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SEMEJANZAS ENTRE
CATÓLICOS Y
PSEUDO EVANGELICOS

CAPíTULO 15

"La dependencia servil a sus líderes, de los romanistas y de los pseudo evangélicos"

Ahora veremos la dependencia servil que ambos grupos religiosos hacen a sus líderes. Decíamos que Roma desde sus comienzos en el siglo IV estableció una jerarquía eclesiástica, y que el emperador de Roma debía ser adorado como dios. Luego pasó a ser él, Constantino, la cabeza de la iglesia católica romana que fundó y creó por decreto.

Es muy fácil comprender por qué los romanistas adoran hoy en día a su papa, y todo el clero debe cumplir una obediencia incondicional a sus superiores, porque así lo estableció Constantino desde los orígenes para esa institución religiosa que fundó.

Quizás las personas que cumplen las funciones más extremas en este sistema servil impuesto por Roma son las monjas, especialmente las novicias, que son mujeres fieles, obedientes, manejables y sometidas incondicionalmente a la autoridad del papa. Pero todo el clero en general debe cumplir con una obediencia ciega e incondicional con sus superiores.

Todos conocemos de la reverencia que deben tener con sus superiores, hincarse ante ellos y besarles el anillo, especialmente ante el papa. Como contrastan estas imposiciones inventadas por los hombres, con lo que Dios nos dice en su Palabra de los ejemplos que el Espíritu Santo consignó en la Biblia para nuestra enseñanza, especialmente el ejemplo que nos dejó el apóstol Pedro a quien dicen remplazar.

Dice en el libro de los Hechos cap. 10 donde se relata la visita del apóstol Pedro a la casa de Cornelio. Éste cuando estuvo frente al apóstol se hincó ante él, pero el apóstol no permitió ese tipo de manifestación que sólo le corresponde a Dios y le dijo en el verso 26: "Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre''. Ni los apóstoles, ni los ángeles permitieron jamás que hombre alguno se inclinara ante ellos.

El apóstol Juan cuando maravillado por las extraordinarias revelaciones que el ángel le estaba entregando en el tiempo que escribía el libro del Apocalipsis, cayó a los pies del ángel, pero éste tampoco permitió que se hincaran ante él. Ap. 21 verso 9 "Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro''.

Como me he referido en otras oportunidades, que un sistema idolátrico que no se basa en la revelación única de la Palabra de Dios, es fácil de comprender que cometan estos desatinos. Pero hombres y mujeres que dicen haber nacido de nuevo, cuya fe debiera descansar únicamente en la infalible Palabra de Dios, es inexcusable que también sean serviles e incondicionales a hombres. Por esta razón es un pecado muchísimo más grave en los Neo evangélicos.

Es verdad que Dios dice en su Palabra que debemos ser respetuosos con aquellos que él ha puesto para el servicio de la iglesia. Y que a los jóvenes les pide estar sujetos a los ancianos. 1Pd. Cap. 5 verso 5 dice: "Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes". Copiado ilegalmente de EstudiosMaranatha.com

Pero aquí, en este mismo pasaje, se ve que Dios quiere que todos sean sumisos unos a otros. ¿Por qué dice que todos deben ser sumisos unos a otros? Simplemente porque en la iglesia del Señor, todos somos hermanos, NADIE debe estar "sobre" la congregación. Todos son iguales, por lo tanto, todos se deben el mismo respeto y sumisión. Todos deben saber escuchar y principalmente si lo que un hermano nos dice, lo hace mostrándonos con la Biblia que es así como el Señor ha mandado.

El grave problema que enfrentamos en el día de hoy, es que muchos líderes evangélicos han estado insistiendo perseverantemente, para poder ellos elevarse a un pedestal por sobre la congregación, que la humildad es sinónimo de servil, que se ha de obedecer incondicionalmente y que si sus líderes cometen algún error, deben dejárselo a Dios, el Señor les pedirá cuenta a ellos.

Otros han llegado a sostener: "Dejémoslo, si no es algo que proviene de Dios, él lo sacará. Y si es de Dios, nosotros nada podremos hacer". Estas y muchas otras artimañas ha introducido Satanás en las iglesias, para que el pecado no sea cortado. Si esa teoría fuera verdad, tendríamos que admitir que el catolicismo está en lo cierto, porque ha logrado sobrevivir por 16 siglos.

Pero bien sabemos que esa es una astucia más del enemigo de las almas, porque Dios dice en su Palabra que el trigo y la cizaña crecerán juntos hasta el fin de los tiempos. Así que no sigamos esperando que Dios haga la parte que él nos ha delegado a nosotros, y que nos ha revelado en la Biblia cual es su voluntad.

La mansedumbre y humildad que nos habla la Biblia no es la debilidad de los cobardes, sino la virtud de los fuertes que saben controlar sus emociones, pero sin hacerse cómplices de lo malo. Aquellos que aceptan o toleran o se declaran "neutrales" ante una injusticia o pecado, no son mansos...sino cobardes y cómplices.

La mansedumbre y humildad ha de manifestarse en cuanto a las ofensas personales de que seamos objeto. Pero cuando se refiere a los negocios de nuestro Padre Celestial, entonces hemos de ser celosos, valientes y enérgicos. Hemos de contender ardientemente como dice Dios en su Palabra en la epístola de Judas verso 3 "me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos".

A menudo escuchamos que Dios es amor y que él nos manda amarnos los unos a los otros. Con este concepto nos quieren hacer creer que Dios nos manda tolerar incondicionalmente y en forma pasiva, cualquier creencia o práctica, e incluso el pecado; "total" todos creemos en el mismo Dios, por lo tanto, todos somos hermanos.

Este es el principio del ecumenismo, la unión en base a la tolerancia y no a la verdad. "Yo me comprometo a no hablar de esas cosas que tú haces, y tú también callas de los errores que yo tolero en mi iglesia; lo importante es la unidad. Dios es amor y nos pide ser mansos y humildes de corazón, hemos de someternos a las autoridades eclesiásticas y no ser conflictivos".

Esta filosofía humana parece ser muy convincente. Pero ¿es esa la voluntad de Dios? Para conocer la voluntad del Señor, no hemos de consultar con los hombres, ni con las mayorías, solamente debemos acudir a la única fuente de toda verdad, la Biblia; y allí yo leo algo muy diferente.

En primer lugar veo que Dios me dice: "Maldito el hombre que confía en el hombre". También vemos el precioso ejemplo de mansedumbre y humildad que nos dejó el Señor Jesucristo; fue escupido, golpeado, coronado de espinas y finalmente crucificado.

Con toda propiedad pudo decir: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". Pero la Biblia también nos dice que cuando los hombres deshonraron el templo de Dios, el Señor, el más manso y humilde de todos, cogió un látigo, los expulsó y les dijo:

"Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones...no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Entonces sus discípulos se acordaron que estaba escrito: El celo de tu casa me consume."

Cuanta necesidad tenemos hoy que a nosotros, el celo por la casa de Dios nos consuma y expulsemos a los comerciantes, a los que toleran y son cómplices del pecado en la iglesia de Dios.

La misma ley de los hombres condena no solamente al que comete el delito, sino al que no lo denuncia, éste es condenado por "encubridor". Cuanto más elevada debemos de admitir que es la ley de Dios en sus exigencias para denunciar el pecado.

Cuando la corrupción en una iglesia se ha generalizado, para no caer en el pecado de complicidad, el Señor nos manda: "Salid de en medio de ellos, pueblo mío".

También vemos en la Biblia que Moisés, a quien Dios le llama el hombre más manso, en Ex. 32:19 leemos que cuando el pueblo pecó: "ardió en ira" y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.

La Palabra de Dios nos cuenta que ese becerro lo hizo Aarón, el sumo sacerdote; él tomó todo el oro que le trajo el pueblo, y le dio forma con buril y declaró: Mañana será fiesta para Jehová. Cualquier cristiano de nuestros días hubiera dicho: "Eso lo hizo el sumo sacerdote, no toquéis al ungido del Señor, dejémoslo, si no es de Dios, él se encargará de sacarlo".

Pero en cambio, el hombre más manso de la tierra no actuó con la cobardía con que hoy se tolera el pecado, ni dijo: "Total, yo no lo hice, Dios se encargará de castigarlo". Nada de eso, sino que el más manso de todos hombres, "ardió en ira" y no se hizo cómplice del pecado de su pueblo.

El concepto tan explotado por aquellos que se encuentra en una posición de liderazgo en la iglesia es: "No toquéis a los ungidos del Señor". Bajo esta mascarada de apariencia bíblica, se han tolerado y tapado los pecados e injusticias más increíbles.

Han atemorizado bajo mil penas y expulsiones de sus feudos a cualquiera que pretenda corregir a estos diosecillos que hoy gobiernan en las iglesias, porque se consideran infalibles y una fuente de revelación divina superior a todos los hnos. Y frenan cualquier intento de someterse al examen de la congregación, con la Biblia en sus manos.

Dicen que cualquier falta, Dios será el encargado de corregirla, y descalifican el juicio de los creyentes y la autoridad de la Biblia. En primer lugar necesitamos aclarar que todos los creyentes, lavados y redimidos en la sangre de Jesucristo, somos reyes y sacerdotes.

En la antigüedad, cuando todavía estaban bajo los símbolos y figuras, los reyes y los sacerdotes eran ungidos con aceite para iniciar y oficializar su ministerio.

Hoy, cuando ya no estamos bajo las figuras y símbolos del Antiguo Testamento, sino ante la realidad misma de las cosas, sabiendo que el aceite era símbolo del Espíritu Santo y siendo cada creyente un rey y sacerdote como lo dice Dios en su Palabra; es fácil de entender que cada persona que ha nacido de nuevo, el mismo día de su conversión es "ungido" con el Espíritu Santo.

Porque si alguno no tiene el Espíritu, el tal no es de él. Esto es lo que dice a todos los creyentes en 1Jn. 2:20 y 27. "Pero vosotros tenéis la unción del santo...La unción que vosotros recibisteis de él, permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe, así como la unción misma os enseña todas las cosas".

Cada creyente ha sido "ungido" con el sello de propiedad de Dios, el Espíritu Santo. En 2 Cor. 1 :21 dice: "el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones".

Todos los cristianos somos reyes y sacerdotes, por lo tanto, todos somos los ungidos del Señor, como lo dice en los pasajes que hemos dado lectura. En consecuencia, no es prioridad ni privilegio de "algunos" en la iglesia.

La expresión tan recurrente para revestir de intocabilidad a los líderes de hoy, como: "No toquéis a los ungidos del Señor", nada tiene que ver con una legítima corrección que Dios desea para todos los que son objeto de su amor, especialmente para los ungidos, es decir, para todos nuestros hermanos.

Cuando David dijo esto en el Antiguo Testamento, se refería a no matarlo, pero nunca a no corregir a Saúl, porque sí que reprendió públicamente al "ungido del Señor", delante de todo el ejército de Israel y de sus propios hombres.

También Pablo nos dejó ejemplo sobre esto, cuando no toleró la hipocresía de Pedro, y reprendió "públicamente al ungido del Señor". Dice en Gál. 2:14 "Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos" Y Pablo lo reprendió públicamente, porque Pedro no fue infalible, ni nadie en la iglesia del Señor lo es.

Las iglesias que son gobernadas por individuos que no toleran ni permiten la exhortación ni aún con la Palabra de Dios, han dado un paso muy importante en dirección a una secta, porque esa es su característica primordial.

No hemos de confundir la mansedumbre y humildad, con la cobardía y complicidad con el pecado. El hombre humilde mira al más débil, al más pequeño, como hijo de Dios, lo honra y lo ama como hijo de un Rey. Lo considera por lo que es, un rey y sacerdote del Dios Altísimo, un ungido del Señor, un siervo de Dios.

El espíritu de Aquel que lavó los pies de sus discípulos, hace que sea un gozo para nosotros el ser el más pequeño, el siervo de los demás. Es fácil pensar que somos humildes delante de Dios, pero la humildad hacia los hombres será la única prueba verdadera de que nuestra humildad hacia Dios es real. Esta debe ser la característica principal que deben tener aquellos que se consideran siervos del Señor.

Que el Señor nos haga comprender que la verdadera humildad, es la flor de la cual la muerte al yo, es el fruto perfecto. Pero que ésta no se relaciona con la cobardía, la tolerancia y complicidad con el pecado, el creyente fiel es humilde, pero no servil de los hombres, sobre todo si estos están mancillando la casa de Dios. Que el Señor nos dé más celo por las cosas de él.




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