. Dios le insiste: "sois salvos por fe, NO POR OBRAS".

Pero aún así rehúsan y se resisten aceptar la oferta gratuita de salvación. Cuando nos alejamos de la Biblia, solo hayamos confusión e inseguridad.

La práctica de "la confesión de fe" que los pseudo evangélicos han incorporado en sus iglesias, no es más que una copia de la extremaunción de los católicos romanos.

Por lo tanto, los mismos argumentos que presentamos en el caso de la extremaunción, vale para la "confesión de fe" de los pseudo evangélicos.

Con el agravante que ellos solo lo han incorporado a sus ritos, únicamente imitando a los católicos, porque aún permanecen esclavizados a los lazos supersticiosos con que Roma ató estos credos que ellos inventaron.

El propósito de este libro no es llamar la atención a los líderes católicos, porque ellos que no se basan en las Sagradas Escrituras como única fuente de verdad, tienen todo el derecho de creer en lo que deseen, hasta donde su imaginación les lleve.

Pero un pueblo que se dice Evangélico, que supuestamente se basa en la Biblia como única guía de revelación divina, no puede seguir prostituyéndose con la gran ramera que Dios nos describe en Ap. 17 y 18 "Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra".

Que el Señor nos dé más sabiduría y sumisión a su Palabra.




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